jueves, 30 de enero de 2014

Dice Marcel Proust que...

"Cuando un hombre está durmiendo tiene en torno suyo, como un aro, el hilo de las horas, el orden de los años y de los mundos. Al despertarse, los consulta instintivamente y, en un segundo, lee el lugar de la Tierra en que se halla, el tiempo que ha transcurrido hasta su despertar, pero estas ordenaciones pueden confundirse y quebrarse."

miércoles, 29 de enero de 2014

Querido hijo...

Nunca seas menos de lo que puedes ser.

'Liberales y liberales' por Mario Vargas Llosa

Como los seres humanos, las palabras cambian de contenido según el tiempo y el lugar. Seguir sus transformaciones es instructivo, aunque, a veces, como ocurre con el vocablo “liberal”, semejante averiguación puede extraviarnos en un laberinto de dudas.

En el Quijote y la literatura de su época la palabra aparece varias veces. ¿Qué quiere decir allí? Hombre de espíritu abierto, bien educado, tolerante, comunicativo; en suma, una persona con la que se puede simpatizar. En ella no hay connotaciones políticas ni religiosas, sólo éticas y cívicas en el sentido más ancho de ambas palabras.

A fines del siglo XVIII este vocablo cambia de naturaleza y adquiere matices que tienen que ver con las ideas sobre la libertad y el mercado de los pensadores británicos y franceses de la Ilustración (Stuart Mill, Locke, Hume, Adam Smith, Voltaire). Los liberales combaten la esclavitud y el intervencionismo del Estado, defienden la propiedad privada, el comercio libre, la competencia, el individualismo y se declaran enemigos de los dogmas y el absolutismo.



En el siglo XIX un liberal es sobre todo un librepensador: defiende el Estado laico, quiere separar la Iglesia del Estado, emancipar a la sociedad del oscurantismo religioso. Sus diferencias con los conservadores y los regímenes autoritarios generan a menudo guerras civiles y revoluciones. El liberal de entonces es lo que hoy llamaríamos un progresista, defensor de los derechos humanos (desde la Revolución Francesa se les conocía como los Derechos del Hombre) y la democracia.

Con la aparición del marxismo y la difusión de las ideas socialistas, el liberalismo va siendo desplazado de la vanguardia a una retaguardia, por defender un sistema económico y político —el capitalismo— que el socialismo y el comunismo quieren abolir en nombre de una justicia social que identifican con el colectivismo y el estatismo. (No en todas partes ocurre esta transformación de la palabra liberal. En Estados Unidos un liberal es todavía un radical, un socialdemócrata o un socialista a secas). La conversión de la vertiente comunista del socialismo al autoritarismo empuja al socialismo democrático al centro político y lo acerca —sin juntarlo— al liberalismo.

En nuestros días, liberal y liberalismo quieren decir, según las culturas y los países, cosas distintas y a veces contradictorias. El partido del tiranuelo nicaragüense Somoza se llamaba liberal y así se denomina, en Austria, un partido neofascista. La confusión es tan extrema que regímenes dictatoriales como los de Pinochet en Chile y de Fujimori en Perú son llamados a veces “liberales” o “neoliberales” porque privatizaron algunas empresas y abrieron mercados. De esta desnaturalización de lo que es la doctrina liberal no son del todo inocentes algunos liberales convencidos de que el liberalismo es una doctrina esencialmente económica, que gira en torno del mercado como una panacea mágica para la resolución de todos los problemas sociales. Esos logaritmos vivientes llegan a formas extremas de dogmatismo y están dispuestos a hacer tales concesiones en el campo político a la extrema derecha y al neofascismo que han contribuido a desprestigiar las ideas liberales y a que se las vea como una máscara de la reacción y la explotación.

Dicho esto, es verdad que algunos gobiernos conservadores, como los de Ronald Reagan en Estados Unidos y Margaret Thatcher en el Reino Unido, llevaron a cabo reformas económicas y sociales de inequívoca raíz liberal, impulsando la cultura de la libertad de manera extraordinaria, aunque en otros campos la hicieran retroceder. Lo mismo podría decirse de algunos gobiernos socialistas, como el de Felipe González en España o el de José Mujica en Uruguay, que, en la esfera de los derechos humanos, han hecho progresar a sus países reduciendo injusticias inveteradas y creando oportunidades para los ciudadanos de menores ingresos.

Una de las características del liberalismo en nuestros días es que se le encuentra en los lugares menos pensados y a veces brilla por su ausencia donde ciertos ingenuos creen que está. A las personas y partidos hay que juzgarlos no por lo que dicen y predican sino por lo que hacen. En el debate que hay en estos días en el Perú sobre la concentración de los medios de prensa, algunos valedores de la adquisición por el grupo El Comercio de la mayoría de las acciones de Epensa, que le confiere casi el 80% del mercado de la prensa, son periodistas que callaron o aplaudieron cuando la dictadura de Fujimori y Montesinos cometía sus crímenes más abominables y manipulaba toda la información, comprando a dueños y redactores de diarios o intimidándolos. ¿Cómo tomaríamos en serio a esos novísimos catecúmenos de la libertad? Un filósofo y economista liberal de la llamada escuela austríaca, Ludwig von Mises, se oponía a que hubiera partidos políticos liberales, porque, a su juicio, el liberalismo debía ser una cultura que irrigara a un arco muy amplio de formaciones y movimientos que, aunque tuvieran importantes discrepancias, compartieran un denominador común sobre ciertos principios liberales básicos.

Algo de eso ocurre desde hace buen tiempo en las democracias más avanzadas, donde, con diferencias más de matiz que de esencia, entre democristianos y socialdemócratas y socialistas, liberales y conservadores, republicanos y demócratas, hay unos consensos que dan estabilidad a las instituciones y continuidad a las políticas sociales y económicas, un sistema que sólo se ve amenazado por sus extremos, el neofascismo del Frente Nacional en Francia, por ejemplo, o La Liga Lombarda en Italia, y grupos y grupúsculos ultra comunistas y anarquistas.

En América Latina este proceso se da de manera más pausada y con más riesgo de retroceso que en otras partes del mundo, por lo débil que es todavía la cultura democrática, que sólo tiene tradición en países como Chile, Uruguay y Costa Rica, en tanto que en los demás es más bien precaria. Pero ha comenzado a suceder y la mejor prueba de ello es que las dictaduras militares prácticamente se han extinguido y de los movimientos armados revolucionarios sobrevive a duras penas las FARC colombianas, con un apoyo popular decreciente. Es verdad que hay gobiernos populistas y demagógicos, aparte del anacronismo que es Cuba, pero Venezuela, por ejemplo, que aspiraba a ser el gran fermento del socialismo revolucionario latinoamericano, vive una crisis económica, política y social tan profunda, con el desplome de su moneda, la carestía demencial —todo falta, la comida, el agua, hasta el papel higiénico— y las iniquidades de la delincuencia, que difícilmente podría ser ahora el modelo continental en que quería convertirla el comandante Chávez.

Hay ciertas ideas básicas que definen a un liberal. Que la libertad, valor supremo, es una e indivisible y que ella debe operar en todos los campos para garantizar el verdadero progreso. La libertad política, económica, social, cultural, son una sola y todas ellas hacen avanzar la justicia, la riqueza, los derechos humanos, las oportunidades y la coexistencia pacífica en una sociedad. Si en uno solo de esos campos la libertad se eclipsa, en todos los otros se encuentra amenazada.


