jueves, 31 de agosto de 2017

Dice Paulo Cohelo que...

"Jamás dejes que las dudas paralicen tus acciones. Toma siempre todas las decisiones que necesites tomar, incluso sin tener la seguridad o certeza de que estás decidiendo correctamente."

miércoles, 30 de agosto de 2017

30.08.2017... Semblanzas de Verano XVI: apuntes varios.

Me he dado cuenta que cuando uno mejor quiere hacer las cosas, peor le salen. 

Hay que dejarse llevar, no pensar y que salgan como salgan, bien o mal.

Mi vida está llena de imperfecciones, soy el mayor imperfecto que existe y no lo niego ni lo negaré. Pero cuando me pongo a hacer algo, lo que sea, trato de que salga bien si no perfecto. 

Pero la vida indica lo contrario. Las cosas que mejor me han salido han sido de las que menos me he preocupado. 



Kierkegaard decía que la vida no es un problema que tenga que ser resuelto, sino una realidad que debe ser experimentada. 

Preocuparte en exceso puede crear contratiempos. Querer buscar la perfección puede ser contra producente. 

No sé cómo terminará mi vida, quién puede saber cómo acabará la suya, pero sí sé que terminará con las cosas hechas, mejor o peor, y ordenadas. 

Lo curioso es que cada uno de nosotros somos el resultado de nuestras decisiones, de aquello que elegimos en cada momento, a lo largo de nuestra vida desde que hemos nacido.

Al igual que pienso que la felicidad se compone de la acumulación de pequeños momentos felices en la vida, el éxito, nuestro éxito, será el resultado del conjunto de esas pequeñas decisiones que vamos tomando en el día a día.

Las decisiones marcan la diferencia entre unos y otros.

En estos días he tratado, o trato, de clarificar mis objetivos para este curso profesional que da comienzo. Tampoco he querido ni quiero ser ambicioso, pero sí me he planteado cinco objetivos para centrarme en ellos completamente.

Con estos objetivos marcados y focalizados lo segundo que sé que debo y debemos hacer es ir marcando mis prioridades vitales para así poder tomar las decisiones correctas y coherentes en cada paso y en cada objetivo.

Y por último tratar de ir analizando las situaciones, reflexionando sobre ellas, para que no se tuerza el camino en ningún momento e ir en la dirección adecuada.

Esto que, aquí escrito puede resultar fácil, sin duda no lo es. Pero tampoco es difícil, todo depende de las decisiones que tomemos.

Creo que este verano, que comencé realmente agotado, no sólo física sino mentalmente, puedo decir que hecho un trapo, lo termino en equilibrio y con las cosas bastante claras. Todo depende de mi.

Lo mejor que puedo hacer por mi en estos momentos soy yo mismo, en un sentido espiritual del término.

Busco estos días una inspiración que no encuentro y tal vez es porque no necesito. Buscar algo con insistencia te hace no encontrarlo, si no buscas a lo mejor te das cuenta que lo tienes al lado y no necesitabas buscar lejos. 

Me rodeo de imágenes que me provocan recuerdos que hasta llegan a emocionarme. Me doy cuenta que tengo mucho más de lo que merezco porque a lo mejor tampoco valoró como debo. 

Echo de menos muchas cosas, las sonrisas no se encuentran en todas partes. ¿Que triste no?

Vamos a iniciar el camino.
Me he dado cuenta que uno escribe versos como el que respira sin oxígeno. Necesita alimentar sus emociones‬, su libertad y espiritualidad.

martes, 29 de agosto de 2017

Dice el Zohar que...

“El hombre debe vivir de tal forma que al finalizar cada jornada, pueda repetir: “No he desperdiciado mi día” 

lunes, 28 de agosto de 2017

Momentos poéticos #versosdArte: campos de Minaya...


Dime
que la poesía 
es nada más que eso:
parar
contemplar los cielos
arropados trigales
caminos en polvo 
azules instantes
marcados silencios. 


Y yo
que vivo con el privilegio 
no quiero 
que pasen las nubes 
que inviertan el tiempo
que bañen la torre
que a lo lejos
esconde
tímida belleza
de pueblo. 


No quiero
que pase un día, 
que vuelva. 


Simplemente 
aventar al caminar
todo pesar y pasar
para así encontrar
cada vez
cada momento 
esta estampa
para mí 
particular. 


#JLMpoesía2017
Todo en esta vida es mejorable, pero aprender a valorar y disfrutar de lo que cada uno tiene y posee es el principio ‬de una vida plena.

domingo, 27 de agosto de 2017

27.08.2017... Semblanzas de Verano XV: Fiestas de Minaya 2017.

