sábado, 28 de septiembre de 2013

Querido hijo...

Haz lo que tengas que hacer con energía y volundad. No preguntes por qué.
Cuando dos quieren llevar razón y ninguno quiere dar su brazo a torcer, lo mejor es quitársela a ambos y echarse a dormir mientras se lo piensan.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Mi Madrid y... 147.


Dice la Biblia que...

"En aquel tiempo, Jesús decía también a sus discípulos: «Había un hombre rico que tenía un administrador a quien acusaron ante él de malbaratar su hacienda; le llamó y le dijo: ‘¿Qué oigo decir de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no podrás seguir administrando’. Se dijo a sí mismo el administrador: ‘¿Qué haré, pues mi señor me quita la administración? Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer, para que cuando sea removido de la administración me reciban en sus casas’. 

»Y convocando uno por uno a los deudores de su señor, dijo al primero: ‘¿Cuánto debes a mi señor?’. Respondió: ‘Cien medidas de aceite’. El le dijo: ‘Toma tu recibo, siéntate en seguida y escribe cincuenta’. Después dijo a otro: ‘Tú, ¿cuánto debes?’. Contestó: ‘Cien cargas de trigo’. Dícele: ‘Toma tu recibo y escribe ochenta’.

»El señor alabó al administrador injusto porque había obrado astutamente, pues los hijos de este mundo son más astutos con los de su generación que los hijos de la luz. Yo os digo: Haceos amigos con el dinero injusto, para que, cuando llegue a faltar, os reciban en las eternas moradas. El que es fiel en lo mínimo, lo es también en lo mucho; y el que es injusto en lo mínimo, también lo es en lo mucho. Si, pues, no fuisteis fieles en el dinero injusto, ¿quién os confiará lo verdadero? Y si no fuisteis fieles con lo ajeno, ¿quién os dará lo vuestro? Ningún criado puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero». (Lc 16,1-13)

jueves, 26 de septiembre de 2013

Dice Henri Nouwen que...

"En lo más profundo de nuestro corazón sabemos que el éxito, la fama, la influencia, el poder y el dinero no nos dan el gozo y la paz interiores que anhelamos. Incluso podemos sentir una cierta envidia de quienes se han desprendido de toda falsa ambición y encuentran una satisfacción más profunda en su relación con Dios. Sí, podemos incluso percibir gustar algo de ese misterioso gozo en la sonrisa de quienes no tienen nada que perder."

miércoles, 25 de septiembre de 2013

LETANÍAS DE LA HUMILDAD por el Cardenal Merry del Val

He encontrado por ahí esta oración que me ha llenado y gustado.


LETANÍAS DE LA HUMILDAD


Su Eminencia, el Cardenal Merry del Val, acostumbraba rezar estas Letanías diariamente, después de celebrar la Santa Misa.

¡Oh Jesús! Manso y Humilde de Corazón,
escúchame:
del deseo de ser reconocido, líbrame Señor 
del deseo de ser estimado, líbrame Señor 
del deseo de ser amado, líbrame Señor 
del deseo de ser ensalzado, ....
del deseo de ser alabado, ...
del deseo de ser preferido, .....
del deseo de ser consultado,
del deseo de ser aprobado,
del deseo de quedar bien,
del deseo de recibir honores, 

del temor de ser criticado, líbrame Señor 
del temor de ser juzgado, líbrame Señor 
del temor de ser atacado, líbrame Señor 
del temor de ser humillado, ...
del temor de ser despreciado, ...
del temor de ser señalado,
del temor de perder la fama,
del temor de ser reprendido,
del temor de ser calumniado,
del temor de ser olvidado,
del temor de ser ridiculizado,
del temor de la injusticia,
del temor de ser sospechado,

Jesús, concédeme la gracia de desear:
-que los demás sean más amados que yo,
-que los demás sean más estimados que yo, 
-que en la opinión del mundo, otros sean engrandecidos y yo humillado, 
-que los demás sean preferidos y yo abandonado, 
-que los demás sean alabados y yo menospreciado, 
-que los demás sean elegidos en vez de mí en todo, 
-que los demás sean más santos que yo, siendo que yo me santifique debidamente.
Las tormentas llegan y no hay ninguna posibilidad de cambiar ese momento, por eso la decisión más positiva siempre será pensar que por muy fuerte que sea, pasará.

martes, 24 de septiembre de 2013

Anuncio TrueMove H : Giving is the best communication

Uno de esos anuncios que emocionan: un bien que se hace vuelve siempre de alguna manera. 
Todo bien es recompensado, si bien no siempre en esta vida ni de forma material.
‘TrueMove H’ termina el anuncio con el lema “Dar es la mejor comunicación” para hacer ver a sus clientes que hay que dar sin esperanza de retorno para poder conseguir así un mundo mejor.

Merece la pena...

Así deseamos, así somos también.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Inmersiones Mentales 6.

Y seguimos con el 'erre que erre'.

Cuando estudiaba historia, hace años,  me comentaba un magnífico profesor que tras el descubrimiento de América, había gentes que al no interesarles tal descubrimiento -por variopintas cuestiones o intereses- no sólo lo negaban, sino que hasta muy pasados los años no lo reconocieron.

Eso me recuerda el discurso de algunos o algunas responsables políticos, estos días, sobre la denominada 'democracia interna' de los partidos,  asambleas para elegir 'responsables o candidatos' -sea de juventudes o de lo 'mayores'-,  congresos o, por qué no decir, las denominadas 'primarias'. 

Resulta que algo que todos pensábamos (?) existía,  parece que no es así, sobre todo porque si así lo fuera, no tendría sentido tanto debate y retahíla sobre el asunto a no ser que, como pienso, ahora exista otro tipo de interés que va más allá. Lo que sí queda claro, aunque todavía existan incrédulos románticos, es que a día de hoy esa democracia de la que tanto hablamos no es que no exista, es que no se aplica internamente en los partidos.Por ello, ante ciertas propuestas, realmente lo que yo insisto y pienso es que no hay que modificar nada para que esa 'democracia interna' sea real: estatutos o reglamentos. No. Simplemente es, o ha sido, un problema de aptitud personal: la democracia interna existe si uno se lo cree,  lo asume, lo practica y lo aplica sobre todo, además, si tiene competencia para poderlo hacer. 
Aquí no vale eso de que me equivoqué cuando no apliqué. No. Si existía y no se aplicaba es, desde cualquier posicionamiento político,  utilizar el poder que se ostenta  para intereses o beneficio político propio
No vale tampoco eso de que  no era el momento. Momento para la libertad y respeto, para la democracia interna, debe o debería haberlo siempre, se da por hecho. No vale eso de la defensa de las libertades y los liberalismos única y exclusivamente de palabra.

