martes, 31 de enero de 2017

31.01.2017... Siempre tiene que quedar un 'tonto el haba'.

He vuelto a recuperar mi necesaria caminata temprana. Esos kilómetros, mientras amanece Madrid, hasta el despacho. Esos kilómetros poéticos, de meditación silenciosa, de reflexión filosófica, de gratitud de vida. Vida es la que te convierte en Ser y Ser es lo que eres mientras caminas y vives. 

Esta mañana, en ese ejercicio que a veces escupe estupideces, escribí mi pensamiento, reflexión o soliloquio del día. Decía que uno de los grandes valores que debe defender una persona es la libertad de poder decir lo que quiera cuando quiera y donde quiera, siempre con el máximo respeto a la también libertad de los demás. Respetar las opiniones, respetar las personas. Respetar las ideas. Respetar, simplemente respetar.

Evidentemente, más allá de otras cuestiones, lo decía porque ayer recibí varios comentarios, insultos, en el blog como este que muestro en la imagen.

Comentarios que, evidentemente, no publicare jamás aunque defienda la libertad de expresión. Y no los publicaré, como sí he hecho otras veces, porque ¿para que? Qué sentido tiene dar importancia a algo que, de vez en cuando, aparece por aquí como por necesidad de desahogo de algún acomplejado. 

Todas las mujeres de este mundo son unas santas. Y digo todas. Pero si hay mujeres que lo son, todavía por encima de las demás, y que deberían ser beatificadas por ello, son las mujeres que han sido madres. Y la mía, como sin duda lo será la de tal energúmeno, lo es: una santa mujer.

Y qué culpa tendrá, por ejemplo, el maestro Emerson.

Quiere esto decir que para insultarme a mi hay mil términos para intentar herirme o descalificarme, y digo intentar, que no hacerlo con términos descalificativos, en este caso, a mi madre.

Que majaderos, escondidos en el anonimato, se dediquen a insultar a unos y a otros en las redes sociales, es fruto de esa libertad que defiendo y comparto, pero también, es fruto, de esa cobardía y falta de principios que nos acompaña en los últimos tiempos. 

A mi nunca me ha dado por insultar a la madre de nadie en ningún, ni por ningún, sitio. Pocas veces, alguna contada, reconozco haber perdido el control porque alguien me haya sacado de quicio. Es muy difícil hacerme perder el control. En ese momento, si he tenido que decir algo a alguien, lo he dicho a la cara. A la cara.

Los desahogos se deben tener en abierto, cara a cara, sin esconderse. La valentía es un grado más allá que una virtud. 

Hacia tiempo, de verdad, que no me insultaban. Uno que está tan tranquilito, a lo suyo, sin meterse con nadie ni dar opinión sobre nada.

Seguiré con mis versos pero, permítanme, no dejaré publicados ninguno de estos insultos en este blog. Eso sí, si alguien, con nombre y apellidos, decide insultarme libremente, a mi personalmente, claro que lo publicaré, faltaría más.

Libertad siempre.
Del orden al desorden va un paso, del desorden al caos un tropezón. Levantarse tras un tropiezo un gran éxito.

lunes, 30 de enero de 2017

30.01.2017... De días grises...

Hay gran diferencia en comenzar un día bien a comenzarlo mal. Esa gran diferencia, normalmente, suele ser mental, nada más o nada menos. Si no te importasen las cosas, los gestos, las responsabilidades, si no te importase nada, no pasaría nada, seguro. Simplemente te sería indiferente y caminarías sobre tus pensamientos, como si fueran ascuas. Pero no es así. Te importa lo que te rodea, te importan sus acciones, su educación, su ser y su estar. 


Son esos días de lluvia, de llovizna lenta, que te vistes pero sabes que no te gusta cómo vas vestido porque eres incapaz de combinar bien la camisa con el pantalón y la chaqueta.


Eso días que cojeas porque te duele el pie, no sabes bien por qué, o sí,  y se le ha añadido ese hombro que, vaya usted a saber por qué, en este caso, te duele a rabiar cuando tratas de mover el brazo. 

