jueves, 31 de julio de 2014

31.07.2014... vacaciones y libros!!!



Ahora sí que llega ese momento preciado y deseado. Preciado por privilegiado y deseado porque tras un año entero de trabajo, apetece, es saludable, eso de romper con la rutina y dedicar tiempo al sosiego y la tranquilidad familiar. Llega ese momento de vacaciones. ¿Un privilegio? Lo es. ¿Merecido? No lo sé, posiblemente lo merezcan más muchos otros que no llegan a tener nunca.

Buscaremos en el mar la paz. Trataré de reordenarme y romper con esos vicios que se acumulan durante el año. Pensaré y reflexionaré. Escribiré y leeré todo lo que pueda. Disfrutaré de los míos de la mejor manera posible, que es dándoles lo que no les doy habitualmente: tiempo.

Y ahora, esta noche, pienso un poco en los libros que me llevaré para leer este mes. Normalmente llevo más de lo que leo, pero prefiero cargar con ellos a arrepentirme luego de no haber llevado alguno.
De novela me voy a llevar dos:
y en Poesía sigo con mi Pedro Salinas y su Antología.

Sé que no leeré todos, ni mucho menos. Trataré de que mi cabeza vagabundee y ordene ciertos temas y que mi cuerpo se desintoxique un poco. Buscaré mis momentos, los que tenga y, sin duda, espero ser disciplinado en mis escritos por aquí.

Ahora sí: vacaciones...

Desde las alturas...

Buena imagen...


Uno es libre cuando sus días lo son.

miércoles, 30 de julio de 2014

Propuesta en Trajes de El Palacio de Hierro.

Como me ha encantado esta colección, por aquí os dejo el artículo y las imágenes. La moda también es poesía y poesía es #versosdArte.







El Palacio de Hierro es una de esas stores que se ve a simple vista el potencial y la clientela que manejan ¿Por qué? Pues porque la calidad de los lookbooks que viene presentando últimamente son dignos de enmarcar. Propuestas increíbles con mucho color, tendencias de última hora, diseños atrevidos y modernos... está claro que gusta y que gusta mucho y con sus últimas ideas en trajes para esta temporada Otoño 2014, ha vuelto a confirmárnoslo.




Sus propuestas siguen claramente dos patrones: no escatimar en color y apostar por diseños innovadores en los que los estampados lleven la mayor parte del peso del conjunto. De ahí que la paleta cromática varíe tanto, desde berenjenas, lilas y rosas palo, hasta verdes y amarillos pasteles pasando por una amplia gama de térreos, cremas y blancos. Podemos encontrar desde engamados en tonos oscuros como los negros o los azules hasta apuestas contrastadas con tonos secundarios.




Los estampados son otro de los puntos fuertes de la colección. El tartán, el cuadro de gales, el cuadro vichy... son solo algunos de los que podemos encontrar en chaquetas, trajes dos piezas y tres piezas. Todo eso, reforzando con un conjunto de complementos como los pañuelos para los bolsillos relojeros, los calcetines o el calzado en horma clásica, consigue elevar el conjunto hacia lo más alto.






Resumiendo, una colección que se mire por donde se mire, es útil para todos nosotros. Nos aporta ideas frescas para sacarle partidos a nuestros blazer y nuestros trajes y además nos presenta de primera mano las tendencias cromáticas en el mundo de las sastrería sin abandonar el toque clásico que la caracteriza pero dándole un toque fresco y juvenil. Nos encanta.

Dice Ralph Waldo Emerson que...

"Necesito ir de frente, con rectitud y vitalidad, manifestando siempre la verdad por cruda que esta sea."

martes, 29 de julio de 2014

29.07.2014... de Getafe a Valls!

Llegado de Tarragona, con unas cuantas horas de tren, entre ida y vuelta. Bien, contento, tranquilo, tras unos lentos kms running por Getafe para terminar la jornada.



Hay días en los que el trabajo de uno le hace viajar.  Hoy tuve reunión en Tarragona, a primera hora, con lo que viajé en tren desde que salí de casa en Getafe hasta que volví. Viajar en tren para algunos puede resultar aburrido o pesado, para mí,  estoy seguro para muchos, es algo mas que un verdadero placer: significa algo así como un spá  mental, un método de relajación obligado, uno de esos tiempos en los que no tienes más escapatoria que el pensamiento, la reflexión o la lectura. En mi caso, hoy, me ha acompañado de manera muy satisfactoria 'La vida simple' de Sylvain Tesson. Y digo satisfactoria porque dice mucho de mi momento mental.

Así, cuando llegas y comienzas a hablar con esas personas que conoces y aprecias, de ideología, en este caso, muy diferente a la tuya, sobre esas novedades políticas que últimamente acontecen, te das cuenta que el problema no está en la política, el problema no está en pertenecer a un partido u otro, el problema está en la persona,  en ser hombre y tener un comportamiento de una manera u otra, alejado de valores, alejado de lo simple. Cuando uno se aleja de lo simple corre el peligro de perderse y no saber volver.
Y ea que lo que acontece, políticamente hablando,  es algo más que triste. A veces pienso que no sé cómo la ciudadanía española no sale a la calle en un 'basta ya' popular a ciertos personajes que, mas allá de lo que presuntamente roban, es que tratan de reírse del resto de los humanos de a pie. Esta claro que España es España, los españoles somos los españoles, con nuestras muchas virtudes y algún defecto, pero que no somos gilipollas lo tenemos todos claro.

Las noticias de hoy en la prensa son tan simples como claras: Jaime Matas, PP, entra en la cárcel y el honorable Pujol dice que tiene una especie de herencia multimillonaria que jamás ha declarado. Lo del señor Matas, de mi partido, sabido es lo sabido y conocido,  pero ni ha sido ni será un referente político en la historia de España. El señor Pujol sí lo ha sido.
Mi opinión no merece la pena, es la que es, la de un simple español más. Hoy, en Cataluña, me ha entristecido mucho escuchar a personas militantes de este partido expresar con pena su decepción.  El engaño del señor Pujol a la ciudadania es mayúsculo, posiblemente sin precedentes. El engaño a sus militantes y seguidores es brutal. Mucho me temo, de verdad, que estemos ante el inicio de algo más grave y con consecuencias para la política española mayores. 
No me extraña que los ciudadanos piensen lo que piensan de los políticos. Si no es uno es otro, si no es de un partido es de otro. Y de todos los partidos, ¿cuántos militantes están trabajando voluntariamente por nada? Mientras, otros, que se les cuece la boca de pedir esfuerzos, sacrificios, a los ciudadanos,  andan llevándoselo de una forma u otra , por ahí o por allá.