Creo en la democracia y en la libertad. He creído y creo, he defendido y defenderé siempre estos valores aunque por experiencia sé que, al no pensar, opinar, o defender todos los mismos planteamientos, a veces eso pueda perjudicar.

Nunca es tarde si la dicha es buena. Existiendo ese principio democrático en nuestro ideario, demos los pasos que corresponde: comencemos a aplicarlo de abajo arriba, desde las bases políticas, desde los municipios y distritos y no sólo desde dónde nos interese  -ahora, que no antes- a nosotros. Ejemplifiquemos lo que predicamos.


Dice Chesterton que...

"Las rarezas solo llaman la atención de la gente normal. Nunca la de los raros. Por eso la gente normal lo pasa mucho mejor y los raros se quejan de lo aburrida que es la vida."

domingo, 22 de septiembre de 2013

El equilibrio es vital para una vida óptima. Ni un extremo ni otro, como decía Aristóteles. Ni mucho ni poco.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Dice la Biblia que...

 "En aquel tiempo, un fariseo rogó a Jesús que comiera con él, y, entrando en la casa del fariseo, se puso a la mesa. Había en la ciudad una mujer pecadora pública, quien al saber que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro de perfume, y poniéndose detrás, a los pies de Jesús, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume.

Al verlo el fariseo que le había invitado, se decía para sí: «Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora». Jesús le respondió: «Simón, tengo algo que decirte». Él dijo: «Di, maestro». «Un acreedor tenía dos deudores: uno debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían para pagarle, perdonó a los dos. ¿Quién de ellos le amará más?». Respondió Simón: «Supongo que aquel a quien perdonó más». Él le dijo: «Has juzgado bien», y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas, y los ha secado con sus cabellos. No me diste el beso. Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. No ungiste mi cabeza con aceite. Ella ha ungido mis pies con perfume. Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra».

Y le dijo a ella: «Tus pecados quedan perdonados». Los comensales empezaron a decirse para sí: «¿Quién es éste que hasta perdona los pecados?». Pero Él dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado. Vete en paz»." (Lucas 7, 35-60)

viernes, 20 de septiembre de 2013

Las decisiones, una vez que uno tiene claro que las tomará, lo mejor es hacerlo cuanto antes. 

jueves, 19 de septiembre de 2013

Música Running: Stromae - Papaoutai

Interesante tema...

Las prisas no son buenas compañeras de viaje en ningún ámbito de la vida. No tengo duda que la mejor compañera de viaje es la paciencia, aunque siempre estemos preparados para esprintar.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Dice Sartre que...

"El hombre está condenado a ser libre. Condenado, porque no se ha creado a sí mismo y, sin embargo, por otro lado, libre, porque una vez arrojado al mundo es responsable de todo lo que hace."

martes, 17 de septiembre de 2013

'Compromiso católicos vida pública y regeneración ética' por Mons. D. Fernando Sebastían Aguilar



Introducción

En pocos lugares de España se puede hablar del compromiso de los católicos en la vida pública, como en esta Casa. El Fundador, D. Angel Herrera Oria, dedicó su vida a difundir este convencimiento en la Iglesia de España y trató de vivirlo activamente en las diferentes etapas de su vida. Esta fue sin duda una de sus preocupaciones dominantes tanto en su vida secular como en sus años de ministerio episcopal.

Resulta tentador entrar ahora en un recorrido histórico para recuperar la memoria de lo que fueron las páginas de El Debate durante los años de la IIª República, o los trabajos y actividades de la CEDA durante aquellos años. Todo ello representa un ejemplo, no exclusivo pero sí significativo, de lo que pueden aportar los católicos a la vida pública.

Pero no es hora de recrearse en los recuerdos, sino más bien hora de clarificar nuestras ideas y crear proyectos a la vez realistas e innovadores.

Clarificaciones doctrinales

No se puede hablar claramente del compromiso político de los católicos sin aclarar antes unas cuantas cuestiones doctrinales. En España se ha impuesto un laicismo radical que excluye la influencia de las convicciones religiosas en la vida pública. La abstención de cualquier referencia religiosa se considera indispensable para guardar la pureza democrática de cualquier actuación política. Si esto fuera así no tendría sentido hablar del compromiso específico de los católicos en la vida pública ni se podría precisar ninguna aportación de los políticos católicos a la regeneración ética de la vida política. Para poder decir sobre este asunto una palabra de provecho tenemos que romper el cerco que nos tiene puesto el poder del laicismo dominante y contaminante.

Porque cuando hablamos del compromiso de los católicos en la vida pública, nos referimos a un compromiso específico, un compromiso que proviene de la condición de católico, propio de los católicos y que supone además una influencia de la fe católica en la actuación y en las aportaciones de los cristianos a la vida pública.

Podríamos apoyar nuestro punto de vista aduciendo testimonios del magisterio de la Iglesia y de los últimos Papas. Los hay muy abundantes. Las enseñanzas del C. Vaticano II, sobre la vocación cristiana, el apostolado seglar, los excelentes capítulos de la Constitución Gaudium et Spes, sobre la cultura y la vida política. Podriamos aducir las enseñanzas constantes de los Papas, Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI, Papa Francisco en Lumen Dei. En algunos escritos importantes de los Obispos españoles, como Católicos en la vida pública.

No lo vamos a hacer así. Este procedimiento, en el mejor de los casos, podría valer al interior de la Iglesia; pero si nos proponemos hablar con los no católicos y aun con muchos que se consideran católicos, no vale de nada esgrimir las enseñanzas de los Papas, pues su autoridad no es reconocida en estas materias y sí radicalmente impugnada. Tenemos, pues, que aducir razones aceptables por todos y fácilmente comprensibles.

En esta perspectiva podemos decir que el compromiso de los católicos en la vida pública es posible, legítimo, obligatorio y necesario.

Posible. Porque la fe en Dios y en Jesucristo ilumina nuestra mente con conocimientos decisivos sobre el ser del hombre que condicionan y enriquecen la visión de la sociedad y de la convivencia humana. El valor absoluto de la persona humana, la igualdad de todos los hombres, la condición espiritual de las personas, son datos que la revelación de Dios en Jesucristo nos descubre o nos confirma y que tienen repercusiones importantes en la comprensión y el ordenamiento de la vida social y política.

Legítimo. Primero porque la luz de la fe no deforma la realidad ni nos saca de la esfera humana, sino que nos la ilumina, nos la acerca, nos la descubre en su ser completo y verdadero. Y en segundo lugar, Porque la atención a las luces de la fe y los mandatos de la conciencia cristiana por parte de los políticos cristianos no supone la injerencia de ninguna autoridad ni de ninguna institución ajena al puro ordenamiento político. La influencia de la fe en la actuación pública de los cristianos se hace presente a partir de la conciencia y de las determinaciones de los mismos cristianos que intervienen en la vida pública, sin interferencias de las autoridades ni de las instituciones eclesiásticas de ningún género.