Va uno ya en estos días, poco a poco, acariciando los objetivos y las pautas para el próximo curso laboral. Entre sol y sol, voy disponiendo mis notas y esos deberes que comienzan a ir ordenándose en la cabeza y los cuadernos. Terminé terriblemente cansado y agotado; puedo disponer los tiempos para intentar dosificar y plantear lo que será otro año intenso y extenso.

Pero todavía no quiero entrar en esos temas que me llevan los días y la vida. Creo que si disponemos y predisponemos el tiempo, lo hay para todo.

Pensaba en esta tarde, que no sé por qué no había recogido todavía, por aquí, lo que ha supuesto, sin duda, para mi el mayor honor de los últimos tiempos: ser el Pregonero de la Feria y Fiestas de Minaya en este año 2017, feria y fiestas en Honor de nuestro Patrón el Beato Alonso Pacheco


No soy dado a alardear de nada, incluso he dudado en escribir este post, pero siempre llevo como virtud el ser agradecido y, por cierto, ser el pregonero de Minaya es algo que hay que llevarlo con inmenso orgullo. 

La corporación del Ayuntamiento de Minaya, representada por su alcalde Juan José Grande Gonzalez , decidió solicitarme, en julio pasado, ser el pregonero de las Fiestas Patronales 2017. Lo haré personalmente, pero sí quería mostrar mi agradecimiento a todos ellos, concejales que forman parte de este ilustre Ayuntamiento de Minaya.

Esta semana que termina, ha sido publicado el programa de fiestas patronales con lo que creo que era el momento de escribir estas líneas.

Asumo con orgullo y enorme agradecimiento ser el pregonero de las Fiestas en este año. Sé que son muchas más las personas que lo merecen más que yo, al igual que son muchos los que me han precedido en este honor que sin duda lo han merecido siempre más. 

Minaya es el pueblo de mi familia, es mi pueblo y es ese rincón de España en el que me siento pleno de felicidad. Minaya, al fin y al cabo, es mi vida. Cada uno tiene la suya y yo vivo con orgullo la mía: Minaya

Dar un pregón en tu pueblo, en lo que sientes tuyo y es parte de ti, es mucho más que cualquier otra responsabilidad o intervención que uno pudiera hacer. No es una conferencia, ni es una ponencia, ni un discurso. No es una de esas clases a universitarios, ni ninguna de las intervenciones que a lo largo de mi vida he podido hacer. Son emociones y la emoción es lo que cada uno lleva dentro y saca fuera como un sentimiento difícil de expresar que además se convierte en gratitud. Gratitud por ser, por estar, por sentir Minaya.



Sé que para muchos soy un desconocido y algunos de los que me conocen seguro se preguntarán que ¿por qué?. Solo puedo ofrecer gratitud y sentimiento, amor por estas tierras y estos caminos que me han visto crecer que, al fin y al cabo, es lo que compartimos todos los minayeros. Porque de eso se trata, de compartir.

- Guacho... ¿y tú de quién eres?

Mi vida comienza a tomar forma entre la calle Molino y la calle Cerezo. La casualidad ha hecho que mi casa, en Minaya, esté también entre esas dos calles.

Desde entonces, y ya van para casi 50 años, haya estado donde haya estado, en cualquiera de las etapas de mi vida, ni un solo día he dejado de sentir y hablar de Minaya. Ahora que releo mis notas, para ir preparando lo que será el Pregón del sábado, me doy cuenta que no hay una sola semana en la que no he escrito algo sobre nuestro pueblo.

El próximo mes de octubre, casualmente, se publicará mi último libro, que lleva por título 'Silenciando el Camino'. Solo el título ya evoca que muchos de los pensamientos y reflexiones escritos, muchas páginas, son parte de esos poéticos caminos que como finos sarmientos surgen de nuestras calles. Al final del prefacio/introducción de este libro, un lugar y una fecha,  Minaya, Julio 2017, que es dónde terminé de escribirlo. 

¿Cuantas veces podemos recorrer el mismo camino? Como he dicho, con casi 50 años y una barba poblada en canas, no sé las veces que he caminado o corrido por ellos.

Son sólidos. Algunos, erosionados, dejan esos cantos en punta que te avisan si los pisas. 

Por aquí aparecen viñas vestidas de verde que luego se desnudan dejando su cuerpo retorcido al viento; esos cebadales que como mantas adornan la tierra para luego bañarla del oro de las pajas.

O esos olivos que los años ennoblecen para ir adorando, con sus largas ramas, al dios sol.

El tiempo no es tiempo si saboreas el polvo que desprende tu camino en el caminar de la vida.