Me niego a que se generalice. No me cansaré de defender la política. Muchas mujeres y hombres dedican su tiempo al servicio publico. Un servicio honorable, honrado y honesto. Sin política no estaríamos donde estamos ni como estamos. Cierto es, hay unos pocos que, como en otros muchos ámbitos sociales, desprestigian lo que debería ser algo prestigiado y valorado por todos.

Música Running: Puff Daddy, Sting, Faith Evans, 112 - I'll Be Missing You

Muy bueno...

Despierto marcado por el ansia de hacer. Luego a lo largo del día vas viendo cómo tiras tu solo de la cuerda y todo te cuesta el doble de tiempo pero... lo importante es no dejar de intentar nunca....

lunes, 28 de julio de 2014

28.07.2014... día de michelín!!!



Hoy quise hacer todo e hice casi todo. El 'todo' es aquello que uno quiere, pero el 'todo' de uno, no tiene por qué coincidir con el 'todo' de otros. Mi 'todo' suele ser excesivo y   por eso, cuando me dejo una mínima parte, un trocito minúsculo, me martirizo y termino el día algo cabreado conmigo. No me acostumbro. Mis 'todos' son tan amplios que ni con 25... años quiero decir.

Y escribo esto ahora, pasadas las 22 h., porque no he salido a correr. Y no he salido a correr porque he llegado a casa, de una reunión con el equipo creativo que está dando la imagen a Coach Integral Services (en pruebas) y #versosdArte (en construcción), tarde, o no a la hora que yo hubiese querido. ¿Y qué? Pues eso digo yo. He llegado y he hecho eso que he creído oportuno en estas fechas y que deseo: bañarme con mi hijo en la piscina, hacerme con él unos largos -en mi caso unos cortos- y disfrutar de ese momento que nomalmente no tengo. Y ¿no he salido a correr? Pues no. ¿Eso me cabrea? Pues cada vez menos, pero sí algo. 

Y es que esta mañana me levanté de lunes y me miré al espejo, como casi todos los días. Pero hoy me fijé en mi. ¡Dios mío! Tengo más canas en el pelo, mi barba practicamente es blanca, he llenado un poco la tripa, algún michelín me sobresale por los lados del pantalón al apretarme el cinturón y si no me pongo las gafas cuando miro de lejos veo todo borroso. Me ha dado un bajón tremendo.
He bajado a tomar un zumo, mi hijo ha quedado durmiendo a pierna suelta, feliz en sus merecidas vacaciones. He cogido el coche, he puesto la radio y mil noticias malas me han bombardeado el cerebro y hecho despertar.
He llegado al trabajo, ese privilegiado trabajo, y me he preguntado: ¿y qué? ¿estás bien? Sí ¿tienes para vivir? Sí. Entonces ¿a quién coño le importa que con 46 años tengas medio michelín por encima del pantalón? A mi. ¿Y qué? Pues eso, nada. Y ¿qué es 'nada'? Nada es, desgraciadamente, lo que muchos millones de personas tienen al despertar cada día. Nada es mucho para algunos. 'Nada' es la cantidad de 'todo' que deberíamos valorar para sentir, sencillamente, lo importante.
Así que tras un día intenso, importante, creativo e ilusionante, me he dado dos baños en la piscina que me han sabido a gloria. ¿Por qué? Porque me ha acompañado mi hijo y ese instante lo ha valido todo. ¿Y el michelín? En su sitio.

Feliz noche.

Jorge Carrión: escribir una novela política.


Jorge Carrión. Decálogo sobre la novela política








“Mi mayor aspiración durante los últimos años ha sido convertir la escritura política en un arte”
George Orwell, 'Por qué escribo' (1946)



UNO

LO QUE IMPORTA ES LA INTENCIÓN 
Todo es –en un grado u otro– política. También las novelas. Algunas de ellas, no obstante, tienen intención política. Me parece que es ese concepto en el que merece la pena detenerse.

DOS

EL QUIJOTE COMO EJEMPLO 
Soy de los pocos en este país que creen que Américo Castro tenía razón: el Quijote, además de tantas otras cosas, es una novela extremadamente crítica con la ideología dominante en la España de los siglos XVI y XVII. Una España dividida en dos castas: la de los cristianos viejos, con todos los privilegios habidos y por haber, y la de los cristianos nuevos, limitados socialmente, bajo sospecha, amenazados por la Inquisición.

No creo que esa denuncia tuviera la máxima prioridad en ese proyecto de Cervantes (como sí la tiene, por ejemplo, en el entremés “El retablo de las maravillas”); pero ahí está: latente, punzante. Las mejores de la literatura española también cuestionan el poder dominante, al tiempo que construyen oposiciones entre las aspiraciones de los personajes y los logros que les concede la estructura social y religiosa: La Celestina, El Lazarillo o La Regenta son ácidos artefactos que revelan sus dianas y lanzan contra ella dardos con cianuro. En ellas no se salva, literalmente, ni Dios. Su existencia, en la columna vertebral del Canon de la Literatura Española (así, con mayúsculas) nos recuerda que la intención política puede ser un motor que activa poderosos mecanismos literarios.

TRES

TODAS LAS NOVELAS SON HISTÓRICAS 
Cada texto está atado a una fecha. Cada texto es un comentario de esa fecha. Cada texto revela la posición de su autor respecto a su época y a la propia literatura; y, si está cargado de porvenir, irá revelando también posiciones de lectores sucesivos respecto a momentos del futuro, generando la ilusión de que el autor escribió para ese tiempo que aún no existía.