Obligatorio. Por la unidad radical de la persona. El político cristiano no puede prescindir de su conciencia ni de sus convicciones religiosas en el momento de valorar una situación o de tomar unas decisiones, sin traicionarse a sí mismo y traicionar su propia fe, que es lo mismo que traicionar a aquel en quien creemos. Para el creyente no es posible la abstención religiosa, la suspensión de su fe en sus compromisos sociales y políticos. Ser cristiano es creer en el amor como forma universal de vida, la fidelidad a esta convicción nos obliga a todos a colaborar con el bien universal del prójimo en general.

Necesario. La conciencia del hombre es irremediablemente limitada y débil a la hora de descubrir y cumplir las exigencias de la justicia. Los hombres necesitamos una sanación interior para aceptar de forma clara y eficaz los derechos de los demás cuando suponen limitación o corrección de nuestras propias apetencias. En este sentido, la presencia y la influencia de la vida teologal en quienes intervienen en la vida pública de una sociedad es necesaria para el bien de todos, como garantía de la verdad, la justicia y la diligencia de las mil relaciones e interdependencias que constituyen la vida social. Sin el reconocimiento y la ayuda de Dios es hombre se pervierte sin remedio, y las perversiones interiores del hombre repercuten también en sus actuaciones públicas. La sociedad necesita la acción purificadora y sanante, el estímulo y el impulso de la vida teologal de los hombres justos. La presencia de los cristianos en la vida pública tendría que ser iluminación y justicia, defensa contra los errores posibles y garantía contra las inevitables corrupciones, a favor de todos. Una riqueza y un bien para la sociedad entera.

Es evidente que cuando afirmamos la necesidad y el provecho de la presencia de los católicos en la vida pública no pretendo atribuir a los cristianos unos valores exclusivos que los demás no puedan tener, ni tampoco unos valores infalibles que los cristianos no puedan traicionar. Los no cristianos pueden y deben buscar sinceramente la justicia, pero la vida cristiana aporta al creyente un plus de clarividencia y de fortaleza que no tendría sin la riqueza de su vida teologal. Como es también evidente que el cristiano puede descuidar o traicionar su conciencia y actuar en la práctica peor que un colega no creyente o no practicante. Pero hablamos de conductas concretas sino de lo que las cosas son en sí mismas, no de lo que son sino de lo que tendrían que ser nuestros comportamientos.

Como complemento y aclaración necesaria de esta primera parte quiero decir que

1º, No hay una política católica, homogénea, obligatoria, Porque en la elaboración del juicio práctico que rige la vida política no entran solo los principios morales comunes y obligatorios, sino la valoración de muchas realidades diferentes, mudables, opinables, cuya mediación puede dar lugar a decisiones diferentes aunque reconozcan la influencia de unos mismos principios. Con los mismos principios morales puede haber formas diferentes de interpretar una situación determinada o de conseguir unos mismos objetivos.

2º, La inspiración cristiana de la política no se opone a ningún valor democrático sino que fortalece el respeto y la tutela de todos los derechos humanos, La norma suprema del obrar humano es el amor, amor gratuito, universal, efectivo; este amor ejercitado en el ámbito de la vida política se concreta en la justicia, en el servicio efectivo a la libertad y promoción de todas las personas en un contexto de compatibilidad, integridad y gratuidad. El ejercicio de la autoridad, entendida como servicio a la comunidad, no puede definirse por las ideas o las preferencias del gobernante, sino por las necesidades de los gobernados, por el bien de las personas y de las familias, en cada lugar, en cada momento, en cada circunstancia concreta.

En la sociedad española

No es fácil explicar estos principios en el ambiente de la sociedad española. Somos poco amigos de abstracciones y tendemos a entender las cosas a partir de la experiencia. Tenemos que reconocer que nuestra experiencia en estas materias no ha sido muy feliz. Pesan sobre nosotros no cuarenta años, sino muchos siglos de “nacionalcatolicismo”, en los que la conciencia cristiana de los gobernantes ha sido legitimación del autoritarismo y privación de la libertad de conciencia y de actuación de los ciudadanos no cristianos. Y por el lado cristiano el liberalismo y la modernidad se han confundido con un laicismo radical, impositivo, y en algunos casos excluyente y hasta persecutorio. Los españoles, sin olvidar nuestra historia, para corregirla y superarla tenemos que hacer el esfuerzo de pensar y programar nuestro futuro en verdadera libertad, con un gran esfuerzo de objetividad, sin dejarnos dominar por los escarmientos del pasado.

Hoy no nos vale ni la uniformidad del viejo régimen, ni el sectarismo de la segunda república, ni el odio destructivo de los movimientos revolucionarios, ni el neo confesionalismo franquista, ni el laicismo condescendiente de la derecha liberal, ni el laicismo excluyente y represivo de nuestra izquierda socialista y radical. Todas ellas son posturas condicionadas por las experiencias pasadas, todas son actitudes parciales, desmesuradas, incapaces de fundar una convivencia verdadera y por tanto incapaces de fundamentar una sociedad sólida, justa y dinámica.

Aportaciones actuales, posibles y necesarias

Sin embargo, sí es posible imaginar una política orientada o fecundada por la fe cristiana, sí es posible pensar en unas cuantas aportaciones importantes de la mentalidad cristiana a nuestra vida política actual, sin caer en nostalgias, ni en clericalismos, ni en adulteraciones de ninguna clase. Veamos.

Una visión cristiana de la vida política tiene que comenzar por ser una visión realista de nuestra sociedad, de nuestra historia, de nuestra convivencia. Una visión cristiana de la realidad quiere decir unas visión objetiva, respetuosa, comprensiva y comprehensiva, sin falsificaciones, sin omisiones ni exaltaciones, sin particularismos ni menosprecios. Todos los miembros, todas las regiones, todos los ciudadanos que formamos la sociedad española somos básicamente iguales, todos dependemos de todos, tenemos una historia y un patrimonio cultural común, las coincidencias son más que las diferencias, no hay razones objetivas para las divisiones ni las exclusiones ni las exaltaciones de ninguna clase.

