jueves, 30 de octubre de 2008

El éxito no radica en buscar a toda costa lo que no tienes hasta conseguirlo, está en saber valorar y disfrutar lo que tienes. Si persigues e insistes, puedes quedarte sin llegar a lo que no tienes y, lo más importante, perder lo que tienes.

miércoles, 29 de octubre de 2008

lunes, 27 de octubre de 2008

Dice Swami Vivekanda que...

"Siempre debemos tener presente que no vamos a ser libres, sino que ya lo somos. Toda idea de que estamos atados es una ilusión. Toda idea de que somos felices o desdichados es una gran ilusión."

sábado, 25 de octubre de 2008

Por ahí, perdidos de todo pero encontrados por si mismos, se encuentran los verdaderos discípulos de los dioses. Son pequeños, no tan inmensurables como Él, aunque grandes entre tanto chikilicuatre que estamos, pero sin ser vistos -tan solo por aquellos que les necesitan- día a día, sin descanso, sin cansancio, transmiten el Amor en mayúsculas, el Amor desinteresado, ese Amor humano que les hace grandes, ese que se da para no recibir. Y otros nos dedicamos a mirar, a dejar pasar, a incordiar, a volvernos hacia otro lado. Qué poco costaría hacer, agradecer.

miércoles, 22 de octubre de 2008

"Los deseos hacen desaparecer la paz. Crees que adquiriendo cosas te sentirás seguro, pero la realidad es que cuanto más tienes, normalmente más temes perderlo, y estás más lejos de la paz. Los deseos son la causa de todos los conflictos. Cuando quieres algo y no lo consigues, te frustras. Aprender a estar libre de deseos es aprender a estar en paz."

Enrique Simó, Universidad Espiritual Brahma Kumaris, 2002

martes, 21 de octubre de 2008

Randy Pausch... una lección que merece la pena aprender.


Lo descubrí por casualidad, como casi todo lo importante en la vida. Escuché su lección, como aquel que escucha lo que sabe pero obvia saber. Merece la pena escuchar y reflexionar sobre sus consejos. Merece la pena parar, detenerse en el instante mismo en el que nos olvidamos que lo importante está más cerca de lo que parece.
Sus consejos son tan claros como conocidos. No esconden, seguro, nada que algunos no sepamos. La diferencia: él nos deja, nosotros podemos todavía.

-La experiencia es la compensación que te da la vida cuando no consigues lo que quieres.
-Es mejor protagonizar un fracaso espectacular que hacer algo mediocre.
-Los muros con los que te topas en la vida tienen su razón de ser: están ahí para que demostremos que queremos cumplir nuestros sueños.
-No puedes cambiar las cartas que te tocan en la vida, pero sí cómo jugar tu mano.
-Me interesan más las personas serias que las modernas. La modernidad es perecedera, pero la seriedad es perenne.
-Nadie es malo del todo. Si esperas suficiente tiempo, todo el mundo acabará sorprendiéndote para bien.
-Si tus hijos te dicen que quieren pintar las paredes de su cuarto, sólo te pido un favor: déjales.
-No te quejes: mejor, trabaja más.

Transcribo aquí el artículo que Gonzalo Suárez escribe en La Razón contando, en resumen, la historia de Randy. Una historia que no sería tal si no hubiera tenido la valentía de contar y enfrentarse a su enfermedad terminal para beneficio del resto. Merece la pena leer su libro, merece la pena escuchar sus conferencias, merece la pena este artículo, merece la pena detenerse un instante, pensar, aprender la lección y cambiar...

"Hace un año, 400 personas asistieron al último discurso de un hombre condenado a muerte. Todos los presentes sabían que Randy Pausch padecía un cáncer de páncreas que le mandaría al cementerio en menos de un año. Lo que no se imaginaban era que los siguientes setenta minutos iban a cambiar sus vidas. Y que, de paso, se convertirían en testigos directos del nacimiento de un fenómeno sociocultural que daría la vuelta al mundo.
Nada más saltar al escenario, Pausch proyectó radiografías de los diez tumores que estaban devorando sus entrañas y confirmó que sólo le quedaban unos meses de vida. Luego se tiró al suelo y se puso a hacer flexiones con un solo brazo, al más puro estilo Rocky. «Si alguien quiere apiadarse de mí, que suba al estrado y haga unas cuantas de éstas», proclamó al levantarse. Y, ya con el público entregado, anunció el verdadero propósito de la velada: «No voy a hablar de mi cáncer, sino de cómo cumplir tus sueños».

Un nuevo héroe
Entre el público se encontraba Jeffrey Zaslow, un periodista del «Wall Street Journal». Cautivado por lo que escuchó esa noche, colgó en su «blog» un pequeño artículo y varios «clips» del discurso. Fue el detonante de una revolución: la historia conmovió a miles de internautas, el enlace comenzó a circular y se volvió la comidilla de la red. En cuestión de semanas, Pausch se había convertido en el héroe de millones de estadounidenses. Un año después, la epidemia ha alcanzado dimensiones globales. Más de veinte millones de personas ya han visto la conferencia por internet. El libro que amplía sus reflexiones se ha traducido a 38 idiomas. Y, en España, se ha convertido en la sorpresa editorial del momento: sin apenas promoción, lleva varias semanas en el número dos de las listas de ventas. «Su mensaje de optimismo y de estoicismo ante la adversidad encaja a la perfección con las incertidumbres del momento actual», explica Zaslow, coautor del libro junto a Pausch, que falleció el pasado verano.

Una ficción muy real
Todo comenzó cuando la Universidad Carnegie Mellon de Pittsburg lanzó el ciclo «La última conferencia». La idea era simple: que los mejores profesores del centro condensaran su testamento intelectual en una charla de una hora. Pero nadie podía predecir que, para uno de los oradores, este recurso retórico se convertiría en un ejercicio demasiado real. Porque, semanas antes de que le llegara su turno, a Randy Pausch le diagnosticaron un avanzadísimo cáncer de páncreas, la variante más mortífera de esta enfermedad.
La noticia saboteó la idílica existencia de este hiperactivo catedrático de informática. A sus 47 años, estaba felizmente casado y tenía tres hijos menores de seis años: Dylan, Logan y Chloe. De ahí que su instinto fuese cancelar la conferencia y pasar con su familia los meses que le quedaban de vida. «Pero no tardó en cambiar de idea», explica Zaslow. «Enseguida se dio cuenta de que la charla sería como un mensaje en una botella a sus hijos. Una forma de explicarles quién era su padre cuando ya hubiesen crecido».
Así llegó el 18 de septiembre de 2007, la fecha de su esperadísima conferencia. El público le recibió con una atronadora ovación, pero él los interrumpió: «Dejad que me gane vuestros aplausos». Todos los presentes estaban esperando una charla sobre la muerte, pero él los sorprendió con una dosis de caballo de optimismo vital típicamente americano. «Los muros con los que te topas en la vida tienen su razón de ser», repitió una y otra vez. «Están ahí para que demostremos si realmente queremos cumplir nuestros sueños».

En la conferencia, Pausch explicó cómo había convertido en realidad todas y cada una de sus quimeras infantiles. Con inagotable tenacidad, había logrado trabajar para Disney, convertirse en experto en realidad virtual, escribir un artículo para su enciclopedia predilecta y experimentar la gravedad cero en un aparato de la Nasa. Y resumió todo lo aprendido en sus 47 años de vida en una escueta lista de consejos: jamás te quejes, sé agradecido, confía en el prójimo, di la verdad y, sobre todo, no te rindas jamás.