Todavía hoy me cruzo con algún pastor de esos pocos que quedan o esas perdices o liebres que corren sorprendidas.

Por aquí se me han caído dientes y ahora versos.

Y entonces me he di cuenta de que lo esencial en la vida no está en esos despachos, en esos edificios enormes e impersonales, llenos de pasillos; entre los humos y el sonido de los motores. Lo esencial de la vida no está envuelto en tarjetas de visita de nombres y cargos ilustres o ilustrados.

Lo esencial de mi vida está en estos caminos, en estos campos y en estas calles de Minaya que no dejan de emocionarme cada día. Lo esencial está aquí y lo vivo aquí: cuando despierto con el canto de algún pájaro o cuando voy a dormir tras contemplar ese cielo inmenso de estrellas que bailan.

Lo esencial, tal vez, no sea el 'tanto' sino el 'cómo'.

Hoy olía ese pisto manchego, con pimientos y conejo que prepara mi madre y me venían a la mente todos los recuerdos juntos.

Nos vamos haciendo grandes, pero el pueblo sigue. 

Sinceramente, no cansaré de dar las gracias. Sinceramente será un día importante para mi y espero no defraudar a nadie ya que solo puedo devolver en cariño y emoción el honor que se me ha concedido.



Dice Thomas Mann que...

"La tolerancia es un crimen cuando lo que se tolera es la maldad."

sábado, 26 de agosto de 2017

El futuro es futuro, nunca existe ni existirá. Estamos en el presente con lo que lo único que existe aquí y ahora es eso: presente. 

viernes, 25 de agosto de 2017

Dice Osho que...

"La mente se inventa sustitutos. Como no conoces la felicidad, la mente se inventa una idea de la felicidad. Como no conoces el amor, la mente te da mil definiciones del amor. En cambio, cuando conoces el amor, la mente no puede hacer nada y se tiene que quedar callada. Tu verdadero silencio no está vacío, no es una ausencia de todo, al contrario, está lleno –está repleto, está rebosando, se desborda–, pero está lleno de experiencias reales, no de pensamientos. Y esta es la revelación del secreto”.

jueves, 24 de agosto de 2017

24.08.2017... Semblanzas de Verano XIV: Espiritualidades...!

Los días de verano (llámese verano, en mi caso, a los días de agosto), más tranquilos, más sosegados y reflexivos, te hacen ir descubriendo, si lo quieres y deseas, lo mejor y lo peor de cada uno, de nosotros mismos. 

Aunque dediques tiempo al trabajo lo tienes, también, para dedicártelo a ti y, bien aprovechado, poder descubrir esas debilidades que con esfuerzo pueden dejar de serlo. 

Tus malos hábitos; eso que crees hacer bien porque lo has somatizado como positivo, pero es negativo. Tus aristas y grietas; esos miedos que te acompañan pero a los que nunca te enfrentas.
 


Ese deseo de silencio que nunca encuentras. 

El valor de las cosas y los momentos que se van y no vuelven. 

Lo importante y lo menos importante. 

La verdad de una sonrisa que, aunque sea lejana, siempre llega a tiempo convertida en mariposa. 

Es como si volviésemos a descubrirnos sin salir de nosotros. 

Es entonces cuando te das cuenta de todos los desórdenes de tu vida y de quién es el verdadero responsable de ello: no es nadie más que tú. 

Me gusta ser crítico y exigente conmigo, tal vez demasiado, pero realmente hay que serlo ya que es la única manera de ir corrigiendo nuestros defectos. Debemos dejar de juzgar y criticar a los demás para convertirnos en nuestro único crítico vital.

Y es que solemos asumir responsabilidades que no son nuestras y, en cambio, apartamos aquello que sí es nuestra verdadera responsabilidad en la vida.

Nos preocupa lo que piensan los demás, sus creencias, sus ideas, las consecuencias de las acciones del resto o sus errores, en cambio no asumimos nuestras responsabilidades, eso que verdaderamente importa y nos importa: nuestras palabras, nuestros hechos, nuestro comportamiento, nuestros hábitos, las consecuencias de nuestros actos y nuestros errores.

Solo dedicando momentos a la reflexión interna seremos capaces de asumir y encontrar nuestras debilidades, también esas fortalezas que nos acompañan en el camino.

Notamos cómo vamos buscando lo positivo, porque ya no nos queda tiempo para lo negativo. 

Sientes que a veces pierdes demasiado tiempo en lo
absurdo y olvidas o dejas de lado lo verdaderamente importante. 

Reconoces lo raro que puedes llegar a ser entre tanta gente o lo diferente que eres entre tanto normal por el mero hecho de haber decidido encontrar tu esencia espiritual. 