Una novela siempre cifra un doble mensaje político: sobre las ideologías y sobre el lenguaje que las representa

Una novela siempre cifra un doble mensaje político: sobre las ideologías y sobre el lenguaje que las representa, las cuestiona, las ningunea o las refuta. La pregunta, por tanto, es acerca de cuáles son los lenguajes más convenientes para que el texto se politice a conciencia. La respuesta no existe, porque cada ejercicio literario crea sus propias reglas de producción y de recepción. Sin embargo, algunos ejemplos nos pueden ayudar a encontrar algunas pistas de por dónde van los tiros (en medio de este des-concierto).

CUATRO

LA LITERATURA EN PERSONA SE ENCUENTRA CON LA POLÍTICA PERSONIFICADA 
En 1980 la editorial Pomaire lanzó en Buenos Aires la primera edición de Respiración artificial: en aquellos tiempos era posible que una primera novela, como la del casi desconocido Ricardo Piglia, contara con una tirada de 8000 ejemplares. En la solapa se lee: “Tiempos sombríos en los que los hombres parecen necesitar un aire artificial para poder sobrevivir”. La alusión a la dictadura militar que padecía en aquel momento Argentina es evidente; pero que la novela sea una lectura crítica de ella no lo es tanto. O mejor dicho: no lo es en absoluto.

Cuando se reeditó en Anagrama en 2001 ese rastro desapareció y la novela sobrevivió, intacta. La fecha permanece, pero su señal languidece, es más difícil de seguir, de reconstruir. Ésa es una de las manifestaciones de la famosa tensión entre lo particular y lo universal. Los primeros lectores de Respiración artificial no pudieron sacarse de la cabeza, durante lo que duró la lectura, a Videla y a los desaparecidos; para los del siglo XXI el encuentro final entre Kafka y Hitler fue simplemente eso o muchísimo más: el encuentro entre la literatura extrema y las extremas derechas que fueron y vendrán.

CINCO

LA IZQUIERDA DEL CORAZÓN 
Soy un escritor de izquierdas, por eso no ceso de preguntarme: ¿Qué es todavía la izquierda? O, mejor dicho: ¿Qué debería ser? Es difícil responder a esa pregunta, hoy, en términos de acción económica. En cambio se puede encontrar una respuesta en otros ámbitos: separación entre Iglesia y Estado, abolición de instituciones anacrónicas como la monarquía, derecho al aborto, igualdad jurídica plena entre homosexuales y heterosexuales. Y algo más vaporoso y esquivo: la defensa de los pobres, de la dignidad, de las víctimas, de los que no ganaron en el vertedero de la historia. “Hay muchas formas de escribir”, escribió Sebald, “pero sólo en la literatura, por encima del registro de los hechos y de la ciencia, puede intentarse la restitución”.

SEIS

NEGRA LECHE DEL ALBA TE BEBEMOS 
La palabra restitución es clave en la novela de intención política. Según el Diccionario significa “Volver algo a quien lo tenía antes. Restablecer o poner algo en el estado que antes tenía”. Apagar el incendio y reforestar el bosque. Reparar un daño, asistir jurídicamente al herido, cicatriz y juicio. En otro texto recogido en el mismo libro, Campo Santo, Sebald dispara otra idea importante: “mantener formas narrativas tradicionales que no podrían transmitir un intento auténtico de identificarse con las verdaderas víctimas”.

¿Qué quiere decir con eso el autor de Los emigrados? Intuyo que lo siguiente: el modo en que Dickens consiguió tomarle el pulso a la pobreza londinense del siglo XIX en Oliver Twist, una novela paradigmática de la voluntad de intervención en la política desde la estricta literatura, no puede ser automáticamente trasladado a nuestra época por una cuestión de empatía. El mundo ha cambiado, ontológica, epistemológicamente. Nuestros pobres son otros pobres. Las víctimas de la guerra civil española, de la segunda guerra mundial, de la última dictadura argentina o de los terrorismos de las pasadas décadas presentan sus propias particularidades, sus heridas individuales.

Para que la literatura las identifique, para que el lector se identifique con ellos y ellas a través de la literatura, la novela tiene el deber de buscar nuevas estrategias de representación y de construcción. No puede seguir tratando de sacar leche de las viejas ubres, amarillentas, del realismo.

SIETE

PERIODISMO Y REALIDAD 
El realismo moderno nace al mismo tiempo que el periodismo moderno y su retroalimentación pervive hasta nuestros días. Es una de las razones por las que leemos a Jonathan Franzen o nos hipnotiza la disección que hace The Wire de la realidad postindustrial. También el periodismo, como la literatura, realiza un comentario de la fecha; pero el suyo es más inmediato, paradójicamente: menos mediatizado; a menudo, sin futuro. Durante más de un siglo leímos en paralelo novelas y diarios, los hicimos convivir en nuestra vida intelectual cotidiana.

Hemos ido viendo que se puede acceder al pálpito de lo político sin necesidad de atravesar el pape

Mientras tanto, caducó el positivismo científico que sustentaba al realismo, las sucesivas teorías de la física cuántica hicieron que la misma realidad de antes fuera infinitamente más compleja, nuevas tecnologías multiplicaron los lenguajes narrativos; pero el periodismo y el realismo literario permanecieron relativamente leales al paradigma en que tuvieron su origen (fieles a sus costumbres: costumbristas). En los últimos años, nuestras lecturas de la realidad a través de las pantallas han ido agrietando esa identificación. Hemos ido viendo que se puede acceder al pálpito de lo político sin necesidad de atravesar el papel. Que los telediarios de la mañana repasen las portadas de los diarios matutinos parece un brindis al sol (por los viejos tiempos).

OCHO

LECCIÓN DE HUMILDAD 
Hubo un tiempo en que la opinión expresada en un diario y la literatura formalizada en un poema o en una novela podían ser formas de intervención directa en la membrana de lo real. Los tiempos de Clarín, Zola, Böll, Sartre o Neruda, que coinciden con los de Marx, Lenin, Churchill, Stalin o Hitler. Tiempos en que un libro podía situarse en el centro de la discusión intelectual, ideológica e incluso vital, porque los textos eran traducidos literalmente en prácticas cotidianas, en acciones. Tiempos en que un político, para alcanzar el poder, tenía que escribir un libro o impartir conferencias brillantes, en lugar solamente de salir por televisión.