Y llegas tarde al tren porque el tráfico es terrible y cuando terminas en Atocha, coges el autobús porque llueve y no puedes darte esa caminata meditativa. 

Y entonces, el autobús se estropea en medio del trayecto y debes bajar y caminar o coger otro. 

Son días que comienzan negros y sabes que depende de ti el irlos cambiando porque la vida es solo eso, lo que ves y cómo lo ves. 

Y te das cuenta que estás enfadado con el mundo o crees que el mundo está contra ti. 

Necesitas sonrisas, pero tal vez para recibirlas antes deberías ofrecerlas.

Y vas haciéndote con él hasta que lo terminas. Y lo terminas consiguiendo alguna de esa sonrisas que lo merecen.

Las sonrisas, en esas personas que merecen tenerla siempre, son capaces de abrir los días en luz aunque amanezcan grises.

Es lo que tiene, es lo que son.

La vida siempre fluye líquida, como nos decía el maestro  Bauman. Podemos caminar sobre hielo, tratando que no se rompa en cada paso. Podemos intentar parar un rayo con una espada sabiendo que moriremos en el intento.

Podemos despertar con pensamientos grises y mirar el cielo encontrando un sol donde no lo hay... será nuestro.

Momentos...


Dice Osho que...

“Todo el mundo quiere la libertad cuando de hablar se trata, pero nadie realmente es libre y nadie realmente quiere ser libre, porque la libertad trae responsabilidad. La libertad no viene sola. Y ser dependiente es simple: la responsabilidad no recae sobre ti, la responsabilidad recae en la persona de la cual dependes.
Entonces las personas han creado un estilo de vida esquizofrénico. 
Ellos hablan de la verdad, hablan de la libertad, y viven en la mentira, viven en la esclavitud, esclavitudes de muchas clases, porque cada esclavitud te libera de alguna responsabilidad. Un hombre que realmente quiere ser libre, tiene que aceptar inmensas responsabilidades. Él no puede descargar sus responsabilidades en alguien más. Cualquier cosa que haga, cualquier cosa que él sea, de eso él es responsable”.

domingo, 29 de enero de 2017

29.01.2017... Transparencia: los huevos de La Bodega.

No sé, aquí, frente a esta página blanca, junto a mi cuaderno a rebosar de notas, ideas, tareas pendientes, reflexiones, versos en madurez, fotos y recortes de revistas y prensa... no sé si escribir o no escribir. 

¿Qué escribir y qué no escribir? 

Imagino siempre que si algún día, publicado o guardado por aquí, lo lee él con los años, se hará una imagen más o menos fiel de lo que era su padre. Tampoco es que estos cuadernos tengan mucha más finalidad. 

Cierto es que cada vez son más los lectores adeptos, seguidores, pero también, en lógica, los adversos. Es lo que tiene el escribir lo que uno piensa o siente. Pero tal vez, lo que uno guarda para sí, en su silencio, en su interior, pueda ser más, más o menos interesante o importante, o tal vez no, pero suyo es, que lo que por aquí se deja.

Digo que en ocasiones, uno no sabe si escribir o no escribir. Escribir lo que piensa o siente, escribir sus sueños, sus secretos, sus vivencias u optar, simple y llanamente, por no escribir nada.

Vivimos, los que tenemos el privilegio de andar enredados en mil y un proyectos, en ese estado permanente de aquello que tan de moda se ha puesto últimamente y que es la 'transparencia'

¿Ser transparente? Siempre ¿Ser transparente absolutamente? Depende.

No estoy de acuerdo del todo con esta teoría tan reciente (fecundada, sin duda, por la irresponsabilidad y mal comportamiento de algunos), de la transparencia en lo público, ni mucho menos en lo privado. No estoy del todo de acuerdo porque sé, soy consciente, que la transparencia absoluta en lo público es imposible. Siempre hay algo que no conviene que se sepa. Como siempre hay algo, o mucho, que en lo personal tampoco conviene que se sepa... es mejor que se adivine con el tiempo, en todo caso. 