Ayer veía a mis padres que, cada uno a su modo, van envejeciendo pensando, de seguro, que su tiempo va hacia atrás y que desearían pararlo en esos instantes, rodeados de sus hijos y nietos. 

Les noto, les siento, ese ansia por vivir tal vez lo que no han vivido. A veces creo que ni siquiera saben hacerlo porque han dedicado sus vidas a trabajar y trabajar para dejar ese poso en tierra. 

Ahora ya no tienen el tiempo que sé quisieran y todos quisiéramos con ellos. 

Simplemente lo hemos perdido. 

No vivimos como decimos que queremos vivir, vivimos como lo hacemos, vivimos como vivimos.

Por qué, ahora que tenemos los años adecuados, no tratamos de vivir un poco más todo eso que sabemos que, más adelante, podremos arrepentir de no haber vivido.

La esencia de cada uno está en sí mismo.

Es lo que tienen estos días, dan para mucho pensar y meditar pero, a sabiendas de lo que hacemos mal, no deberían quedar en meras anotaciones en el cuaderno, sino pasar a la acción desde ya.
Queremos cosas que seguro no necesitamos.
Necesitamos cosas que no tenemos cuando queremos.

martes, 22 de agosto de 2017

Cada uno de nosotros tenemos nuestro lugar en el mundo, como ese verso que se coloca en el poema buscando el ritmo. Debemos encontrarlo, nadie ni nada sobra.

lunes, 21 de agosto de 2017

21.08.2017... Semblanzas de Verano XIII: mi vendimia en Minaya.

Parece que la vendimia se adelanta nuevamente este año. No queremos asumirlo, ni reconocerlo, pero el cambio climático es una realidad que va transformando el hábitat hasta tal punto que nuestros biorritmos se alteran por ese calentamiento global de la tierra. Los efectos sobre los cultivos son evidentes y, en este caso, sobre la uva, más que notable.

Son años de temperaturas extremas, de tormentas de granizo, de lluvias a destiempo, de heladas que provocan que el campo se haga cada vez más difícil, frágil, sacrificado e improbable.

En Castilla-La Mancha, Albacete, se cultivan prácticamente todas las variedades de uva del mundo, algunas de las cuales alcanzan el grado óptimo de maduración para la cosecha, a principios o mediados de agosto.

Mi amigo y paisano LuisMi, me recuerda que en Minaya la vendimia comienza oficialmente hoy. 




Los Bravos suenan en el radio cassette del Seat 127 blanco que sustituyó al Seat 850. En las dos horas y pico del viaje, tendré que alternar, obligatoriamente, con una cinta de Peret y otra de Demis Roussos que es lo que le gusta a mi padre. 

Hemos levantado temprano, la madre tiene todo preparado más que para cargar el coche y salir en dirección a la carretera de Andalucía que, una vez pasado Ocaña, nos pondrá en camino hacia Minaya

He conseguido convencer a mi padre para ir yo delante. Tengo la excusa perfecta: atrás me mareo. En los asientos traseros mi madre y mi hermano miran cada uno a un lado de la ventanilla.

Hace sol; un sol madrugador, de octubre. 

Todo es felicidad, nervios, todo es alegría. 

Una parada rápida en la mitad del camino, Corral de Almaguer:  café, Nesquik y a seguir. Ya queda menos. 

Vamos a vendimiar. Mi padre se ha guardado algún día de vacaciones del trabajo para ayudar a los abuelos en el campo. Pero este es mi primer año. Este año me dejarán, por fin, unas tijeras para mi solo e iré de pareja de espuerta con mi padre.

Para nosotros es algo más que la vendimia. Para nosotros es un motivo de encuentro de todos los primos y  tíos. Son esas fechas del año, pocas, puntuales, en las que la familia se reune para ayudar a recoger el fruto de las tierras que quedan. Creo que junto con la feria y la matanza, es la fecha que más ilusión nos producía.

Pasado El Provencio todo son nervios. Las canciones se convierten en la banda sonora del momento, mientras, los rayos de sol deslumbran sobre la torre de la iglesia que, cada vez más cerca, sirve de indicación a la llegada.

En casa de la abuela Señor no queda nadie más que ella, con ese caminar pausado de un lado a otro, entre negro y gris y el pañuelo siempre a la cabeza. Al amanecer prepararon y ya están todos, tijeras en mano, espuerta a espuerta, vid a vid, en la viña recogiendo las uvas.

Algunos primos habían llegado el día anterior. 

Nerviosos por el acontecimiento. Serían días cansados pero seguro podríamos dar alguna vuelta con los primos al final de la jornada.