Los liberales creen que el Estado pequeño es más eficiente que el que crece demasiado, y que, cuando esto último ocurre, no sólo la economía se resiente, también el conjunto de las libertades públicas. Creen asimismo que la función del Estado no es producir riqueza, sino que esta función la lleva a cabo mejor la sociedad civil, en un régimen de mercado libre, en que se prohíben los privilegios y se respeta la propiedad privada. La seguridad, el orden público, la legalidad, la educación y la salud competen al Estado, desde luego, pero no de manera monopólica sino en estrecha colaboración con la sociedad civil.

Estas y otras convicciones generales de un liberal tienen, a la hora de su aplicación, fórmulas y matices muy diversos relacionados con el nivel de desarrollo de una sociedad, de su cultura y sus tradiciones. No hay fórmulas rígidas y recetas únicas para ponerlas en práctica. Forzar reformas liberales de manera abrupta, sin consenso, puede provocar frustración, desórdenes y crisis políticas que pongan en peligro el sistema democrático. Este es tan esencial al pensamiento liberal como el de la libertad económica y el respeto a los derechos humanos. Por eso, la difícil tolerancia —para quienes, como nosotros, españoles y latinoamericanos, tenemos una tradición dogmática e intransigente tan fuerte— debería ser la virtud más apreciada entre los liberales. Tolerancia quiere decir, simplemente, aceptar la posibilidad del error en las convicciones propias y de verdad en las ajenas.

Es natural, por eso, que haya entre los liberales discrepancias, y a veces muy serias, sobre temas como el aborto, los matrimonios gay, la descriminalización de las drogas y otros. Sobre ninguno de estos temas existe una verdad revelada liberal, porque para los liberales no hay verdades reveladas. La verdad es, como estableció Karl Popper, siempre provisional, sólo válida mientras no surja otra que la califique o refute. Los congresos y encuentros liberales suelen ser, a menudo, parecidos a los de los trotskistas (cuando el trotskismo existía): batallas intelectuales en defensa de ideas contrapuestas. Algunos ven en ello un rasgo de inoperancia e irrealismo. Yo creo que esas controversias entre lo que Isaías Berlin llamaba “las verdades contradictorias” han hecho que el liberalismo siga siendo la doctrina que más ha contribuido a mejorar la coexistencia social, haciendo avanzar la libertad humana.
Publicado en El País
© Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, SL, 2014.
© Mario Vargas Llosa, 2014.
Hay hombres grandes y hombres mediocres, hombres leales y desleales. La lealtad se gana con el tiempo, la deslealtad en un momento.

lunes, 27 de enero de 2014

De hombres desleales...

Desperté en este lunes con una de esas noticias que ya esperaba, que veía venir desde hacía algún tiempo. El señor Vidal Quadras, miembro destacado del Partido Popular, mi partido, eurodiputado elegido por los ciudadanos españoles en las listas del Partido Popular y Vicepresidente del Parlamento Europeo, abandona el partido en el que milita desde hace 30 años. 
Hasta aquí una decisión que aunque triste, es tomada voluntaria y personalmente, se podrá compartir o no, se podrá sentir más o menos, pero nunca criticar. Pero el siguiente paso en su anuncio, algo que ya se rumoreaba por no decir se sabía, es que pasa a formar parte de esa nueva organización política denominada VOX y con pretensión de ser candidato a las Elecciones Europeas.
Cuando una persona toma una decisión así, dando la espalda y huyendo de la organización que le acogió, que le encumbró y le ha dado de comer durante muchos años, solo lo hace por una razón particularmente egoísta:  no le dan lo que el cree merecer. Y es que algunos piensan que son o deben ser siempre los gurús, los imprescindibles, los totems de las organizaciones políticas. Algunos piensan que la esencia de un partido, la sangre, el gasoil, son ellos y su circunstancia. Entonces, cuando pasado el tiempo les dicen, como a muchos otros, "oye, en las próximas listas no vas", entonces, rotos por perder ese halo de poder que luego critican, deciden traicionar sus ideales, mostrar esa deslealtad que escondían y marchar a otra organización con el ánimo de perpetuarse en el escaño y hacer el máximo daño posible.
El último caso que conocía fue el de Rosa Diez. Esta señora quiso ser candidata del PSOE en el País Vasco y cuando su partido le dijo que no, entonces ella formó otro partido para seguir en el sistema político  que luego ella misma no deja de criticar.


El señor Vidal Quadras es un hombre inteligentísimo, le he admirado siempre, pero no por ser más inteligente se es más leal. La lealtad es una de esas virtudes que sólo se ganan con el tiempo. La lealtad es el valor del caballero, del hombre en mayúsculas, del idealista romántico. Todos, en innumerables ocasiones, nos hemos visto dolidos con las decisiones que se toman en nuestras organizaciones políticas, en nuestras asociaciones, empresas o, incluso, en nuestras familias. Muchas veces discutimos con amigos, con compañeros, con familiares, porque no todos pensamos igual. Pero la gran mayoría mostramos un comportamiento leal y digno  para con aquellos que queremos y para con aquella organización y proyecto al que pertenecemos. Y es que la lealtad es honor pero también gratitud.
Hace tiempo dediqué un post en mi blog, de esos que te salen a borbotones, a un amigo. Un amigo que representa lo que es ser 'amigo' junto a ese otro puñado de amigos que uno, a estas alturas de la vida, lleva consigo. Lo titulé 'Carta sobre la Lealtad a un Amigo Leal'. Curiosamente ese post es uno de los más leídos del blog, entendiendo que es debido al tema tratado: la lealtad. La lealtad interesa tanto porque no es un valor fácil de conseguir. Lealtad es una palabra casi mística, con enorme y profundos significados y, desgraciadamente, casi en desuso en el mundo de hoy. Porque la lealtad no es sólo una palabra más en el diccionario, es un valor que se gana, un valor que honra. Leal se es o no se es. Y para ser leal hay que tener muchos más valores, entre otros, la valentía. 
¿Quedan leales? Yo creo que sí, muchos. ¿Hay desleales? No tantos, pero sí unos pocos. Ejemplo de deslealtad, desgraciadamente, lo estamos viviendo en mi partido con personajes como del que hablo, Alejo Vidal Quadras y el excompañero Santiago Abascal. Ambos han vivido del PP hasta anteayer, ambos han estado generando un clima crítico dentro del Partido Popular con afirmaciones inciertas, populistas y oportunistas. Su único objetivo es hacer lo que han hecho: tratar de justificar su deslealtad. No les vale los razonamientos políticos o de gobierno, que son muchos, lo saben y los han vivido en su dilatada trayectoria con responsabilidades públicas y como miembros de la estructura de partido. No les vale porque lo único que pretenden es que a base de falsedades y mentiras se justifique su discurso que, por otro lado, para la gran mayoría de los militantes, para mi mismo, es rancio y casposo. En fin, mucha suerte a ambos en ese proyecto suyo.

Y termino el día con un ejemplo de todo lo contrario, el ejemplo de un señor, de un caballero: Jaime Mayor Oreja. Jaime Mayor ha renunciado a ser candidato por el Partido Popular a las elecciones europeas. No comparte ciertas posturas con el gobierno, con la dirección actual y prefiere no encabezar la lista electoral. Continua de militante del partido, continuará en los órganos que se estime oportuno, opinando y reflexionando sobre las cuestiones que crea, libremente y como ha hecho siempre.  Una vez más, demuestra su lealtad a una organización política para la que ha trabajado tanto y para la que siempre será un verdadero referente.
Qué gran diferencia entre una postura y otra. Qué gran diferencia entre un hombre y otro. Qué fácil abandonar, criticar y tratar de sacar rédito incluso mintiendo, a costa de aquellos que han trabajado, en muchas ocasiones, para que algunos cobraran cuantiosos sueldos hasta ayer. Qué diferencia entre la lealtad y la deslealtad. Qué diferencia entre el honor y el deshonor.