Para la gran mayoría de lectores, invocar (qué susto) la palabra compromiso remite automáticamente a ese mundo. En la tradición española, a la Generación del 98. Un malentendido más en una historia, la de la cultura, que está llena de malentendidos. Porque los autores de aquella época son cada uno hijo de su madre y de su padre. Las novelas de aventuras de Baroja o las nivolas de Unamuno no persiguen la regeneración colectiva. El árbol de la ciencia sigue siendo una novela incisiva, pero políticamente es un callejón sin salida. La obra más poderosa de todas las que leemos bajo la etiqueta noventayochista es (atención) una obra de teatro, publicada por entregas en una revista, que se escribió en los 20 y no se estrenó hasta los 70: Luces de Bohemia. La influencia del esperpento de Valle-Inclán, que nos ha ayudado –por ejemplo– a leer la crisis actual, demuestra que seguimos tendiendo a sobrevalorar la novela. Muchísimas novelas fueron olvidadas, se extinguieron: seguimos leyendo, en cambio, un puñado de diálogos, Max Estrella y Don Latino de Hispalis, teatro irrepresentable, la mujer goyesca con el niño muerto en brazos, el destino trágico del Anarquista Catalán.

El lenguaje no es una solución, sino un problema

NUEVE

ENSAYAR, EXPERIMENTAR 
La deformación del esperpento, la tensión a la que somete al lenguaje, puede ser una de las respuestas a la pregunta sobre cuáles son los modos más adecuados para representar nuestras realidades. Pensar que el mundo es representable a través de un lenguaje transparente es de una ingenuidad que ya no tiene lugar, me temo, en nuestra época. El lenguaje no es una solución, sino un problema. Por eso merece la pena considerar la lección de humildad que nos brinda Luces de Bohemia y constatar que la novela escrita, literaria, pese a seguir siendo un instrumento privilegiado de discusión, de análisis y de ilusión, por su capacidad vampírica de absorción de todos los procedimientos a su alcance, tal vez sea una forma menos efectiva para la intervención política que el ensayo o la crónica.

Pienso en Testo Yonqui, de Beatriz Preciado; pienso en Los muertos indóciles. Necroescrituras y desapropiación, de Cristina Rivera Garza. Precisamente por eso, la novela debe integrar la crónica y el ensayo (si es posible la diferencia entre ambos). Procesarlos. Utilizarlos. O no: respetar su autonomía, ceder a otras formas de escritura y reescritura, más breves, más intempestivas, híbridas de texto e imagen, instantáneas o discursivas, el protagonismo que antaño tuvieron y explotaron y seguramente están perdiendo nuestras queridas y no obstante necesarias novelas.

DIEZ

OPTIMIZAR EL FRACASO 
La política se parece en algo al arte: su destino es el fracaso. Seguimos pensando en voz alta en lo que hacemos y en lo que quisiéramos hacer. Fracasamos en forma de novela, de ensayo, de decálogo. Siempre, sistemáticamente, con la esperanza de que (artistas del hambre) fracasemos –también– cada vez mejor.


* Jorge Carrión (Tarragona, 1976). Ha publicado Librerías, finalista del Premio Anagrama de Ensayo 2013; la novela Los muertos (Mondadori, 2010); los ensayos Teleshakespeare (Errata Naturae, 2011) y Viaje contra espacio. Juan Goytisolo y W.G. Sebald (Iberoamericana, 2009); los libros de viaje Australia. Un viaje (Berenice, 2008), La piel de La Boca (Libros del Zorzal, 2008), GR-83 (Autoedición, 2007) y La brújula (Berenice, 2006); y la novela corta Ene (Laia Libros, 2001). Además, ha prologado y editado los volúmenes Mejor que ficción. Crónicas ejemplares (Anagrama, 2012), Madrid/Barcelona. Literatura y ciudad (1995-2010) (Iberoamericana, 2009), El lugar de Piglia. Crítica sin ficción (Candaya, 2008) y Amor global (Laia Libros, 2003). Sus crónicas sobre América Latina han sido recopiladas en Norte es Sur (Debate Venezuela, 2009).

Qué diferencia tan inmensa de hacer algo con entusiasmo, con ilusión, porque te gusta y apasiona, más allá de que salgan bien o mal, a hacerlo con desgana. La desgana suele llevar, irremediablemente, con seguridad, al fracaso.

domingo, 27 de julio de 2014

27.07.2014... días de vino y silencio!




Y como últimamente, despedimos el domingo tras un fin de semana fantástico en esa Mancha que me atrapa, en ese Minaya en el que las raíces terminan por agarrarme cada vez que estoy.

Un fin de semana en familia, con sobrinos y con tiempo para la lectura, la reflexión, la música, el silencio y algo de running.
















Ayer, para variar, como el calor apretaba bastante, estuvimos en la piscina del Club. Es la única forma de ver ya padres a aquellos que como yo, fueron los chavales que ahora son nuestros hijos. Los recuerdos se amontonan. Poco ha cambiado todo, sí hemos cambiado nosotros.

Por la tarde hice unos kilómetros por ese camino que lleva a las Casas de Gachas y que pasa por esos pequeños olivares de mi familia. 


Pasa también por unas viñas que al contemplarlas, según baja el sol, es como reunirte con aquellos dioses que te incitaban a ese vino rojizo, denso, de altos olores a tierras que envolvían los cerebros con músicas evangélicas. El vino de esta tierra es duro, como sus gentes, hecho para compartir con buen jamón y queso, con buenas carnes y, sobre todo, por la mejor compañía.
De vuelta, con 11 kms en las piernas y los pies llenos de polvo del camino, nada como contemplar nuevamente -nunca me canso- esa inmensa puesta de sol de Minaya. Es una inmensidad de luz, una danza de color, que simplemente puedes dar gracias a Él por permitirte estar ahí.



Esta mañana regué por última vez el huerto, acariciando esos tomates ya verdosos en sus matas, y esos pimientos que están gritando ser fritos y envueltos en pan aceitoso. 


Es curioso pero qué rico está todo lo calórico. Ese olor de pimientos fritos me recuerda a siempre. Muchas veces son olores que han pasado de casa de mis abuelos a casa de mis padres y ahora, finalmente, a la mía.

