lunes, 31 de agosto de 2015

'Don Quijote, Hoy' por José Félix Pérez-Orive Carceller

Vamos a celebrar el cuarto centenario de la segunda parte de El Quijote y la primera reflexión que se me ocurre es que, en este tiempo, su significado ha cambiado mucho. Acaso Cervantes propiciara esa mudanza con aquel comentario que hizo: «Tú lector, pues eres prudente, juzga lo que te pareciere», ya que con ello ha suscitado muchas y variadas opiniones.
El éxito de esta obra fue tan fulgurante que su coetáneo William Shakespeare –ambos murieron el mismo día– pudo leerla en inglés. Pero, ¿qué novela leyó? ¿Una traducción que decía que un loco de atar se precipitaba a los caminos para dar cima a hazañas y donaires, u otra en la que un hombre reflexivo, que cometía locuras, confundía una venta con un castillo, pero al entrar en este preguntaba por la cena? En el idioma inglés hay tantos sinónimos para la palabra «perturbado» que cada traductor de El Quijote pudo haber malinterpretado y enriquecido por su cuenta lo que Cervantes deseaba decir; fenómeno que se multiplicaría en Europa con la aparición de las primeras representaciones gráficas de su semblante –entre crispado y burlesco– a lo largo de los siglos XVII y XVIII.
NIETO

NIETO
Más tarde, con la Restauración en España, la figura extravagante de Don Quijote se avellanó: se tornó depresiva y la tristeza nacional por la pérdida de las colonias se incardinó en su faz seca. Ortega, influenciado por la Generación del 98, al leerlo exclamaría: «Dios mío, ¿qué es España?». Mientras, Unamuno quiso ver en el hidalgo otras cosas: consideraba a Don Quijote como el arquetipo del santo cristiano y el quijotismo como nuestra auténtica religión; observaciones que desde la mirada actual quizá resulten exageradas. Cierto que Don Quijote se encomendaba a Dios antes de sus andanzas, o que se definía como cristiano católico, pero eso no permite colegir que su religiosidad fuese el foco de sus desvelos. Incluso su frase más comentada: «Con la iglesia hemos topado» –que, por cierto, no aparece en el libro– ha formado parte de esa leyenda de fábulas que desde el inicio hidrató la obra. Para los de mi generación, la imagen icónica que nos inculcaron en el colegio siguió siendo peyorativa: El Quijote era un personaje ridículo y torrencial, defensor de fruslerías.
Profundizar es siempre «buscarle las cosquillas» a un problema, y la locura de Don Quijote exige profundizar un poco: no verla como el trasunto clínico que ha prevalecido tantas veces y sí como un artificio literario que ha permitido a Cervantes, sin afectación, transmitir su sapiencia; algo que, de haber sido Alonso Quijano –su versión cuerda– el protagonista, nos hubiera matado de aburrimiento. Cervantes utiliza los encantamientos como excusa, pues aclara que su personaje solo disparata en lo tocante a la caballería. La realidad es que Don Quijote, la mayoría de las veces se conduce con criterio, mientras que Sancho, tan sobrevalorado, se explica a menudo con torpeza fiándolo todo a refranes enlazados de manera incoherente.
La vocación global de Cervantes sorprende por su anticipación: «…no ha de haber nación ni lengua donde no se traduzca», pronostica en el libro. Y así fue. Como apuntaba Burgess, Shakespeare «se muere con la frustración de que Cervantes le ha tomado la delantera en crear un personaje universal». De ahí que intente escribir una obra parecida: La historia de Cardenio (con el loco Cardenio, personaje relevante de Cervantes en la primera parte, como protagonista), obra extraviada durante siglos, que los ingleses recuperaron hace poco. El americano Harold Bloom –el crítico literario vivo acaso más prestigioso– sentencia en su libro ¿Dónde se en–cuentra la sabiduría? (Taurus 2005) que El Quijote es la novela más importante de la historia, y que Don Quijote, como personaje literario, supera a Hamlet. El mismo profesor de Nueva York reconoce que Cervantes influyó en Goethe, Flaubert, Stendhal, Mark Twain, Dostoievski y Kafka.
Esa influencia ha sido incesante. Para Borges, El Quijote era la única novela que le había gustado, mientras que el Club Noruego del Libro la califica como «el mejor trabajo literario jamás escrito». Cuando hace ya tiempo visité la Appalachian University de Carolina del Norte, me asombró que los americanos, con la ayuda del hispanista Ramón Díaz Solís, hubieran dedicado siete años a investigar quién era Avellaneda –El Quijote apócrifo que surgió entre la publicación de las dos partes–, concluyendo, por cierto, según me dijeron, era Tirso de Molina.
Don Quijote es un personaje universal, tal vez porque el aventurero Cervantes lo fue y las novelas tienen algo de autobiográficas. Hamlet, en cambio, no disfrutó de esa proyección, toda vez que Shakespeare era un ratón de biblioteca y prefirió encerrar a su personaje en un castillo. El éxito de Don Quijote radica en que es un hombre de acción, se mimetiza bien con el entorno actual de superación y de paso irradia valores por doquier: honesto en la palabra, liberal en las obras, sufrido en los trabajos; un arriesgado que se juega la vida por defender la verdad, y que se preocupa por educar a Sancho en la excelencia. Hoy Don Quijote representa el anhelo del objetivo más inalcanzable «con el propósito de acertar». El quijotismo ha dejado de ser una religión para convertirse en una profesión; muchos –periodistas, policías, investigadores…– desearían regirse por sus códigos. Y en cuanto a Dulcinea, es la parábola que personifica la razón de intentarlo todo, bien sea salvar vidas en Nepal, buscar antitumorales en los manglares del trópico, o incluso conquistar a una mujer inaccesible.
Don Quijote muere cincuentón, lúcido y virgen. No nos trasmite sus genes, pero sí su testamento. Pide en él que no leamos libros de caballerías o, de forma actualizada, que no consumamos telebasura. Quien odiaba las aventuras del Amadís de Gaula habría vuelto a enloquecer con mayor razón con las desventuras de algún personajillo catódico y chillón de los que nos rodean. Con su legado busca la inmortalidad en la ficción y la encuentra en la realidad. Al contrario que ayer, todos admiramos a Don Quijote. En un tiempo en el que muchos identifican a sus héroes en camisetas deportivas, bien harían las madres trinitarias en aprovechar ese tirón. Porque Don Quijote tiene el gancho de ser un hombre bueno, culto (sabía manejar el astrolabio), educado y valiente, al que la mayoría querría como padre, que a ratos sufría delirios y que como héroe de ficción ha gozado de mayor predicamento que James Bond, Harry Potter o Don Draper; por una sola razón, pero una razón de peso: deja con su lectura mucho más que la mejor literatura, deja tras de sí un excelso poso de enseñanzas.
José Félix Pérez-Orive Carceller, abogado.