El hombre más vivo
Los setenta minutos de charla fueron una montaña rusa de emociones. Las gracietas se mezclaron con las reflexiones filosóficas; el sentimentalismo, con el humor más negro que uno puede imaginar. Y, con su asombrosa falta de autocompasión, Pausch consiguió su objetivo: que los 400 destinatarios de su conferencia se replanteasen sus prioridades vitales. «La gente se esperaba un tipo frágil y deprimido, pero se topó con alguien lleno de entusiasmo», recuerda Zaslow. «Es curioso: pese a sus diez tumores, estaba claro que él era la persona más viva de todo el auditorio».
Tras acabar su charla, Pausch volvió a su casa dispuesto a exprimir cada minuto que le concediese su enfermedad. Su único propósito en la vida era llenar los cerebros de sus hijos de recuerdos imborrables: por eso los llevó a la playa, a Disney World, a nadar con delfines? Lo que no esperaba es que su charla le convertiría en objeto de un insólito culto a la personalidad: cada día, recibía cientos de mensajes de agradecimiento de personas cuyas vidas habían cambiado radicalmente tras escuchar su conferencia.

De inmediato, aparecieron miles de páginas de homenaje en la red. Decenas de voluntarios tradujeron la charla a todos los idiomas imaginables. La revista «Time» le nombró una de las cien personas más influyentes del mundo. Y, por supuesto, Hollywood comenzó a avasallarle con decenas de proyectos. Pero Pausch rechazó todas las propuestas: quería dedicar todo su tiempo a sus hijos. Sólo aceptó escribir un libro con Zaslow, el hombre que le había lanzado a la fama, tras idear una forma de aprovechar el único momento libre de su rutina. «Sus médicos le dijeron que montara en bici todos los días, así que instalamos un manos libres en su casco y usamos estos ratos para charlar», recuerda.

Los tres lectores
El resultado de estas 53 horas de conversaciones es «La última lección», un libro que está arrasando en medio planeta. Quizás su éxito se deba a que no es el típico volumen de autoayuda de alguien que redescubre la vida tras una grave enfermedad. Pausch, en cambio, se sabía al borde de la tumba pero, aun así, fue capaz de lanzar un mensaje de inabarcable optimismo. Y, además, no tenía ningún interés en que su obra triunfase en las librerías. «Sólo me interesan las tres primeras copias de la obra: las que leerán Dylan, Logan y Chloe cuando sean mayores», solía decir.
Tras culminar su libro, lo inevitable ocurrió el pasado 25 de julio, cuando Pausch falleció rodeado de toda su familia. Y Zaslow, como tantos estadounidenses, se sorprendió llorando por el hombre agonizante que le había enseñado a vivir. «Randy era una persona normal en un mundo en el que las emociones suelen ser prefabricadas», reflexiona. «Simplemente, se puso ante un grupo de personas y habló desde el corazón. Fue un acto de amor a su familia con el que todos podemos identificarnos."

lunes, 20 de octubre de 2008

Dice Rabindranath Tagore que...

"En todos los lugares donde hay una mancha de color, una nota de un canto, una gracia de la forma, hay una llamada a nuestro amor."

domingo, 19 de octubre de 2008

Dice Mata Amritanandamayi que...

"Vivir es acordarse de olvidar. Perdona lo que deba perdonarse. Olvida lo que deba olvidarse. Abraza la vida con renovado vigor... Deberíamos poder acoger cada instante de la vida con una mirada nueva, como una flor que acaba de abrirse."

MATA AMRITANANDAMAYI

viernes, 17 de octubre de 2008

miércoles, 15 de octubre de 2008

Dice Fun Chang...

"No es pensando como comprenderás de dónde vienes ni adonde vas. Pensar es un instrumento, es como aprender a caminar, como saborear tu primera comida; no es más que un medio, un primer paso, una primera prueba."

martes, 14 de octubre de 2008

Mario Conde, intervención acto "Contigo Somos + Paz"

Allí se encontraba, entre gentes del mundo: gentes de paz.

A las 11.30 horas en el Palacio de Congresos de Madrid, el pasado 28 de septiembre. Los convocados, los yoguis. Allí, entre unos 2.000 'yoguis', estaba Mario Conde, el ex presidente de Banesto y uno de los ex presos más famosos de Alcalá Meco.

Tuvo una intervención en este acto. Intervención que trato de reproducir en dos anotaciones. Me parece una intervención experimental, elocuente y, más allá de opiniones respetadas, sincera y personal. Por eso la dejo caer por aquí.

El acto, como se puede adivinar, estuvo promovido por la Fundación Ananta para conmemorar el Día Internacional de la Paz de la ONU.

Mario Conde habló de la búsqueda de su "camino espiritual" y recordó sus retiros silenciosos en los monasterios cistercienses.

No olvidó (Fuentes de Prensa) "los horrores del caminar del hombre sobre la historia": "En este camino tenemos que vencer el asco de vernos en nuestra peor faceta. Consumimos violencia a diario. Cuando un medio de comunicación publica como hechos lo que sólo son intereses espurios, eso es violencia. Como también lo es cuando los políticos toman decisiones basadas exclusivamente en la conveniencia, al margen de los intereses reales de la comunidad".

lunes, 13 de octubre de 2008

Mario Conde, entrevista Fundación Ananta

Cada uno tiene su forma, su manera, de búsqueda espiritual. Unos dedican más o menos tiempo, el que tienen, y otros dedican su vida a ello. En mis tiempos mínimos, en mis silencios cortos, en esos momentos que me encuentro, trato de rebuscar lecturas, de meditar y reflexionar sobre textos de sabiduría o, como es el caso, leer biografías, memorias o entrevistas de personas que tratan de encontrarse día a día con ese espíritu que cada uno guardamos en nuestro interior.


Hubo un momento en el que conocí a un Mario Conde y ahora, tras un largo periplo de amarguras legales, se conoce otro Mario Conde también, desde otro prisma, interesante. No debo ser el único al que interesa este personaje. Casi todas las entradas que recibo en este humilde blog tienen como referencia de búsqueda 'Mario Conde, La palabra y el Tao'.


Para levantarse, amigos, hay primero que caer y tocar el suelo con la cara; para encontrarse, también, la experiencia dice que hay que haberse perdido.


Y buceando por la red llego a la página de la Fundación Ananta que, como en su página web indica, tiene como objetivos "difundir en el mundo de la empresa los valores de fraternidad y armonía que nos permitan, también en la empresa, vivir en mayor consonancia con nuestra propia humanidad. Desde la Fundación consideramos que la empresa, como cualquier otra actividad humana, es un campo especialmente propicio para desarrollar una relación de crecimiento y respeto entre las personas en un mundo cada vez más interdependiente. Promovemos valores como colaborar en vez de competir al coste que sea, escuchar en vez de oír, realizar la acción sin caer en la permanente agitación, y sin estar obsesionado con los resultados, que vendrán por añadidura si la acción ha sido la correcta." Algo que desde cualquier punto de vista es correcto y digno de asumir.


En la página se pueden encontrar diferentes artículos y entrevistas a personajes varios. Una de esas entrevistas es la realizada hace unos meses a Mario Conde. Además, por lo que sé y conozco, Mario Conde participa de alguno de los actos de esta fundación.