Hoy en España es importante que recuperemos el respeto a la primacía del orden moral objetivo y de la recta conciencia también en la vida social y política. La política, cualquier actuación en la vida pública, es un acto humano, consciente y libre, que repercute, a veces gravemente, en el bien o en el mal del prójimo. Cómo esta clase de actuaciones no va a estar sometida al imperativo moral de “hacer el bien y evitar el mal”? Los políticos no pueden actuar en función de sus propias conveniencias, ni de las conveniencias de su partido, ni de consideraciones electoralistas, el ejercicio de la autoridad es siempre una actividad moral, regida por la primacía de la verdad y de la justicia, que en el caso de la política se concreta en el bien común, en la atención a los legítimos derechos de los ciudadanos, sin preferencias ni exclusiones de ninguna clase. El respeto a las exigencias objetivas de una actuación moral no es sólo una cuestión de responsabilidad social, sino que es también una cuestión de responsabilidad moral y religiosa, de la cual cada hombre tendrá que dar cuenta ante el juicio de Dios. También en política, también en lo público.

El ejercicio moral y justo de la autoridad supondría la eliminación de la corrupción, de la mentira, del robo, de las presiones sobre la justicia, de la discriminación ni a favor ni en contra de nadie, a favor del respeto absoluto a la verdad, la justicia, la generosidad y la seguridad de todos y para todos.

Un planteamiento cristiano de la política supondría también el respeto y la protección de los valores morales inherentes al bien integral de la persona, la recuperación y el respeto al bien del ser humano en su integridad material y espiritual, el respeto a lo que se llamaba ley natural, o exigencias morales del bien integral de la persona, el respeto y la protección de la vida humana desde su concepción hasta su muerte natural, el respeto y protección a la familia fundada en un matrimonio estable entre varón y mujer, el derecho a la sanidad, a la educación y a la cultura, a la libertad. No sólo el fraude económico es malo para el hombre y para la sociedad, sino también las carencias o las deformaciones morales de la convivencia.

Y no vale esconderse en la nube del escepticismo o del relativismo, refugiándose en la pretendida imposibilidad de conocer o de distinguir el bien del mal. Es bueno lo que ayuda a ser, a vivir, a crecer en el orden de lo real; y es malo lo que niega, destruye o reprime el ser de la persona, lo que la persona es y lo que puede llegar a ser, en comunión de amor con todos los demás.

Visión y valoración de la persona, de todas las personas, en su integridad radical, sin reducirlas a su condición de ciudadano, de consumidor, o de votante. Habría que reconocer efectivamente el bien integral de las personas como fin verdadero de todo el sistema político. Como justificación moral de las decisiones y actuaciones políticas. Sin partidismos, sin oportunismos, sin imposiciones ideológicas de ninguna clase. La atención preferencial a los más débiles y necesitados, el acceso de todos a los bienes materiales y culturales, el apoyo al crecimiento y desarrollo de las personas en sus aspiraciones legítimas, se ve fundamentado y urgido por la fe cristiana. No podemos confundir una política cristiana con una política conservadora o de derechas. Conservar lo que no es justo no es cristiano.

La fe cristiana tendría que dar lugar a una serie de actitudes personales directamente derivadas de la justicia interior, tales como la sinceridad, la diligencia, la abnegación, la generosidad, El hombre, en su vida pública, tiene que mantener también un comportamiento virtuoso, justo, coherente con el amor al prójimo asumido como norma fundamental de la vida en su integridad, en lo privado y en público, en lo personal y en lo comunitario.

La presencia coherente de los católicos en las diversas instituciones de la vida pública tendría que favorecer el acercamiento y el diálogo leal entre ellas, la colaboración de unas con otras a favor de objetivos comunes, el saneamiento de la opinión pública, el respeto y la aceptación de todos dentro del marco de los intereses comunes, la revisión y el perfeccionamiento constante de las instituciones y de los procedimientos a favor del bien común. La fe desemboca en el amor, y el amor, la caridad política es fuente de dinamismo, de mejoras constantes, de convergencias y sinergias que no se pueden producir cuando las motivaciones de la política son el egoísmo personal o partidista.

Un corolario arriesgado

Llegados aquí podríamos preguntarnos si hoy en España sería conveniente la existencia de un partido confesional. Un partido cristiano.

Para responder es preciso precisar antes el sentido de lo que preguntamos.

Si entendemos por “partido cristiano” un partido que pretenda presentarse como el intérprete único y obligatorio de la posible política cristiana, o de la posible influencia cristiana en la vida política, tenemos que decir clara y firmemente que no, no es conveniente, ni sería tampoco legítimo.

Pero si decimos un partido o una asociación desde la cual puedan actuar los cristianos en la vida política de acuerdo con las exigencias de una conciencia cristiana de manera organizada y efectiva, es evidente que sí es posible. Tal institución sería doctrinalmente correcta, políticamente legítima. Otra cosa es si sería políticamente oportuna y viable. Quede como una cuestión abierta. Puede ser que en estos momentos no lo fuese, pero tal situación no es un adelanto sino seguramente una deficiencia democrática.

Conclusión

Quiero terminar con unas hermosas palabras de la reciente encíclica sobre la fe del Papa Francisco. En el cap. IV dedicado a la construcción de la ciudad terrestre, el Papa dice

51. Precisamente por su conexión con el amor (cf. Ga 5,6), la luz de la fe se pone al servicio concreto de la justicia, del derecho y de la paz.
La fe nace del encuentro con el amor originario de Dios, en el que se manifiesta el sentido y la bondad de nuestra vida, que es iluminada en la medida en que entra en el dinamismo desplegado por este amor, en cuanto que se hace camino y ejercicio hacia la plenitud del amor.
La luz de la fe permite valorar la riqueza de las relaciones humanas, su capacidad de mantenerse, de ser fiables, de enriquecer la vida común.
La fe no aparta del mundo ni es ajena a los afanes concretos de los hombres de nuestro tiempo.
Sin un amor fiable, nada podría mantener verdaderamente unidos a los hombres. La unidad entre ellos se podría concebir sólo como fundada en la utilidad, en la suma de intereses, en el miedo, pero no en la bondad de vivir juntos, ni en la alegría que la sola presencia del otro puede suscitar.
La fe permite comprender la arquitectura de las relaciones humanas, porque capta su fundamento último y su destino definitivo en Dios, en su amor, y así ilumina el arte de la edificación, contribuyendo al bien común.
Sí, la fe es un bien para todos, es un bien común; su luz no luce sólo dentro de la Iglesia ni sirve únicamente para construir una ciudad eterna en el más allá; nos ayuda a edificar nuestras sociedades, para que avancen hacia el futuro con esperanza.
La Carta a los Hebreos pone un ejemplo de esto cuando nombra, junto a otros hombres de fe, a Samuel y David, a los cuales su fe les permitió « administrar justicia » (Hb 11,33). Esta expresión se refiere aquí a su justicia para gobernar, a esa sabiduría que lleva paz al pueblo (cf. 1 S 12,3-5; 2 S 8,15).
Las manos de la fe se alzan al cielo, pero a la vez edifican, en la caridad, una ciudad construida sobre relaciones, que tienen como fundamento el amor de Dios”.