Pero el día ha tenido más noticias que en breve comentare, como la dimisión del Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid. Para mi, más allá de una jornada de trabajo bastante fructífera, me ha llegado la alegría con un trote de cerca de 6 km, despacio, y sin apenas molestias en el pie. Quiere decir que comienza a mejorar.
Mañana será otro día amigos.

Lecciones para nuestra vida cotidiana que podemos extraer de los estoicos.

Jules Evans es el autor dePhilosophy for Life and Other Dangerous Situations: Ancient Philosophy for Modern Problems y considera que podemos aprender mucho de nuestros antepasados. Confía en la filosofía estoica para combatir muchos de los problemas más acusados de nuestro tiempo, como la ansiedad, la depresión o el descontrol de las emociones.

Evans es periodista, escritor y director del Centre for the History of Emotions en la University of London. Además, colabora con el London Philosophy Club y ha sido considerado por la BBC como uno de los principales pensadores de su generación. Aquí reunimos los que, según él, son los principales aprendizajes que podemos extraer del estoicismo y aplicar a la vida moderna.



1. No son los hechos los que nos hacen sufrir, sino nuestra visión de los hechos

Los estoicos pensaban que podemos transformar nuestras emociones al comprender cómo se relacionan con nuestras creencias y actitudes. A menudo lo que nos hace sufrir no es un acontecimiento en sí, sino la opinión que tenemos del mismo. Podemos empeorar una situación complicada sólo con la actitud con que lidiamos con ella. No significa esto que debamos siempre "pensar en positivo" ni ser optimistas frente a cualquier adversidad, pero sí que debemos abrir nuestra mente para afrontar cualquier evento con serenidad.

2. Nuestras opiniones suelen ser inconscientes, pero podemos advertirlas preguntándonos a nosotros mismos

Sócrates decía que vamos por la vida sonámbulos, inconscientes de lo que nos pasa y sin escucharnos a nosotros mismos. Debemos preguntarnos qué nos gusta, qué no, en qué creemos, por qué tal cosa nos molesta. Los estoicos escribían diarios para seguir la pista de sus sentimientos y analizarlos.

3. No podemos controlar lo que sucede, pero sí nuestra reacción ante ello

El filósofo griego Epícteto dividía la experiencia humana en dos modalidades: las cosas que podemos controlar y las que no. Y éstas últimas son innumerables e incontestables: el resto de la gente, el clima, la economía, nuestra salud, el pasado, el futuro, el amor, el dolor, la muerte...

Pero sí podemos ejercer un control, si lo practicamos, sobre nosotros mismos: cómo actuar, cómo reaccionar. Concentrarse en lo que uno controla es un poderoso modo de reducir la ansiedad y afirmar la autonomía frente a las situaciones caóticas.

4. Elige tu perspectiva con criterio

Siempre podemos elegir con qué perspectiva vemos las cosas, igual que un director de cine elige el ángulo del plano. Uno de los ejercicios que practicaban los estoicos era el de visualizar el universo en toda su vastedad y extensión, para darse cuenta de lo nimios que son los problemas que parecen inundarnos. Del mismo modo, es útil centrarse en el presente: cuando uno se descubre rumiando sobre el pasado o preocupándose por el futuro debe pensar en el ahora. Al fin y al cabo, ni el pasado ni el futuro nos pertenecen.

5. Los hábitos son importantes

Los estoicos dan mucha importancia (como otras corrientes filosóficas modernas) al entrenamiento, la práctica, la repetición: los hábitos, en fin. Somos criaturas tan olvidadizas que necesitamos repetir las ideas una y otra vez hasta que se convierten en hábitos integrados.

6. El trabajo de campo es fundamental

Si estás mejorando en el control de tu temperamento, practica las maneras de no perder el control. Si estás intentando comer mejor, deja de recurrir a la comida basura. Como dijo Séneca, "los estoicos ven todas las adversidades como un entrenamiento". Convierte los obstáculos en peldaños que escalar.

7. La virtud es suficiente para alcanzar la felicidad

El estoicismo no pretendía simplemente que nos sintiésemos bien, sino que viviésemos de acuerdo con la virtud. Creían que uno no halla la felicidad en agentes externos como la riqueza y el poder, sino haciendo lo correcto. Es una filosofía exigente, pero cuya felicidad y satisfacción son muy intensas.

8. Tenemos obligaciones éticas para con nuestra comunidad

No sólo con respecto a nuestros amigos y familia, sino también con la humanidad. A menudo estás obligaciones chocarán entre sí, pero no por ello debemos dejar de planteárnoslas y de tener en cuenta al resto de habitantes del planeta.

Publicado en El Confidencial
La insatisfacción no es algo negativo. La insatisfacción es una llama encendida que genera un movimiento continuo. Si estuviésemos satisfechos con todo, estaríamos parados.

domingo, 26 de enero de 2014

Filosofías metartasianas.

Llego al final de la semana, a ese instante en el que uno repasa y hace examen de sus días como de su conciencia, poco satisfecho. Tal vez la exigencia a la que me someto, voluntaria y personalmente, consigue que más allá de disfrutar tratando de conseguir cada uno de los objetivos que me propongo, termino por sufrir. No se puede llegar a todo ni todo puede estar controlado. A veces el azar, la casualidad o no, convierten un fracaso en éxito o un éxito en fracaso. No todo puede depender de uno.
Arrastro ya desde hace dos semanas una lesión en el pie izquierdo que no me permite andar bien ni correr. Más allá de importarme el cómo ando e, incluso, el cómo duermo  -el dolor se agudiza al estar tumbado en cama- lo que me importa y me genera ansiedad es el no salir a corretear mis kilómetros diarios o, como hoy, mi domingo running largo con Clemente. 
Es asombroso como el ser humano se acostumbra a aquello que le provoca mantener momentos agradables aunque en ellos esté llevándose al límite su condición física. Es el afán de superación, es el no querer parar y menos ir hacia atrás. Entreno no para competir, para vivir mejor y mantener una condición física saludable que me permita no abandonar otros placeres. No me va la vida en ello. Es normal tener lesiones que te tengan en reposo si haces deporté. Pero yo no concibo que eso me pueda ocurrir a mi. Me castigo mentalmente por haber cometido algún exceso deportivo, alguna sobre carga que me haya provocado estar parado este tiempo.


Parece, intuyo porque no he ido al médico, que lo ocurrido es una lesión en el quinto metatarsiano. Las fracturas (roturas) son comunes en el quinto metatarsiano: el hueso largo en la parte exterior del pie que se conecta con el dedo meñique del pie. Tengo todos los síntomas aunque, he de reconocer, mía responsabilidad, que lo que no he hecho en absoluto es el reposo que se requiere para su curación.
Toda la semana andando de un lugar a otro, con esos zapatos incómodos con suelas de imposible amortiguación que más que corregir el pie lo destrozan.

Y así termino. Entre dolores y lecturas filosóficas pensando en otra semana. Si esta ha sido particularmente enredada, la siguiente no será menos. De un tema a otro, de un compromiso a otro, relaciones que muchas veces no aportan nada más que un problema sobre otro. Pero esta es nuestra vida, la que nos hemos hecho y de la que, al fin y al cabo, debemos sentir el privilegio de estar.

Ayer, al menos,  disfruté de un día de campo en Minaya. Respiré limpio y toquetee mis rincones manchegos junto a mi padre, que me acompañó en el viaje. Cada vez echo más de menos pasar tiempo con ellos. La vida está compuesta de etapas y uno va llegando a esa en la que siente la necesidad de rodearse de los suyos con más frecuencia. Envolvemos nuestras vidas en mil temas complejos que no nos aportan más que zozobra y desconsuelo;  olvidamos, dejamos de lado para breves momentos todo aquello que nos genera estabilidad. Somos así de absurdos y de la absurdez nos amamantamos diariamente pensando que es lo que nos da la vida cuando, muy por el contrario, no la va quitando.