Dice Krishnamurti que...

"El conocimiento propio surge cuando nos damos cuenta de nosotros mismos en la relación, la cual nos muestra lo que somos de momento en momento. La relación es un espejo en el cual nos vemos tal como realmente somos. Sin embargo, la mayoría somos incapaces de mirar lo que somos en la relación, porque de inmediato empezamos a condenar o justificar lo que vemos. Juzgamos, valoramos, comparamos, negamos o aceptamos, nunca observamos realmente ‘lo que es’, y para casi todos parece que esto es algo muy difícil de hacer. Sin embargo, observar “lo que es” es en sí mismo conocimiento propio"

domingo, 30 de agosto de 2015

30.08.2015... Vuelto!

Madrid y Getafe siguen sonámbulos, somnolientos, como si no quisieran despertar de ese letargo veraniego. Otros años yo no quería, este año sí quiero.

Enfrentarte a otro curso, de esos que se llenan de incertidumbres, no es algo apetezca mucho aunque el verano no haya sido lo esperado y haya tenido roces de desesperado.


Pero mañana comenzamos. Justo ahora, se ha nublado la tarde de tal forma que parece haber previsto el final de un verano que ha estado lleno de nubes y tormentas figuradas. Pero todo, incluso las tormentas más fuertes, pasan y dejan brillar después un sol mucho más limpio.

Hoy, tras el café, inicié el curso running con mi primo C. Hicimos nuestro respetado recorrido hasta el Cerro de los Ángeles, 15 kilómetros pesados y cansados pero llenos de esa conversación tan deseada desde hace tiempo. Es como si de verdad muchas cosas tomaran mayor sentido cuando se hablan. C, más allá de lo familiar, es uno de los que siempre está y de los que escucha no sólo las palabras sino los silencios.

Uno va desgastando pares de zapatillas como pares de años. El peso de los años nos va cansando no sólo el cuerpo, también el cerebro. No nos apetecen las mismas cosas, nos parecen cansinas aquellas que antes nos divertían. Comenzamos a valorar lo importante de la vida, a eso a lo que se llega si el tiempo nos lo permite, con avisos de que 'nunca es tarde si se quiere'.

Hemos vuelto como sin habernos marchado. Me ha faltado tiempo, pero el mes ha venido así. Mañana comenzamos un nuevo curso y, posiblemente, nuevas etapas vitales.

Lo primero será cerrar lo pendiente y comenzar a ordenar y priorizar tareas.
Lo segundo, ir a por ello.
Lo tercero, poetizar esta vida que nos hemos hecho en estos 47 años de existencia.
Todo suma. Nunca deseches nada, aunque creas que es una tontería.

sábado, 29 de agosto de 2015

29.08.2015... No hay despedidas si hay vida.

Días atrás comencé escribiendo uno de esos aforismos -pensamientos o reflexiones- que la mente me regala al despertar,  siempre responden a mi caminar. Decía que 'como todo comienza, todo termina; como todo lo bueno viene y va, así lo malo que viene se irá. Pensemos así y comencemos por caminar, pase siempre lo que pase.'

Y como en un ejercicio diario, a veces forzado, que me hace poner la cabeza en funcionamiento, perfectamente engrasada, desde primera hora de la mañana, escribo esos iniciales pensamientos, a veces confusos, otras estúpidos, siempre sinceros, que me vienen a la mente.

Hoy volvía a pensar en esa reflexión mientras tomaba café. Por primera vez en mi vida, deseo que este mes de agosto llegue a su fin. Que termine ya.

He visto sufrir, por la incertidumbre, a una de las personas que más quiero y que menos merece el sufrimiento. He comprobado lo vulnerables que somos y, sobre todo, me he dado cuenta de lo pésimo que uno es como coach (ya era hora), sobre todo con aquellas personas que le importan. 

Sentir, que te toque el sufrimiento y el desanimo, te bloquea tanto que en momentos así eres incapaz de ayudarte hasta a ti mismo.

Pero también he aprendido: si hay una mínima o pequeña posibilidad de que algo salga bien, hay que aferrarse, luchar y creer en ello con todas las fuerzas. Todo y nada puede ser. Hay que evitar los sufrimientos, dentro de lo posible.


Parece que al final, gracias a ese Eterno que sé me cuida -pero más cuida a los que quiero-, gracias también a esa fe que, aunque entre altos y bajos, no me abandona, las incógnitas van despejándose en positivo en la parte más personal y cercana.

Pero el mes, este agosto revoltoso, no podía terminar ahí. Tenía que seguir llenándose de noticias e invitaciones a poner la fe al límite.



Uno empatiza con personas de todo tipo, nunca he sabido muy bien por qué, o sí. Siempre pienso que son especiales, diferentes, por un motivo u otro. Son de esas personas que se cruzan en nuestro camino y, sin pensarlo, se unen generando una relación de amistad, casual pero intensa.

Conozco a G -prefiero evitar su nombre en este momento, por cariño y respeto- desde hace poco más de cuatro años. Nos conocimos en una exposición de arte de un amigo común y, tras charlar sobre temas culturales y tomar algún vino juntos, comenzamos a entablar una magnífica amistad.

G es un hombre sabio, culto y amante del arte, sobre todo la pintura. Es un hombre elegante a su manera, entre quijote y bohemio. Despierta paz y genera, cuando estás con él, un estado de bienestar que se contagia.

En estos años he aprendido más de pintura con él que en toda mi vida. Cada vez que nos hemos visto me ha descubierto un nuevo pintor y me ha enseñado a valorar esas pequeñas obras artísticas. Con él he comenzado a apreciar y valorar a Miró, Sorolla, Zurbarán, o descubrir a autores desconocidos para mi como, por ejemplo,  Joaquín Mir. Él es el responsable de mi pequeña, y humilde, colección de obra gráfica.

Pero G es mucho más. G es un buen hombre, siempre tratando de aconsejarme y deseoso de compartir momentos y proyectos juntos.