Despertar en mi casa de Minaya es despertar en el paraíso. Sentarme solo, en el porche, contemplando el cielo. Más allá del cantar alegre de los pájaros no escucho nada hasta esas horas puntas que repican las campañas de la iglesia recordando que el tiempo existe.

Decía Thoureau que "para estar solo considero necesario escapar del presente. Me evito." Qué razón, cuántas razones en sus escritos. Yo lo comparto. A veces me siento egoísta por esa necesidad mía de estar a solas, en silencio, fuera de todo. Una necesidad que se acrecienta con los años, con la vida, con esa desesperada vida que uno se hace.

Construimos nuestras vidas alojadas sobre un materialismo absurdo. Nos sentimos mal cuando no poseemos cosas que realmente no nos aportan nada. No nos sentimos cómodos con lo simple, nos rodeamos de lo difícil. Y cuando estamos así, sintiendo eso, lo más simple, lo humanamente sencillo que es estar sentado contemplando el cielo y escuchando el silencio, entonces nos damos cuenta del valor de lugares así, frente a esos otros que nos llenan de un consumo material absurdo.


'Artes de ser Maduro' de Jaime Gil de Biedma


















"A José Antonio




Todavía la vieja tentación

de los cuerpos felices y de la juventud
tiene atractivo para mí,
no me deja dormir
y esta noche me excita.

Porque alguien contó historias
de pescadores en la playa,
cuando vuelven: la raya del amanecer
marcando, lívida, el límite del mar,
y asan sardinas frescas
en espetones, sobre la arena.
Lo imagino en seguida.
y me coge un deseo de vivir
y ver amanecer, acostándome tarde,
que no está en proporción con la edad que ya tengo.

Aunque quizás alivie despertarse
a otro ritmo, mañana.
Liberado
de las exaltaciones de esta noche,
de sus fantasmas en blue jeans.

Como libros leídos han pasado los años
que van quedando lejos, ya sin razón de ser
-obras de otro momento.
Y el ansia de llorar
y el roce de la sábana, que me tenía inquieto
en las odiosas noches de verano,
el lujo de impaciencia y el don de la elegía
y el don de disciplina aplicada al ensueño,
mi fe en la gran historia...
Soldado de la guerra perdida de la vida,
mataron mi caballo, casi no lo recuerdo.
Hasta que me estremece
un ramalazo de sensualidad.

Envejecer tiene su gracia.
Es igual que de joven
aprender a bailar, plegarse a un ritmo
más insistente que nuestra experiencia.
Y procura también cierto instintivo
placer curioso,
una segunda naturaleza."

sábado, 26 de julio de 2014

En política no hay que tener votantes clientelistas que cuando no les des lo que quieren se enfaden contigo. En política, como en todo, hay que tener seguidores que crean y se comprometan con el proyecto que lideras.

viernes, 25 de julio de 2014

25.07.2014... silencio...

Vuelvo a mi porche, vuelvo a Minaya. Estoy en él y sé que con Él. Cómo me cuesta serenarme,  creo que no es hasta este momento,  ya solitario, mientras miro el cielo y esas estrellas que me miran, cuando verdaderamente quedo en paz. Qué raro, difícil,  extraño,  soy. Es como si necesitara ese momento de silencio diario que, en días como hoy, sólo recojo al final del día. 
Aquí no escucho más que el murmullo de las hojas de estos árboles abrazados por un mínimo viento. 

Publicar un libro: Autoedición vs. Publicación tradicional

La autoedición ha existido siempre y siempre ha convivido con la publicación tradicional. Pero la llegada de Internet, un actor que ninguna gran editorial ha sabido hasta el momento incorporar a su trabajo de forma satisfactoria, ha puesto al alcance de la mano del autor que decide autoeditarse toda una serie de herramientas que antes estaban al alcance sólo de las grandes editoriales.

Vamos a ver cómo se articula este cambio de modelo, y qué diferencias hay entre la autoedición y la publicación tradicional hoy en día.

Publicación tradicional


El autor envía su trabajo a una editorial, ya sea directamente o utilizando como intermediario a un agente literario que se llevará un porcentaje de sus ganancias (típicamente entre el 15% y el 20%).

En caso de que se use un agente literario, será él quien defienda los derechos del autor ante la editorial y quien trate de conseguir las mejores condiciones posibles para el autor.

A partir del momento de la firma del contrato con la editorial, será ella la que se encargue de todo el trabajo: corrección final del texto, maquetación, diseño de la portada, impresión de los ejemplares, etc.

Las empresas distribuidoras serán las encargadas de hacer llegar los ejemplares a las librerías, y serán ellas, junto con los libreros, las que se lleven la parte del león en el reparto de beneficios (un 60% de las ventas finales entre los dos).

Algunas editoriales están creando tiendas online para tratar de saltarse este último eslabón de la cadena.

Autoedición


Es el propio autor quien contrata todos los servicios necesarios para la creación del libro. Alguna labores, como la maquetación, podría llevarlas a cabo el propio autor para ahorrar dinero en caso de que tenga esos conocimientos, pero otras figuras, como la imprenta o el corrector de estilo, siempre deberán estar ahí.

Recordemos algo muy importante: Autoeditar significa convertirse en el editor de uno mismo. La calidad resultante debe ser la misma que obtendríamos trabajando con una gran editorial, si no mejor.

Y una vez producido el libro, claro está, será también el autor quien se encargue de distribuirlo como considere más oportuno para que éste pueda llegar al lector final.

Cada caso es diferente, pero lo que mejor resultado suele dar es una distribución combinada:

1. Venta directa a través de Internet por parte del propio autor.
2. Distribución a librerías con las que se haya contactado previamente para saber si les interesa la novela.

El autor también podría decidir contratar los servicios de una empresa distribuidora, pero, siendo como es la eliminación de intermediarios uno de los objetivos de la autoedición, no sería demasiado aconsejable… al menos en un primer momento.

Siendo esto así, ¿cuáles serían las ventajas e inconvenientes de cada uno de estos dos modelos?

Dice Thomas Merton que...