La gran aportación de los católicos a la vida pública consiste en edificar poco a poco una sociedad, desarrollar una convivencia que esté inspirada en un amor universal y verdadero, ese amor que viene de Dios y hace al hombre justo, el amor que nos libera del egoísmo y nos pone al servicio de la vida, del crecimiento y de la alegría de nuestro prójimo.

Mons. D. Fernando Sebastían Aguilar

Dice la Biblia que...

"No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo, ya está brotando, ¿no lo notáis?" (Is 43, 18-19)

lunes, 16 de septiembre de 2013

Algunos personajes de la vida, curiosamente, siempre pretenden tapar sus errores con enfrentamientos que provoquen divisiones o confundan.

domingo, 15 de septiembre de 2013

sábado, 14 de septiembre de 2013

El esfuerzo común produce frutos y beneficios comunes. La división y el interés particular ralentiza la cosecha.

viernes, 13 de septiembre de 2013

'Las leyes calladas del toreo' por Fernando Fdez.-Figueroa Guerrero






Con el paso de los años sigo pensando, suerte la mía, que durante tu camino vital encuentras y te cruzas con personas que, por determinadas circunstancias, jamás pensaste te ibas a encontrar. Son ésas que te aportan; ésas de las que recibes y guardas en tu mochila para recordar.

Eso me ha ocurrido con Fernando Fernández-Figueroa Guerrero, una persona con la que me he cruzado en el ámbito profesional, de lo público, pero al que he conocido como alguien al que le engrandece lo interno, el espíritu que le remueve, más que lo externo. Y así descubro al Fernando escritor, amante del toreo y su filosofía.

Fernando Fernández acaba de publicar un libro que he leído con atención y sin pausa: "Las leyes calladas del toreo". No soy un "aficionado" del toreo (como dice Fernando "El conocimiento y aprehensión de este sentir es lo que marca la diferencia entre el 'aficionado' y el mero espectador"), soy un humilde espectador que suelo disfrutar de una buena tarde de toros como parte de esa cultura nuestra.

He disfrutado leyendo este libro porque, más allá de que en unas breves páginas te enseña de esas 'leyes calladas', entresacas una filosofía de vida de una persona que, en sus inicios, en su esencia, más allá de lo que haga o haya hecho en el devenir de su vida, es torero. Porque Fernando es torero aunque ahora marquen sus luces otro tipo de plazas y porte otros 'capotes'. 

Este arte español nuestro genera poesía. Los toros son como esos versos que te atrapan o sueltan, que te buscan y encuentran hasta hacerte sentir ese poeta que con el abanico de la palabra, con la tinta del capote, se convierte en ese torero que espera la sangre que no es otra que una: la suya y la del animal.



Dice Fernando en su libro que "Pretendo abrir los poros de esa piel sensible que todos tenemos y que nos hace acercarnos a una plaza de toros a emocionarnos bebiendo el arte y el miedo, el éxito y el fracaso, la esperanza de una buena tarde o la desazón". Y esto es la vida misma.

La verdad es que este libro es un manual de aprendizaje para neófitos de lo taurino y una regla filosófica del arte para entendidos. 

De todos yo me quedo con el Capitulo VII que titula 'La faena de muleta: la vida misma. En este capítulo escribe Fernando que "cuando eres joven, inmaduro, en la infancia y adolescencia, recién salido del toril, son los brazos de tus educadores -esencialmente los padres- los que te van enseñando a embestir. Tu personalidad no está definida y ellos, con sus capotazos de recibo te van marcando el camino que consideran correcto. El tercio de varas simboliza la dureza de la vida, el sufrimiento, el castigo que tenemos que padecer para templarnos de cara a la madurez. De las banderillas aprendemos que siempre habrá alguien que quiera engañarnos, burlarnos, pero también que no podemos tomarlo como ejemplo a seguir. El toro bravo y noble no acorta terrenos en banderillas, no espera, no quiere a su vez engañar al torero. Embiste recto, franco, como todos debemos caminar por la vida sin hacer caso a otros engaños."



Pero creo que lo mejor que pueden hacer es leer este maravilloso y poético libro que prologa Juan Antonio Ruiz 'Espartaco' y del que estoy seguro disfrutarán:

Autor: Fernando Fdez.-Figueroa Guerrero
Editorial: Edicións Bellaterra

¿Qué es Fernando? ¿Torero, jurista, escritor? Persona ¿Qué se arrepiente de no ser? El problema de nuestra existencia, ese que nos atormenta de vez en cuando, es si somos lo que queremos ser. Siempre he creído que lo importante del ser es la Persona.


A veces llegamos a creernos nuestros propios defectos como grandes virtudes, eso hace que seamos hombres realmente defectuosos. 

jueves, 12 de septiembre de 2013

Mi Madrid y... 146.


El ser humano es crítico por naturaleza porque tenemos ese don del pensamiento: razonar. Pero no todos pensamos ni razonamos ni construimos con nuestra crítica, por eso somos capaces de convertir nuestra esencia humana en animal.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Inmersiones Mentales 5.

Se escribe mucho, se opina, últimamente sobre la conveniencia o no de las listas abiertas para elegir a nuestros representantes  y sobre la democracia interna de los partidos a la hora de elegir a sus candidatos.
Es cierto que todas las opiniones que se están vertiendo sobre estas cuestiones, en discursos o artículos, no sólo son respetables sino que prácticamente en su totalidad son compartidas por la mayoría de los que nos dedicamos a la actividad pública.
Pero lo cierto, también, es que no a todos los que opinan se les puede dar el mismo valor ya que, dependiendo de sus responsabilidades orgánicas, dependiendo de su momento político o personal, podemos  vislumbrar discursos oportunista o interesados.
España tiene una madurez política y democrática lo suficientemente importante como para que se den pasos hacia adelante a la hora de profundizar, todavía más, en cómo queremos que sean elegidos nuestros representantes políticos.
Estamos viviendo un momento en el que los ciudadanos, los electores, son críticos y exigentes con los partidos políticos y sus representantes. Se sienten defraudados y engañados. No se ha sabido conectar con la sociedad porque la sociedad ha ido por un camino y los políticos, en cierto modo, lo han hecho por otro. El ciudadano no cree ni en el político ni en sus organizaciones.
¿Podemos culpar de ello a los partidos políticos en como tal? Creo que no; debemos culpar a algunas personas que forman parte de organizaciones políticas y que con sus actos e intereses individuales han desprestigiado la labor y el servicio político.
¿Cómo se conseguiría volver a conectar con el ciudadano de a pie? Además de no engañándole, algo importante pero difícil para algunos, sería haciéndole partícipe, desde el principio, de la elección de sus candidatos y posteriormente de sus representantes políticos. Haciéndole partícipe de la esencia de la democracia.
¿Y por qué no comenzamos por democratizar internamente los partidos como primer paso para la elección abierta de nuestros representantes políticos?