Hace tres años G tuvo que ser intervenido de un cáncer de páncreas. Recuerdo que el día de antes de la operación, ya en el atardecer, compartimos uno de esos vinos amables junto a otros amigos y, recuerdo también, cómo me marché a casa pensando en la fuerza y vitalidad de aquel hombre que ya tenía por amigo.

La operación fue bien y, tras todo el protocolo que duró unos meses, volvimos a comenzar a vernos y seguir hablando de posibles proyectos juntos. 

G es todo fuerza y vida. Le encantó la idea de mi proyecto #versosdArte. Comenzó a enseñarme el mundo de la venta del arte, hicimos alguna visita para valorar obras; él las investigaba de tal manera que no había posibilidad al engaño, nos reímos juntos de algún desaprensivo. 

Pero los dolores volvieron a aparecer. Insistieron. Volvió a pasar por el quirófano pero no se iban. Las molestias se le hacían insoportables pero allí estaba siempre, visitándome como mucho cada mes, si mis viajes lo permitían, para ponernos al día en todo.

G era consciente de su enfermedad, pero estaba luchando y viviendo en esa posibilidad que tenía de vida.

Todas las semanas le enviaba un mensaje por teléfono para preguntar por esos dolores,  si los iba venciendo. El último día que estuvimos juntos noté que había mejorado y su mirada buscaba la vida mientras me hablaba de tal o cual investigación que estaba realizando sobre la autenticidad de alguna obra de arte. Se le ocurrió una magnífica idea que era introducir nuestro vino, #versosdArte, en las galerías de arte de Madrid y así saborearlo en las inauguraciones de exposiciones. Una magnífica idea.

El 5 de agosto me respondió el último whatsapp. A partir de ahí no respondía y tampoco leía los que le enviaba. Le llamé al teléfono varias veces y tampoco había manera.  A partir del 20 de agosto comencé a pensar en lo peor, en eso que uno no quiere pero que es inevitable de no pensarlo. No sabía qué hacer. No tenía a quién llamar. Conocí en una ocasión a su hija pero no tenía su teléfono. Cada día que pasaba me recorría la angustia. Yo estaba con las incertidumbres de casa, pero tenía que encontrar la manera de contactar con algún familiar de G y saber qué había ocurrido.

Antes de ayer, al medio día, me entró una llamada en el teléfono de un número desconocido para mi. Como suelo hacer en estos casos, no contesté y esperé a que dejase mensaje en el contestador en caso de ser importante. Así fue. Mi sorpresa fue mayúscula y la alegría me recorrió todo el cuerpo en un primer momento.

- José Luis, soy G. Si escuchas este mensaje, por favor, llámame a este teléfono con urgencia. Es muy importante para mi.

Tras escuchar su voz seria, entre cortada, la alegría se convirtió en un escalofrío.

- G, pero... ¿cómo estás? ¿qué tal va todo? No sabía de ti, estaba preocupado.

- Mal José Luis, no va nada bien.

Es como si no quisiera escuchar lo que preveía me iba a decir.

- Pero ¿continúan los dolores?

- Estoy acabando José Luis. Prácticamente no tengo movilidad. Lo único que me funciona es la mente. Me he trasladado del hospital a casa porque en el hospital ya no pueden hacer más y yo no hago nada allí. Llevo una petaca de morfina para el dolor y sé que esto se acaba.
- Pero qué dices G.
- Sí amigo José Luis, esto es así. La vida es así. Te llamo porque me gustaría verte y despedirme de ti.

'Despedirme de ti'. Creo que en ese momento no fui consciente de estas palabras.

- Claro que nos vemos, inmediatamente, pero para darnos un abrazo.

- Me hubiera gustado compartir más tiempo contigo y seguir construyendo una amistad más intensa, pero no puede ser José Luis.
- Deja de hablar así G. Tú no eres dueño del tiempo, nadie lo somos.
- Estoy ordenando todo, tengo la mente en perfectas condiciones, y eres una persona muy especial para mi. Te agradecería verte.
- No me tienes que agradecer. El sábado estoy junto a ti.

Curiosamente uno aprende de la vida pensando en la muerte. No estamos preparados, no estoy preparado para algo así.

Mientras haya vida no hay una despedida. El último adiós no se debe dar nunca.

Esta mañana he estado con G en su casa, en su estudio. Tras darle un fuerte abrazo me he sentado frente a él.

Sus primeras palabras, llenas de emoción, han vuelto a ser las mismas, pero esta vez uno frente al otro.

- José Luis, siento no tener más tiempo para compartir contigo y que nuestra amistad se intensifique.
- Pero te repito que tu no eres dueño de tu tiempo G.

- Esto me ha pillado por sorpresa. Necesitaba un poco más de vida para terminar algunas cosas. Yo sabía de mi grave enfermedad pero, aunque mínimas, había posibilidades.
- G, no hables así. Estás aquí.

- Tengo la mente bien y eso me permite pensar. Estos días estoy ocupado en dejar las cosas lo mejor ordenadas y preparadas a mi familia.
- Si tienes la mente funcionando tienes vida G. Uno se va, incluso en vida, cuando la mente deja de moverse.
- Sabio y brillante como siempre. Acerté contigo, eres especial. He tirado mi anterior teléfono y en este me he quedado con tan solo diez números. Uno es el tuyo. Son de las personas que me importan.

Escuchar estas palabras y mantener la emoción en el cuerpo sin que salga es algo tan difícil como imposible.

He tratado de ir cambiando la conversación para hablar de otras cosas. He conseguido su sonrisa en alguna ocasión.

G es un poco budista, lo sé. Hemos hablado de ello. Sé que está mucho más preparado para afrontar su final de lo que otros lo estamos.

- José Luis, haz lo que te gusta, no pierdas tiempo. Dedícate a tu familia, a tus amigos, a tus versos y aquello que te hace feliz.
- Llevas razón G, pero hasta que la vida no nos sacude no nos damos cuenta de ello.

- Yo he vivido intensamente, he disfrutado. No me quejo. Me ha faltado un poco más, sobre todo disfrutar de tu amistad.
- Estás aquí G, leche. No te has ido.
- Me voy amigo. Estoy aligerando el equipaje. Tendemos a cargarnos de cosas y más cosas que luego no podemos portar. Aligera en lo que puedas tu equipaje José Luis y vive.

A unos les falta tiempo para vivir y otros lo desaprovechamos cada día.

Aunque no lo sepa, G ha sido capaz de hacer fácil lo difícil. En su mirada hay vida, más vida que en muchos porque su deseo es tiempo.