"La perfección no es para quienes se esfuerzan por sentir, parecer y actuar como si fueran perfectos: es únicamente para quienes son plenamente conscientes de que son pecadores, como el resto de los seres humanos, pero pecadores amados, redimidos y cambiados por Dios. La perfección no es para quienes se aíslan en las torres de marfil de una imaginaria impecabilidad, sino únicamente para quienes se arriesgan a empañar su supuesta pureza interior, sumergiéndose plenamente en la vida como hay que vivirla inevitablemente en este imperfecto mundo nuestro: la vida con sus dificultades, sus tentaciones, sus decepciones y sus peligros. La perfección no es tampoco para quienes viven sólo para sí mismos y se ocupan únicamente del embellecimiento de sus almas. La santidad cristiana no es meramente un asunto de recogimiento u oración interior. La santidad es amor: el amor a Dios por encima de todos los demás seres, y el amor a nuestros hermanos en Dios. Tal amor exige, en último término, el completo olvido de nosotros mismos".

jueves, 24 de julio de 2014

24.07.2014... de bodegas y vinos.



















Va uno enredándose y pegándose a la ropa con estos calores. Calores que son dignos de esta época del año y que sólo recordamos cuando nos sorprenden. Lo cierto es que yo prefiero este clima a ese frío lluvioso y gris de invierno.

Hacer lo que nos apasiona nos genera una felicidad sin igual. Levantarte pensando en que vas a trabajar en esos temas que te gustan, acostarte satisfecho de haber dado pasos correctos en el sentido deseado, es algo que va marcando el sentido de tu existencia. No es fácil, nada es fácil.

Acabo de correr con Clemente 15 km por el Cerro de los Ángeles. Es jueves y hemos podido respirar campo mientras hacemos ese deporte que nos gusta y nos ponemos al día de nuestras cosas. Todo un privilegio.



En estas semanas, en estos últimos días, voy dando forma, cuando el tiempo y otras responsabilidades me lo permiten, a ese proyecto que tengo en marcha: Coach Integral Services y #versosdArte. Estoy por un lado definiendo la imagen, las páginas webs de ambas y, por otro, buscando ya esos productos que ofreceré desde #versosdArte


Ayer, por ejemplo, tuve la oportunidad de visitar unas bodegas donde muy posiblemente, faltan definir algunos temas, produciré el vino que se denominará así: versosdArte. Fue una visita de lo más agradable, guiada por el dueño de la bodega, Bodegas Mocén, en la que pude ponerme al día, ver, sentir y comprobar toda la cultura del vino de inició a fin.

Visitamos los viñedos para luego trasladarnos a las bodegas y recorrer uno a uno los pasos de producción del vino hasta su lugar de reposo ya embotellado. 

Una bodega muy bien cuidada que rompe todos los esquemas de las bodegas que conocemos. una bodega con mucha historia, la de su creador ya fallecido, que fue José Luis Ruiz, gran empresario y dueño de los famosos restaurantes José Luis. Saber de la historia de este gran hombre y empresario, de la mano de su hijo, César, resultó algo gratificante y motivador. Me quedé prendado de sus inicios, de su valía y valentía y, sobre todo, de lo que el guardaba como su tesoro: el cajón de limpiabotas con el que comenzó a trabajar allá por los años '40.


Más allá de los estupendos vinos que producen, de Rueda fundamentalmente, me encantó visitar la Biblioteca que tienen y, por supuesto, la pinacoteca que cuenta con una extraordinaria colección de obras de arte de artistas de lo más variados. Diría que todo un museo.


La verdad que, como comenzaba este post, no hay nada como hacer lo que te apasiona. Terminas el día todavía más motivado e ilusionado que cuando lo comenzaste. Vuelves a dar vueltas a tus proyectos, te vienen a la cabeza nuevas ideas que anotas y vas tratando de dar forma. Es poesía, es como componer un poema lleno de versos que no acaban nunca... buscando ese tiempo que no debería de terminar.

La verdad es que agradecía mucho a César su compañía y, sobre todo, su sencillez y consejos.
Le felicito por su nueva web, www.vinoemocion.es, que recomiendo, y su blog.

También, por supuesto, al equipo que tiene trabajando en la bodega que, más allá de su profesionalidad, demostraron sentirse parte de la empresa, parte de un proyecto.


Y así terminé el día de ayer y el día de hoy. Enredado en ideas varias que, sinceramente, me llevan tiempo pero que como de lo que se trata es de optimizar costes y de hacer las cosas bien y tranquilas, nada me resulta más apasionante.

Mis momentos Bici Madrid


Sin moverte es muy difícil encontrar oportunidades. Nada viene solo.

miércoles, 23 de julio de 2014

'Atrévete a sentir' por Javier Gomá



1. ¿Podemos sentir, pensar y representar lo sublime en la actual época de la cultura? La etimología latina de "sublime" (sublimis) señala lo muy alto y "sublimar" indicó al principio levantar o elevar. ¿Existe hoy una literatura de estilo elevado? ¿Sería imaginable algo semejante a la antigua epopeya homérica o a una tragedia griega protagonizadas por héroes míticos que, según la preceptiva aristotélica, se caracterizan por ser superiores a nosotros, las personas reales? Muchos tenderían a pensar que no. Vivimos una hora en la que la simple mención de lo sublime suscita en la mayoría un mohín de escepticismo, cuando no una palabra de sarcasmo. El cinismo ambiente ha desterrado del mundo contemporáneo la mera conjetura de lo grandioso, pues así precisamente se define lo sublime: como lo grande, eminente, excelso, de elevación extraordinaria. La presente etapa de la cultura, desertora del ideal, habría quedado inhabilitada para tan subido sentimiento porque el igualitarismo democrático impone una nivelación general que lo excluye. Al homo democraticus le sería dado disfrutar de las cosas sublimes producidas por los clásicos de nuestra gloriosa tradición cultural —en una relación arqueológica o anticuaria con ellas—, pero ya no crearlas. Eso ya no, salvo acaso una sublimidad rasamente cuantitativa, como esas colosales obras de la arquitectura moderna o la admiración ante las extensiones impensables del universo con sus millones de millones de estrellas y galaxias que estudia la astrofísica. Pero una cualitativa, concebida como grandeza moral y estética, se nos antoja hoy muy poco convincente.

