lunes, 31 de octubre de 2016

sábado, 29 de octubre de 2016

29.10.2016... Descansar!

Anochece en estos campos y, simplemente, me apetece sentir. Nada más. No hacer. No mover. No escribir. Siento que es el tiempo el que se apodera de mi porque es el tiempo el que nos va restando.

¿Descansar es no pensar? Debería ser así. Cuando uno siente que necesita un descanso físico y mental, en pleno siglo XXI, lo primero que debería hacer es desconectar todos los aparatos electrónicos que le acompañan en el día a día, buscar un lugar en el campo, tranquilo, a ser posible sin mucha o nada de cobertura, intentar estar lo más solo posible y dejarse acompañar por un cuaderno y un par de libros, a ser posible de filosofía oriental u occidental.

A partir de ahí, lo normal, es dejarse llevar por el tiempo. Pasear, correr, sin hora. Retener cada instante como si fuera único y dejar volar la mente como una de esas liebres que corren bajo mi mirada, de un lado a otro, sin un camino determinado, libre, en busca única y exclusivamente de lo que importa.


Cuando respiro por aquí, es lo que siento.

Tener posibilidad de hacerlo y no hacerlo.

Amar el silencio y no buscarlo.

Ser pensador y no pensarlo.

Existir.

Sartre decía algo así como que no hay camino marcado que conduzca al hombre a su salvación; este debe inventar constantemente su propio camino. Y para inventarlo es libre, él es el responsable, no tiene excusas y en él reside toda esperanza.

La vida es algo así. Elegir constantemente nuestro propio camino. No elegirlo sería, también, una irresponsabilidad.

Nada más.


Dice Jafetz Jaim que...

"Siempre debemos sostener firmemente las riendas del animal que vive dentro de nosotros"

jueves, 27 de octubre de 2016

Dice Sebastian Marshall que...

“Si quieres crear algo excelente, necesitas crear muchas cosas. Si quieres crear muchas cosas, crearás mucha mierda. Si quieres crear algo excelente, necesitas crear mucha mierda”

miércoles, 26 de octubre de 2016

26.10.2016... Filosofando!!!

Salgo de casa de noche, llego a la oficina de noche, casi amaneciendo, y he terminado la jornada, como todos los días, de noche. Hoy, sinceramente, con unos fantásticos kilómetros running por Getafe y disfrutando de algún momento poético.

Últimamente ando a vueltas con el pensar, no sé si demasiado, el reflexionar, tal vez poco, y la filosofía, en concreto con la filosofía clásica. Entre manos libros de grandes filósofos clásicos como lo son Platón y Aristóteles; textos sobre ética de autores más modernos, como Victoria Camps. Lo curioso es que, tanto a Platón como Aristóteles, a Séneca, Nietzsche o Montaigne, vuelvo de vez en cuando. En todos me recreo en mis reflexiones, sintiendo que sus dichos y escritos cada vez se hacen más actuales.

La filosofía es una reflexión de todo y para todo, sobre la vida cotidiana. La filosofía, ese deseo de saber y conocer, es cada día más actual.

Salgan a la calle, escuchen las noticias, lean los periódicos.

Me resulta cuando menos denunciable que la Filosofía, el humanismo, cada vez esté más desarraigado en las aulas.  Que los jóvenes estudiantes, por culpa de esos mayores insensatos, vean en la filosofía el mayor rollo o 'maría' de sus estudios. Se quita importancia al pensamiento, se elimina lo esencial de nuestra cultura que, en un futuro, es lo que te hace preguntarte, dudar, elegir.


Curiosamente, este fin de semana he podido leer dos buenos artículos en El País: 'Los clásicos nos hacen críticos' de Carlos García Gual, "Las grandes obras nos ayudan a entender aspectos esenciales de la condición humana: su mensaje se reinterpreta con los años, abre nuevos horizontes y moldea a personas más críticas e imaginativas" y 'Las ventajas de tener muchos dioses' de Maurizio Bettini "Las religiones de la antigüedad no creían en un dios verdadero por encima de los demás, una idea muy útil para el presente".

En ambos artículos se ahonda sobre la necesidad de volver a esos clásicos actuales y, sobre todo, al hecho de que la esencia de nuestras ideas provienen de aquellos que dedicaron su vida a la pregunta. Sólo preguntándonos podemos llegar a encontrar la respuesta adecuada.

Por ejemplo, en esos libros clásicos aristotélicos aprendemos lo que ya sabemos o deberíamos saber. Por ejemplo, como indicaba el maestro Aristóteles sobre la felicidad, que primero tenemos que averiguar en qué consiste la felicidad para cada uno. La felicidad no es lo mismo para unos que para otros. Debemos ser conscientes de nuestra felicidad, de lo que significa y es para nosotros, y lanzarnos en esa dirección hasta conseguirlo.

Es cierto que la felicidad es lo que todos los hombres queremos, pero no está allí donde solemos buscarla como imbéciles: el éxito, el dinero, los aplausos. La felicidad, según los clásicos, está en una vida llena de virtud.

El sentido de la felicidad es subjetivo, depende de lo que entiende cada uno.

Cada uno tenemos una idea concreta de lo que está bien o está mal; de lo que nos enriquece o empobrece.