He leído una frase de Juan Ramón Jiménez que he decidido hacerla mía, poseerla. Dice: "Confío más en mi poesía, para ayudar a los hombres a ser mejores y ponerlos en paz, que en mis posibles golpes políticos o mis improbables gritos sociales. Por eso sigo cantando (cuando el dolor que me da la mala lucha humana me deja). Y cantando lo más delicada y bellamente que puedo."

Confiar más en la poesía, en la filosofía que en la política. Pero no olvido que la política, en su esencia, también es filosofía y poesía.
Vivimos esos momentos en los que se ha perdido la confianza, por quienes han visto su vida sumida en un problema continuo de desesperación, en la política. Acostumbramos a culpar, necesitamos culpar. 
Culpar a la política es un error. La política es noble en su esencia; el hombre es quién ha embrutecido y deshumanizado la política. No son las ideas políticas malas. No son las organizaciones políticas las culpables. El culpable es el hombre. Podrán ser compartidas o no, pero las ideas, dentro del respeto, la pluralidad, la libertad y su defensa como proyecto -siempre democrático- son esenciales en la vida y el futuro de los pueblos. Son esos hombres, algunos, que las utilizan para un interés individual y corrupto, los que desprestigian el sentido político. La política ha existido y existirá siempre.

Dice Hegel que...

"El verdadero ser del hombre es su obrar"

sábado, 25 de enero de 2014

Sólo a las personas el rencor nos puede envolver en mezquindad. Y así nos va muchas veces.

miércoles, 22 de enero de 2014

Despierta: Estoy, estamos... podemos!



I am, we are...  we can!

Ich bin, wir sind... wir können 

Dira, eta... nik esan dezakegu 

Je suis, nous sommes... nous pouvons 

jo estic, nosaltres estem... nosaltres podem 

Son, somos...  podemos 

Είμαι, είμαστε...  μπορούμε να 

Sono, siamo... siamo in grado di 

Sum sumus...  possumus 

Sou, somos...  podemos

Eu sunt, suntem... putem 

Я, мы, мы можем 

איך בין, מיר זענען, מיר קענען

أنا ، نحن ، ويمكننا

אני, אנחנו, אנחנו יכולים
La de veces que echamos a perder cosas por tener prisa en terminarlas.

martes, 21 de enero de 2014

Dice Andrés Trapiello que...

"Los aforismos que nos hacen pensar o nos conmueven o nos arrancan una sonrisa legítima, son como puntas de iceberg, que llevan debajo de lo que vemos una masa infinitamente más grande que lo que está a la vista, mientras se desplazan majestuosos por el mar helado del pensamiento, un mar que los templa al tiempo que ellos lo enfrían. Ese equilibrio. De no ser así, los aforismos vienen a ser como pompas de jabón o luces de bengala, en el mejor de los casos."

lunes, 20 de enero de 2014

domingo, 19 de enero de 2014

18 de enero, sábado.

Estos días pasados, esta semana, ha sido tan particularmente rara que no encuentro forma de poder describirla con esas palabras que digan lo que no quiero decir. Mis días fueron como uno de esos valores bursátiles que suben y bajan el precio sin control, sin un motivo aparente, volviendo locos a los broker deseosos  de convertirse en gurús financieros del siglo. He ido y venido, he tenido picos de euforia y baches, he llegado a confundirme conmigo mismo y encontrarme. Y aquí estoy ahora, en la tranquilidad del sillón y el hogar, preguntándome nuevamente por eso que llamamos felicidad.
No sé por qué uno llega a asumir que su felicidad depende de los demás. Si culpamos siempre a los demás de nuestras miserias parece que así descargamos nuestra culpa. Es como si confesamos nuestros pecados y pensamos que así ya estamos exentos de culpabilidad. Y así construimos nuestro mundo, un mundo de penas al que en soledad nos adentramos cuando vamos perdiendo nuestras vidas.


Espero todos los sábados el artículo que publica Antonio Muñoz Molina en Babelia,  el suplemento literario de El País. Leo los suplementos literarios cuando encuentro ese momento de tranquilidad que me permite degustarlos sin prisa, huído del resto. El de hoy lo titula 'Libros de guardia' y lo reseño aquí porque, casualmente, comparto con él esos textos a los que vuelves siempre, de los que no te separas y que son los que llevarías contigo a todas partes, los que te acompañan. Yo, en esas manías mías, los tengo en todos esos lugares que voy habitando: en casa, en el pueblo y en la playa. Alguno de ellos, también, por por qué no decir, en la oficina.
Termina Muñoz Molina su maravilloso artículo con estas palabras: "Sin Montaigne y Emerson Thoreau no habría existido. De Thoureau vienen en línea recta militancias tan contemporáneas como la de los derechos civiles y la ecología. Gandhi leyó a Thoreau en la cárcel, y Luther King en la Universidad. Walden y los Ensayos de Montaigne son dos de mis libros de guardia. Con ellos y con un Quijote, un Juan de Mairena, un libro del desasosiego, un volumen de Emily Dickinson, me podría retirar durante bastante tiempo a una cabaña en el bosque." Yo le añadiría, y añado, alguno más: la Biblia y unas obras completas de Pedro Salinas.

Dice el Papa Francisco que...

"Nuestro corazón desea algo más, que no es simplemente un conocer más o tener más, sino que es, sobre todo, un ser más. No se puede reducir el desarrollo al mero crecimiento económico, obtenido, con frecuencia, sin tener en cuenta a las personas más débiles e indefensas. El mundo sólo puede mejorar si la atención primaria está dirigida a la persona, si la promoción de la persona es integral, en todas sus dimensiones, incluida la espiritual."

sábado, 18 de enero de 2014

jueves, 16 de enero de 2014

Dice Pablo VI que...

"La política es noble, es una de las formas más altas de caridad. La ensuciamos cuando la usamos para los negocios." 

miércoles, 15 de enero de 2014

Querido hijo...

Todo ese genio y a veces prepotencia, que en tus pocos años te acompaña, con el paso y el poso de la vida, será más limitado.

Mi Madrid y... 155.


Tratamos de dar explicaciones, de explicar, continuamente; otros a su vez nos explican a nosotros. No nos damos cuenta del tiempo que perdemos porque ni entendemos ni nos entienden.

martes, 14 de enero de 2014

El gris de los días...

Cada uno comienza los días como quiere o como puede y los termina como quiere.

Comencé realmente mal. Un día que amaneció frío y lluvioso,  poco agradable y que predestinaba, tras esa oscuridad que encuentras al salir de casa, lo gris.
El tren que me lleva desde Getafe sufrió un retraso debido a unos problemas técnicos en la instalación,  45 minutos. De tardar 15 minutos en llegar a Atocha, tardé algo así como una hora de reloj. 
El problema, la verdad, no es llegar más o menos tarde por una cuestión ajena a ti, el problema es la ansiedad que te provoca -o te provocas- el estar metido en un vagón, en pie, aprisionado contra la puerta, rodeado de personas que te aprietan que, como tu, no dejan de moverse en ese mínimo espacio que ocupan con cierto nerviosismo, minutos y minutos sin saber en un principio ni qué pasa, ni por qué, ni cuánto tiempo durará la espera. Te genera instantes de verdadera ansiedad, incluso nerviosismo. Llegas a sentir una especie de claustrofobia de la que sólo te das cuenta cuando bajas del tren y respiras ese aire frío ya en Madrid.
Es realmente curioso, a la vez que absurdo, el cómo me molesta romper mis horarios o esos que yo mismo me impongo. Todos los días suelo hacer lo mismo: me tomo mi té  en la cafetería de abajo, la de la esquina, sobre las 8.30 h. y quince minutos después estoy sentado en mi mesa de trabajo. Tengo el privilegio de contar con un horario flexible que adapto a las necesidades o exigencias del momento. Hoy me senté a tomar el té, deprisa y corriendo, a las 9.30 h. para corriendo subir no más tarde a la oficina. ¿Y qué? ¿Tenía alguna prisa por algo? No ha sido culpa mía por lo que ¿había algo que no pudiera esperar? Es verdad, la prisa no lleva a ninguna parte y lo único que he conseguido es acelerar más mi corazón y comenzar el día peor de lo que hubiera deseado.