Dice Pascal que...

"La verdadera elocuencia se burla de la elocuencia, la verdadera moral se burla de la moral y burlarse de la filosofía es verdaderamente filosofar."

martes, 10 de septiembre de 2013

Somos ese país en el que sus ciudadanos, esa inmensa mayoría,  nos alegramos de los males que nos ocurre sin parar a pensar en que repercuten directamente en nosotros. 
Nos cuesta unirnos en proyectos comunes y cuando alguno sale mal, inmediatamente, en vez de consolar, apoyar y tratar de sumar, arremetemos, reprochamos y ridiculizamos hasta humillar. Así somos, así nos va y, lo que es peor, así nos irá.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Más allá de las leyes y reglamentos, está la vida. La vida va marcando nuestro camino y nuestro destino con esa norma no escrita, que no se lee pero que todos sabemos existe.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Mi Minaya... su campo, sus cielos, sus tierras...


La sociedad no puede ser mera receptora de lo que el Estado le ofrece. La sociedad no sólo debe ser crítica, debe aportar también conocimiento, saber. Debe ser partícipe de la construcción, del crecimiento. Comienzo a estar cansado de escuchar a muchos criticar de brazos cruzados. Es tiempo de aportar.

viernes, 6 de septiembre de 2013

'RAPTADO POR LAS MUSAS' por Javier Gomá



Hay un hecho notorio y universal que reclama una buena explicación: por qué determinadas personas dedican las mejores horas del día, los mejores días del año y los mejores años de su vida a producir algo que nadie les ha pedido, sin que el éxito social, los requerimientos de la conciencia, el anhelo de fama o el enriquecimiento económico constituyan nunca la motivación principal. El hecho suele ser designado con la palabravocación. Y necesita explicación porque es mencionado, invocado o apelado a cada paso por quienes lo experimentan en el interior de su personalidad —poetas, pintores, compositores, creadores, artistas, pensadores—, pero muy rara vez ha sido objeto de meditación filosófica.

1 La vocación se compone de dos momentos: visio y missio (visión y misión). Lo que perciben nuestros sentidos no tiene sentido. Nuestra experiencia del mundo es caótica, fragmentaria, y no logra conformar una unidad significativa. El mundo se parece a un puzle de mil piezas del que solo un pequeño número de ellas —cien, doscientas— estuvieran ya colocadas en su sitio. A veces, a la vista de esas pocas piezas, uno cree adivinar fugazmente, insinuado, el conjunto, pero esa promesa resulta pronto desmentida por una abrumadora experiencia del absurdo y del sinsentido de la vida. Pues bien, hay determinadas personas que sí tienen la visión del puzle entero —la imagen del paisaje, el retrato, el edificio— porque son capaces de completar con su imaginación los huecos de las piezas sin colocar. A esa visión se refería Rafael de Urbino cuando decía que, antes de pintar un cuadro, se formaba en su mente “una cierta idea del todo”.
Quien tiene esta “idea del todo” siente dentro de sí el apremio de producir un objeto que la incorpore y le dé soporte para así evitar que se pierda, como las demás cosas humanas, arrastrada por la corriente del tiempo. Este producir se dice en griego antiguo poiesis: un producir un objeto —un cuadro, una escultura, una sinfonía, un poema, un sistema filosófico— que no persigue función utilitaria alguna excepto la de prestar consistencia, coherencia, fijeza y perduración a la visio y así ponerla con carácter permanente a disposición de uno mismo y los demás. He aquí el segundo momento de la vocación: la missio. La ansiedad por crear el objeto puede llegar a ser extremadamente absorbente, tiránica y rapiñadora. En este sentido, la vocación constituye una anomalía vital y un objetivo empobrecimiento: supone la activación de todas las facultades, capacidades y potencias humanas en la dirección de una —una sola— de las muchas posibilidades que ofrece la exuberancia vital; a cambio, una inmensa concentración de energías.
La juventud predispone a la visión mientras que solo en la edad madura se está en condiciones de sustanciar la misión

2 Los griegos, ese pueblo dotado como ninguno para dar plasticidad a los conceptos más abstractos, representaron el doble momento de la vocación como un rapto de las Musas. En la Antigüedad se registran casos de secuestros perpetrados por unas Musas que pueden llegar a ser posesivas de una manera casi violenta. Sus presas se sienten, se lee en el verso de las Geórgicas de Virgilio, heridas de un amor sin límites. “El que es raptado por las Musas (mousóleptos) es el poeta genuino, en contraposición al poeta artífice”, escribe Walter Otto en su célebre estudio Las Musas. El origen divino del canto y del mito.
El raptado vivencia su secuestro como una llamada a servir a la obra que se gesta lentamente en su interior, como si estuviera preñado de una idea o de un nudo embrionario de ellas durante largos años y debiera consagrar la entera organización de su existencia a la misión de preparar y asegurar el feliz alumbramiento. A fin de que el objeto se forme orgánica y sistemáticamente en su estricta objetividad el raptado renuncia a una biografía interesante y acepta estar en el mundo siempre de paso, como los pastores, sin deshacer nunca la maleta, a la defensiva de cualquier novedad que distraiga la atención de su carga gravosa pero amada, sin sorprender a nadie y también sin dejarse sorprender. Para quien ha tenido la visión raptadora, todo permanece en vilo mientras esta se materializa. Cuanto le ocurre, siente o experimenta reviste valor solo en tanto contribuye a clarificar la visión iluminadora. En el pecho del mousóleptos se agita una auténtica emoción poética, pero la suya se parece más a una pasión fría porque se orienta hacia la generalidad abstracta del mundo sin llegar a concretarse en nada ni en nadie. No le queda más remedio que resignarse a una relación solo mediata con las cosas buenas y hermosas del mundo: se diría que las ve a través de un cristal, como el presidiario a las visitas en horas reglamentarias, o que las besa a través de un pañuelo, y todas las personas, incluso las más queridas, se limitan a posar teatralmente como haría un modelo ante el pintor que lo retrata. El universo entero en función de la obra, la cual a su vez contiene la totalidad del universo entrevisto. De ahí que, para quien conoce la fuerza de la auténtica vocación, resulte tan incomprensible que algunos escritores, como Borges, presuman de los libros que han leído por encima de los que han escrito. No: el mundo estimará en más o en menos la obra producida, pero al autor le va la vida en su obra, si de verdad ha sabido dar cuerpo en ella a su visión.