Hoy siento más que nunca que todo es filosofía. El mero hecho de pensar genera filosofía, unos piensan y otros ejecutan. Pero, ¿piensan aquellos que ejecutan?

Paul Valéry decía que "pensadores son aquellos que repiensan, y que piensan que lo que fue pensado nunca se pensó de esa manera."

La apología del cobarde siempre es tapar sus culpas y penas echando mierda en los demás. Esto es filosofía mundana de hoy. Por eso mi filosofía, frente a eso,  siempre ha sido la misma: esperar. Tener paciencia y, en ese momento, qué siempre hay,  que siempre llega, firmar en la utópica tumba de aquél.

Feliz noche...

Momentos Teckel... Kika.


Todo tiene y todos tenemos un límite en la vida. Normalmente ese límite personal viene marcado por la dignidad. Si la libertad de unos atenta contra la dignidad de otros, se rompe una regla básica: la del respeto. A partir de ahí la batalla es negativa para todos.

martes, 25 de octubre de 2016

domingo, 23 de octubre de 2016

23.10.2016... ¿Y tu Ikigai?

Lluvia, cansancio; cansancio y lluvia. 

No puedo decir que termino esta semana con los deberes deportivos hechos. Ni me he movido ni me ha apetecido moverme. Eso sí, como he ido escribiendo por aquí, he hecho una buena cata gastronómica, entre trabajo y trabajo, de Madrid, Guadalajara y Sevilla, por toda la geografía española, terminando en mi querido Minaya. Vamos que, en vez de quemar calorías, lo que sí he hecho es acumularlas placenteramente. Tiempo vendrá de acumular kilómetros.

Y así creo llego a este domingo, con una sensación de día tan desconcertante como ha podido ser la semana. De allá para acá, mentalmente hablando, echando en falta el deporte, pensando y reflexionando en exceso sobre unos y otros temas pero sin ninguna concentración óptima para nada: ni estudiar, ni escribir, ni leer. Así que en ese ir y venir mental, lo único que me queda para finalizar como corresponde la semana, es tratar de agarrarme a algunos de esos poetas míos, relajarme, para luego dejarme perder en una buena película que me haga recomponerme mentalmente para iniciar otra semana con pasión y motivación.

Descubrí estos días un concepto que desconocía en psicología positiva: el Ikigai.

Ikigai (生き甲斐, pronunciado ikiɡai) es un concepto japonés que significa "la razón de vivir" o "la razón de ser". Todo el mundo, de acuerdo con la cultura japonesa, tiene un ikigai. Encontrarlo requiere de una búsqueda en uno mismo, profunda y a menudo prolongada. Esta búsqueda es considerada de mucha importancia, ya que se cree que el descubrimiento del propio ikigai trae satisfacción y sentido de la vida.

Ha sido uno de mis temas de reflexión hoy. Uno de esos en los que necesitaba de una concentración más activa de la que he tenido. 



Resulta que todos tenemos nuestro Ikigai. A lo mejor tú, que estás leyendo estas líneas esta noche porque no tienes otra cosa mejor que hacer o, simplemente, porque lo encuentras como la mejor fórmula para dormir profundamente, piensas que no lo tienes. Pero lo tienes. Eso sí, si crees que no, debes ponerte a buscarlo inmediatamente.

El Ikigai sería aquello que te apasiona, aquello que te hace levantar por las mañanas animado y sonriente. Es la razón de saltar de la cama sin estar ni un momento más tumbado despierto.

Aquello que pones en el centro de tu vida, por ejemplo, hasta que consigues. Tu meta, tu objetivo., tu propósito vital.

Es eso que le da un sentido profundo a cada día.

Podemos tener más de un Ikigai en nuestras vidas, lo que no podemos es vivir sin un Ikigai.

El término ikigai se compone de dos palabras japonesas: iki (生き), que se refiere a la vida, y kai (甲斐), que aproximadamente significa "la realización de lo que uno espera y desea"

Son las cosas que hacen que nuestra vida valga la pena.

Estar plenamente satisfechos con el sentido de nuestras vidas. 

Todos podemos, debemos, pararnos y analizar y reflexionar sobre si ese sentido es el correcto, sobre si estamos satisfechos en nuestro camino. Y no es tarde para darnos cuenta, para buscarnos interiormente, analizarnos, destrozarnos hasta desenredar lo que puede estar ahí, oculto, enredado, y es nuestra auténtica razón de ser.

La búsqueda del ikigai no es fácil, es un análisis interior profundo. 

Este término, que como he dicho, proviene del Japón y, más en concreto, de Okinowa, surge de los grandes cambios en sus estructuras sociales, por ello cada vez más los japoneses sienten la necesidad de preguntarse realmente cuál es su razón de ser, su razón de vivir, su ikigai. No vale el hacer las cosas “porque es lo que toca” (para sacar el país adelante después de la destrucción de la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo); la nueva generación quiere hacer las cosas “porque quieren”, así que primero deben saber qué quieren, deben descubrir y comprender su ikigai y luchar para conseguirlo.

Después del fuerte terremoto y posterior tsunami que azotó el país el 11 de marzo de 2011, muchos japoneses se replantearon seriamente su ikigai, porque según Ishida, la búsqueda del ikigai “da al ser humano la capacidad de integrar eventos psicologicamente estresantes en el pasado, presente y futuro con menos confusión o conflicto.” 