Es consciente de que le está llamando su Buda, su Dios personal, pero como caballero que es, trata de hacerlo como ese gentleman virtuoso que siente.

Le he dado mi mala tibetano y se lo ha puesto. Dice que no se lo quitará y será lo único que se lleve.

Me ha dejado alguno de sus catálogos de artistas queridos. Quiere que los tenga. Pero he tratado de seguir hablando de futuro con él.

Nos hemos abrazado pero no me he despedido de él. No pienso hacerlo. 

Nuevamente, en el tiempo que hemos estado charlando, esta mañana, me ha dado otra lección. Una más, de esas muchas que me ha dejado en este tiempo que hemos caminado juntos. Hoy ha sido una lección de vida.

Mientras escribo estas líneas, borrosas, emotivas, escucho Pink Floyd, su grupo favorito...

Es difícil escribir sentimientos, pero es bueno volcarlos...



Dice la Kabalah que...

"Lo interno no se separa de su exterior, así como no se separan una criatura viviente de su hábitat natural" 

viernes, 28 de agosto de 2015

Tal vez no sepa...

Tal vez no sepa
pero sé,
de tus alientos
de tus sinceras verdades
de tus adentros
de tus sedientos momentos
o esos instantes heridos.

Tal vez no sepa
pero sé,
de esos rincones encogidos
de tus apuestas de vida
de todos esos sentidos
deseos de irte
por siempre y siempre.

Tal vez sepa
pero no sé,
encontrar tus silencios
y llenarlos de ruidos,
despertar ese bosque
donde dormitan tus sueños.

Tal vez sepa
pero no sé,
que habitarnos en vida
ha sido, es y será
nuestro siempre
común camino.

Momentos envueltos en pensamiento... running Minaya.



Como todo comienza, todo termina; como todo lo bueno viene y va, así lo malo que viene se irá. Pensemos así y comencemos por caminar, pase siempre lo que pase.

miércoles, 26 de agosto de 2015

26.08.2015... Entre hospitales y Gitanos de bien...!

De vez en cuando las circunstancias hacen que uno tenga que visitar los hospitales públicos. Gracias al Eterno, que de momento no deja de cuidar de mi, lo hago para acompañar a personas que me importan.



La sanidad pública madrileña es de las mejores de España y, diría, del mundo. Los profesionales que la atienden son excelentes y, como he podido comprobar en persona, con una vocación, compromiso y sensibilidad que ya quisiéramos en otros ámbitos de la administración. 

El caso es que hoy he tenido que pasar, por imperiosa obligación, la mañana en una de esas salas de espera de un hospital público. Cuando terminas de leer y releer los periódicos, cuando cansas de contestar correos o mensajes, uno comienza a observar a las gentes que, como tú, esperan la salida de su acompañado.

La casualidad, imagino que debido a una causalidad, ha hecho que hoy una de las pacientes fuese gitana y, por lo que he visto en la llegada, algo mayor.

La buena señora ha entrado acompañada por toda la familia que, también gitana, podía componerse de no menos de 30 personas de todas las edades. Al menos había cuatro generaciones: abuelos, padres, hijos y nietos.  Hombres y mujeres. Todos allí juntos, la mañana y la tarde, sin moverse más que para acercarse a la máquina de café o andar de un lado a otro para estirar las piernas.

Qué sentido de lo familiar, de clan, no he dejado de decirme y comentar con los míos.
Todos arreglados. Todos elegantes. Los hombres mayores con sus zapatos brillantes y trajes; los jóvenes con esos cortes de pelo modernos y ropas a lo Justin Bieber calé. Ellas en su mayoría guapísimas, con esos rasgos raciales y ojos negros. Conservadoras las mayores y modernas pero recatadas las jóvenes. Y los pequeños, como todos los niños pequeños.

En un principio ellas en un lado de la sala, ellos en otro. Luego más tarde han comenzado a mezclarse. 

Uno de ellos era Pastor, además le llamaban con este apodo 'Pastor'. 

- Pastor, enséñanos esa nueva Biblia que has comprado?
- Es una maravilla. Mira, mira.

Y Pastor, o el Pastor, ha sacado de un macuto una enorme Biblia mostrando las páginas, de letras grandes, a los jóvenes. 

El comportamiento en la sala, de todos, incluidos los más peques, admirable. Mucho mejor que alguno de esos que les miraban con desconfianza y de reojo. 

A veces utilizamos lo despectivo para con estas personas por el hecho de su raza, de sus culturas, tradiciones o formas de vivir diferentes a la nuestra. No nos damos cuenta de lo mucho raro, irresponsable o deforme de los comportamientos de aquellos que nos creemos normales o superiores.

No sé por qué, de siempre me ha interesado el mundo y la cultura de los gitanos.

He conocido a muchos y me creo amigo de algunos.

Conviví con ellos en mi primera etapa profesional, como Director de Cultura en el barrio del Pozo del Tío Raimundo, Vallecas, donde comencé a sentir el flamenco y vivir un poco su cultura de cerca.

Es verdad que el gitano, como el judío, siempre ha sembrado desconfianza en España. La historia les ha perseguido y discriminado. Eso les ha hecho tener una cultura nómada y huidiza. 


En fin. Un día que deseaba terminase y del que me llevo alguna que otra lección: nada hay más importante que la familia y esos amigos que ya forman parte importante de la vida de uno.
Saber lo que se quiere es tanto o más importante como saber lo que no se quiere.

martes, 25 de agosto de 2015

25.08.2015... Volviendo.

Hemos ido haciendo y deshaciendo este verano como hemos podido. Y vamos 'volviendo'.


Miro por la ventana y pienso. 

Uno ha tratado que las circunstancias no le venzan. En esa apoteosis de lucha, ha tenido mucho que ver la inmejorable compañía familiar, esos dos rincones vitales, los libros y el terminar respirando una pequeña, pero siempre, buena dosis de viento manchego.

Hoy comienzo a tomar conciencia de los retos que se presentan. Se da la circunstancia de tener que apoyar y vencer el más importante, que sin duda será prioritario frente a esos otros más profesionales que no queda otro remedio que afrontar y, con tesón y disciplina, llegar.

La vida nos va poniendo el orden que cree debe a cada uno. No podemos cambiarlo.

Lo mejor es respirar e ir a por ello sin pensar demasiado.

En verano, por muy malo que sea, todo se hace diferente. La entrada de luz cada día por las ventanas, el anochecer o el frío de la cerveza al llenarnos las bocas. Todo, en verano, nos envuelve en un estado distinto.