Conviene destacar el hecho de que solo se logra con éxito la producción del objeto si este adquiere una objetividad independiente del yo que la produce. La juventud predispone a la visio mientras que solo en la edad madura se está en condiciones de sustanciar la missio. La autoposesión, el narcisismo, el subjetivismo extremo y libre de compromisos característicos de la adolescencia a veces suscitan una actitud favorable a la aparición de las Musas pero, en cambio, contra lo que sugiere el estereotipo romántico, no ayudan en absoluto al duro trabajo en la obra. Es muy frecuente que la emoción inicialmente sentida solo pueda objetivarse en obra y recibir la forma que esta requiere una vez hecha la transición a la madurez, en pleno trasiego y ruidoso alboroto de la casa fundada y el aprendizaje de una profesión con la que ganarse la vida. En efecto, solo puede producir algo quien conoce las reglas del oficio de que se trate, lo cual acontece en la mayoría de los casos durante esa edad adulta, cuando se adquieren las habilidades técnicas y la disciplina requeridas para que la obra se perfeccione con la deseable autonomía, y el arte de producir música, pintura, edificios o textos no constituye en esto una excepción al resto de los oficios. Pero es que además, en un plano moral, la confección de una obra solo es posible para quien consiente en humillar su yo y deja en su interior espacio para el acto de comunicación inmanente a la naturaleza del arte. Contrariamente a lo que suele pensarse, la vocación, que sí es egocéntrica, no tiene ni un ápice de egoísta. Egocéntrica sí, porque el raptado ha de cultivar su yo como nido donde se incuba demoradamente la obra, robando tiempo y atención a todo lo demás; pero una vez así ensimismado, no se complace estérilmente en el sentimiento estético-oceánico de su existencia sino que, entrenado en la cotidiana y ascética alienación del yo, ha de eclipsarse en favor de la obra.

3 El objeto elegido para dar forma a la visión determina el tipo de vocación. Si el objeto es un lienzo, se es un pintor; si un pentagrama, un compositor; si la piedra, un escultor. Es literaria aquella vocación que elige como objeto la producción de un texto. De igual manera que un pintor percibe un magnetismo en la asociación de unos particulares colores o el compositor descubre la necesidad interior de una concreta secuencia de notas musicales, así el escritor es aquella persona que ha desarrollado un sentido para aprehender el campo de fuerzas que generan dos o más palabras cuando se ponen cerca y del que carecen por separado. El escritor, en resumidas cuentas, no es otra cosa que un juntapalabras y su arte reside en juntarlas con acierto. Con motivo Malherbe, hastiado de la ampulosidad verbosa de la Pléiade, se autorretrató modestamente como un “arrangeur de syllabes”. Todo literato emula al Adán que en el primer día puso nombre a las cosas (Génesis 2, 20). A ese don cantó Juan Ramón Jiménez en su poema deEternidades: “¡Intelijencia, dame / el nombre exacto de las cosas! / …Que mi palabra sea / la cosa misma, / creada por mí nuevamente”. El mérito, el poder y la virtud del escritor descansan en las concretas palabras escogidas y el orden preciso en el que las ha dispuesto para que resulten eficaces en su designio poético. La literalidad encierra la esencia de lo literario y por eso el auténtico texto de literatura —el poema, la novela, el ensayo— no se deja resumir, compendiar o parafrasear.
Desde esta perspectiva, la filosofía es solo una especie dentro del género literario. Una filosofía sin visio y sin missio —sin vocación literaria— puede ser la obra de un profesor de filosofía, un maestro, un editor, un filólogo, un traductor, un divulgador, todo ello incluso en grado eminente, pero no propiamente la de un filósofo. La visión hace nacer en este una emoción abstracta hacia lo contemplado que bien puede denominarse eros. Poetizar es celebrar esa emoción con versos, relatos o representaciones dramáticas; filosofar es definir esa misma emoción erótica con conceptos y categorías. En ambos casos, “una cierta idea del todo” desencadena el proceso arrollador. La tarea del filósofo consiste en la dura conversión del eros en concepto y este en palabra y luego en texto sistemático. Entre los modernos, ha sido Max Scheler quien de modo más convincente, en La esencia de la filosofía y la condición moral del conocer filosófico, ha argüido acerca de cómo la filosofía se sostiene siempre sobre una previa emoción erótica. Pero, como se ha dicho, ya los griegos antiguos, que tendían siempre al antropomorfismo, personificaron el despertar de este específico deseo amoroso en el secuestro de las Musas, las cuales, escribe Platón en elFedro, “se hacen con un alma tierna e impecable despertándola y alentándola hacia cantos y toda clase de poesía”. No es casual que para el Sócrates del Fedón la filosofía sea justamente el arte de las Musas por excelencia: megíste mousiké, la llama con orgullo.

4 Lo sentado anteriormente autoriza a seleccionar del canon algunos ejemplos de vocación literaria sin distinguir entre literatura y filosofía y dando a literatos y filósofos un tratamiento indistinto. La visión suele tener en ambos casos el carácter de una revelación en la que predomina el elemento de la luminosidad. Pero unas veces la luz proviene de un fuego abrasador, consuntivo, y otras de una llama cálida, gozosa, vivificadora.

Entre las experiencias abrasivas destaca la de Pascal. Fallecido el filósofo, un criado halló en el forro de su levita una estrecha tira de pergamino. Estaba datada el lunes, 23 de noviembre de 1654, “a partir de las diez y media de la noche aproximadamente hasta cerca de media hora después de la media noche”. Durante esas dos horas a Pascal le sobrevino una visión extática que el pergamino manuscrito trata de verbalizar. El luego llamado Memorial empieza con la palabra “feu”, el fuego de un Dios bíblico de vivos contrapuesto al Dios fosilizado de la filosofía y la teología. En el otro extremo se situaría James Joyce. Durante su último curso en el Belvedere College, 1897-1898, contando 16 años, el prefecto de estudios le sugirió la posibilidad de ingresar en la Compañía de Jesús. Pocos días después, tuvo lugar la escena recreada en Retrato del artista adolescente, la ruptura definitiva con la Iglesia católica y la afirmación de su vocación artística precipitadas por una suerte de éxtasis inverso: “Su alma se acababa de levantar de la tumba de su adolescencia, apartado de sí sus vestiduras mortuorias. ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! Encarnaría altivamente en la libertad y el poder de su alma un ser vivo, nuevo y alado y bello, impalpable, imperecedero”. La visión asume en Joyce la figura de una hermosa muchacha a la que contempla en el puerto mirando el mar, con las faldas arremangadas y moviendo las aguas distraídamente con el pie, encarnación de aquella “profana perfección de la humanidad” (Yeats). “¡Dios del cielo! —exclamó el alma de Stephen en un estallido de pagana alegría”. “Vivir, errar, caer, triunfar, volver a crear la vida con materia de vida. Un ángel salvaje se le había aparecido, el ángel salvaje de la juventud mortal”.