Este tipo de eventos (desastres naturales, catástrofes, accidentes…) nos dan la oportunidad de replantearnos cuestiones importantes en la vida, como puede ser el significado de nuestra vida hasta el momento, el concepto de felicidad o hasta cómo queremos vivir a partir de ese momento, entre otras. Así pues, el ikigai es también una técnica efectiva para afrontar situaciones de estrés postraumático en las que se nos ofrece la oportunidad de replantearnos nuestra vida y su significado.

Este término japonés se ha hecho bastante popular recientemente en Occidente gracias a una TED Talk de Dan Buettner.

Los habitantes de Okinawa utilizan Ikigai cuando quieren referirse a aquello que hace que la vida valga la pena, lo que nos hace desear despertar cada mañana, el motivo para vivir.

Okinawa es un lugar cuyos pobladores se cuentan entre los más longevos del planeta: viven más de cien años con buena salud y en plenitud.

¿Tiene sentido tu vida? ¿Qué haces para que lo tenga? 

Son preguntas muy fáciles de hacer pero, ponte frente a un espejo y contéstalas. No son fáciles de responder.

Motivación, vocación, pasión y significado de la vida, reunidos en el Ikigai, son factores importantísimos determinantes en la productividad de las personas, puesto que comprenden un estado creativo y activo que relaciona emociones.

Estar siempre ocupado, en movimiento, activo. en lo que te apasiona y te guste. 

Busca y encuentra tu Ikigai y vive plenamente tu felicidad.

Es mi consejo en este día tan desconcertante. Y quería perdérmelo.

Dice Rabbi Abraham Twerski que...

"Recuerda: no hay nada que puedas hacer para cambiar el pasado, pero sí puedes ocupar sus lecciones para mejorar tu futuro".

sábado, 22 de octubre de 2016

22.10.2016... Divagaciones de sábado por la tarde.

Así, acoplado en el sillón, tranquilo, repasando en pensamientos lo más y lo menos, lo que merece y no merece, lo que importa, lo que te crece y decrece.

El miércoles pisaba las calles de Guadalajara mientras la lluvia me buscaba; el jueves llegaba a los 27º por las sombras de Sevilla;  hoy saciaba mi respiración con el oxígeno de los campos de Minaya en un breve viaje que he terminado hace un rato.

¿Cansado? No puedo decir que no, pero contento. Reflexivo. 

Hay quién se dedica a incordiar y tratar de desvirtuar la vida de los demás con estrategias sin sentido, difusas y dignas de la más despiadada maldad. Nunca tuve necesidad de buscar o generar el mal a los demás, ni siquiera a los que pudieran merecerlo por sus actos u omisiones. Siempre he creído que no merece la pena. Por eso, tal vez, no he entendido jamás a aquellos que lo hacen.

Sé que no soy un tipo tranquilo. Los conflictos me persiguen sin querer. Soy ese tipo de personas a las que le es muy difícil no vivir en tensión. Si no es por una cosa es por otra; si no viene, parece que la busco.

No sabría vivir tranquilo y no me doy cuenta, o sí, que así voy muriendo despacio.

Y ¿qué hacer?

Nunca he contado que, realmente, soy una persona que no disfruta de la tensión, que sufre el doble que los demás con los problemas propios o ajenos. Siempre he sabido que mi vida es un constante problema y, además, sé exactamente cuando comenzó.



Tal vez por eso me busque en mis momentos de silencio, en mis encuentros espirituales cada vez más budistas o en esa necesidad de oxígeno o sonrisas puras que consiguen hacerme desconectar.

Estos días de trabajo en Sevilla he descubierto lo distintas que pueden llegar a ser las ciudades cada vez que las pisamos. Sus calles, sus adoquines, sus paredes y rincones nos pueden sorprender de nuevo, aunque las hayamos visto otras muchas veces antes.

Todo puede ser tan nuevo como viejo.

Hoy, en Minaya, en una de esas visitas en el día junto a mi padre. El olor, la humedad de la tierra, las plantas, la comida junto a una copa de vino en ese increíble rincón que es el Restaurante el Cubillo de Pilar.  

Todos los años, todas las veces, todo tan diferente y nuevo dependiendo el momento en el que miras. 
"El poema es una organización de palabras que define instantes en el tiempo, creando una realidad estética, sensorial y sonora, una realidad que sólo existe en el poema." Pere Gimferrer
La poesía se encuentra en cada rincón, si lo deseamos. Pero cierto es que cada uno tiene los suyos. El mío, es aquel en el que el aire es tan puro que huele a vida: y siempre me apetece respirarlo, aunque sea un rato. 

Hay momentos en los que respiramos vida aunque otros traten de ahogarnos. Me quedo con esas sensaciones, con esos instantes. Me quedo con el Sevilla de esta semana, con la poesía al caminar;  y hoy, cómo no, con ese Minaya que, sin duda, provoca que, más allá de las calorías, no olvide nunca de dónde vengo que, al final, es a dónde voy.

El hombre se construye esculpiendo su propia piedra.

jueves, 20 de octubre de 2016

Dudar no es algo negativo, nos lleva a tomar decisiones mucho más acertadas. Las prisas traen consigo errores.

miércoles, 19 de octubre de 2016

19.10.2016... Escritura en vena...