Por cierto que no consigo encontrar en la red la Entrevista que dedicó el nº 1 de la Revista española Vanity Fair al mismo Conde. En ella, además de adentrarse en su intimidad actual, también nos comentaba muchas de sus reflexiones actuales.



Y qué he decidido hacer, pues lo de siempre, lo que me apetece, en este caso colgar en este blog, el mío, el personal, una entrevista que me lleva a conocer más...



Entrevista sobre la vida y la espiritualidad

El materialismo es tóxico como la heroína y ha fracasado; y las leyes no pueden resolver nada hasta que no restablezcamos el sentido trascendente del hombre y acabemos con la idea de que estamos separados unos de otros. Es una convicción de Mario Conde (Tui, Pontevedra, 1948) plasmada en esta entrevista con Fundación Ananta.



Seis meses después del fallecimiento de su esposa, Lourdes Arroyo, el que fuera presidente de Banesto entre 1987 y 1993 permite ver, a través de sus respuestas, el dolor tremendo de este desgarro, que él considera el acontecimiento de su vida, pero también la necesidad casi biológica de ayuda a los demás que le nace de este sentimiento. La proximidad y la intensidad de esta pérdida parecen haber borrado otro hito doloroso que ha resultado también determinante en su evolución espiritual y humana: su paso por la prisión de Alcalá Meco, donde estudió, entre otros textos espirituales, el Tao te King. A partir de las reflexiones provocadas por la comparación de varias versiones, ha escrito el libro La palabra y el Tao, publicado por Editorial Séneca.



El episodio que el llama “accidente” y del que se responsabiliza en primera persona porque pudo haberlo evitado, provocó que mejoraran sus relaciones familiares. Y le dio la oportunidad de demostrar a sus hijos que somos lo que somos y no lo que tenemos, y que su esencia es la misma en el patio de presos que en los palacios financieros. Son algunas de las razones por las que le resulta imposible guardar rencor a nadie en relación con su ingreso en prisión, pese a delatar que los motivos fueron otros distintos de los oficiales. Su paso por la cárcel le ha devuelto entre otras cosas además una certeza: ser libre no es algo material sino espiritual; ser libre es tener dignidad. En eso no valen medias tintas, o se tiene o no se tiene. Lo da la limpieza de corazón, que está mucho más allá de las construcciones mentales y que conviene depurar día a día. Y se consigue practicando el silencio. En los últimos meses ha concedido dos entrevistas en televisión que le han reportado la satisfacción de sentirse útil, a la vista de los correos electrónicos que ha recibido. Le bastaría con una persona a la que hubiera ayudado. Se acuerda de cuando el impulso de conceder o no una entrevista era el posible efecto sobre su propia persona, y se congratula por que eso ahora sea distinto. Ahora, asegura, “soy libre porque no tengo vanidad”.


Fundación Ananta: ¿Qué querría que recordara de usted su nieto Fernando, que figura como autor de Memorias de un año de vida?


Mario Conde: Lo que cuenta ese libro. Lo hice para su primer cumpleaños el verano pasado; su abuela materna estaba viva todavía. Está destinado a que entienda un poco mi filosofía. Me gustaría que la entendiera y que la aplicara. Las personas no son sus palabras; ni siquiera son sus actos; son su conducta. Yo sólo creo en las conductas. El libro cuenta quién es él y cómo va naciendo la idea del “yo”, diferente a los demás… Me da pena. Es bonito el libro, es muy bonito. Cuando él lo lea, yo ya no estaré por aquí, al menos en esta forma; se dice en el libro.


FA: También dice “tenemos toda la eternidad para charlar”. Es una expresión muy elocuente…


MC: La eternidad existe, nosotros aquí estamos muy de paso. Hay algunos que creen que estamos sin ningún sentido, y otros, como yo, que creen que nuestra gran tarea es averiguar el sentido de la existencia. A mí me resulta inconcebible que estemos aquí porque estamos y que después sencillamente dejamos de estar. Esa es una idea que se ha ido poniendo en marcha a partir del triunfo del materialismo y del racionalismo, que ahora se están encontrando con problemas muy serios y son incapaces de encontrar dónde está la materia última. A medida que profundizan en la física cuántica, se alejan del concepto de materia para encontrar un vacío. Es un vacío que está lleno de lo que nosotros llamamos Espíritu. El sentido de la existencia, por qué estamos aquí, es absolutamente capital. Unos dicen “para nada, simplemente para morir”; otros, “para mejorar”. En todo caso, retornamos. Unos creen que retornamos con una individualidad; otros, con una individualidad matizada, como Sri Aurobindo; otros creen que sencillamente retornamos a una vacuidad, pero para volver a volver. Unos creen que las gotas del océano mantienen su individualidad; otros, que vuelven al océano y eso es todo; unos creen que la reencarnación es volver a vivir un mismo yo -una idea muy primaria y poco profunda, otros creen que la reencarnación es la consecuencia de que el Espíritu se manifiesta en un proceso progresivo…


FA: Y usted, ¿Cuál considera más acertada?


MC: Es muy complejo. Distinguir la personalidad del yo es muy fácil. La personalidad es un conjunto de atributos externos que no tiene ningún valor: “me llamo así, he nacido aquí, pertenezco a no sé qué familia…”. El yo, en cambio, es el “trozo” del Espíritu que se guarda en nosotros. Eso tiene una cierta individuación en la forma, pero sólo una cierta individuación en la forma. Nosotros creemos que somos individuos, pero es porque hacemos referencia a los factores externos de la personalidad. Yo tengo muchas dudas de que ese “trozo” del Espíritu, cuando regresa, regrese con el mantenimiento de una cierta individualidad; no tengo ninguna duda de que no regresa manteniendo toda la individualidad. Es el tema capital, es donde se mueve el individuo y donde personajes como Sri Aurobindo tratan de encontrar una solución que satisfaga, como explica Vicente Merlo, que es un experto en Sri Aurobindo, y de quien yo he leído todo.


FA: ¿Están recogidas sus creencias en los autores que menciona?


MC: Al final, yo trato de evitar las creencias; las creencias me parecen peligrosísimas. Los que hemos estado en la industria farmacéutica sabemos lo peligrosos que son los analgésicos, porque no curan, sólo adormecen el dolor. Las creencias, para mucha gente, funcionan como adormecedores de angustias. Yo lo que quiero no es adormecer mis angustias sino encontrar un camino espiritual sabiendo que tengo que renunciar a muchas cosas, como la autoestima. Hay mucha gente que cree que el camino espiritual se construye sobre el intelecto: “yo soy más espiritual que tú porque soy más erudito que tú, porque soy más que tú, porque he entendido mejor al Tibetano”. Ese es un camino hacia la erudición, y la erudición y la espiritualidad no son lo mismo. O, sencillamente, “yo renuncio a todo eso y tengo una creencia muy sólida y creo porque creo y si no creo, creo”. Bueno, de acuerdo, al que le funcione así…


FA: ¿Desde cuándo está en esa búsqueda?