Mirando a las personas somos capaces de encontrar sus tristezas.

Y es asombroso cómo el día depende de cómo lo iniciamos. No he conseguido enderezarlo hasta el final.  La mañana se ha encargado de recordarme que suele ser complicado hacer más de dos cosas a la vez. Hacía tiempo que no se me solapaban reuniones y que las llamadas de teléfono iban encadenándose una a otra. Además, coincide que en días así es como si nadie tuviera prisa, es como si te llamo para preguntarte un tema importante pero luego voy derivando la conversación a cuestiones de menor importancia y que nada tienen que ver con el motivo de la llamada. Son esos momentos en los que decido mirar al  techo blanco para no permitirme  dejar caer el teléfono y cortar las llamadas, digamos,  involuntariamente.

Así que tras una jornada así, tomé la mejor decisión: terminar el día como lo había empezado, corriendo. Pero corriendo a mi manera, tranquilamente, sin un excesivo esfuerzo, por El Retiro. A algunos les puede parecer una estupidez pero no lo es. Es la mejor terapia que conozco para limpiar la mente de problemas casi siempre absurdos, destensar los músculos y conseguir relajar absolutamente todo el cuerpo. Así lo he hecho, 11 kilómetros conmigo mismo, bajo una luna estupenda, una horita, ducha en el gimnasio y así he llegado a casa viendo las cosas desde otra perspectiva.
Ahora puedo repasar el correo y ponerme a leer, tranquilamente, por ejemplo, estos maravillosos textos del libro de Angel Gabilondo "El salto del ángel": sabiduría y filosofía.
Y mañana, si Dios lo quiere, será otro día.

'El paseo creativo' por Gabriel García de Oro.




Seguro que nos resulta familiar la imagen de un científico dando vueltas en círculo, absorto en sus pensamientos, gesticulando con las manos mientras trata de resolver un problema que desafía a su ingenio. Esta imagen no solo es icónica, sino que también tiene una base científica. Según un estudio de la Ross School of Business de la Universidad de Michigan, el movimiento en general y el paseo en particular ayudan a tener mejores ideas y mayor afluencia. Romper las limitaciones físicas del espacio empuja a nuestro cerebro a encender la creatividad, como si las piernas pusieran en marcha los mecanismos del cerebro. Ahora existe corroboración científica, pero ya en la antigua Grecia, Aristóteles fundó la escuela de los peripatéticos, en la que sus discípulos filosofaban dando largas caminatas. Y novelistas como R. L. Stevenson, poetas como Machado y pensadores como Thoreau, por citar solamente algunos ejemplos, también fueron férreos defensores del paseo, dedicándole poemas, artículos y ensayos.

Sin embargo, en una sociedad que se mueve entre la aceleración y el sedentarismo, el paseo es una actividad en vías de extinción. La relajada costumbre de oxigenar el cuerpo y de deambular al ritmo que marque nuestro pensamiento es un lujo que consideramos al alcance de pocos. Una pérdida de tiempo. Ya lo advirtió Bill Nye, el popular educador de ciencia: “Algo no va bien en una sociedad que va al gimnasio en coche para montar en una bici estática”. Y así es, desperdiciamos el movimiento físico como herramienta de reflexión subiéndonos a extrañas cintas giratorias en las que aprovechamos para ver la televisión. Pero revertir esta situación depende de nosotros mismos. Si conseguimos pasear con regularidad, no solamente estaremos conectando con nuestro lado creativo, sino que, de paso, controlaremos nuestra presión arterial, ayudaremos a nuestro organismo a mantener el peso y estaremos realizando un más que beneficioso ejercicio cardiovascular. Y además no solo nos ayudará a conciliar mejor el sueño y a tener un descanso de mayor calidad, sino que no cuesta dinero.

Abrimos con uno de los poemas más conocidos de la literatura española, que sigue siendo inagotable en conocimiento e inspiración. En el caso que nos ocupa, Machado nos ofrece la primera de las pistas si queremos conseguir las condiciones necesarias para que nuestro paseo diario sea una fuente de creatividad, reflexión y equilibrio. Veamos cómo debemos afrontarlo.


Sin camino. Exactamente como dice el poeta sevillano, es decir, no vamos a ninguna parte. Hemos salido simplemente a caminar. No vamos andando a hacer un recado o a comprar esto o aquello. No hay más finalidad que el paseo mismo, y para ello nos dejaremos llevar, despreocupados, por nuestros pasos. Sin embargo, es importante no ser repetitivos con el itinerario. Porque si somos capaces de ir por distintos escenarios, también podremos recibir estímulos distintos en nuestros paseos.



Sin compañía. Es nuestro tiempo y nuestro espacio, y es necesario abandonar cualquier ítem que nos distraiga de nosotros mismos. Y con ítem nos referimos especialmente a los tecnológicos. Merece la pena hacer el esfuerzo de dejar el teléfono, la música, la radio… Del mismo modo que cuando un avión está a punto de despegar y nos obligan a desconectar de la tecnología. Nosotros también vamos a despegar.



Sin prisa. Puede resultar obvio, pero es importante recordar que estamos paseando, y para ello debemos llevar un ritmo pausado, tranquilo; acompasados con una respiración sosegada. No tenemos que esforzarnos para avanzar, simplemente cada nuevo paso debe desprenderse del anterior sin casi proponérnoslo. Esta toma de consciencia de nuestros pasos nos vaciará la mente primero para permitirnos conectar con nuestros pensamientos y nuestro lado creativo después.



Con tiempo. Treinta minutos. Ese es el tiempo mínimo necesario para que el paseo sea productivo, relajante e inspirador. En media hora será suficiente para ponernos en marcha e ir dejando que el ritmo nos envuelva y fluir con nuestros pasos. Además, los expertos aseguran que pasear al lado de agua en movimiento, como un río fluyendo o el oleaje del mar, si es posible, así como visualizar escenarios diversos, proporciona una dosis extra de relajación y bienestar.


Hemos visto de qué manera adquirir el saludable hábito del paseo como ejercicio de impacto suave que nos mantendrá equilibrados con nuestro entorno, con nosotros mismos y nos aportará un tiempo extra para dedicarnos a encontrar en nuestro interior territorios desconocidos hasta la fecha. Sin embargo, el paseo también es una herramienta que usan los creativos como desatascador en esos momentos en los que la idea se resiste. En aquellas situaciones en las que se agota el tiempo y urge encontrar una chispa que incendie el ingenio. Cuando el problema parece irresoluble y estamos con la cabeza paralizada, quien vive de la inspiración sabe que necesita dar un paseo creativamente dirigido. Nosotros también podemos seguir este sencillo proceso.



Cambio de decorado. El primer paso es darse cuenta de que estamos atascados, que hemos entrado en un bucle donde topamos con la misma pared una y otra vez. Parece fácil, pero este primer punto es el que lleva más tiempo y requiere consciencia y un mayor autoanálisis. Si conseguimos llegar a ese punto, sabremos que hemos de cambiar de decorado; salir de casa o de la oficina y ponernos a pasear al aire libre para liberar nuestra potencia creativa.