Escribía esta mañana que resulta que estos días salgo a la calle de noche, con una sensación oscura pero, tardando más o menos, siempre vuelve La Luz. La Luz es lo único que no se pierde nunca. La luz nos llena de energía y nos enciende.

La luz siempre está. En el momento que perdemos la luz habremos muerto.

Ha sido un día de lluvia, de esos de los que no gusto.

No me gustan los días de paraguas y me cuesta hasta escribir, aunque es escribir lo que me mantiene alerta y en constante movimiento.

La necesidad de desahogo, la necesidad de buscar esas palabras que den forma a tus pensamientos. No he tratado nunca, ni pretendo, ser un Francisco Umbral ni un García Márquez. Ni mucho menos. Sólo pretendo dejar escrito lo que pienso hoy para que mañana, ese alguien, tenga en su recuerdo el que fue: hijo, padre, hermano, abuelo.


Qué mejor que la escritura para guardar en el cajón todos nuestros momentos, nuestros pesares, nuestras miserias, nuestros miedos y pensamientos del ahora que, vaya usted a saber, los que serán mañana.

Escribir es una manera de sacar de dentro lo que te molesta; de emocionarte o desahogarte sin piedad.

Dejar un mensaje en tus escritos; dejar una señal, un paso.

Tener la necesidad de expresar y escribir se convierte en una especie de adicción.

Estos días he querido dejar descansar mis letras. Si hubiera escrito lo que sentía, sin ninguna duda que me hubiese equivocada y, posiblemente, arrepentido a la larga. No todo se puede escribir o no todo se debe escribir en ciertos momentos. No es bueno dejarte llevar por la ira, por la rabia, por el enfado.

En mi mente pulula un texto que titularé 'Los Tontos del Culo'. En los últimos días me he dado cuenta de la gran cantidad de clases o tipos de 'tontos del culo' que existen. Merece echar unas líneas sobre ellos o, tal vez, sobre nosotros. Yo creo ser uno de esos tipos de 'tontos del culo'. Los hay buenos y los hay malos. Está el tonto del culo hábil y el tonto del culo que roza la subnormalidad.

La vida se va haciendo a base de palabras y la palabra escrita es uno de las mejores armas que existen. Siempre se tiene, siempre está afilada.

Acompaño estás breves reflexiones de hoy con una foto que me ha enviado un amigo de Minaya, LuisMi. Me ha parecido fantástica, hermosa; poética y evocativa. Se escribe desde el corazón. Se escribe como necesidad vital. Se escribe porque sí.

A veces uno no sabe ni lo que escribe ni por qué lo escribe. Pero sigue escribiendo.

Por cierto que la casualidad ha hecho que hoy, en Guadalajara, haya comido en un Restaurante fantástico, con un servicio atento e ideal y unos platos de una calidad excepcional: 'Los Faroles de Minaya'. Cómo echo de menos unos momentos por mis campos.


Dice un proverbio griego que...

"El comienzo es la mitad de todas las cosas."

martes, 18 de octubre de 2016

Vivimos envueltos en la palabrería más absurda y ajenos a hechos, acción y realidades. Actuemos más, hablemos menos.

domingo, 16 de octubre de 2016

16.10.2016... De más premios!

Después de unas semanas peculiares y circunstancialmente particulares, hemos vuelto, gracias al GADU, a la normalidad. Normalidad lenta, normalidad vigilada, pero al menos fuera de esos lugares en los que el estar ya produce, por el mero hecho, malestar. Lo importante, lo más importante, es que dentro de una evolución lenta, todo va correctamente.

Y hemos vuelto, como decía, a iniciar el domingo y terminar la semana con esos kilómetros por los caminos getafenses, bajo el misticismo del Cerro de los Ángeles, que más que deseados se habían convertido en una necesidad no sólo para la mente, no sólo para el cuerpo sino también, diré, para el alma.

Nuestros casi 16 kilómetros de hoy han servido para ponernos al día pero, sobre todo, para conversar sobre la fragilidad del Ser, sobre la vulnerabilidad de las personas, sobre esos momentos de la vida en los que comienzan a fallar los motores. 

Correr a un ritmo lento, conversando, inspirando un aire más o menos puro, sintiendo la carga de los músculos pero siendo capaces de respirar vida en cada zancada, es una de esas sensaciones de las que no quisiera apartarme nunca. De nosotros depende, del cómo nos cuidemos, llegar a los años con posibilidades de hacerlo.



Tras la concesión del Premio Nobel de Literatura, en días pasados, y sobre el que escribí por aquí una opinión humilde, no compartida por todos pero sí desde un punto de vista de amante de la literatura y la música (por cierto que invito a leer hoy el artículo que publica mi admirado Sánchez Dragó en El Mundo y que titula 'Escupitajo a la literatura': "Los carcamales de la Academia sueca han incurrido en un grave insulto a la literatura y en una no menos grave falta de respeto hacia quienes de verdad, con mejor o peor fortuna, la ejercen. No es la primera vez que el jurado del Nobel hace lo que aquí denuncio, pero nunca habían llegado tan lejos." Tan mal encaminado no voy) ayer noche se concedió el Premio Planeta

El Premio Planeta es el premio literario más prestigioso en España, y de los más prestigiosos del mundo, entre otras cosas por la cuantía económica. Como no puede ser de otro modo, un premio que se fundamenta en lo económico, ha de ser comercial y así, en la mayoría de las veces, casualmente, se otorga o concede a un escritor de renombre comercial que, sin lugar a dudas, provocará ventas importantes de la obra. En este caso se ha concedido a la escritora, fántástica por cierto, comercial sin duda, Dolores Redondo por la novela 'Todo esto te daré'

La autora de la 'Trilogía del Baztán' consigue el galardón literario con una novela que está ambientada en Galicia: un supuesto accidente de tráfico lleva a un celebrado escritor a descubrir por casualidad la doble vida de Álvaro Muñiz de Dávila. Y con la pesquisa, que comparte con un guardia civil retirado y un cura amigo del fallecido, afloran los más oscuros secretos de una familia de rancio abolengo.