MC: A los 17 años intenté llegar a un Dios católico y llegué casi por percusión. Estudiaba en Deusto, iba todos los días a misa, comulgaba catorce veces, no salía de la iglesia… Aquello no funcionó. Era un dios muy inmediato, muy amigo mío, con el que yo procuraba mantener un diálogo y me di cuenta de que la única manera de hablar con Dios es sin palabras. El lenguaje de Dios es el silencio, el lenguaje de los humanos son las palabras. Lo pasé mal, porque me noté que aquello no me satisfacía; evidentemente hubiera podido acudir a las creencias, adormecer mis angustias, refugiarme en el dogma y tirar para delante, como tanta gente. Entonces hubiera transformado el espíritu en religión. Uno de los grandes problemas es que la espiritualidad se viste de religión y se pierde. Caí entonces la náusea sartriana, que estaba tan de moda entonces, en 1968. En aquel entorno católico, hice un análisis muy profundo sobre La Náusea (Jean Paul Sartre, 1938) en un examen de religión. Pensé que tenía obligación de hacerlo aunque supuse que a lo mejor me echaban de la Universidad, pero era lo que sentía. Recuerdo que me llamó el profesor de religión para comprobar si no sería una extravagancia de la gauche divine de la época, y me dio matrícula de honor. No era la solución. La vacuidad budista puede ser una respuesta, pero la nada sartriana, no. No podía dormir; me di cuenta de que había caído en un insomnio del Espíritu. Estaba permanentemente despierto, buscando. El Espíritu por dentro no dormía, el cuerpo, sí. Yo le pedía que me enseñara el camino, y lo único que me decía es “anda”; y andando, andando fui por el camino del esoterismo y el esoterismo me llenó.


FA: El esoterismo no está bien visto siempre.


MC: Hay un esoterismo mal entendido y un esoterismo bien entendido. Al final te das cuenta de que cuando profundizas en los asuntos esotéricos, las religiones convergen, que es una de las tesis de los iniciados, como René Guenon. Hay un esoterismo cristiano, un esoterismo budista, un esoterismo hinduista, un esoterismo islámico… Hay un libro maravilloso de dos tomos, muy difícil de leer, que se llama Sufismo y Taoismo, del japonés Izutsu Toshihiko. En dos de mis tres estancias en la prisión de Alcalá-Meco trabajé sobre este libro. Entendí la fuerza brutal esotérica del islamismo, por mucho que digan que es una religión violenta. Yo creo que algunos católicos deberían hablar con más cuidado de la violencia de las religiones, porque la Iglesia Católica ha causado muchas muertes en determinados momentos de su historia, como en los siglos XIII y XIV, en los que se cometió el genocidio cátaro, que fue un auténtico genocidio para mí. Bien es verdad que dio lugar al auténtico nacimiento de Francia y el rey de Francia estaba encantado con eso… Mientras estuve en el mundo de las finanzas tuve que parar un poco por razones laborales -vamos a decirlo así-, no tenía tanto tiempo. Y afortunadamente, cuando me metieron en prisión pude retomar. Mi familia comentaba que no se me veía triste; y mi mujer decía que lo complicado iba a ser sacarme de ahí, porque decía que estaba en mi mundo y en lo que me gustaba desde pequeño, que era lo que yo le comentaba cuando éramos novios. Fui caminando… el budismo tiene aspectos muy atractivos en cuanto ciencia de la mente. Poco a poco, los nuevos descubrimientos científicos le van dando la razón a los planteamientos budistas, pero no alcanzo a que en mi torrente sanguíneo se haya metido íntegramente la idea de la vacuidad. Entiendo la impermanencia de lo manifiesto, pero no la idea de la vacuidad como última respuesta al planteamiento del Espíritu. Estoy más cerca de la vacuidad que de la pervivencia de la híperindividualidad después de esta manifestación, pero no por eso me atrevería yo a decir que profeso el budismo. Creo que me siento todavía un cristiano, previo al siglo XIII, en el sentido de que la figura de Cristo como avatar, como encarnación de la divinidad, y su mensaje me resulta no solo muy atractivo, sino muy revolucionario en el buen sentido de la expresión. Otra cosa es que en el mensaje original cristiano y la realización empírica del cristianismo no se parezcan en nada.


FA: Excluye claramente todo dogma


MC: Sí, absolutamente. El camino espiritual construido a base de creencias es muy cómodo pero el camino religioso en demasiadas ocasiones no es espiritual, es epidérmico. El camino espiritual es muy duro, muy difícil; exige un esfuerzo y una constancia. Y, sobre todo, una renuncia a esa vanidad ridícula de creerse que porque uno es más inteligente, más listo, más culto, va a tener un mayor grado de realización.


FA: ¿Lo que motivó su reclusión en Alcalá-Meco pudo ser un empujón del Espíritu?


MC: Seguro, nada sucede sin más. Yo creo que a lo largo de mi vida, en todas las encrucijadas vitales he ido tomando las decisiones más dolorosas para mí. En aquel accidente yo hubiera podido elegir otro camino, pero elegí uno que sabía que más tarde o más temprano tenía que producir mi ingreso en prisión. Recuerdo que lo hablé con mi padre. Y me dijo “esto es así, esto te toca”. Uno puede apuntarse a la tesis del materialismo puro y duro, pero yo creo que las cosas son así porque tienen un sentido, aunque algunas personas no lo puedan entender. Incluso la muerte de Lourdes, que es el acontecimiento de mi vida, se produce en este momento por algo; no es "porque sí”. Cuando le detectaron el tumor, al poco tiempo de la operación, tuve una conversación con ella y le dije: “esto pinta mal, pero se puede pactar con la vida; si tu vida tiene un sentido, podemos alargarlo, lo que tenemos que hacer es trabajar en tu interior”. Y ella, que me conocía, trabajó conmigo y murió muy bien, murió en paz, y la enseñanza de la muerte de Lourdes es un norte para mí, una guía de cómo vivir. Es evidente que algo ha muerto de mí, algo muy potente, pero me ha dejado una libertad para seguir mi camino espiritual. Y ése es mi compromiso conmigo mismo. Lourdes ha muerto ahora, en este momento, ¿por qué? Bueno, pues porque había alcanzado su nivel de realización, y porque yo tengo una viudedad formal, pero no soy emocionalmente viudo. Y espiritualmente estoy complementado, en el sentido de que es un camino en el que me va a ayudar. Lo de la cárcel pudo ser un empujón, del Espíritu y de la vida, y me dio la oportunidad de recuperar todo mi trabajo personal. Lourdes comprobó a qué velocidad. Me ha permitido que el año y pico que hemos podido estar juntos, yo haya tenido mucha más dedicación y la haya ayudado mucho. Ahora la gente se mueve por los parámetros al uso con las tonterías de “todavía eres joven”, “tienes no sé qué…” tratan de encasillarte en las soluciones convencionales para problemas que son espirituales, no entienden que estás en otro sitio.