Respirar conscientemente. Hemos cambiado el decorado exterior, ahora vamos a redecorar el interior. Para ello necesitamos una respiración profunda y consciente, en armonía con nuestros pasos, que no pueden acelerarse. La respiración profunda traerá más oxígeno a nuestro organismo y a su vez hará que consigamos despejar la mente por unos instantes. Si nos concentramos en respirar, lograremos dejar la mente en blanco para empezar a garabatear nuevas ideas, caminos y soluciones.



Exposición y foco. Ya en marcha, es el momento de repasar mentalmente la cuestión que nos ocupa. Explicarnos a nosotros mismos el problema, exponérnoslo una vez más como si fuera la primera vez para enfocarnos en su resolución. Normalmente, en una buena pregunta se esconde una buena respuesta.




Aceleración. Enfocados y con el ritmo constante de nuestros pasos, llega el momento de acelerar nuestra cabeza para dejarla corretear libremente con asociaciones imposibles o metáforas estrambóticas. Lo importante es que la mente vaya estableciendo nexos de conceptos. Debemos actuar como pescadores atentos que no van a dejar escapar una idea útil que salga de esa aceleración loca de nuestra cabeza.



Ayudarse de las manos. Una de las conclusiones más sorprendentes del estudio de la Universidad de Michigan citado al principio del artículo es que cuando estamos inmersos en nuestro pensamiento, el movimiento de manos ayuda a crear mejores ideas, a que nuestras metáforas sean más ricas. Puede resultar poético, pero la ciencia por lo general lo es. Y es que está comprobado que si, además de los pies, usamos las manos, nuestro paseo será mucho más productivo. Es como si el movimiento de las manos acompañara al nacimiento de la idea, como si la ayudásemos a ver la luz cuando esta se resiste.



Uso creativo del entorno. Una técnica excelente para producir la aceleración es usar cualquier elemento que nos encontremos durante el paseo como un pequeño inicio creativo. Tratar de resolver nuestro problema con ese objeto como eje de la solución. Por ejemplo, imaginemos que no sabemos qué regalarle a nuestra pareja para su cumpleaños y queremos algo original. Bien. Hemos salido a practicar el paseo creativo y decidimos hacer un uso inspirador del entorno en el precioso instante en el que nos fijamos en un árbol. ¡Eso es! ¿Por qué no regalarle uno? Escoger un lugar especial y plantar un árbol en su honor puede ser una idea distinta, romántica y muy creativa de hacer un regalo.

Dice la Biblia que...

"Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera" (Mateo 11, 28-30)

lunes, 13 de enero de 2014

Los 'Cuadernos Azules' de Nuria Marugán.

Cuando llegan ya estas horas nocturnas y repasas la jornada, siempre piensas si verdaderamente ha merecido la pena, o no, todo aquello que has hecho, todo tu tiempo. Si además es el primer día de la semana te generas un estado de positividad, o negatividad, que te hace más llevadero, o menos, el resto de días que nos quedan. 
Trabajar es un privilegio en estos momentos que vivimos; trabajar en aquello que te gusta es, además, vivir en una gratitud permanente con Dios. 
Independientemente, los días los comienzas y nunca sabes como terminan. Reconozco termino este mi lunes feliz, con los deberes hechos y con esa tranquilidad que te da el hogar, la familia y los libros. Porque es lo que haré en cuanto deje de pasear por este rincón: relajarme y terminar perdido, hasta que llegue el sueño, entre esos textos que me reconfortan ahora.

Con los años uno se va convirtiendo en un ser más exigente para todo, incluso consigo mismo. El tiempo va restando y parace que tratas de no perderlo o, en todo caso, perder el mínimo posible. Tarea difícil en este mundo que nos lleva. Es lo que me pasa con los libros: por un lado selecciono mucho más los que adquiero, por ese enfermedad mía de poseerlos, de adoptarlos; por otro lado trato de leer aquellos que me aportan, que me dicen algo desde el principio, que respiran conmigo. Me rodeo de varias lecturas a la vez, trato de elejir muy bien los momentos que me dejo llevar por una u otra y siempre, curiosamente siempre, junto algún texto de filosofía o religión, algún ensayo actual, aparece alguna biografía o diario de personajes conocidos o, por el contrario, desconocidos  hasta entonces. Es lo que me ha ocurrido con Nuria Marugán y sus 'Cuadernos Azules. Diarios de una escritora'.


Visitando uno de esos blogs por los que también me pierdo, Hesiquía Blog, descubrí una presentación, saludo, de la autora de este libro, Nuria Marugán. Me llamó la atención, como siempre, por ser unos diarios personales. Tengo especial predilección por los 'diarios', por esas novelas que son la vida real de las personas, sus alegrías y sus miserias, esas que todos portamos pero que sólo algunos, a modo de casi terapia, con valentía, van dejando por escrito. El diario es  un ejercicio brutal de búsqueda de uno mismo porque te obliga a pararte y recordar para analizar tus pasos vitales. 
Suelo adquirir, y leer, cada libro de diarios que cae en mis manos. En este caso me ha ocurrido lo siguiente: al pinchar el enlace indicado para poder adquirir el libro, sólo podía hacerlo en edición digital. Aun así, apenado y sufrido por esa alergia al libro electrónico, lo adquirí.

De momento sólo puedo decir que desde la primera página  me tienen atrapado estos Cuadernos Azules, estos diarios tan personales, sentimentales y poéticos de esta escritora hasta entonces desconocida para mi. Son unos diarios  muy íntimos y valientes que van reconstruyendo una vida mientras se deja atrás otra. Nos van haciendo conocer a una persona que ha vivido momentos realmente desagradables, difíciles y que encuentra en la escritura, su escritura, esa forma de escapar, de conocerse y de descubrirse a sí misma como lo que verdaderamente es: escritora.

En este país en el que uno de los libros más vendidos es ese que firma una señora que no lo ha escrito, una tal Belén Esteban, otros, como el de esta otra señora, Nuria, deben abrirse paso desde la nada, con el boca a boca de cada uno. En cada página me alegro más de haber pinchado el enlace y adquirido el libro y que forme parte de esta minúscula biblioteca mía de libros digitales.
En este libro hay poesía, hay sentimiento, hay emoción y hay, sobre todo, vida.


No hay nada más admirable que decir lo que se piensa sabiendo cuando se debe decir porque se piensa como se dice y se hace lo que se piensa y dice.

domingo, 12 de enero de 2014

Esos domingos...