Ya sabemos que, sin duda alguna, venderá muchos libros como lo ha hecho de sus obras anteriores (novelas realmente buenas, y no soy dado a recomendar novelas) y así hará recuperar a la empresa, Planeta, el premio otorgado. Por eso yo, normalmente, me suelo fijar más en el Finalista que, en este caso, ha recaído en el autor madrileño Marcos Chicot  con la novela 'El asesinato de Sócrates', presentada a concurso, junto a otros 550 originales y el manuscrito ganador de Redondo, como El nacimiento, firmada por un tal Óscar García (seudónimo).

Hace cuatro octubres, Marcos Chicot quedaba entre los diez finalistas del premio Planeta con «El asesinato de Pitágoras»; no conseguiría el galardón, pero él mismo sabía que su novela tenía tan fuerte potencial que sus esfuerzos por divulgarla, aunque en «e-book», obtuvieron pocos meses después un resultado fabuloso. Este madrileño nacido en 1971 conseguiría ser el autor en español más vendido del mundo durante 2013-2016. La obra, con la que el lector podía viajar a la antigua Grecia para conocer cómo en el entorno del filósofo y matemático sucedían una serie de crímenes que un par de investigadores debían afrontar peligrosamente, tenía además una historia familiar detrás realmente emocionante.

Hay que mencionar la vida privada de Chicot, un licenciado en Psicología Clínica, Psicología Laboral y Económicas que está casado y tiene dos hijos. Un detalle este último que aquí tiene una trascendencia absoluta: su hija Lucía (2009) tiene síndrome de Down. Para protegerla de cara al futuro, cuando él ya no estuviera, lo dejó todo para consagrarse a la literatura, convencido de que no sólo debía escribir la mejor novela posible, sino que ello sería «un proyecto de vida», según sus propias palabras. Y a fe que lo logró, pues tuvo tal éxito en internet que le lloverían las ofertas para que apareciera en formato tradicional.

Qué quereis que os diga, me quedo más con esta historia de motivación y superación personal, de un padre que se lanza a escribir, a publicarse y llegar, con fe a conseguir su objetivo final: que le lea el mayor número de personas y poder dedicar su vida a la escritura.

Así termino la tarde, el día, hasta su anochecer. En este ambiente literario. Escribiendo estas líneas, estudiando, leyendo filosofía en la terraza mientras el cielo entre nubes despide la semana. Pocos placeres tenemos en nuestra mano que, sin coste alguno, nos aporten un estado tal de bienestar. Las fechas no nos darán muchos momentos más así.

En una tarde como esta, seguro que otros encuentran el suyo, su momento, y otros discutirán el mío, cómo no; la diferencia está en que yo no discuto el del resto, simplemente deseo que me dejen en la paz del mío.

Disfruten su noche.
Espiritualidad es conseguir conocerte para poder cambiar aquello que no te guste.

sábado, 15 de octubre de 2016

Dice Thomas Merton que...

"En un koan zen, alguien dijo que un hombre iluminado no es alguien que busca o encuentra a Buda, sino, simplemente, un hombre normal y corriente que ha hecho cuanto tenía que hacer.
Detenerse no significa haber llegado. Detenerse es quedarse a un millón de millas de la meta y no hacer nada, dejar dicha meta a una distancia tan enorme como el universo entero.
En cuanto al llegar, cuando llegas, has fracasado. Sin embargo, ¡cuán cerca está la solución!. ¡Qué sencillo sería no tener nada más que hacer...con tal de que uno no tuviera nada más que hacer!
El hombre inmaduro no puede conseguirlo, haga lo que haga. Pero el fruto maduro cae del árbol sin siquiera pensar en ello. ¿Por qué? Porque el hombre que ha llegado a la madurez, descubre que nunca hubo nada que hacer, desde el comienzo mismo."

viernes, 14 de octubre de 2016

14.10.2016... ¿Preparado para morir?

A vueltas andamos con esa división de opiniones sobre la concesión del Premio Nobel de Literatura al compositor y cantante Bob Dylan. Humilde opinión de un ciudadano de a pie, interesado en el arte, la literatura y la música: no me parece justo. Bob Dylan se dedica a la música, aunque sus canciones, las letras de sus canciones, puedan estar llenas de poesía. No sé si Philip Roth o nuestro Javier Marías tocan la trompeta o el piano: pero sus libros están llenos de potente literatura. El nobel de literatura debería ser un reconocimiento a una carrera literaria consolidada en páginas y páginas de buena literatura. No he entendido muy bien este giro al populismo cultural. 

