Todo tiene y todos tenemos un límite en la vida. Normalmente ese límite personal viene marcado por la dignidad. Si la libertad de unos atenta contra la dignidad de otros, se rompe una regla básica: la del respeto. A partir de ahí la batalla es negativa para todos.
Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
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