FA: Todo eso ayuda a perdonar a quien provocó que le privaran de libertad


MC: No tengo ningún tumor en el cuerpo pero, sobre todo, tampoco en el alma. Eso es lo único que me parece importante. El perdón ya implica “yo bueno, tú malo; yo te perdono”. No. No funciona eso. Todo lo que sucede, sucede porque hacemos que suceda. En este caso concreto yo estaba allí y podía no estar; yo sabía cómo funcionaba la política en este país y seguí adelante. De alguna manera, asumí las consecuencias de mis propios actos. Entiendo que las cosas no son como estudiamos en los libros de Derecho y que la vida es muy dura. Goethe dijo “Me preguntas qué es lo justo; te diré `lo que conviene a quien lo aplica´”. La conveniencia como principio motor de la convivencia es terrible, es uno de los cánceres de la civilización occidental. La conveniencia acaba con todo. Yo no tengo por qué perdonar; yo no participo de la idea orteguiana de buscar a otro como responsable de mis males. Nuestras conductas son causas que van generando efectos, y yo provoqué de una manera directa o indirecta el que a mí me metieran en la cárcel, porque estaba en un sitio equivocado a la hora equivocada, porque decía unas cosas que no se correspondían… Aunque me metieron en la cárcel por unas razones que nada tenían que ver con las oficiales, como es natural. ¿De qué me puedo arrepentir? ¿De qué les tengo que perdonar? ¿Les tengo que perdonar que me hayan dado esta oportunidad? No. ¿Les tengo que perdonar de que me hayan dejado demostrar a mis hijos que los hombres no somos nuestras cosas y que por tanto somos el mismo estando en Banesto que paseando por el patio de presos? ¿Eso les tengo que perdonar? Eso se lo tengo que agradecer. ¿Tengo que perdonar el que me haya demostrado que no tengo miedo a verme a mí mismo en el silencio? ¿A reconocerme en las madrugadas carcelarias y ver que ni estoy tan bien ni estoy tan mal, que estoy normal, y que estoy relativamente contento conmigo mismo, y que tengo perseverancia para trabajar?... todo eso se lo tengo que agradecer. Probablemente, si todo eso no hubiera pasado, a lo mejor estaría muerto físicamente, pero eso es lo de menos. Seguramente estaría mucho más cortocircuitado espiritualmente. Tendría miedo a morirme, y ahora no, al revés. No es que lo desee, porque la muerte está al margen de desear o no desear. En prisión escribí un libro al que di el nombre de Cosas del camino y que espero publicar pronto. En una de ellas me dije: “Me asomé a la casa de la muerte y lo que vi fue una esplendorosa vida”.


FA: ¿Entienden esto los que fueron sus “adversarios”?


MC: No lo sé. Hay veces que pienso “madre mía, ahora que me ven, ¿qué estarán pensando?”. El otro día me encontré con un hombre -no doy más detalles- uno de los que estuvo muy, muy directamente involucrado en los documentos oficiales de mi ingreso en prisión, digamos que uno de los responsables al menos en el plano ejecutor, y vino a saludarme, encantador, me presentó a su mujer. Yo noté que yo estaba bien y creí percibir de él que de alguna manera sufría. Y eso es compasión en el sentido budista: lo que me duele es que sufra. Yo estoy bien porque no he perdido nada, y sí he ganado… Un día Lourdes me dijo respecto a mi comportamiento en prisión: “siempre me ha impactado cómo eres, pero ahora mucho más”. Simplemente oír esa frase ya es ganar.


FA: Es liberador escuchar esto, pero habrá a quien le resulte difícil de creer.


MC: El camino del Espíritu exige una sinceridad total, si mientes, si dices lo que no sientes, si hablas de lo que te gustaría ser y no de lo que eres, haces un agujero muy importante en el equilibrio y se paga caro. Yo no me atrevería a decir esto ni algo parecido si no fuera porque a lo largo de mi conducta -no de mis palabras- lo he notado. Cuando me dejo ir, por así decir, cuando los veo, no siento absolutamente nada. Primero, no me han hecho daño -en lo material sí, pero eso no tiene importancia-. Mis relaciones familiares se intensificaron; el respeto mío por mi mujer y por mis hijos aumentó exponencialmente y el suyo hacia mí. Es muy fácil caminar por las moquetas de los salones financieros, no es tan fácil caminar por los patios de la prisión y sin embargo el que caminaba era el mismo. Y, segundo: sabía lo que hacía, nadie me obligó.


FA: La libertad es entonces honestidad con uno mismo… la certeza de que uno es capaz de caminar en paz por un patio de presos…


MC: Al final, la libertad no es un asunto físico; por mucho que te encierren en un entorno físico. Te imposibilitan para una serie de cosas, pero no te privan de la libertad verdadera, que es la del espíritu. ¿Cuándo se es libre? Cuando se es digno. Y la dignidad es uno de esos conceptos que no cabe mediopensionista: o se es digno o no se es. Una mínima indignidad contamina todo. En mi camino espiritual, un día traté de buscar una síntesis, el verdadero patrón: ¿la individualidad? ¿la vacuidad?... No: la limpieza de corazón. Punto. El lenguaje del corazón es un leguaje común a los esoterismos. Trasciende las palabras -es lo que dice Zhuangzi: “¿cuándo encontraré un hombre con el que pueda hablar sin palabras?”- y va más allá. No trates de responder con abstracciones mentales; simplemente sé limpio de corazón; límpialo. Yo practico un mantra, por así decirlo, a diario; me digo que el Espíritu no cabe en una estancia sucia, además es muy meticuloso, es muy pesado, como haya la más mínima suciedad, se va. Entonces tienes que limpiar las cavidades del alma de todo tipo de olores, de suciedades, hay que tener el corazón limpio para ser digno. Y si eres digno, eres libre. Si no tienes el corazón limpio estás esclavizado por el demonio de turno, que es tu vanidad, tus cosas… Cuando era presidente de Banesto dije un día a mi secretaria, que todavía está aquí: “Paloma, el hombre que es sus cosas, con sus cosas muere. Ahora estamos aquí y esto es muy importante, pero esto es una cosa nada más… trátalo así y serás libre, si lo tratas como si fueras tú, serás una esclava. Si algún día nos lo quitan, si yo soy yo, seré yo y no pasará absolutamente nada”. Nos lo quitaron y aquí sigo.


FA: ¿No está en la materia el Espíritu? MC: La materia como concepto excluyente del Espíritu es una barbaridad, el Espíritu fluye por todos lados. Hay que cuidar el cuerpo, porque es el vehículo que nos ha sido dado para almacenar este “trozo” de Espíritu y seguir progresando. Por eso la austeridad tiene sentido en la medida en que los abusos del cuerpo se pueden transformar en suciedades en esa cavidad del alma y hacer que se vaya el Espíritu. Estoy dando vueltas al principio de continuidad de la forma. La materia aparentemente es densa, pero cuando profundizamos, no hay nada. Entonces, en el orden vibratorio de los 9,8 metros por segundo al cuadrado (la aceleración que determina la fuerza de gravedad) que es donde estamos, las cosas tienen una forma. Si aumentamos la presión, nos morimos: si la disminuimos, nos expandimos. Cuando una persona muere, en realidad lo que ocurre es que se produce una disgregación, pero no una eliminación de vida. ¿Hay alguna posibilidad de demostrar que no pervive un cuerpo con un orden vibratorio distinto? No hay ninguna posibilidad. Probablemente es más fácil de demostrar que algo de eso se produce, que lo contrario. Yo creo que ese orden vibratorio no tiene forma porque, al no obedecer a la presión de 9,8 metros por segundo al cuadrado, no necesita de forma, pero está. Entonces inunda corazones. Cuando Lourdes moría yo le decía que no se preocupara –no sé si era consciente o no- porque iba a vivir siempre en mi corazón y en el de las personas que la queremos. Eso, que suena bonito, que suena romántico, lo más importante es que es cierto. Y no es cierto en el plano literario, que también, sino en el plano metafísico, en el sentido estricto hay una vibración que se va prolongando y continuando en los siguientes. Es decir, cuando yo muera, tendré sitio en el corazón de mis hijos y Lourdes tendrá su sitio. Esa es la humanidad: tu sitio, mi sitio, nuestro sitio… no hay ningún sitio, sólo hay un sitio.