¿Es que no hay poetas, novelistas, ensayistas... mejores o merecedores de tal consideración? ¿Se han terminado los escritores para el nobel?

Imagino que el Premio Nobel de Química puede recaer, como dicen por ahí, por ejemplo, en Juan Luis Guerra que, además de gustarme su música, cantó aquello de "me gusta la bilirrubina... tarirorí".

En fin, ya puestos, mucho más merecido, poeta reconocido: el gran Leonard Cohen.

"Estoy preparado para morir. Espero que no sea demasiado incómodo." Estas palabras son de Leonard Cohen y las leí ayer en la prensa a cuento de una entrevista ofrecida a 'The New Yorker'. Cohen tiene 82 años. Al leer estas palabras me he quedado gratamente estremecido. Y digo lo de gratamente porque me parece extraordinario que alguien, cuando es consciente que por su estado físico o edad esté preparado para morir.



Cohen es un gran músico, compositor y, también, un gran poeta además de novelista.

A mediados de los 90 se recluyó voluntariamente en el Mount Baldy Zen Center, un monasterio budista en el que se encerró durante dos años para contribuir a sí mismo con el arte de la meditación. Jinkan, lo llamaban, quiere decir silencio.

Durante los últimos años no ha dejado de dar concierto y de producir música y poesía. Su último trabajo, 'You want it Darker' lo esperamos para finales de este mes.

Es como si durante esta última etapa de su vida fuera consciente de su muerte y no dejara ni un segundo al ocio o al silencio con los que sí compartía su tiempo en otras épocas.

"Es difícil de describir. A medida que me acerco al final de mi vida, tengo aún menos y menos interés en examinar lo que han llegado a ser las evaluaciones u opiniones muy superficiales acerca de la importancia de la vida o el trabajo de uno."

Enfrentarse a la muerte, ser capaz de mirarla cara a cara, digno y no humillado. Un gran reto, un gran objetivo para todos.

No sé por qué pero, repasando mis cuadernos, suele ser en estas épocas del año, climatológicamente grises aunque mentalmente fuertes y creativas, cuando más reflexiono y medito sobre la muerte, sobre el envejecer. 

Tal vez también se haya unido esa cuestión familiar que te va indicando las etapas de la vida de cada uno. Que te avisa para que no te despistes. Que te dice que vivas lo que puedas porque los años te van quitando eso, vida.

Casualmente leía ayer, también, parece que todo se envuelve en ciertos temas, unos versos fantásticos de la poeta argentina Silvina Ocampo. El poema lleva por título eso, "Envejecer", y se escriben así:

Envejecer también es cruzar un mar de humillaciones cada día;
es mirar a la víctima de lejos, con una perspectiva
que en lugar de disminuir los detalles los agranda.
Envejecer es no poder olvidar lo que se olvida.
Envejecer transforma a una víctima en victimario.

Siempre pensé que las edades son todas crueles,
y que se compensan o tendrían que compensarse
las unas con las otras. ¿De qué me sirvió pensar de este modo?
Espero una revelación. ¿Por qué será que un árbol
embellece envejeciendo? Y un hombre espera redimirse
sólo con los despojos de la juventud.

Nunca pensé que envejecer fuera el más arduo de los ejercicios,
una suerte de acrobacia que es un peligro para el corazón.
Todo disfraz repugna al que lo lleva. La vejez
es un disfraz con aditamentos inútiles.
Si los viejos parecen disfrazados, los niños también.
Esas edades carecen de naturalidad. Nadie acepta
ser viejo porque nadie sabe serlo,
como un árbol o como una piedra preciosa.

Soñaba con ser vieja para tener tiempo para muchas cosas.
No quería ser joven, porque perdía el tiempo en amar solamente.
Ahora pierdo más tiempo que nunca en amar,
porque todo lo que hago lo hago doblemente.
El tiempo transcurrido nos arrincona; nos parece
que lo que quedó atrás tiene más realidad
para reducir el presente a un interesante precipicio.

Hermosos versos, emocionantes, bellos y ciertos.

Fomentar la Lectura...

El mejor corto del mundo para fomentar la lectura...

El análisis de las situaciones es fundamental a la hora de tomar decisiones. Una decisión mal tomada puede suponer un error absurdo y un error absurdo un fracaso evitable.

miércoles, 12 de octubre de 2016

12.10.2016... Hispanidad, Fraternidad.

Parece que el otoño madrileño ha decidido llegar de repente, sorprendiéndonos con unas lluvias necesarias aunque empalagosas y frías.

Estos cambios de temperatura nos cambian el paso; el cielo se entristece y parece que la mente se nos nubla y apelmaza. Diría que me cuesta pensar.

Y así, casi bajo la lluvia, con ese sol escondido, hemos celebrado el Día de la Hispanidad, el día del sentimiento de ser patria, del orgullo de ser español.



El día 12 de octubre de 1492 la expedición capitaneada por Cristóbal Colón llegaba a la isla Guananí, en el archipiélago de las Bahamas. Sin que ellos los supieran, estaban estableciendo el primer contacto entre los continentes europeo y americano. La idea de hacer coincidir la Fiesta Nacional de España con esta fecha fue del escritor Ramiro de Maetzu, que en un artículo llamado "La Hispanidad", afirmaba: "El 12 de octubre, mal titulado el Día de la Raza, deberá ser en lo sucesivo el Día de la Hispanidad". 