Carretera de la estación, no más de dos kilómetros del pueblo, camino a la derecha y, a lo lejos, comienzan a dibujarse unos cuerpos agachados que, poco a poco, se levantan ante la polvareda del coche que produce el coche.

Ya se ven los primos, las tías y los tíos, cada uno con sus ropas de campo, con unas pintas dignas de carnaval, rural style dirían ahora; cada uno en su hilera, recogiendo el fruto de una vida de trabajo. 

El abuelo ya no está. Años antes ese maldito cáncer se lo llevo sin que los pequeños nos diésemos apenas cuenta. 

Todo son alegrías, besos, abrazos y… a trabajar entre ese olor a pampa, mosto y tierra que penetra en nosotros tanto que, todavía ahora, soy capaz de oler.

Hay que trabajar con mimo, con cuidado de no estropear la planta, la vid. Todo requiere un protocolo que vamos aprendiendo de los mayores. Los pequeños nos hacemos los fuertes para demostrar que aportamos algo y ganarnos esos duros de propina que nos ha prometido  la abuela para luego, en la tarde, comprarnos algo donde Michi.

Comemos tarde, en la viña. Buscando sombras alrededor del remolque donde se vacía la uva para luego llevarla a la cooperativa. Mi madre y mis tías han llevado bocadillos, tortilla con pimientos en las fiambreras, algunos chorizos que todavía quedan de la matanza, agua y, cómo no, sólo para los mayores, el porrón de ese vino denso del pueblo.

Todo sabe a gloria. Cada sabor se degusta con tanto apetito que poco queda para guardar. En el botijo el agua se mantiene fresca aunque con ese sabor a barro y tierra. Al primo mayor le dejan probar un poco de vino del porrón, todos queremos ser como él pero, todavía nos quedan unos años. 

Risas, chascarrillos, cotilleos que quedarán entre los vientos para siempre. Nosotros corremos de un lado a otro saltando entre las lindes incapaces de estar quietos. Las madres atentas: “Nene pro ahí no que te vas a caer!” “¡Será posible el guacho que no se está quieto!”

Este año ha habido suerte, todo se ha llenado de sol y no hay que coger la uva entre lluvia y barro como en otras ocasiones.

Al día siguiente, a nosotros, nos toca ir a la viña del abuelo José María. Una viña preciosa en la Cañá, dirección los Teatinos a la izquierda. Un camino largo que recorrí en el remolque, con la mula, mil veces.

Aquí no hay primos. Yo soy el mayor y el resto fueron llegando después. No era tan divertido pero ahora que lo recuerdo, no olvido a mi abuelo, trabajar como un animal, cargando espuertas repletas de uva y extendiéndolas en el remolque para luego llevar, también, a la cooperativa.

Yo deseando volver con los primos a la casa de la abuela, donde dormíamos todos apretujados, habitación a habitación, incómodos pero envueltos en una felicidad única.

Tendríamos dolores en la espalda durante un mes, las manos doloridas llenas de ampollas, pero aquel momento, aquel encuentro que dejaría de aparecer con los años, era inmensamente especial.

Ya no hay viñas, ya no hay encuentros de aquellos. Nuestros hijos no solo no han podido conocer algo así sino que estoy seguro nos costaría moverlos para ayudar en el campo. El esfuerzo no era tal, lo que valía la pena era el encuentro familiar, esos momentos que se han ido con los años, que hemos dejado perder y que, desgraciadamente, no volverán.

Puedo decir que he vendimiado, no tanto como otros, seguro, y he hecho muchas otras cosas del campo que, con muy poco, degusté y aprendí. Tal vez de aquellos momentos mi amor por lo rural y, sobre todo, mi valoración de todo aquél que continua dedicándose, con esfuerzo y sacrificio, a la agricultura.

Llevo con orgullo que mis abuelos fueran agricultores. No tuvieron estudios, tal vez les costase leer y escribir, pero sí sé que, como muchas y muchos mujeres y hombres de los pueblos como Minaya, dieron a sus hijos unos valores y un sentido de la vida que a nosotros, con más formación y estudios, nos cuesta dar a los nuestros. De su esfuerzo y trabajo vivimos todos. 

Ahora mismo, en este preciso instante, estoy oliendo esas hojas de vid, esos sarmientos finos y alargados; la tierra mezclada con el sabor de la uva en las manos.

Ahora mismo suenan Los Bravos, cada uno suelta su chascarrillo mientras van llenando de uva las espuertas; todos ríen bajo un sol que inunda el verde de la viña mientras los pies se hunden en esa tierra nuestra.

Ahora mismo me quedo allí y no quiero volver.



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