La exigencia, sin duda, en ambos casos, público y privado, debe estar en la responsabilidad, en la ética, en los valores. No todo tiene por qué ser contado. 

Cada uno debe contar, decir, escribir, lo que desea que se sepa y lo que no pues no.

¿Qué es más interesante, lo que se conoce de primeras o lo que se descubre poco a poco? A  mi me encanta descubrir poco a poco, ir conociendo, sabiendo, por mi mismo y no que me lo den todo masticado.

¿Qué quiero como ciudadano? Que me gobiernen con responsabilidad e integridad, que vea invertidos mis impuestos en la mejora de la calidad de vida de mis vecinos, de los que me rodean y en la mía. 

Por eso, ahora, frente a estas páginas en las que voy soltando esos pensamientos que deseo y quiero, me digo siempre que aquello que cuento, es aquello que deseo compartir con el resto y con ese futuro que me lea.



Por ejemplo, esta mañana, en una especie de amanecer neblinoso, de humedad palpable, salimos a correr, C y yo, con menos ánimo del habitual. No solo que el día no resultaba agradable, sino que la pesadez de las piernas, desde el primer kilómetro, nos hacía repetir mentalmente, que o entrenamos más a menudo o tampoco puede ser nada bueno hacer lo que hacemos. Pero ahí estábamos, dispuestos, sacrificados y orgullosos.

Mientras corría o, mejor dicho, mal corría; mientras sufría a cada metro, entre nuestras conversaciones pseudofilosóficas sobre lo espiritual o esa vida que llevamos, puedo asegurar, y por ello lo escribo ahora, no dejaba de pensar en aquél plato de huevos con patatas y panceta, anterior al de carne a la plancha que siguió, y que nos metimos, entre pecho y espalda, el otro día los amigos.

Según salía del Cerro de Los Ángeles, subiendo el paso elevado que cruza la carretera de Andalucía, cuando mis piernas chillaban a cada zancada, me acordaba de los sabrosos huevos del Berna, que es quien regenta, junto a su familia, está entrañable taberna de Valdemoro que se llama Bar/Mesón La Bodega y que a mi, sinceramente, me encanta.

Y claro, tras una semana en la que las tensiones se acumulan, semana en la que los momentos poéticos se reducen a lo mínimo por falta de tiempo; semanas en las que lo deportivo parece que queda aparcado para 'cuando se pueda'; semanas en las que lo profesional obliga a comidas y cenas; semana en la que consigues, por fin, encontrar ese hueco para reunir a amigos que son socios y amigos que no lo son, simplemente Amigos, en uno de los lugares más entrañables que conozco de España, para entre cuestiones laborales, conversaciones varias, desahogos y risas, consigues pinchar una de esas yemas hasta hacerla chorrear sobre las patatas, es cuando sientes que tus ojos saltan en lágrimas sedientos de catar, nuevamente, ese vino que engrandece la mesa. 

Por lo tanto, es imposible que, luego, en un día como el de hoy, tras 16 kilómetros a la espalda, no estés pensando, nuevamente, en ese momento y en lo que te ha costado terminar enderezado el recorrido.

La verdad es que, y si lo escribo así es porque lo es, no me gusta recomendar lugares  que significan para mí, que me encantan y que guardo como esos rincones míos. No me gusta por puro egoísmo. Los siento muy míos. Pero por otro lado, y aquí el escribir o el no escribir, no sería educado por mi parte, no dejar reflejado en estas páginas lo entrañable y lo bueno que hay por ahí y que merece, sin duda, ser descubierto y, claro,  degustado. Eso sí, una recomendación, evitar hacer deporte en días posteriores: Bar La Bodega, San Nicasio Fraile 9 (Valdemoro).


Así, con estas líneas breves pero mías, termino este domingo algo más cansado, físicamente, de lo habitual pero, por qué no decir, contento.

Y a por otra semana.
Cuando hacemos lo que hacemos porque nos gusta, nada ni nadie podrá hacernos cambiar de opinión. ‬Aparecerán esos diablillos tóxicos alrededor que tratarán de desanimar; la ilusión vence cada día.

sábado, 28 de enero de 2017

28.01.2017... Reflexiones de sábado en Taburete...