Cuando escribo la última línea de un verano me lleno de vértigo. 

Es cuando va uno repasando  y volviendo a abrir la página del inicio de curso, cuando se da cuenta de la vida trajinosa que lleva, de la cantidad de frentes abiertos, sin cerrar y lo que personalmente más importa.

Es cuando me entra ese vértigo y esas ganas de mandar todo a tomar por ahí, por c..., de volver a recomponer como se pueda una vida en la que de una vez por todas comience a ir priorizándome yo y los míos, con mis versos y mis sencillas cosas, que no son tantas ni hace falta tanto. 

Saber lo que se quiere es tanto o más importante como saber lo que no se quiere.

Me invade una zozobra de esas extrañas. Quiere uno hacer tanto pero tiene tan poco para llevarlo a cabo.

No sé si en algún otro momento de mi vida, he vivido algún momento tan despistado o perdido como este.  A lo mejor la edad le va haciendo a uno perder reflejos, o tal vez es ilusión lo que nos falta, o será la fuerza y el ímpetu.

En fin, me vuelvo con mis versos.

Momentos... MInaya.


Dice Israel Baal Shem Tov que...

"El mundo está lleno de maravillas y milagros,pero el hombre toma su pequeña mano y cubre sus ojos, y no ve nada" 

lunes, 24 de agosto de 2015

Digamos que en determinadas ocasiones son las circunstancias las que van marcando los caminos. Difícilmente podemos cambiarlas así que afrontemos el destino.

sábado, 22 de agosto de 2015

Nada es tan difícil como conseguir éxito en cualquier ámbito de nuestras vidas. Nada es más fácil que intentarlo, sólo hay que querer.

viernes, 21 de agosto de 2015

21.08.2015... Silencios de verano!

Va decayendo el verano. Con él caen los momentos en silencio, las brumas, los versos y las sombras que el sol ha ido convirtiendo en sentimientos y emociones.

Decae como decaemos nosotros con el tiempo. 

La mente comienza a despertar de lo que pudiera haber sido un sueño. Porque los sueños, en los días de verano, nos inventan una vida que cuando volvemos en sí queda en eso, en un sueño.




No quería levantarme de mi silencio, frente a ese café, nuevo, sentado en la cafetería que me acompaña cada día y que llena de poesía la luz de la mañana.

Esta mañana entendía que este inicio de curso es diferente, que me enfrento a mi mismo y que los retos van a redoblar esfuerzos de orden, fe y paciencia.

Esconderme en literatura, esconder mis lágrimas en versos.

Sobrevivirme. Ni siquiera a veces me aguanto, ni siquiera a veces me entiendo. Tratar de paliar esa ansiedad que me descontrola y desconcierta.

Yo, que organizo todo al milímetro, me siento en desorden.

Se hace fundamental poner nombre y apellidos a todo: a los bichos, a los dichos y a las desdichas, a los proyectos y planes, a las metas y retos, a esos obstáculos que sabemos.

Termina un verano que no ha sido, porque no es lo que se ve o se lee, es lo que se lleva en ese interior que sólo uno siente y presiente.

Las experiencias más bellas y hermosas igual que nos vienen se van. Las más desagradables, aunque pensemos que vienen a quedarse, también igual que llegan, van.

Los veranos comienzan siempre con esa incertidumbre de lo que no sabes puede pasar. Cuando terminan, todo lo que ha pasado a veces queda en el olvido, pero otras, cuando te pellizcan la vida, todo cobra una forma a la que no encuentras sentido.

Dice Benjamin Franklin que...

"¿Amas la vida? Entonces no derroches el tiempo, porque esa es la materia con que está hecha la vida."

miércoles, 19 de agosto de 2015

19.08.2015... Pensamientos y Notting Hill...

Un viaje rápido me tiene hoy en Madrid. Los acontecimientos obligan.  Tratamos de mantener la mente y el espíritu en positivo, pero es difícil evitar pensamientos desequilibrados.

Anoche, en el tren, más que a leer me dediqué a pensar. Cometí un gran error. No hay que pensar, hay que vivir, si pensamos demasiado la mente toma las riendas de nuestro momento y no es bueno. 

Pero pensé y lo hice demasiado. Pensaba que hay sensaciones que a uno se le escapan. Nos vienen condicionadas por el momento o por las circunstancias. Son sensaciones que te hacen saber que en la vida, en ese camino que te queda, tal vez debas enfrentarte más al sufrimiento que a las alegrías.

La vida es realmente extraordinaria y lo extraordinario hace complicar ciertos momentos. 

Creo que aprendemos a todo menos a dirigir las malas circunstancias. 

Se nos da muy bien lidiar con esas pequeñeces que nos surgen; se nos da mejor aconsejar a otros, pero a la hora de la verdad, en el momento de enfrentarnos y superar alguna de esas paredes de hormigón armado que se nos plantan en el camino, bloqueamos nuestro cerebro y no somos capaces de ver más allá. La solución casi siempre es simple, apartarnos un poco del camino, visualizar y, en casi todas las ocasiones, bordear el muro. Y ya está. Pero tendemos a complicarnos mentalmente.

Soy incapaz de entender, dentro de mi experiencia, el por qué de muchos de estos obstáculos que nos aparecen de repente. 

Hay veces que a uno le entran ganas como de llorar. Es cuando echa en olvido todo lo bueno que la vida le da y ha dado y sólo se queda con ese instante frío y amargo.

Reconozco tener poco derecho a la queja y sí mucho deber de agradecimiento.

Los desequilibrios mentales nacen del ahogo en lo mínimo. Es curioso cómo en esos grandes problemas nos crecemos y en los tropezones de la vida casi nos 
ahogamos en gemidos penosos. 


Digamos que en determinadas ocasiones son las circunstancias las que van marcando los caminos. Difícilmente podemos cambiarlas, así que afrontemos el destino.



Y así, ya en casa, en esta casa que en estas fechas más parece una caja de música vacía, escribo estos pensamientos tras haberme desahogado en 10 km running posterior a un baño en la solitaria piscina de la urbanización.

Echo de menos las voces televisivas, con esas frases grotescas llenas de humor, de los protagonistas de Aída o Aquí no hay quién viva mientras mi hijo, tumbado en el sillón se muere de risa viendo una y otra vez los mismos capítulos.

En estas vacaciones creo que he visto alguno como tres veces. Pero es igual, me llena su sonrisa y compañía. 