Hay epifanías que acontecen sentado, otras andando y otras en estado de espera. Entre las primeras, la de Descartes en la noche del 10 al 11 de noviembre de 1619, a la edad de 23, durante un descanso de la guerra de los 30 años, en las cercanías del Ulm junto al Danubio: “Y observando que esta verdad: pienso, luego existo, es tan firme y segura que las más extravagantes suposiciones de los escépticos no son capaces de conmoverla, juzgué que podía recibirla, sin escrúpulo, como el primer principio de la filosofía que andaba buscando”, referirá años más tarde Descartes en su Discurso del método. Entre sus papeles póstumos figura una anotación con la fecha trascendental y este comentario a su lado: “…mientras estaba lleno de entusiasmo y descubría los fundamentos de una ciencia maravillosa”.

La visión de Rousseau fue, en cambio, de las ambulatorias. Una tarde de 1749 iba a visitar a su amigo Diderot, preso, y mientras caminaba leía las bases de un concurso convocado por la Academia de Dijon. De pronto le envolvió, como un relámpago, lo que él en las Confesionesbautizó como “la iluminación de Vincennes”. Su conciencia atravesó un momento de lucidez prodigiosa, las ideas se le agolpaban a una velocidad muy superior a su capacidad de asimilación, pero la intuición central permanecía: el progreso de los pueblos exaltado por su siglo ilustrado no existe, porque el hombre nace bueno y la civilización lo corrompe: aquí se halla la almendra de toda su vasta producción posterior.
Por último, a Proust le sorprendió la visión unitaria del ciclo En busca del tiempo perdido en la biblioteca del hotel del príncipe de Guermantes mientras esperaba que terminase el concierto. Allí encadenó tres o cuatro “resurrecciones de la memoria”, dos losas desajustadas, el tintineo de una cuchara chocando contra un plato, la tiesura almidonada de una servilleta o el ruido estridente de una cañería —momentos del presente capaces de evocar recuerdos del pasado a los que la imaginación halla alguna analogía—, que produjeron en Proust la sensación felicísima de elevar a un plano supratemporal el tiempo perdido y por esa vía recuperarlo y rescatarlo de la muerte. Ese fue su “día más bello” —confiesa en el último tomo de su obra—, aquel “en el que se alumbraban de pronto no solo los antiguos tanteos de mi pensamiento, sino hasta la finalidad de mi vida y acaso del arte”.

Labor de nómadas
Los aspectos complementarios de la visio —fascinante y terrible al tiempo— ya se encuentran en dos de los primeros casos de vocación literaria registrados en la historia de la humanidad. Moisés pastoreaba el rebaño de su suegro cuando, al llegar al monte Horeb, una zarza ardiendo le habló y le envió a los hombres con una misión literaria: la composición de las leyes para el pueblo elegido (Éxodo 3). Por su parte, Hesíodo, pastor de ovejas, se hallaba apacentando su rebaño al pie del monte Helicón cuando, según refiere en el arranque de su Teogonía, se le aproximaron por sorpresa las Musas formando bellos y deliciosos coros; tras ungirle como poeta entregándole una rama de laurel, cumplieron los dos rituales de la vocación: le revelaron una visión del mundo y le encargaron que la difundiera con su canto, infundiéndole para ello ese dulce don que solo poseen ellas. La escena bíblica destaca el aspecto llameante de la vocación mientras que la griega realza su gracia y encantamiento. En ambos casos, a la epifanía sigue la urgencia literaria de producir un documento que ordene la visión sobrevenida y le preste una forma perdurable (Teogonía, Pentateuco); en ambos casos también el favorecido por la visión es sorprendido en faenas de pastoreo: se diría que es propicia a la vocación esa existencia nómada y disponible, sin arraigar en ningún sitio fijo y sin compromiso, errante con sus ovejas. 

(Publicado en el suplemento cultural de El País Babelia  nº 1.134)

Dice Osho que

"El ignorante puede aprender, pero no la persona culta que cree que lo sabe todo."

jueves, 5 de septiembre de 2013

Querido hijo...

Todos, en la vida, tenemos obligaciones. Unos las cumplen, otros las inclumplen. A mi lo que más me importa es que tu siempre las cumplas.
No dejamos de exigir a los demás lo que no somos capaces de exigirnos a nosotros mismos.

martes, 3 de septiembre de 2013

Inmersiones mentales 4.

Lo mejor del período estival, de esos días de descanso mental, es creernos que vivimos en esa anarquía vital que negamos el resto del año. 
Si lo pensamos, en esos días solariegos, somos tan costumbristas como el resto: nos marcamos nuestras rutinas desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. Eso sí, sin obligaciones aparentes. Pero creo existe una diferencia grande, inmensa y es que en los días que duran nuestras -a veces mal llamadas- vacaciones, nos rodeamos de esas personas que amamos, que queremos y de aquellos que no nos molesta jamás su presencia.
Iniciemos el curso pensando en esos momentos y tratando de descubrir otros que nos enriquezcan.

Dice Ralph Waldo Emerson que...

"Nadie ha aprendido el sentido de la vida hasta que ha sometido a su ego para servir a sus hermanos."

lunes, 2 de septiembre de 2013

Inmersiones mentales 3.

En el restaurante donde picaba algo hoy, a la hora de comer, a mi espalda había uno de esos tipos que tienen por costumbre masticar los cubitos de hielo. 
Da lo mismo sea el hielo del agua, del café que del whisky. Se los van introduciendo en la boca y comienzan a estrangularlos con su dentadura, como si de un anuncio se tratara, hasta que los rompen y mastican en un estruendo público, tal que un caramelo. 
Es una de las cosas que más rabia me da. Escucharlo me produce tal repelús que normalmente paro de comer hasta que el hombre -porque normalmente lo aparentan-, satisfecho tras haber engullido una porción de agua, acaba.

ALEJANDRO TALAVANTE - Canta mientras torea

No a todo el mundo le gustan los toros, pero es nuestra tradición y nuestro arte. Ayer el gran Talavante lo demostró al cante mientras toreaba...
El exceso de luz puede dejarte ciego, pero la luz marca el camino de nuestras vidas.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Dice Víctor Balcells Matas que...

"Hay un paso de un momento a otro pero son importantes los nexos, el instante preciso en que las cosas cambian." (de 'Hijos apócrifos')