FA: ¿Es el sitio del amor en estado puro?


MC: Claro. Cuando se casó mi hija Alejandra yo le decía: “en el amor no hay dos que se transforman en uno; hay ninguno”. Si hay uno, ya no es amor. El amor puro es ninguno, es fundirse en todo. Siempre ha existido una física y una mística del amor que algunos no han entendido bien. Y por eso el borde de lo sensual en los místicos cristianos, tanto en Eckhart como en Santa Teresa por ejemplo; porque es la manera más adecuada que tenemos de expresar el amor. Como también el dolor. Cuando una persona profundamente amada se va, por mucho que sean tus convicciones potentes, hay un dolor inexplicable. Es un dolor terrible, que nace de las profundidades de la tierra… porque te estás muriendo. Cuando lo amado cambia de dimensión, estás muriendo y en ese momento estás renaciendo. El día que Lourdes se murió, algo de mí murió y estoy renaciendo en sentido estricto además. Esta vez tutelado por su vida, por su obra, por su ejemplo, y por esa vibración de otro orden que sigue viva.



FA: La poesía mística se entiende aunque no pueda explicarse…


MC: La palabra no sirve para el mundo del Espíritu pero no tenemos otra cosa y a veces es una tragedia. Por eso voy a publicar La palabra y el Tao. Yo me encontré con tres versiones del Tao te ching con contenidos a veces divergentes. ¿Cómo era posible? Aprendí entonces el papel distorsionador del lenguaje. Yo escribía en cartulinas las tres versiones de un mismo aforismo y las ponía en la mesa de la celda para tratar de encontrarles el sentido, y encontré una cosa: el literalismo, el atender a la palabra es una idolatría. Trasciende la palabra y encontrarás el sentido. De repente sentía que había comprendido algo, aunque no lo pudiera explicar. Krishnamurti habla de incorporarlo al torrente sanguíneo. Aunque no sepamos cómo entra, cuando está, ya no se va.


FA: ¿Por qué madruga tanto? ¿Qué le reporta el silencio?


MC: Me levanto a las cuatro y media de la mañana. Antiguamente, cuando estaba Lourdes, tenía que evitar hacer ruido… ahora, lo echo de menos. Y me gusta el silencio. Es mucho más que gustarme, me parece imprescindible. En el silencio nos escuchamos a nosotros mismos. Hay mucha gente que no le gusta lo que escucha y entonces prefiere que la aturda el ruido externo. Pero sin silencio no se puede caminar en el Espíritu. Rezar es silencio, meditar es silencio. Amor es silencio. El amor con ruido es ruido. Quien no es capaz de estar en silencio no es capaz de estar en si mismo con mayúsculas. El ruido permite estar con el sí mismo con minúsculas, con la personalidad. El ruido sirve para Mario Conde-presidente de Banesto, pero no para la divinidad de la que somos posada transitoria. El silencio permite ser honesto y limpio de corazón, permite revisar los verdaderos impulsos de lo que se hace. Por ejemplo, permite discernir si damos una entrevista por vanidad o para ayudar. Nadie es inmune a la vanidad y yo la he sentido en muchas ocasiones. Ahora soy libre porque no tengo vanidad; yo ya no mido las consecuencias de mis actos ni de mis palabras en términos de que repercutan o no sobre mí, sino si sirven o no para terceros. La razón por la que he dado una segunda entrevista en televisión fue porque me llegaron muchas cartas de personas que estaban sufriendo y que me decían que les había ayudado, y pensé “pues ahí voy otra vez”. Y ahora han sido miles, las personas que han puesto correos… bastaría con una. Hay una persona que me ha llamado, que tiene lo mismo que Lourdes y que simplemente quería que le dijera dos palabras.


FA: Ha estado recientemente en un monasterio del Císter. ¿Se necesita acudir a retiros para luego estar en el mundo de todos los días conectado a esa limpieza de corazón? MC: Desde pequeño, las películas que me gustaban eran de monjes y de samuráis. Sabía que más tarde o más temprano iba a ir a un monasterio. Lourdes lo presentía e incluso creo que llegó a comentarlo con sus hijos. Tenía esa asignatura pendiente. Allí se tiene la experiencia del silencio. Cualitativamente no es distinto a mi vida, pero hay más tiempo de soledad, menos ruido… El silencio es una actitud, no necesariamente un resultado físico, así que claro que se puede estar en mitad del ruido de todos los días con el silencio interior que da la limpieza. Aunque el silencio físico ayuda. Yo tengo el sueño de crear un centro para nutrir el Espíritu, igual que hay sanatorios para adelgazar. Sería un lugar de silencio y absolutamente ajeno a cualquier confesionalidad, con momentos para lo que los monjes llaman “capítulo”, uno o dos al día, para exponer temas que tengan que ver con el mundo espiritual, y donde la gente pueda ir sinceramente a encontrarse consigo mismo o a encontrarse con lo que sea pero envuelto en silencio. Además de los centros de meditación cristianos, budistas o hindúes, existen los de las nuevas colectividades, como Findhorn o Auroville. Todo está muy bien y creo que son utilísimos, pero sueño con un sitio neutro para estar en silencio.


FA: ¿Hasta dónde llega su capacidad de ayuda, después de su trayectoria vital?


MC: Hasta dónde llega no lo sé. Hay un hecho crucial en mi vida que es la muerte de mi mujer, que ha desarrollado una necesidad casi biológica de ayudar en el terreno en donde creo que más desesperada está la gente, que es la ausencia no sé si de referente, de sentido a sus vidas. En tanto en cuanto yo haya crecido, habrá crecido mi capacidad de ayuda, porque la capacidad de ayuda de uno depende de lo que se tenga dentro. En los momentos de percepción mediática que vivimos tengo que aceptar que cosas como las entrevistas de televisión han ayudado mucho. Por ejemplo, uno de los correos que he recibido es de una chica muy inteligente, con una enfermedad de glucogénesis que le genera una incapacidad permanente. Me ha mandado sus fotos y es impresionante. Con una sonrisa enorme y con un texto que decía que mis palabras habían sido un impulso. Lo más gratificante que me puede pasar es que me diga algo así una persona lisiada. Todo por una entrevista, por unas palabras. Eso es lo que yo quiero. Quiero más posiblemente. Quiero restaurar la idea… han fracasado los materialistas. La religión puede ser un producto tóxico, pero el materialismo puede ser heroína pura. No se puede hacer nada ni mejoraremos política, ni cultural ni económica ni socialmente si no recuperamos el papel del Espíritu en nuestras vidas. Cuando me dicen que estamos mejor que hace no sé cuánto tiempo, yo digo “¿Mejor? Cuando mueren 5.000 niños al día, cuando hay genocidios, cuando un país está mejor que antes porque han muerto cientos o cientos de miles de personas, ¿eso es mejor?”. El problema no está ni en los sistemas políticos, ni en la democracia: está en el hombre. El producto humano que está en estos momentos dirigiendo el mundo, al verse desconectado del sentido de la trascendencia, no sabe dónde anclar valores tales como la dignidad, ¿dónde se ancla? Hablan mucho de la ética laica, bien, pero la ética laica, sin un sentido de trascendencia es a mi juicio muy frágil, tremendamente frágil y la historia lo demuestra.