Comenzó uno el domingo temprano, siempre temprano. Es como si deseásemos que las horas se alargasen más allá del día y, como no es así, decidimos sacrificar el sueño para vivirlo de la manera más intensa. Y es justo en este día, normalmente, en el que más cuenta me doy de lo que disfruto de la sencillez de la vida. Cada uno disfruta de su tiempo como quiere o desea. Mi caso es muy particular y simple.
Me levanto sin luz. La  casa duerme su silencio y las calles duermen el suyo. Antes de tomar algo salgo a la terraza para dejarme abrazar por la oscuridad y, hoy, el frío. No tardo en marchar a comprar los periódicos y voy descubriendo la salida del sol que en este domingo ni siquiera se ha dejado ver. Una niebla envolvía las calles de Getafe y la humedad me hacía pensar en esa sensación que se podría tener si pudiéramos dormir entre nubes.
Mi café con el primer periódico, en la cafetería de siempre. Sólo los madrugadores, los de todos los domingos, esos que ya comienzan con el licor de hierbas y el cigarrillo, esos que buscan su vida en la calle porque de ella han hecho su hogar. Tras ese café activador espero a que C llegue para hacer nuestra sesión de running de domingo, ya se ha convertido en uno de esos momentos esenciales de la semana, casi una necesidad.
Una hora y media, 16 kilómetros de esfuerzo voluntario bajo un manto de cielo gris y un frío que a veces, como hoy, se hace difícil de vencer pero que sólo llegar a bordear ese Cerro de los Ángeles nuestro, respirar en su interior la paz y la quietud que desprende, oler el verdor que vuelve en los campos, sentir que el espíritu te acompaña y te limpia los despojos de la semana, merecen todo el esfuerzo del mundo. 
Repasamos los días pasados a cada zancada, buscamos la forma de que la respiración nos permita contarnos los días, buscamos a veces el silencio y la vida, esa vida que cada uno tenemos, que no es ni buena ni mala, pero que es la que encontramos en nuestro caminar diario.
Y cuando te das cuenta has regresado y piensas que seguirías más horas si las rodillas fuesen capaz de no dolerse con la edad.
Y el hogar sigue dormido con ese calor y seguridad que sólo sientes cuando estas en casa. Lees la prensa, te enfadas, escribes, críticas en silencio, vuelves a otros momentos, esos que pasaron como etapas y que a veces anhelas.
Un buen vino, una ensalada y un poco de carne, si toca, que dedicas con todo tu cariño a los tuyos. Nada más encantador y relajante que cocinar para los tuyos. Casi siempre lo mismo, no tengo muchas recetas, pero cada día con un poco más de amor, cariño y gratitud por estar siempre ahí.
Y llega la tarde del domingo. La mente comienza a recordar que mañana será lunes, que la semana vendrá derecha o enrevesada, a saber. Y respiras con la mirada perdida, meditas, tomas un libro, el primero de la tarde, lo acaricias, lo abres no sin antes colocarte los cascos y poner en el reproductor unas sinfonías o unos adagios. Y entonces te evades de todo, entonces articulas en tu mente lo que de verdad es prioritario para ti pero que, desgraciadamente,  olvidamos a menudo.
Y termino el domingo pensando en eso, en que no necesito más en la vida para sentirme feliz: una familia, un hogar, unos libros, música y unas carreras por el campo en buena compañía.
¿Por qué nos generamos tantísimas necesidades? ¿Por qué mañana por la mañana mi cabeza aumentará su velocidad de pensamiento en tantas cosas absurdas? ¿Por qué me generaré tantos problemas, esos que yo mismo tendré que resolver?
Escribo y encuentro sosiego y paz. En estos momentos pienso que para muchos este domingo es un verdadero aburrimiento y en cambio a mi me falta tiempo. Tiempo para sentirme más así.
La felicidad no está en el tener, ni en el hacer. La felicidad está en no desear lo que no se tiene, en sentir cada momento buscando su esencia, su belleza.

Vamos con la semana.

Música Running: Lady Gaga - ArtPOp

Dice Juan Pablo II que...

"Hombre moderado es el que es dueño de sí mismo. Aquel en el que las pasiones no consiguen la superioridad sobre la razón, ni sobre la voluntad, ni tampoco sobre el 'corazón'. ¡El hombre que sabe dominarse a sí mismo!"

sábado, 11 de enero de 2014

La humildad del Amor.



Pensaba hoy que a las personas que son importantes de verdad para mi, que no son muchas, les digo 'te quiero' cuando creo debo decírselo, aunque lo esté sintiendo siempre. No por más decir, se quiere más, se ama más. Al final la palabra se va y muere, ha perdido valor, se pierde. El afecto, el amor, se va demostrando día a día, con hechos.
Si algo no soporto es ver teatralizar el amor. Esas parejas tipo Bustamante, siempre con el 'amorrr' y la carantoña absurda en la boca, poniendo en escena una felicidad que a lo mejor no es; a esos padres que aparentan que sólo ellos quieren a sus hijos por el hecho de ir pregonándolo a gritos en en el parque. 
No sé,  puede que sea algo frío o conservador, reservado diría yo, pero el amor, ese amor de verdad, ese amor que es dar,  ese amor que se ofrece a cambio de nada, no se pregona, simplemente se entrega. No hace falta que se entere nadie más ¿para qué?. 
Lo que somos capaces de  amar lo debemos sentir nosotros y, como mucho, nuestros receptores sentimentales. Amar es estar siempre, pase lo que pase. 
Por eso no hay nada más bello y humilde que el Amor. Por eso el amor más limpio es el de los niños. Ellos aman con una pureza extrema. 
Hoy meditaba sobre el Amor: familia, amigos. Si se ama, se vive. El amor no se mide en cantidades, en puñados, se mide en hechos.
Para actuar en libertad, para arriesgar, hay que saber y hay que pensar. Sólo se puede opinar desde el conocimiento y la sabiduría. Una opinión ignorante o una acción no reflexionada nos puede llevar a errar sin necesidad. No es lo mismo cometer errores sin haber evaluado los riesgos que teniendo claro lo que puede suponer.

viernes, 10 de enero de 2014

Mi Madrid y... 154: desde el gym.


Dice Stendhal que...

"Apresurémonos a gozar, nuestros momentos están contados, la hora que he pasado afligiéndome no me ha acercado menos a la muerte. Trabajemos, pues el trabajo es el padre del placer; pero no nos aflijamos nunca. Reflexionemos sanamente antes de tomar partido; y una vez decidido éste, no cambiemos jamás. Con la obstinación se alcanza todo. Dadnos talentos: un día lamentaré el día perdido". (Diario, 23 Mesidor, año IX, 12 de julio de 1804).

miércoles, 8 de enero de 2014

'Cómo vivir la Vida' por Enrique Rojas




LA VIDA es la gran maestra, enseña más que muchos libros. Píndaro decía: «Atrévete a ser tú mismo». Vivimos tiempos de extravío. Veo mucha gente perdida en lo fundamental, desorientada, flotando sin saber bien hacia donde dirigirse. El mundo está terrible como siempre y apasionante como nunca. Ardiendo y fascinante. La coreografía se mueve en el escenario de la Historia actual como una amalgama de hechos e intenciones, luces y sombras en donde se mezcla lo bello y lo que repudia, hay admiración y desdén. Como en la fábula de Iriarte nos preguntamos: «¿Son galgos o son podencos?». En el parque jurásico de la vida moderna encontramos de todo. Entramos en el polígono industrial de un mundo que ha cambiado más en 20 años que en un siglo. En la sociedad de la información, donde cada vez tenemos mas noticias pero menos gente con formación, que es criterio, saber a qué atenerse e interpretar bien la realidad en su complejidad y en sus conexiones. Voy a desmenuzar cada una de las distintas etapas de la vida –infancia, pubertad, adolescencia, primera juventud, madurez y tercera edad– dando unas pinceladas sobre lo más interesante que circula por ellas. 


La infancia es un periodo decisivo donde se lleva la palma la relación madre-hijo. El niño va descubriendo la vida de forma gradual y progresiva. La primera exploración que hace el niño es a través de la boca: ésta se convierte en el primer elemento para contactar con la realidad. Las mucosas bucales van a ser la primeras en explorar la realidad que está fuera de él. Con seis, siete u ocho meses el niño ya gatea y enseguida empieza a andar. Son los primeros atisbos de libertad. Cuando el niño tiene año y medio maneja 40, 50 o 60 palabras, con tres años 1.000 palabras. En ese espacio de tiempo se ha producido un aumento exponencial del lenguaje. Nombrar las cosas es apoderarse de ellas. El lenguaje es anterior a la gramática. 