La primera vez que se celebró el Día de la Hispanidad fue en 1935, aunque legalmente la fiesta no fue regulada hasta 1958, momento en el que el país se encontraba bajo la dictadura militar de Franco. Actualmente, la celebración viene contemplada por la ley 18/1987, que omite el término "Día de la Hispanidad", y solo se refiere a "Fiesta Nacional"

Según expresa el Boletín Oficial del Estado, "la fecha elegida, el 12 de octubre, simboliza la efeméride histórica en la que España, a punto de concluir un proceso de construcción del Estado a partir de nuestra pluralidad cultural y política, y la integración de los Reinos de España en una misma monarquía, inicia un período de proyección lingüística y cultural más allá de los límites europeos".

Es curioso como, en este país nuestro, al que muchos reniegan, otros muchos que vienen de fuera sienten con inmensa gratitud esta tierra nuestra como suya, esta España nuestra como suya: porque lo es.

Posiblemente no haya un solo país en el mundo al que muchos de sus ciudadanos nacidos, renieguen su bandera, de su patria, del orgullo de ser.

Siempre me he creído un ciudadano universal, pero siempre he llevado con orgullo el ser español, el ser de España, el mostrar mi bandera como símbolo de la unidad y valores que nos unen a todos los que habitamos por aquí.

Hoy leía, en un blog que sigo habitualmente, lo siguiente:

"Hoy Día especial... tanto en la historia de España como en mi historia personal. El día como hoy, hace cuatro años, el avión Kiev–Madrid me llevó a las tierras ibéricas para comenzar mi experiencia que el destino quiso convertir en un viaje iniciático. Curiosamente, el día de hoy también coincide con una fecha aún más importante y mística... con unos veinte años desde el momento cuando mi vida dió un giro inesperado para una niña ucraniana de trece años, un giro que me hizo coger el camino que finalmente me llevó aquí donde estoy. (...)
Hoy celebro en mi corazón mi propio Día de Hispanidad. Hoy celebro esos 20 años de mi relación con España y esos 4 años de mi nueva vida con el sabor a jamón. Ya es una relación duradera, y, aunque me enfado muchas veces con España como nos enfadamos con las personas muy queridas, y a pesar de esos momentos y rachas cuando me siento a punto de rendirme, sé que aquí estoy y aquí estaré... (...)" (Continuar leyendo AQUÍ)

Un hermoso ejemplo, un poético texto, lleno de sentimiento, escrito por una de esas personas que, pese a las trabas burocráticas existentes, viven, aman, aportan y sienten nuestro país mucho más que algunos otros nacidos aquí.

España es un país abierto, libre, solidario, acogedor; pero los españoles somos seres prejuiciosos, desconfiados, a veces agarrados a planteamientos absurdos e incluso ofensivos.

Etiquetamos a los demás por el lugar de procedencia. Nos dejamos llevar por ese defecto tan nuestro que es el prejuicio, sin dar la oportunidad de escuchar, sentir o, simplemente, ponernos en el lugar del otro. Ni todo es blanco ni todo es negro. Ni todos nosotros somos buenos ni todos malos. Simplemente somos seres humanos nacidos en un lugar u otro del mundo y, el mero hecho de hacerlo, nos marca nuestras vidas.

Estos días he aprendido una gran lección. Pensaba yo, listo de mi, que ya a mi edad nadie tendría que ponerme la cara colorada por hacer eso que tanto critico a los demás: prejuzgar. Así ha sido. He aprendido.

Ni todos los musulmanes que nos rodean son terroristas, ni todos los españoles que habitamos este hermoso y bello país somos ejemplo de virtud y coraje.

Todos tenemos un corazón que no se muestra más que a aquél que quiere tocarlo. Es en ese momento, en el que tocas a la persona y descubres que más allá de raza, religión, sexo o procedencia, somos todos iguales, con nuestras virtudes y defectos.

Solemos prejuzgar, pero no queremos que nadie nos prejuzgue.

Libertad, Igualdad y Fraternidad.

El análisis de las situaciones es fundamental a la hora de tomar decisiones. Una decisión mal tomada puede suponer un error absurdo y un error absurdo un fracaso evitable.

lunes, 10 de octubre de 2016

Qué triste que tengamos que llevarnos algún susto para darnos cuenta de lo importante que tenemos y lo poco que cuidamos. Que el tiempo pasa y no somos dueños de él.

domingo, 9 de octubre de 2016

09.10.2016... Determinación pequeños Águilas!!!

Escribir o no escribir en este final de semana y domingo otoñal. Pensar o no pensar, sentir o no sentir. 

En algunas de nuestras acciones ni siquiera somos nosotros los que decidimos; simplemente ocurren porque tienen que ocurrir.

Digamos, que esta semana ha sido extraña y como tal termina. 

Digamos, que lo extraño en nuestras vidas es todo aquello que no debería de ser pero es, aparece y desaparece, no controlamos y nos descoloca y perturba.

Digamos, que la vida va pasando y los años van acercándose a esas irremediables situaciones que nos indican o avisan que la vejez está ahí: de los nuestros, de nosotros mismos.