La verdad es que en sábados así, en los que uno desea tanto no hacer nada, dejarse llevar por lecturas ajenas, más filosóficas y llenas de sentido que esas otras que te arrojan a la tensión del día a día; dejarte balancear por la música, esa que descubres y redescubres, una y otra vez, esa que dependiendo del momento te inspira más o menos convirtiéndose en la banda sonora de tu vida... Y te enredas en todo y en nada como ocupando tu tiempo sin ocuparlo, simplemente llenándolo de lo que te apetece, esa lentitud tan deseada.

Están siendo los días como una especie de enjambres en los que no sabes muy bien si lo que haces es producir miel, con el polen que vas recogiendo de allí o aquí o, por otro lado, el esfuerzo no es más que para acumular tensiones innecesarias.



Por eso es inevitable que en momentos de tranquilidad pienses y repienses las cosas una y otra vez, reflexiones, buscando los posibles errores, los posibles cambios de planteamiento o de dirección.

Las cosas no salen así como así. Lo fundamental es tener claro los resultados que queremos obtener y a dónde queremos ir.

El éxito, en cualquier proyecto, sea el que sea, en el sector que sea o en la propia vida, no es algo que se piense y que por arte de magia se llegue o consiga.

A un éxito, un objetivo, un resultado, sólo se llega con acción.

En cualquier proyecto que queramos emprender, sea el momento que sea, lo primero que debemos tener muy claro es los resultados que queremos obtener. Saber el para qué Si no sabemos el para qué ni lo que esperamos obtener... ¿para qué o por qué empezar? Nunca se consigue nada que no sabemos ni siquiera lo que es.

A partir de ahí, podríamos decir que lo que tenemos que hacer es lanzarnos a la acción con todas las fuerzas y consecuencias. Sabemos lo que queremos obtener pues vamos a provocar que suceda con todas las fuerzas.

Conocer si vamos en la dirección adecuada. Parar de vez en cuando y comprobar si caminamos hacia donde queremos y no erramos ni en el paso ni en la dirección; tener la capacidad y flexibilidad suficiente como para ser capaces de cambiar el paso, probar cosas nuevas que produzcan el resultado deseado.

Todo puede parecer muy fácil, pero no lo es.

Curiosamente soy de esas personas que tengo la enorme suerte de estar reflexionando, aconsejando sobre el cómo y, a la vez, embarcado en proyectos en los que aplicar estos consejos o herramientas de coaching, liderazgo o éxito. Nada es fácil ni nadie dijo que lo fuera.

No perder la pasión e ilusión es tan esencial e importante como no equivocarnos en la dirección.

Hay algo para lo que no hay edad, para lanzarte a la acción. Pero uno no puede lanzarse a la acción como el que se lanza a una piscina vacía. Hemos de lanzarnos teniendo muy claro a dónde vamos o que resultados queremos conseguir.

Si crees en algo, a por ello.

En estos días he descubierto a una banda, pandilla, de esos que no había querido prestar atención por dos motivos: por la familia de uno de los componentes y por pensar que era otro de esos grupos pijos, de pijos y para pijos del momento.

Pero no, no están nada mal estos de Taburete...

Así que os dejo con un acústico...



Dice Jean de la Fontaine que...

A menudo encontramos nuestro destino por los caminos que tomamos para evitarlo. 

viernes, 27 de enero de 2017

Si queremos tener claridad para decidir nunca decidiríamos nada. La claridad no existe y las buenas decisiones se toman en la más absoluta oscuridad.

jueves, 26 de enero de 2017

Dice Jeffrey Hopkins que...

"El verdadero conocimiento de sí mismo implica sacar a la luz las percepciones erróneas que tenemos de nosotros mismos y hacerles frente."

miércoles, 25 de enero de 2017

25.01.2017... La Barbará del Rey

Anda uno en estos días en una especie de locura. No hay más horas, sí demasiadas cosas que hacer. Todo se acumula y uno va dejando para el final lo que más le importa y enriquece. Escribir, meditar, el deporte, la lectura... quedan en el aparcamiento para momentos más tranquilos.