Echo de menos sus malas contestaciones adolescentes o ese continuo retar suyo. Es el corazón que tiene lo que me vence.

Echo de menos hasta el ruido de los coches o de los niños jugando en la calle. Madrid está vacío o es el vacío lo que me está llenando hoy.

No tenía muy claro si esconderme en los Diarios de Virgina Woolf o volver a las páginas del último volumen de los del maestro Trapiello. Toqueteo uno y otro y, posiblemente, me quede abrazando a Virginia Woolf, por eso de la compañía femenina.

Y como ando en plan nostálgico acabo de ver en la programación de TV que esta noche nos volverán a poner Notting Hill. Así que tras unas páginas de lectura dormiré en esa enorme sonrisa de Julia Roberts.

Feliz noche.

'Cómo conseguir la Felicidad' por César Antonio Molina...

Por qué en vez de ver en la cultura algo que ayuda y enriquece al hombre, se la considera por el poder, y también por amplias capas de la población, como algo ajeno y alejado más y más de la verdadera meta de la existencia? ¿Es la felicidad un fin esencial en la cultura? Contra las artes y las ciencias se levantó Rousseau por enervar y reblandecer al hombre en lo moral, lo físico e intelectual. La cultura en vez de satisfacer sus necesidades había abierto innumerables enigmas. Kant, influido por Rousseau, dudó que la alta cultura intelectual pudiera llegar a resolver todas las inquietudes de la existencia.



La cultura no puede dar de inmediato la felicidad, pero puede ayudar de una manera decisiva a ser menos infeliz. ¿A través de qué? A través de la libertad. El ser racional se hace libre e independiente, adquiere criterios y los expresa, domina con la técnica la naturaleza, pero no precisamente para tiranizarla sino para procurar el dominio moral sobre sí mismo. La verdadera meta de nuestro saber no es el conocimiento de la naturaleza, sino el autoconocimiento. La naturaleza era obra de otro, el hombre solo podía llegar a comprender la estructura y el carácter peculiar de sus propias obras, no la esencia de las cosas. Ernst Cassirer en Las ciencias de la cultura se pregunta si es seguro que el hombre pueda realizar en la cultura y gracias a ella su verdadera naturaleza “inteligible”; que pueda llegar, por este camino, si no a la satisfacción de todos sus deseos, sí al desarrollo de todas sus capacidades y dotes espirituales.

Cassirer tituló uno de los capítulos del libro citado “La tragedia de la cultura”, que remite al libro de George Simmel El concepto y la tragedia de lacultura. Tanto uno como el otro dudan de que este asunto tenga solución, pues la filosofía —como tantas otras humanidades— no puede hacer otra cosa que señalar el conflicto, pero sin prometer su solución.

La verdadera razón de esta “tragedia”, según Simmel, reside en que la cultura nos promete una interiorización (una búsqueda natural de nosotros mismos) que se convierte en una especie de autoenajenación “media” entre el alma y el mundo, un conflicto permanente. Divorcio entre el proceso vital y creador del alma y sus contenidos y productos.

La cultura no representa un todo armónico, sino que se halla, por el contrario, repleta de conflictos y dudas interiores. La cultura es permanentemente dialéctica y cambiante, no tiene meta. Es consustancialmente insatisfactoria en sí misma y muy compleja. La acción creadora de la cultura siempre se basa en una perfección inalcanzable que produce nuevos, constantes e interminables sufrimientos. La felicidad es una meta que se considera inalcanzable en su realización, pero la cultura aporta muchos elementos para adivinarla. La vida y la cultura chocan. La primera busca la desbordante plenitud sin más explicaciones; mientras que la cultura busca las explicaciones de esa plenitud que considera insatisfactoria mientras no encuentre las razones.

La vida sigue su curso, incluso prescindiendo de lo que nosotros consideramos como imprescindible para poder vivirla; la cultura también sigue su camino. Acepta a todos pero es exigente, no da la felicidad (¿quién la da?) pero ayuda a buscarla. La cultura se convierte en mediadora entre el yo (nunca el grupo) y la naturaleza; también entre el yo y el tú que, muchas veces, somos nosotros mismos. El individuo, creador o no, lucha permanentemente por no verse ahogado por la comunidad, lucha por no perder su libertad e independencia. Esto lo da la cultura que, según Croce, debe ser expresión del sentimiento y del estado individual de ánimo que conforma una sociedad.

Pero si la fe de las religiones y la cultura racional posponen, la primera, la felicidad para un más allá desconocido; y la cultura no la ofrece tampoco como realización inmediata, qué otra tercera vía puede existir para circular por ella en pos de esa utopía. Quizá esa tercera vía sea la tecnología. Mediante el empleo de instrumentos (dispositivos los denomina Agamben), el ser humano logra —o así lo cree— hacerse dueño de las cosas. Estos instrumentos o dispositivos traen consigo una bendición y, a la vez, una maldición. Muchas veces lo ayudan y otras muchas lo vuelven en su contra. El instrumento o dispositivo que parecía destinado a satisfacer sus necesidades también ha servido para crear innumerables necesidades artificiales. Hoy, toda esta desorientación ha sido creada conscientemente por los fabricantes del entretenimiento. De nuevo ¿dónde está la felicidad? Resurge entonces la nostalgia rousseauniana de la vuelta a la naturaleza.

Agamben en ¿Qué es un dispositivo? se refiere a la creación de dos nuevas clases sociales: los seres vivos (el ser humano); y los dispositivos, una especie de redes que sirven para capturar a los primeros y tiranizarlos. El filósofo italiano define a los dispositivos como cualquier cosa que de algún modo tenga la capacidad de capturar, orientar, determinar, interceptar, modelar, controlar y asegurar los gestos, las conductas, las opiniones y los discursos de los seres vivientes, entre ellos, los ordenadores y los teléfonos móviles. Dos clases sociales nuevas y, entre ambas, una tercera, los sujetos. Es decir, lo que resulta o queda del cuerpo a cuerpo entre los “vivientes” y los “dispositivos”. Instrumentos los hubo en todas las épocas, desde el origen de los tiempos, pero parecería que hoy no hay un solo instante en la vida que no esté organizado por algún “dispositivo” o “instrumento”. ¿Luchar contra ellos, entregarse en sus manos o manejarlos? El propio filósofo italiano habla de la “hominización” de las tecnologías. El ser humano cree haber encontrado la felicidad en estos objetos porque llenan constantemente el vacío de sus vidas sin exigirles nada.