Ahora bien, ¿y si la inveracidad de lo sublime a los oídos contemporáneos respondiera a causas accidentales, adventicias? Ojalá sea así porque sin ese anhelo de elevación hacia lo óptimo las culturas se empobrecen sin remedio. Cada época propone un ideal —griego, romano, medieval, renacentista, ilustrado, romántico— que, como expresión cimera de lo humano, seduce por su perfección, ilumina la experiencia individual y moviliza el entusiasmo latente haciendo avanzar al grupo en una dirección. Una sociedad sin ideal —y lo sublime es una forma de ideal— está condenada fatalmente a no progresar, a repetirse y a la postre a retroceder. Nada prueba la incompatibilidad esencial entre la democracia y un ideal sublime. Quizá sólo exista con la versión distorsionada que de ese ideal ha depositado a las orillas del presente las oleadas de la historia, de suerte que, restituido a su significado original, se hallaría en condiciones de fecundar nuestra cultura tanto como lo hizo en las anteriores y agitar positivamente las fuentes de un entusiasmo por ahora reprimido y a la espera de su momento propicio.

2. Durante la Antigüedad lo sublime es una variedad de lo bello. La belleza se asocia primeramente a las cosas dotadas de forma, justa medida y proporción. Pero también le son propios el éxtasis, el hechizo o el rapto que suscita lo sublime. En el diálogo platónico Ión, Sócrates contrapone la técnica y ese don inspirado por un dios que entra en el poeta, se apodera de él y le hace componer versos de alta belleza, presa de furor y divino delirio, sobre temas de los que carece de conocimiento empírico. Los poetas no son otra cosa que intérpretes de los dioses; cuando poetizan se hallan fuera de sí y el alma les desborda de entusiasmo. De donde se sigue que el concepto formal de lo bello debe completarse con esa otra belleza de calidad sentimental que se compendia en la palabra entusiasmo, cuya etimología (en-thousiasmos) evoca justamente esa posesión divina.

En los primeros siglos de nuestra era, un desconocido profesor griego escribió el tratado de retórica Sobre lo sublime, atribuido a un tal Longino. Lo sublime es como una elevación y una excelencia en el lenguaje, aquella grandeza que gana siempre nuestra admiración porque es digna de imitación y de perduración en las generaciones siguientes. “Es grande”, leemos en el tratado, “sólo aquello que proporciona material para nuevas reflexiones y hace difícil, más aún imposible, toda oposición y su recuerdo es duradero e indeleble. En una palabra, considera hermoso y verdaderamente sublime aquello que agrada siempre y a todos”. Este agradar universal (“siempre y a todos”) es obra de la naturaleza porque ella “hizo nacer en nuestras almas desde un principio un amor invencible por lo que es siempre grande”.

Esto vale para amar lo grande, pero ¿cómo crearlo? ¿Cómo produce el poeta una obra literaria sublime? Longino cree que el artista, además de poseer una depurada técnica (para el uso de figuras, la elección de palabras justas y la composición), ha de reunir además disposiciones intelectuales y sentimentales innatas, toda vez que “lo sublime es el eco de un espíritu noble”. El célebre capítulo 9 del tratado se refiere a esa “natural grandeza de espíritu” de dichos poetas: “El verdadero orador no debe tener un espíritu mezquino e innoble. Pues no es posible que aquellos que han tenido toda su vida hábitos y pensamientos bajos y propios de esclavos realicen algo digno de admiración y de la estima de la posteridad. Grandiosas son las palabras de aquellos que tienen pensamientos profundos”. La segunda disposición innata es una pasión entusiasta y vehemente, una emoción “que respira entusiasmo como consecuencia de una locura y una inspiración especiales y que convierte las palabras en algo divino”.

En suma, grandes pensamientos (nobleza) y grandes sentimientos (entusiasmo).

Para la Antigüedad el mundo conforma un cosmos finito, cuya belleza reside en la limitación. Lo ilimitado, lo infinito son siempre sospechosos para el griego, porque remiten a una situación caótica, monstruosa, previa a la determinación de las leyes naturales. El arte no debe tratar de inventar nada, sino imitar la bella perfección de una naturaleza preexistente. Incluso para Longino lo sublime se integra en lo bello y se puede hablar con propiedad en él de una belleza sublime. Pero es cierto que en su tratado (capítulos 35 y 36) encontramos expresiones que parecen subvertir este orden clásico porque sugieren la insuficiencia de la naturaleza para un poeta inflamado que, “abandonando las fronteras del mundo”, alcanza una grandeza supranatural que, a pesar de su imperfección, es sublime. Aquí se apunta la posibilidad de una sublimidad antibella y antinatural, sin imitación, que la modernidad, leyendo a Longino a su conveniencia, convertirá en canónica.


'Sin título', 1969. / MARK ROTHKO

3. Longino llegó a la Europa moderna, tras siglos de olvido, por la traducción de su tratado que en 1674 hizo el académico francés Boileau-Despréaux. Pronto se apropió del concepto el pensamiento inglés, que lo trasplantó desde los dominios de la retórica, su lugar original, a los de la psicología de las artes visuales. Para Addison, en Los placeres de la imaginación (1712), estos placeres son de tres clases según los objetos que comparecen a la vista: lo bello, lo singular y lo grande (los dos últimos acabarán recibiendo el nombre de pintoresco y sublime, respectivamente). Ante lo grande, dice, “caemos en un asombro agradable y sentimos interiormente una deliciosa quietud (stillness) y espanto (amazement)”. Burke, autor de De lo bello y lo sublime (1757), el texto más influyente en la materia junto al de Longino, permutará la tríada de Addison por un dualismo insuperable, definitivo, entre sólo las dos categorías del título, cuyo antagonismo exaspera hasta el extremo. Lo bello es una sensación sociable, de placer o amor, que suscita la vista de determinados cuerpos pequeños, graciosos y delicados. Lo sublime, en cambio, es un deleite solitario. Y en su analítica de lo sublime Burke caracteriza esta categoría con propiedades romantizadas contrapuestas a su visión neoclásica o rococó, muy siglo XVIII, de la belleza. Produce asombro y admiración la contemplación de esos grandiosos fenómenos desatados en la naturaleza —tempestades, huracanes, terremotos, volcanes en erupción, la pavorosa majestad de la noche oscura— cuando observamos la proximidad del peligro que nos amenaza, pero al mismo tiempo nos sabemos a salvo de él. Y ninguna fuente mayor de lo sublime que el vislumbre de lo que, por no poder percibir sus límites, presentimos infinito. “La infinidad”, escribe Burke, “tiene una tendencia a llenar la mente con aquella especie de horror delicioso (pleasing horror) que es el efecto más genuino y la prueba más verdadera de lo sublime”.