FA: ¿Bastaría con madurar como personas y poner en valor la capacidad de servicio?


MC: Y darnos cuenta de que no es que mueran 5.000 niños, es que los estamos matando. No hay nada de lo que está ocurriendo en el mundo de lo que no seamos absolutamente culpables. No hay un tema de otros que no sea de nosotros. Occidente se ha desentendido… Simplemente, con que asumiéramos que todas esas cosas están pasando porque estamos consintiendo que pasen, simplemente con eso, el mundo cambiaría. Pero nos han enseñado a que “yo soy yo, y los otros son los otros, mis actos no tienen nada que ver con los actos de los otros…”. Eso es sencillamente falso: metafísica, física, económica, cultural y socialmente.


FA: ¿Está cambiando todo eso? ¿Hay algún indicio?


MC: Yo creo que sí. La Iglesia Católica en España, por ejemplo, que ha sido el modelo dominante durante siglos, está cayendo en la percepción de la juventud, pero no toda ella se está refugiando en el nihilismo ni en el hedonismo. Lo que ocurre es un cambio de conceptos. La solidaridad ha dejado de ser un planteamiento político para ser un planteamiento humano, como la noción de la comunidad y de la convivencia; las consecuencias dramáticas de un capitalismo brutal se están transformando en términos de convivencia. La sensación que había hace diez años de que estábamos ante el fin de la historia es rotundamente falsa. Estamos en el principio de la historia afortunadamente. Creo que lo que dicen del Kaliyuga es verdad, en el sentido de que se están descomponiendo los restos de una civilización basada en la no trascendencia, y se está recomponiendo. Yo veo que hay muchos que no se dan cuenta de que esto está pasando pero afortunadamente pasa, lo de menos es que se den cuenta o no. La Nueva Era, factores más o menos anecdóticos aparte, tiene un fondo, tiene un fondo crístico, un fondo profundo que está llamando a mucha gente y eso es muy positivo.
Con que eso pase estamos ayudando. No arreglaremos nada, absolutamente nada, con modificar leyes políticas o sociales, si no arreglamos antes al hombre. Hay que empezar desde los cimientos -la educación es la clave- y darle al hombre el sentido de trascendencia que tuvo siempre al margen de la religión en concreto. El ensayo que hemos hecho de un hombre sin trascendencia nos ha conducido a esto.


FA: ¿Los cimientos del hombre desde uno mismo?


MC: Absolutamente. Pero desde uno mismo, no como separado de todos sino como integrado en todos, y empezar por todos a la vez.


FA: Solo unas palabras sobre su estado interior y su ánimo, para terminar.


MC: Hay un dolor frío; podemos convivir con el dolor, pero no tenemos derecho a convivir con la tristeza, la tristeza es en el fondo un egoísmo y es una cobardía; el dolor es un sentimiento sano; la tristeza es epidérmica, es social, y el dolor es profundo. Hay un dolor interior que no se ha ido porque no se puede ir, pero al mismo tiempo hay una percepción de que eso sucedió por algo y para algo. Y ahora tengo un tipo de contento diferente, es una alegría distinta, es una alegría que no se olvida de su amigo el dolor pero que me permite hacer cosas como las que hemos hablado y muy tranquilo. El día que me estaban haciendo el tac, -esto es absolutamente verdad- miré para arriba y pensé “ahora suponte que te dicen que tienes un tumor de pulmón como el que cuentan por la calle, ¿cómo te enfrentas a la muerte?”. La primera reacción fue “bueno, ¿tengo el valor que tuvo Lourdes?” y seguí: “ése es un término de comparación; bien, al margen de esas comparaciones, ¿cómo te enfrentas?”. Y me di cuenta de que estaba sonriendo. Todo está bien.

Lola Bastos


miércoles, 8 de octubre de 2008

Dice Fung Chang...

"Nada ha sido ni será mejor que el instante presente. Así es, porque es desde el instante presente que va uno procesando cada momento siguiente y que el proceso ya es la meta, el camino hacia la montaña ya es la cima."

martes, 7 de octubre de 2008

El Mala Budista

Son muchos los que desde hace tiempo me vienen preguntando sobre el significado de la pulsera o collar que llevo desde hace años. Es cierto que en los últimos tiempos algunos aguerridos a las modas ornamentales o, simplemente, llevados por el impulso fetichista, portan de estos rosarios budistas sin ni siquiera saber su nombre o significado: Mala Tibetano.


En la red se encuentran muy pocas fuentes sobre el Mala Tibetano. Uno de los mejores artículos que he encontrado lo reproduzco a continuación para aquellos deseosos de saber. Además, aquellos más amantes de modas, sabrán lo que portan y podrán huir de estéticas urbanas más o menos pasajeras:






En los últimos años, el mala o rosario budista se ha convertido en un objeto de moda, siendo utilizado como ornamento por modelos, artistas, músicos, intelectuales y la gente común. Sin embargo, son pocos los que conocen su profundo significado y el uso que se le da dentro de la práctica contemplativa del budismo tibetano.
Tradicionalmente, el rosario budista consta de 108 cuentas del mismo tamaño. Es utilizado para llevar el registro de las recitaciones de mantras o palabras de poder, dotadas de profundo significado y utilizadas como un medio de protección mental, en contra de la ideación extrema, el hundimiento mental y las emociones y actitudes perturbadas. El número sagrado de 108 predata al surgimiento del Budismo, siendo el número clásico adscrito dentro del hinduismo para nombrar a las deidades o dioses. Como un múltiplo de 12 y 9, representa a los nueve planetas en las doce casas zodiacales. Como un múltiplo de 27 y 4, también simboliza a los cuatro cuartos de la luna en cada una de las 27 mansiones lunares o constelaciones. El nueve es asimismo un número mágico, ya que cualquier cantidad multiplicada por este, resulta en un cifra en donde la suma de sus dígitos, es también múltiplo de nueve. En la yoga del pranayana o del control del aliento vital, se estima que un ser humano respira 21,600 veces en un ciclo de 24 horas, consistente respectivamente, de 60 periodos de 360 respiraciones. A su vez las 108 cuentas, aseguran el que por lo menos 100 recitaciones de un mantra se hayan completado dentro de un ciclo completo del rosario.
Los mantras se recitan con el propósito de ejecutar los cuatro karmas o actividades iluminadas: pacificar (los obstáculos en el camino), enriquecer (el potencial de desarrollo), fascinar (a los seres hacia su despertar) y destruir (los obscurecimientos al conocimiento). Aunque rosarios con varios números de cuentas son frecuentemente utilizados en las diferentes prácticas del budismo tibetano, el de 108 cuentas es el más común y popular de todos.
En los rituales benignos de pacificación, las cuentas deben de ser 108, ser claras o blancas, preferiblemente de cristal, perla, madre perla, semillas de loto blanco, piedra de luna o marfil. En los rituales de incremento o enriquecimiento, las cuentas deben de sumar 108, ser de semillas del árbol del Bodhi (la especie de higuera bajo la cual el Buda histórico experimentó la iluminación), semillas de loto, oro, plata, bronce o cobre. En los rituales magnetizantes de la atracción o de la obtención de poder, las cuentas deben de sumar 25, ser de coral, sándalo rojo o madera colorada perfumada con sándalo. En los rituales fieros de destrucción, el rosario consta de 60 cuentas, preferiblemente de la semilla de rudraksha, hueso animal o humano (evidentemente no sacrificado con este propósito), hierro o plomo. Números alternativos de cuentas en el rosario son utilizado para las diversas prácticas del tantrismo budista, como 1,008, 108, 100, 60, 54, 42, 27, 25 y 21.
Hoy se utilizan los comercialmente populares rosarios de ámbar, rubí, turquesa, amatista, ojo de tigre, ónix, cuarzo rosado y cristal de roca pero tradicionalmente, los hechos de semillas de bodhi y sándalo rojo son considerados los universalmente auspicioso para la ejecución de todas las prácticas del budismo tibetano. Los malas hechos de hueso animal o humano, deben tan solo ser utilizados por contemplativos avanzados, ya que remanentes de influencias kármicas, se piensa son inherentes a los objetos rituales hechos de este material.
Tradicionalmente, las semillas de los malas eran consagradas o purificadas a través de limpiarlas con una mezcla de los cinco productos derivados de la vaca de color anaranjado: leche, mantequilla, yogurt, orina y excremento.
Los hilos que unen al rosario, representan la continuidad de la doctrina Budista, concebida como un medio eficaz para dominar las 108 pasiones mundanas. Usualmente, el hilo está elaborado con 3 o 9 fibras individuales, las cuales se afirma deben ser hiladas por una joven virgen, perteneciente a uno de los cinco linajes tántricos o familias Búdicas a los que la práctica en cuestión pertenezca. De contar con tres fibras, el hilo representaría a la triple joya budista: el Buda o la meta a obtener, el Dharma o doctrina y la Sangha o la comunidad espiritual. De tener nueve, se simbolizaría al buda Vajradhara y los ocho grandes bodhisattvas o discípulos del Buda. Por lo general, no se recomienda el uso de hilo cordado con una sola fibra, ya que naturalmente presenta menor resistencia al uso y puede eventualmente reventarse con facilidad.
En resumen, un mala típico tibetano, consistirá de 108 cuentas hiladas por un cordón de 3 fibras. Cuentas de diferentes colores se colocan entre los puntos 27, 54 y 81, con el propósito de dividir al rosario en cuatro secciones proporcionales. Estas también pueden ser situadas entre los espacios 10 y 21, para llevar la cuenta de la recitación de los mantras o palabras de poder.
Anudado al mala, se añaden dos contadores de plegarias, objetos constituidos de diez pequeños anillos de plata, oro o bronce y sellados en sus extremidades por un dorje, símbolo budista de la maestría de la energía de la compasión, y un drilbu o campana, símbolo representativo de la maestría sobre la energía de la sabiduría discriminativa. Los anillos, se utilizan para llevar la cuenta de las décimas y centésimas recitaciones de mantras o plegarias. Un tercer contador puede ser añadido, con el objetivo de llevar la cuenta de los ciclos en milésimas de las recitaciones, contador por lo general decorado con una joya o rueda, simbólicas de la maestría y valor de las enseñanzas budistas. Al concluir un ciclo completo de 108 recitaciones del mantra, el rosario es girado sobre su propio eje y el siguiente ciclo de recitación se inicia en orden inverso.
Las cuentas maestras o guru al final del rosario – una redonda y la otra cilíndrica – simbolizan la sabiduría que entiende la ausencia de identidad inherente de todos los fenómenos, así como la ausencia de identidad inherente de la propia identidad inherente.
Como verán, el universo de significado de los objetos rituales budistas es de gran complejidad y profundidad, simbolizando así, la prioridad depositada en la práctica espiritual por la civilización budista clásica. Que maravilloso sería que en occidente, particularmente en el universo judeo – cristiano, el rico simbolismo de sus tradiciones fuera más conocido y mejor aprovechado.
Marco Antonio Karam
Presidente Casa Tibet México

jueves, 2 de octubre de 2008

'CONDE Y EL ESPÍRITU' por Lucía Méndez

Porque me ha parecido bueno, porque me apetece, transcribo aquí el artículo que Lucía Méndez publica en el diario El Mundo en su columna que titula Comentarios Liberales:

El AVE a Sevilla es un lugar de encuentro en cuyos vagones pueden coincidir personas y personajes de lo más insospechado. Hace poco, por ejemplo, el tren unió durante dos horas y media a dos hombres que fueron muy importantes no hace mucho, si bien por diversos motivos. El ex vicepresidente del Gobierno, Alfonso Guerra, y el ex presidente de Banesto, Mario Conde. Fíjense si tendrían de qué hablar sobre sus comunes andanzas cuando eran poderosos. Pues nada de eso. Pronto tuvo ocasión de comprobar Alfonso Guerra que quien viajaba en el AVE no era Mario Conde, sino su Espíritu. Un Espíritu que ya estaba ahí, en su interior, cuando era el Amo del Universo, pero que sólo se manifestó en todo su esplendor en la celda de la cárcel.Habida cuenta de que Alfonso Guerra confiesa ser un lector impenitente, puede que se haya comprado los dos libros que Conde leyó en las madrugadas carcelarias y gracias a los cuales, su verdadero Espíritu ha salido a la luz. Se trata, según confesó a la revista de la Fundación Ananta -«al servicio de la armonía planetaria»- de las obras completas de Sri Aurobindo, un sabio indio, vidente y filósofo que abandonó su cuerpo físico en 1950, y Toshihiko Izutsu, otro sabio japonés experto en el estudio de las diferencias entre Sufismo y Taoísmo, plasmadas en dos tomos que Conde se ha leído y subrayado.No es que Conde se encontrara a sí mismo entre las rejas. Es mucho más. El banquero intrigante, ambicioso, implacable, el doctor Honoris Causa de todas las vanidades sanó y expulsó de su cuerpo toda la basura que había acumulado en los rascacielos de medio mundo. Ahora, mientras los ejecutivos hacen jogging, él recita a diario un mantra. «Me digo que el Espíritu no cabe en una estancia sucia, además es muy meticuloso, es muy pesado, como haya la más mínima suciedad, se va. Tienes que limpiar las cavidades del alma de todo tipo de olores, de suciedades. Hay que tener el corazón limpio para ser digno, si no, estás esclavizado por el demonio de turno, que es tu vanidad...».Lo de la cárcel, dice, no fue más que «un empujón del Espíritu» que le dio la oportunidad de «agradecer» a sus verdugos lo mucho que hicieron por él. Un día se encontró con uno de los que le metió en la cárcel y vio que sufría. «Noté que yo estaba bien y creí percibir que sufría, y eso es compasión: lo que me duele es que sufra». Conde se siente «todavía un cristiano, previo al siglo XIII» y reconoce que en la gloria mundana llevaba su propia desgracia. «En todas las encrucijadas vitales, fui tomando las decisiones más dolorosas para mi. El camino que elegí, más tarde o más temprano, tenía que producir mi ingreso en prisión». Ultimamente le está dando vueltas «al principio de continuidad en la forma» en relación a la muerte. «Cuando una persona muere, en realidad lo que ocurre es que se produce una disgregación, pero no una eliminación de vida».En el fondo -quien nos lo iba a decir- esta conversión resulta enternecedora.