Nuestro mundo contemporáneo, el occidental y democrático, vive en ese proceso de nueva subjetividad compartida o desubjetivación. Antes la política iba dirigida a individuos e identidades reales, por ejemplo, las clases sociales o estamentos; hoy el triunfo o la imposición de la economía solo se refiere a ella misma sin ninguna otra consideración. Los dispositivos, los aparatos tecnológicos le sirven para controlarnos permanentemente. Ni la fe, ni la cultura lograron dar la felicidad en la tierra (no hay felicidad posible mientras siga existiendo la muerte, a pesar de que la disimulemos con barrocas estrategias); mientras que los dispositivos ocupan todo nuestro tiempo y nos impiden pensar, y el no pensar —quizá— ya es una forma de felicidad. Ya lo dijo el Eclesiastés: “Donde abunda sabiduría, abundan penas, y quien acumula ciencia, acumula dolor”. ¿Por qué culpar a quienes lo quieren evitar? ¿Tendrá razón Hegel cuando creía que el hombre solo sería libre rodeándose de un mundo enteramente creado por él? Que se lo pregunten a Theodore, el personaje de Her, la película de Spike Jonze.

César Antonio Molina fue ministro de Cultura y dirige la Casa del Lector.

Dice Thay que...

"La mejor forma de prepararnos para el futuro es ocuparnos bien del presente, porque sabemos que el presente se compone del pasado, y que el futuro se compondrá del presente. El momento presente es la única responsabilidad que tenemos. Sólo el presente está a nuestro alcance. Ocuparse del presente es ocuparse del futuro"

martes, 18 de agosto de 2015

Es verdad que el ánimo va unido a la belleza, por eso el poeta refleja emociones en versos que más o menos expresan su momento vital. Cada uno tiene su Belleza, como cada uno tiene sus versos. Todos somos poetas de la vida, aunque no hayamos compuesto un poema más que el nuestro.

lunes, 17 de agosto de 2015

17.08.2015... otros veranos!

Pensaba hoy, en este final del lunes, pasado el ecuador de agosto, que hay veranos y veranos. 

Una época del año que suele servir, o ser utilizado, para desenchufar mentalmente de lo cotidiano, de esa rutina que nos lleva; para dedicar más tiempo a los nuestros y a lo nuestro, a lo familiar y espiritual; de perdernos en lecturas ajenas a lo laboral y otras más poéticas.

Los veranos no se suelen recordar, suelen ser todos los mismos. 



Pero hay veranos en los que parece que se retuercen las circunstancias. Son esos veranos que deseas y parece que cuanto más, más difícil se te ponen los días.

Esos veranos en los que buscas el silencio con ansia, para esconderte de los ruidos que te persiguen al despertar.

Son esos veranos en los que te convocan los males y vencen a esas buenas sensaciones.

Uno tiene que estar arriba siempre, no puede permitirse bajones. Los bajones son para otros y si vienen, deben de ser solitarios, ajenos, escondidos.

Un coach no puede hacer coaching consigo mismo porque  se utiliza y martiriza. Sabe las preguntas y el significado de las respuestas. 

Es difícil sufrir sin ser sufrido. 

A veces, en momentos así, circunstanciales, recuerdo mucho a Mozart. Él me acompañaba en mis soledades, callado y paciente. Siempre sonriente a su manera, alegre y agradecido incluso de las tristezas.

No es cómo nos viene la vida, muchas veces jodida y complicada, es cómo la agarramos por los cuernos y nos defendemos de ella.

En fin, no sé muy bien por qué en este anochecer me vienen estas sensaciones. 

No todo va a ser luz y poesía. La vida tiene y es eso: claros y sombras.

Dice Fernando Marías que...

"El tiempo está lleno de novelas que nadie ha escrito y, sin embargo, se hallan a la vista y pueden, por tanto, leerse."

sábado, 15 de agosto de 2015

Dice Osho que...

"Hagas lo que hagas, hazlo con tanto amor y cuidado, que conviertas una insignificancia en una obra de arte. Y esto te dará muchísima felicidad. Y creará un mundo en el que no hay competencia ni comparaciones; todo el mundo se sentirá digno y podrá restaurar su orgullo herido."

viernes, 14 de agosto de 2015

14.08.2015... 'La isla del padre' y Fernando Marías.

Va uno posando sus ojos de libro en libro como si le faltara tiempo. Y es verdad, justo es eso lo que falta siempre en la lectura: tiempo. Crees que el verano, te va a permitir dedicarte a esos placeres literarios con más soltura, pero los días se van llenando de tiempos diferentes.



Terminé de leer en días pasados "La isla del padre" de Fernando Marías. Me ha gustado mucho por lo íntimo de la historia: una libro que se escribe, con verdadera emoción y devoción, tras el fallecimiento del padre. Es un libro que mueve y remueve.

Fernando hace alguna reflexión de las que hacen pensar, incluso de las que te remueven la conciencia. 

Cuántos momentos desperdiciamos de estar con esas personas que amamos, que lo han dado todo por nosotros, que siempre han estado y están ahí, pero que la naturaleza les hace que vayan restando más que sumando. Y nosotros, mientras,  dedicamos la vida a vulgares y variadas estupideces. Siempre llegará ese instante en el que ya no queda tiempo: ese instante de la reflexión y el arrepentimiento. 

La verdad es que este librito, que se lee de tirón, me ha venido en un momento en el que reflexiono mucho sobre los ciclos de la vida. Todo en la vida son ciclos, etapas. La muerte, por ejemplo, es una de esas etapas que nos toca vivir de diferentes maneras, según la edad que tenemos. 

Primero vamos perdiendo a los abuelos, luego comenzamos a perder familiares más o menos cercanos, comenzamos a dejar en el camino a amigos, de esos mayores de los que uno se hace acompañar, y luego comienza esa triste y durísima etapa que nos va acercando al final: es cuando ves cómo los padres de tu generación comienzan a despedirse.

Son esos momentos en los que comienzas a mirarte en el espejo de otra manera. Y no buscas si el peinado te ha quedado bien, si tienes una o dos espinillas o la cabellera más o menos poblada. Es cuando miras para ver el reflejo de los años, de esos años que no hace tanto tenían tus padres, pero que ahora la edad comienza a pesar porque resta. 

Es cuando realmente comienzas a sentir lo que les quieres y las pocas veces que se lo has dicho. Es cuando analizas todos esos momentos en los que te has excusado por  no visitarles o verles mientras terminabas no sé qué trabajo o, simplemente, porque creías necesitar tu absurdo descanso anti estrés.