Aquí se consuma el giro moderno de lo sublime. Por un lado, una belleza natural seca, simétrica y ornamental; por otro, una sublimidad infinita, en trance, sobrenatural y por eso mismo deforme o informe. El más consecuente corolario de este presupuesto lo hallamos, dentro de las artes visuales, en el expresionismo abstracto norteamericano. En un texto de 1947, The sublime is now, Barnet Newman escribió que “la única pregunta que se impone hoy es cómo crear un arte de lo sublime”, lo cual requiere, afirma con radicalidad, una previa destrucción de la belleza. Y ese designio lo creía cumplido en el arte abstracto de su país, sin imitación de bellas formas naturales, que “reafirma el deseo natural del hombre por lo exaltado y nuestra relación con las emociones absolutas”. Y el crítico Rosenblum en The abstract sublime (1961) conecta Luz y verde sobre azul de Rothko (1954) con Monje al borde del mar de Friedrich (1809) para argüir que las raíces comunes del expresionismo abstracto y la pintura de paisajes del romanticismo se hallan en el arte de lo sublime.

En su Crítica del juicio (1790) Kant confirma el antagonismo burkeano entre lo bello y lo sublime, así como la intimidad del segundo con la infinitud. Para Kant lo sublime —“aquello en comparación con lo cual toda otra cosa es pequeña”— es un sentimiento despertado por la idea de infinito, una idea que, por el mero hecho de poder ser pensada por la razón, demuestra la superioridad de nuestro espíritu sobre la precaria naturaleza. Si la naturaleza es bella por su forma y su limitación, lo sublime invierte los términos y participa de lo informe e ilimitado que la idea de infinitud lleva en su vientre. Sólo que ahora, a diferencia de lo que sucedía en la Antigüedad, esa idea de infinitud no denota carencia sino, al contrario, plenitud máxima. El hombre poscopernicano es un rey destronado que, al perder el centro del cosmos, compensa la herida en su narcisismo constituyéndose él mismo en una totalidad aún mayor. Y lo sublime es la categoría estético-moral que mejor se adapta a este segundo mundo espiritual: el de la subjetividad moderna de anhelos infinitos. “Lo sublime”, escribe Lyotard comentando el citado artículo de Newman, “es el modo de la sensibilidad artística que caracteriza la modernidad”. Lo sublime ya no es cuestión de elevación, como en Longino, sino de intensidad, de manera que puede incluir las supuestas imperfecciones, las infracciones al gusto, la fealdad, si son lo bastante intensas. “El arte no imita la naturaleza, crea un mundo paralelo, eine Zwischenwelt,dirá Paul Klee, donde lo monstruoso y lo informe tienen su derecho porque pueden ser sublimes”.

En lo sublime kantiano sorprendeEugenio Trías el origen de ese inquietante deslizamiento moderno de lo sublime hacia lo siniestro: sin límites de ninguna clase, informe y contrario a la belleza, se abre a lo abismal, terrorífico, espantable, mórbido y aun demoniaco. Así, sublime en el siglo XX serán, por ejemplo, los desfiles y concentraciones nazis filmados por una fascinada Leni Riefenstahl; y en el siglo XXI, nada más sublime, diría el compositor Stockhausenaún bajo los efectos de su impacto, que el choque televisado de los aviones terroristas contra las Torres Gemelas de Nueva York.

4. Longino ya se preguntaba por qué en su época escaseaban los poetas sublimes. Se daba dos razones. La primera, la ausencia durante el Imperio Romano de libertades democráticas: “La democracia es una excelente nodriza de genios y sólo con ella florecen los grandes hombres de letras”. La segunda, el desmedido afán de riquezas y de placeres de sus coetáneos, quienes, dominados por la indiferencia, ya no miraban hacia arriba ni emprendían jamás nada digno de emulación y honor. ¿Qué diríamos de nuestra época? En este comenzado siglo la democracia se halla sólidamente asentada en Occidente, pero reina por todas partes la indiferencia ante lo sublime. ¿Por qué? ¿Sólo por el afán de riqueza y placeres?

El anterior recorrido histórico —que va de lo elevado a lo siniestro— explica por qué esa sublimidad distorsionada que hemos heredado de la modernidad carece de persuasión como ideal movilizador para la época democrática. Se hallaría pendiente la tarea de restauración y civilización del concepto, que empezaría por recuperar la noción de sublimidad bella o belleza sublime, entendida como grandeza y ejemplaridad digna de imitación y perduración, como elevación y no sólo como intensidad. Una sublimidad no sólo cuantitativa —no sólo ese gigantismo de los grandes números al que es propensa nuestra cultura colosalista—, sino sobre todo cualitativa, que aspira a lo mejor en todo. En fin, una sublimidad de la finitud y amiga de los límites, urbana más que natural y dispuesta a absorber la vulgaridad para transformarla sin ignorarla desdeñosamente.

Sólo el entusiasmo nos peralta a lo sublime y hoy esta emoción divina parece que se nos niega, apagadas sus fuentes por el escepticismo y la resignación generales. El propio Longino alerta contra el falso entusiasmo, la vana hinchazón, la solemnidad que no conmueve, el patetismo inoportuno. Lord Shaftesbury dedicó la mayor parte de su Carta sobre el entusiasmo (1708) a denunciar sus modalidades corrompidas, que en su época habían tomado la forma de fanatismo religioso extático. El verdadero entusiasmo, dice, permanece poderoso ante la libertad de crítica y el sentido del humor.

Kant dio el lema a la modernidad, ese “atrévete a pensar” (sapere aude) que todavía nos guía. Ahora nos convendría una exhortación pareja a dejarnos conmover, con entusiasmo crítico y bienhumorado, por todo lo grande, noble y hermoso de este mundo. El nuevo lema saldría de una ligera modificación del anterior, que no deroga sino complementa.

Y diría sencillamente: “Atrévete a sentir”.