Tratamos de no pensarlo pero está ahí. Nos acecha, nos persigue. Nuestros padres van cargando años, van caminando más despacio, van encogiéndose, van haciéndose mayores llegando a esas edades en las que lo normal es comenzar a sufrir desajustes que te hacen pasar más a menudo por esos incómodos talleres.

Son, gracias al GADU, pequeños sustos; y que queden ahí. Pero son esos sustos los que te avisan de tu debilidad: no eres inmortal. No lo somos, no lo seremos, ni lo hemos sido nunca, ni con 20 ni con 80 años. La naturaleza nos marca que lo normal es que pasados los 45 vayamos restando. Así es la vida.

Escribir hoy o no escribir. Escribir siempre es una dosis de autosanación voluntaria, una lucha contra la melancolía o la tristeza. Escribir es un desahogo, un vómito de desechos. Escribir expulsa, también, aquello que no queremos.

He estado viendo esta tarde, tras la comida, una de esas películas que, en principio, parecen tontas. Cuando hemos terminado de verla, hemos comprendido que, además de ser una historia real, el mensaje que guarda es realmente motivador: determinación.

La película se titula 'Eddi el Águila'. Está dirigida por Dexter Fletcher (Amanece en Edimburgo, Wild Bill) y lo protagonizan Taron Egerton (Kingsman: Servicio secreto, Legend) y Hugh Jackman (Chappie, Pan (Viaje a Nunca Jamás)). El reparto lo completan los actores Christopher Walken (Jersey Boys), Tim McInnerny (El héroe de Berlín), Jo Hartley (La reina Victoria), Keith Allen (Treasure Island) y Jim Broadbent (Brooklyn).



En la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Invierno celebrados en Calgary (Canada) en 1988, Samaranch, entonces presidente del COI, decía ante los micrófonos: “En estos Juegos algunos atletas han ganado medallas de oro, otros han batido récords y uno incluso ha volado como un águila”. No pudo seguir. Miles de gargantas prorrumpieron en un grito unánime: “¡Eddie, Eddie!”. ¿A quién se referían?

Esa mención concreta era a un deportista y fue el epílogo de la historia de un hombre singular que un día soñó con ser olímpico pese a no dar el tipo ni de lejos.

Michael Edwards, nacido en 1963 en Cheltenham y más conocido como Eddie “The Eagle”, era un trabajador del yeso bajito, de más de 80 kilos, con miopía y las pertinentes gafas de culo de botella. Viendo la televisión quedó enamorado de los saltos de esquí y tomó una decisión: él también lo haría. Con tres pares de calcetines para ajustarse las botas de nieve y unos esquíes prestados dedicó un par de años a darse trompazos tirándose desde lo alto de autobuses de dos pisos desguazados.

Era el único británico practicando esta disciplina deportiva con tradición cero en las islas, Eddie consiguió que el Comité Olímpico de su país aceptase su participación en los Juegos de Calgary ’88. Primero compitió en el mundial del 87, donde fue último: su salto apenas un tercio de la distancia del ganador. Pero la extraña gesta despertó las simpatías de prensa y aficionados y así pudo contar con patrocinadores y medios con que seguir entrenando. Eso sí, igual que antes, carecía de las cualidades más elementales para cualquier práctica deportiva.

En las olimpiadas blancas de 1988 en Calgary, Eddy se convertía en el primer competidor de la historia en representar a Inglaterra en saltos de esquí. En vez de ejecutar el salto con la elegante y aerodinámica posición de un saltador nórdico, Eddie agitaba los brazos cuando iba en el aire para no perder el equilibrio y con ese aleteo se ganó el apodo de “el águila”.

La gente esperaba que se rompiera la crisma en un mal aterrizaje, pero no. Edwards salió incólume de los trampolines olímpicos –último como siempre– y universalmente famoso porque el público quedó prendado de su ridícula estampa, de sus marcas de alevín y de su desparpajo natural.

La película es una comedia bastante entretenida que cuenta la historia de este motivador personaje.

Determinación: valor, fortaleza para alcanzar una meta.

En palabras de Carol Dweck en su libro Mindset, “la determinación es la disposición para perseguir objetivos a muy largo plazo y hacerlo con pasión y perseverancia”. Mantenerse fiel a determinadas metas a lo largo del tiempo y poner todo el empeño posible en conseguirlas.

Me gusta mucho la definición que hace el siempre magnífico Paul Graham que explica que la determinación se da cuando hay la suma de 3 cualidades: intencionalidad, ambición y disciplina.

Todo en la vida se consigue a base de determinación.

Determinación es trabajar, luchar por lo que queremos sin miedo a perder. Disfrutar en ese impulso que nos lleva al sacrificio por conseguir aquello que deseamos.

Determinación para salir de un bache.

Determinación para conseguir un objetivo.

Determinación para acabar con un mal hábito.

Determinación para crear un buen hábito en nuestra vida.

Determinación para tomar una decisión.

Determinación para que la decisión que tomamos no nos obsesione.

Determinación para saber perder.

Determinación para soportar con deportividad un NO.

Determinación para superar una crisis existencial.

Determinación para creer en uno mismo.

Determinación es actitud.

Determinación para terminar este domingo con pensamientos realmente positivos e iniciar esta próxima semana que comienza con pasos firmes hacia nuestros objetivos.

¿Mejor manera de terminar la semana? Parece que no.

Determinación pequeños águilas.