¿Cómo puede ser que la vida pase tan rápido? O, ¿cómo puede ser que perdamos tanto la vida? Parece que fue ayer, pero no lo es. 

Algunas veces pienso en cómo afrontaré ciertos momentos que espero y deseo tarden muchísimo tiempo en llegar. Ni creo estar preparado, ni creo que nadie lo pueda estar.

"Te quiero mucho y nunca te lo he dicho.
Mucha gente vive y muere sin decir te quiero a sus seres queridos o sin que ellos se lo digan. Pero en nuestro caso era una necesaria culminación, el cierre preciso, este y no otro, del círculo de nuestra vida compartida. Esa frase podría ser el alma de este libro, esa línea única con la que, según dicen, todo libro debe ser definido. Dije también palabras de agradecimiento. Nunca le había dado las gracias por propiciar la oportunidad de que yo pudiera ser quien soy. Por supuesto, lo que soy lo he hecho yo, lo bueno y lo malo, pero él peleó para ayudarme a serlo, entendió mi proyecto vital, lo apoyó, creyó en él en los peores momentos, lo financió, y por suerte pudo luego sentirse orgulloso de algunos logros. (...)"

¿Quién no se ve reflejado en estas palabras? ¿Y por qué esperar? El después siempre es tarde.

El libro de Fernando Marías es de una gran belleza literaria. No esperaba algo así. Son páginas en las que se cargan las emociones, las reflexiones vitales y, también, esos momentos de agradecido humor. Es una breve historia de una larga vida, la de un padre. Es un libro muy sincero que evoca también la vida del propio escritor: el por qué de haber dedicado su vida a la literatura.

"Los escritores nos hallamos en el lado de quienes pueden merodear por la mente ajena para imaginar mecanismos de pensamiento o de conducta, para tratar de entender comportamientos y reacciones concretas. Con todo, nadie puede saber los actos secretos de nadie. Los secretos que solo uno conoce son los únicos blindajes seguros del planeta."

Comencé a leer estas páginas de "La isla del padre" dónde he terminado: sentado en la arena, frente al mediterráneo, al ritmo de la cálida banda sonora de las olas y con una sensación fatigosa importante: el tiempo se nos entrega cada día en un saco de vida, podemos ir tirándolo o aprovecharlo.

Es verdad que cuando me he sentado a escribir estas líneas tenía otro ánimo. Ahora termino con algo de emoción y en un estado más sentimental. No se me da bien hacer recomendaciones. Me he dado cuenta que lo más importante de un texto es que te pellizque el corazón y la conciencia. Quiere decir que el autor, Fernando, con ánimo o sin él, puede estar seguro de haber rendido el homenaje deseado.

Feliz noche...
La luz es simplemente aquel punto que nos marca el ansia de vivir. Nada ni nadie nos ha de esconder de tal belleza.

jueves, 13 de agosto de 2015

Querido hijo...

Ten siempre a tu alrededor gente que sea mucho mejor que tú. Delega y confía en ellos, vivirás más tranquilo.

Dice Albert Einstein que...

“Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas" 

martes, 11 de agosto de 2015

11.08.2015... Esa cañita helada!

Uno de mis momentos favoritos del día, esos que reservo y trato de no saltar, es en el que el camarero de un bar, justo antes de la comida, comienza a servirme una cañita en una copa helada. Es algo apoteósico el ver chorrear la espuma. Llego como el que busca su instante de soledad espiritual en un templo, sediento de calma y de esa sensación de frescor resguardado del sol y la arena.



Están siendo días de paz, de tranquilidad y sosiego; pero días de inmenso calor. No recuerdo, amante del sol y la buena temperatura, tal exceso. Me pregunto si fruto de esta temperatura andamos todos como algo más enfadados, irritables.

Ocupo el día en paseos y lecturas; en meditaciones frente al mar o practicando running. En fantásticas comidas y cenas con la familia, envueltos en esos tiempos, los justos para que no generen excesos, que difícilmente ganamos el resto del año.

Leer la prensa, estos días, se ha convertido en una especie de necesidad. Asistimos a cierta información política, que más tiene que ver con la malas prácticas políticas, que recrea cualquier culebrón, o serie de esas de moda a la que muchos terminan enganchados.

Por otro lado descubrimos esas miserias increíbles del ser humano; esos terroríficos actos, inimaginables, que te ponen los pelos tan de punta y te hacen comprobar que la mente puede llegar a ser devastadora. Esas noticias como las del padre que ha asesinado, vilmente, con premeditación, a sus hijas pequeñas con una radial. Que aparece con ese gesto de indiferencia en todas las imágenes mostradas. ¿Qué puede pasar por la mente de una persona, para cometer una tropelía tal? Sólo espero que la justicia caiga sobre él con el máximo castigo que pueda ser, a veces, en determinados casos, desgraciadamente, se queda corta.

Es curioso cómo en verano se llenan los periódicos con historias tan escalofriantes que darían para escribir cientos de novelas y relatos ,entre psicológicos, policiacos y/o de terror.

¿Otra cañita?

La vida, dependiendo del punto de vista de cómo la observemos, puede ser fascinante o terrorífica. Por eso, tal vez, en estos calores ya largos, me evita la inspiración poética. 

Llevo meses sin escribir versos que lo merezcan y me preocupa. Mi vida siempre es más feliz cuando la pienso en poesía que cuando se me ocurren absurdos relatos. La sudoración amarga, está reñida con la belleza del poema y tal vez por eso las musas hayan decidido tomarse su merecido descanso.

Desde aquí escucho ahora mismo las voces de un padre, tratando de explicar a su hijo no sé que operaciones matemáticas. Parece que el padre ha perdido la paciencia y el hijo con el padre. 
Siempre supe que el verano y la playa son incompatibles con el estudio. Pretender que tu hijo aprenda matemáticas mientras suda y escucha al resto de niños jugando en la calle, es como pretender que el padre se tome un café con leche, caliente, a las dos de la tarde, a 35º C, en el chiringuito playero en el que todos, a esa hora, nos tomamos esa cañita helada mientras dejamos que nuestros ojos se escapen tras la simpatía de la camarera.

Así que hoy, por no terminar el día pensando en cosas desagradables, lo acabo, poéticamente hablando, tras unos kilómetros running junto al mar, pensando en esa caña de cerveza que volveré a degustar mañana, a la misma hora y en el mismo lugar.

Feliz noche.