Pero tengo mi minuto y con el boli bien agarrado, me dejo llevar en estas páginas.

En estos días uno va anotando ideas, reflexiones, de esas que le vienen a la cabeza mientras va de un lado a otro, envuelto en esa especie de locura urbana que nos lleva hacia dentro como corriente marítima que no se ve desde la superficie y sólo se siente cuando uno penetra en el agua.

Leemos estos días algo que todo el mundo intuía pero nadie sabía como cierto. O todo el mundo sabía, pero nadie escribía o decía. Barbara Rey, nuestra Barbara Rey de toda la vida, esa que cuando éramos jovencitos se convertía en musa de pensamientos, tenía un idilio con el entonces Rey de España, a costa de todos los españoles. Quiere esto decir, en pocas palabras,  que mientras la señora reina de España esperaba en casa, atendida por la corte, los plebeyos pagábamos las aventuras borbónicas, amatorias, entre sábana y sábana. 


No es nuevo. Parecía un secreto a voces. Ahora ya espero con impaciencia que en Sálvame de Luxe se realice un programa especial sobre la Real-eza, con todas esas que todavía no han contado sus secretos e intimidades de cama real. ¿No creerán ustedes que Bárbara del Rey sería la única? Ella misma sabe que no era así. Casada con un domador de leones, el fallecido Ángel Cristo, supimos de su elixir domador de hombres. No sé por qué, me da a mi, que son muchos los años desde entonces, y muchas las cortesanas bien instruidas en ese arte amatorio, que hicieron, o hacen, las delicias de nuestro rey a costa de nuestros impuestos.

Por cierto, repito, que me importa muy poco. Por cierto, repito, que mi sentido más republicano que monárquico, mas masón libertario que liberal de pacotilla, no mediatizan mi opinión. Lo que me importa, sencillamente, es que los presupuestos del estado hayan servido para pagar moteles, chalets, silencios, vigilancias, extravagancias, viajecitos, de alguien que se 'calienta' por su condición. No critico el hecho, critico el efecto.

Es curioso como aquí, en este país nuestro, nos rayamos las vestiduras y echamos las manos a la cabeza porque un empresario 'machista' llega a la presidencia del mundo, los Estados Unidos de América, pero mantenemos o miramos para otro lado cuando el Rey, su majestad, elegido por la gracia divina, campea a sus anchas utilizando a la mujer como objeto puramente sexual y matando animales indefensos e inocentes por ahí. 

Parece, leo, que esta señora recibía a don Juan sin bragas. La verdad es que me trae al pairo tal recibimiento, de disfrute único para el protagonista, lo que sí me importa es que aquel que babeaba ante la pieza, puesta para ser 'cazada' sin fallo, fuera el rey de España entonces y ahora emérito Rey ahora.

Me imagino a este Rey, Juancar, saliendo a hurtadillas de palacio, excitado en pensamiento por el encuentro, mientras los súbditos y plebeyos de España pasaban las calamidades de la transición o de la crisis vivida en los últimos tiempos. 

Ya pienso mal (... y acertarás, Moreno) con tiempo. Habrá que esperar los idilios de don Felipe, nuevo monarca, que habremos de pagar también todos; lo que no tengo tan claro es si la nueva reina, plebeya hasta hace poco tiempo, de estilo más estilizado y estirado, aguantara lo que aguantó esa gran señora que es y fue Doña Sofía. 

Y leo también las últimas declaraciones, haciendo divertido repaso a la prensa, que por aquí tenemos ahora a un Aznar (fantástico presidente del gobierno de España hasta que se creyó rey y señor) atusado, con abdominales enjuagados en brillantina marbellí, consejero en varias empresas e ideólogo de esa derecha casposa, que todavía busca referentes en España. Era aquél, el mismo, de los pies en la mesa junto a Bush, que participó en una guerra injusta, porque le apeteció, sin preguntar a nadie de los que formábamos parte de ese proyecto de partido. 