El progreso del niño se hace de forma secuencial, pero es impresionante y se suceden distintos momentos en él: la edad del sueño; la edad del juego, que se acompaña de la sociabilidad: el niño empieza a relacionarse con otros… y aparece la fase personalista (yo, mi, mío…) , la edad de la obstinación (el niño quiere hacer su voluntad y que los más cercanos se inclinen en esa dirección), viene después la entrada en el jardín de infancia y en la escuela, que es decisivo. Entre los seis, siete u ocho años viene la comprensión analítica y el pensamiento conceptual. Pero tengo que decir que casi todo está en la infancia. Esto quiere decir que si un niño ha crecido en un ambiente afectivo y educativo adecuado, va a salir de ella fortalecido. Viene la edad de las preguntas (¿eso qué es?, ¿para qué sirve?). El niño se vuelve una especie de filósofo incipiente. La fase escolar se extiende desde los seis a los diez o doce años. Asiste a importantes cambios físicos y psicológicos. La imaginación y la fantasía asoman en primer plano de su conducta. Y la visión de perfiles borrosos que tenía hasta ese momento se va haciendo mas nítida y mejor dibujada. Su visión de la realidad va a ser cada vez mas objetiva. Es fundamental la colaboración entre escuela y familia. Una buena educación familiar debe descansar sobre esta tetralogía: 1. Presencia simultanea del padre y de la madre. 2. Comunicación afectiva centrada en sentimientos positivos de amor y ternura. 3. Transmisión de valores vividos por los padres: uno es lo que hace, no lo que dice. 4. Tener una disponibilidad socioeconómica suficiente. 


La pubertad se extiende en las chicas de los 10 años a los 14 y en los chicos de los 12 a los 17. Va desde las primeras manifestaciones de la maduración biológica o corporal hasta el final de la misma. Y aparece la capacidad de generación: la primera menstruación en las chicas y la primera eyaculación en los chicos. Es la denominada edad del pavo. La pubertad es la antesala de la adolescencia. 


La adolescencia es el periodo de la formación de la personalidad. Es complicado señalar el límite cronológico de la adolescencia con la primera juventud. Su contorno es borroso, desdibujado, etéreo, de perfiles imprecisos, zigzagueantes y desiguales, y se ponen de pie las cuatro piezas de la maduración: física, psicológica, social y cultural. La madurez física es un proceso natural. Que va en la chicas de los 15 a los 20 y en los chicos de los 17 a los 23, aproximadamente. Hoy se ha alargado la adolescencia en los chicos por motivos de índole muy diversa… y uno se encuentra con chicos de 23 o 24 años que son auténticos adolescentes. 


La madurez psicológica hace referencia a la madurez de los sentimientos, a la intelectual, a la de la voluntad y a la de la vocación profesional. La madurez afectiva es una dimensión clave y consiste en descubrir los sentimientos y emociones y saber gestionarlos de forma correcta, incluyendo a la sexualidad dentro de ese perímetro. La madurez intelectual debe apuntar a que el joven aprenda a utilizar los instrumentos de la razón. El orden es uno de los mejores amigos de la inteligencia. Aprender a pensar, desarrollar espíritu crítico positivo, dar argumentos y descubrir el sentido de la vida. La madurez de la voluntad es decisiva, ya que ella es la joya de la corona de la ingeniería de la conducta. Tener voluntad es ser capaz de diseñar objetivos concretos, bien delimitados y poner todo el esfuerzo posible para irlos alcanzando. La vocación profesional consiste en ir descubriendo las preferencias personales y qué quiere cada uno ir haciendo con su vida en relación con el trabajo. Aquí debemos destacar dos tipos: los que tiene una vocación definida y saben lo que quieren y aquellos otros que no tienen claro qué quieren hacer con su vida y necesitan de consejeros operativos. Y finalmente dentro de la madurez psicológica un apunte sobre la madurez de la personalidad. Este apartado es decisivo y aquí debo subrayar la enorme importancia de tener modelos de identidad sanos, atractivos, sugerentes, que nos arrastran a seguir en esa dirección. 


La madurez social significa la capacidad para tener un buen nivel de contacto interpersonal: adquirir habilidades sociales, tener recursos para la comunicación, conocer las reglas del juego social, evitar el miedo al qué dirán, luchar por ir metiendo en el comportamiento personal la naturalidad, no buscar la aprobación de los demás, evitar el victimismo, saber pedir consejo, seleccionar bien a los amigos. 


Cuando eres joven estás lleno de posibilidades, cuando eres mayor estás lleno de realidades. Son dos notas claves de la biografía, posibilidades frente a realidades. El adolescente no está hecho para el placer, sino para el heroísmo y van apareciendo de una forma sigilosa pero rotunda los cuatro grandes argumentos de la vida, abriéndose paso entre masas de pensamientos: amor, trabajo, cultura y amistad. Y cada uno enseña el paisaje que se esconde en su interior. 


EL AMOR es la poesía de los sentidos, la inteligencia es la nitidez de la razón. Ahí entra la importancia de la educación. Educar es introducir en la realidad con amor y conocimiento. Educar es enseñar a pensar, mientras que la cultura es enseñar a vivir. Educar es convertir a alguien en persona. Educar es seducir con los valores que no pasan de moda. Aquí entra la importancia de los padres. Un buen padre vale más que cien maestros. Una buena madre es la mejor universidad doméstica. Porque quien sabe querer sabe exigir. 


La primera juventud va desde los 25 años a los 35, o mejor decir a los treinta y tantos largos. Aquí se consolidan los grandes argumentos del proyecto de vida antes mencionados. El trabajo profesional y la vida afectiva llevan la batuta. La juventud no depende de los años, sino de la ilusiones por cumplir y ya se juntan la cultura y la amistad. La cultura es libertad, el privilegio del conocimiento vivido. La cultura es lo que queda después de olvidar lo aprendido, es la memoria del tiempo. Hay que pasar de la cultura del éxito (que es un gran error) a la cultura del esfuerzo (que es la más acertada y descansa sobre el orden, la constancia y la voluntad). 


La madurez sucede de los 40 años en adelante. Ya hay balance existencial: haber y debe. Y cada segmento de nuestra travesía echa una mirada hacia atrás sobre cómo han ido las cosas. Hacemos cuentas con nosotros mismos. Salen a la palestra los grandes asuntos de la vida que son analizados aunque nos resistamos porque están ahí. La madurez es serenidad y benevolencia. En esa época de la vida hacemos inevitablemente balance existencial: haber y debe; y cada segmento de nuestra travesía rinde cuenta de su viaje. Surgen los grandes asuntos de la vida y les pasamos revista. Muchas veces las cuentas no salen. Es fundamental reconciliarnos con nosotros mismos y tener la nitidez de saber que la vida no va bien sin buenas dosis de olvido. Cada uno necesita reconciliarse con su pasado. 


La tercera edad tiene igualmente una cronología compleja ya que la expectativa de vida ha crecido en Occidente de forma extraordinaria. Pero lo que es indudable es la disminución de las capacidades físicas, psicológicas y sociales que dan lugar a un gran cambio en la persona. Lo que sí me gustaría dejar claro es que uno se hace viejo cuando sustituye sus ilusiones por sus recuerdos. O dicho de otra manera, cuando uno empieza a mirar más hacia atrás que hacia delante. Y aquí es bueno evitar tres males: la excesiva soledad, la inactividad y la rutina. Hay que preparar bien la jubilación para que no sea algo brusco, ni un giro de 180 grados. Y afrontar la muerte con visión sobrenatural, es decir, tener claro que el animal termina, pero el hombre no muere. 

Si los años arrugan la piel, carecer de ilusiones arruga el alma. Decía Cervantes «la felicidad no está en la posada, sino en medio del camino». Ser feliz es poseer lo que uno desea. Y lo mejor es no desear demasiadas cosas y no equivocarse en las expectativas. 

Enrique Rojas es catedrático de Psiquiatría y autor del libro Vive tu vida. (Ed. Temas de Hoy).