Ahora va por ahí dando clases de no sé qué, sin reconocer que el fue parte de la historia de este país, que es historia, cuando hablaba catalán en las cenas familiares y ranchero tras sus puros con el presidente Bush. 

Pero aquí, desde aquí, en esta España nuestra, falta de valores humanistas, solidaridades y sobrada de envidias, individualismos y prepotencias, seguimos criticando lo de fuera sin mirarnos dentro.

Creo que, ciertamente, verdaderamente, este momento de escritura, ha sido una especie de terapia y desahogo vital en medio de esta rocambolesca semana.

Mis Momentos... Almería 2.


Hay cosas que se pueden o no se pueden hacer. Normalmente aquello que nos proponemos puede ser si no perdemos la pasión, la ilusión y la fiscalización mental para ello.

martes, 24 de enero de 2017

Dice Elie Wiesel que...

Siempre tenemos que tomar partido. La neutralidad ayuda al opresor, nunca a la víctima. El silencio alienta al torturador, nunca al atormentado" 

lunes, 23 de enero de 2017

domingo, 22 de enero de 2017

22.01.2017... ¿Qué riqueza?

Pues parece que llegamos al final del domingo y de esta semana con esa sensación de haber recuperado el aliento, aunque tampoco haya sido mucho el tiempo que hemos tenido para ello. Pero lo hemos conseguido.

Hacía mucho tiempo, desde el año pasado, no salíamos a correr C y yo por esos campos de Getafe. Con un frío importante, pero con ese deseo de volver a nuestro momento, hemos sucumbido al abrazo de nuestro Cerro de los Ángeles y esos caminos que van guardando nuestras conversaciones como tesoros de palabras y emociones. 16 km que han sabido a poco. Tranquilos, en esa conversación que nos ha puesto al día a uno y otro, mientras nuestra mente y corazón buscaban la cadencia, y el ritmo adecuado, para provocar el esfuerzo justo como para no dejar de hablar entre zancada y zancada. Así, la carrera, se convierte en algo más que un simple esfuerzo físico: es meditación, es limpieza espiritual y emocional.



Nuestra conversación ha ido girando en torno a esas acciones humanas que no dejan de sorprender a unos y otros. Acciones que muchas veces carecen de significado pero que ocurren, nos ocurren. Es curioso cómo siempre culpamos a la mente de las malas acciones. Tratamos de salvar al hombre, ese ser capaz de lo peor dependiendo de qué circunstancias.

Cuando alguien comete una tropelía, decimos eso de "se le fue la cabeza". Pero cuando alguien hace el bien mediante acciones no habituales, no decimos que "se le ha ido la cabeza", simplemente pensamos que hace lo correcto, aunque su acción no sea copiada por la mayoría.

Así, entre zancada y zancada, vamos desgranando, dialogando, filosofando sobre todo aquello que nos preocupa, altera o enriquece.

Comentando nuestra ajetreada vida, nuestra actividad cada día más cargada de responsabilidades que no cesan, que acumulan problemas, que quitan horas y momentos poéticos, nos hemos preguntado si realmente vale la pena la forma de vida que llevamos

¿Nos habremos equivocado de vida? ¿Hemos cogido la dirección adecuada?

Como dice una persona, de esas pocas que me importan lo suficiente como para hacer caso de sus sabias palabras, ¿es fácil hacerse esa pregunta cuando se vive en una especie de comodidad? ¿Qué es un problema? ¿Qué es afrontar más o menos responsabilidad para alguien que vive en un mundo en el que no le falta de nada?

Pero, ¿cómo es posible que teniendo de todo, no nos sintamos plenamente realizados o felices?

En los últimos tiempos, día sí, día no, aparecen noticias en prensa de personas aparentemente normales, como nosotros, de esas que viven en el privilegio del todo, que abandonan y se van en una búsqueda espiritual, más allá de lo material, simplemente por el hecho de no sentirse plenamente satisfechas con su vida. Les falta algo, dicen.


Hay miles de ejemplos más, la mayoría anónimos, de personas que teniendo una vida cómoda, llena de los máximos privilegios, los apartan, como el Buda, para vivir en una especie de pobreza material pero riqueza espiritual.

¿Qué es tener riqueza? ¿Dinero, coches, títulos, tarjetas de crédito, casas? ¿Cuál es la verdad de la riqueza? ¿No será ese más allá espiritual que casi todos anhelamos y buscamos de una u otra manera?

Es cierto, también, como me comentaba hace poco, ¿quién desde la máxima pobreza, desde la adversidad continuada o desde esa falta de lo esencial, encuentra esa felicidad que parece los occidentales buscamos en lo oriental? A veces parece que nos encaprichamos de filosofías espirituales simplemente porque queremos esconder esas carencias que nos acompañan y que, en ocasiones, poco tienen que ver con lo material.

La pobreza no tiene que ver con lo material, es un estado mental. Muchos pobres son más felices que esos otros ricos o aquellos que vivimos una vida más o menos privilegiada.

Decía Mike Todd que
“Nunca he sido pobre, solo he estado sin dinero. Ser pobre es un estado mental mientras que no tener dinero es un estado temporal”. 

El alma humana no tiene color, y tampoco ideas.

Me quedo con el alma de las personas. Es la máxima riqueza de espíritu. Y es mi reflexión esta noche.


Vamos a por la semana.

Dice Shantideva que...

"No hay peor maldad que el odio
ni mejor virtud que la paciencia.
Por lo tanto, debo esforzarme en lo posible
por familiarizarme con la práctica de la paciencia."

sábado, 21 de enero de 2017

21.01.2017... Del tiempo a Levy...

Pasan los días sin darme cuenta. Es como si el frío que ha llegado con fuerza a Madrid y toda nuestra España, congelase las jornadas de tal manera que cuando te acercas a estos cuadernos y lees, por ejemplo, lo que escribías el domingo, desde Almería, parece mentira que casi estemos prácticamente terminando la semana.

Y no me doy cuenta de ello. En parte es lo triste, como también lo es que uno debería estar descargando responsabilidades en estas edades a las que llega y, en cambio, cada día meta en la mochila más proyectos, más responsabilidades, más poemas y canciones, caminos y tropezones, que hacen que cada día vaya pesando más.

Pero así va uno luciendo sus días. Con esa rapidez que te dice que el tiempo es lo más valioso e importante que posees. Y es ahora, en este instante, sentado, mientras Ólafur Arnalds tintinea, melódico, lento, en mis oídos ajenos al resto y valoras todos esos momentos que se van veloces, esos instantes de poesía, de escritura, de registrar en tu cuaderno lo que te provoca el día y ronronear en la noche frases por aquí, para que queden en ese tiempo que va fluyendo, líquido.



Asumir responsabilidades, apostar, arriesgar, es volcarte en el compromiso que implican los proyectos. No lo puedes evitar, no he sabido nunca hacerlo de otra forma. O se está o no se está y si se está es con todas las consecuencias del tiempo. Mi problema suele consistir en volcarme en más de un proyecto a la vez. Me creo dueño de los tiempos, pero los tiempos suelen devorarme y convertirme en un hombre huérfano de su mundo, de ese que no es otro que el de lo poético, lo literario y artístico: #versosdArte.

Hoy, por ejemplo, que pensaba abdicar mi tiempo en lo filosófico y poético, no en lo banal o liviano, material, que es lo que cargamos, he tenido que dedicar, nuevamente, más tiempo al trabajo. He sentido una especie de estado de excepción mental, que es el que uno trae consigo cuando su mente no se implica del todo en un descanso, en una meditación.

Me ha gustado mucho el artículo que firma Andrea Levy en El País: '¿Coldplay o Springsteen?' 
"Los referentes compartidos nos sitúan en un marco de circunstancias generacionales que nos permiten sin decir mucho contarlo todo. Identifican sentimientos universales en un mismo hilo temporal."
Levy suministra a este partido nuestro, una especie de frescura, y a veces desparpajo que, sinceramente, más allá de adeptos y adversarios, críticos unos y seguidores internos otros, yo suscribo y hago mío frente a esas nuevas generaciones que no dejan en casa la gomina y las chaquetas ceñidas enrrollando títulos y masters de  importantes y caras escuelas de negocio. Eso no es el reflejo de una generación más marcada por la crisis y, por ello, no son representantes ni lo serán nunca de esa juventud cada vez más entrada en años. 

Lo real está ahí, en la calle, entre los conciertos indie y la buena literatura de turno; entre las barbas desaliñadas y la feminidad no tan realzada. Levy, como he dicho, es fresca, inteligente e intelectualmente activa. Eso provoca, cómo no, los dimes y diretes, los machetazos internos y los ataques de la jauría izquierdista externa. Se defiende sin complejos, como no podía ser de otra manera, con estilo y elegancia sublime, hablando sin pelos en la lengua, con un discurso simple, sencillo y que, más allá de lo ideológico, engancha a unos y a otros. 

Levy, lo reconozco, me ha ido gustando poco a poco, lentamente. Comencé a seguirla, como otras nuevas incorporaciones, con cautela; conocía los perfiles de otros, el suyo no. No diré que me haya sorprendido, pero sí que, como el té muy caliente, he ido sorbiendo sus reacciones y declaraciones poco a poco hasta augurar un brillante futuro.

Simplemente me gusta,  me gusta esté en este partido por el que tanto hemos dado y sufrido muchos, tanto nos ha dado y en el que sin duda sigo creyendo es lo mejor para el futuro de esas generaciones que vienen.

Hay jóvenes que parece que soportan sobre sus espaldas el cansancio de esos cincuenta que no tienen y luego estamos esos, de cuarenta y muchos, que a punto de superar los cincuenta nos sentimos más pegados a esa generación de rebeldes, entre indie y hipster, de altura intelectual, que son capaces de disfrutar con el Vegas y su banda, los Lory Meyers sin nunca olvidar a Springsteen o ese Cohen budipoético.

Así que, en este espacio pseudodiarítico, tras unos días sin acercarme, releo con perplejidad como uno es capaz de llevar sus pensamientos de un lado a otro, hablando esos espacios de tiempo y terminando con esas reflexiones generacionales acertadas:
"Identificarnos con algo que pueda a su vez definirnos al lado de otro es un ejercicio necesario en un tiempo demasiado latente de colisiones y hartazgos."



Dar importancia a lo que no lo tiene, además de ser una pérdida de tiempo, supone poner en valor aquello que no es. ‬Y valorar lo que no merece es desperdiciar una emoción.

viernes, 20 de enero de 2017

Mis Momentos... Almería.


Dice Osho que...

“En donde hay rivalidad va a haber enemistad inevitablemente. Cómo puedes ser amistoso con personas con las que estás compitiendo, que son peligrosas para ti y para las cuales tú eres peligroso?
O bien ellos ganarán y tú serás derrotado, o tú ganarás y ellos serán los derrotados. Por tanto toda esta supuesta amistad es simplemente una fachada,
un formalismo. Es un tipo de lubricante que hace que la vida se mueva con suavidad. Pero en lo profundo no hay quien sea un amigo. Incluso los amigos no lo son porque se comparan unos a otros, se pelean unos con otros. Este mundo ha sido convertido en un campo de batalla por la educación en la ambición,
por la política”.

miércoles, 18 de enero de 2017

Dice Albert Einstein que...

"Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis es donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia" 

martes, 17 de enero de 2017

Momentos... Barcelona.


Es muy difícil justificar lo injustificable y por ello, lo peligroso siempre, es intentar culpar a los demás ‬de tus errores o irresponsabilidades. Es una manera miserable de convertirte en un gran miserable.

lunes, 16 de enero de 2017

Todo está en nuestra mente, lo bueno y lo malo. Controlar nuestros pensamientos, desechar los negativos‬, es el primer paso para comenzar un día en positivo.

domingo, 15 de enero de 2017

15.01.2016... ¿Escritor...? Desde Almería.

No es un domingo normal el que termino. El hecho de que no lo sea es que en estos momentos estoy escuchando el sonido de las campanas de la Catedral de Almería, ciudad en la que, por motivos laborales, me encuentro.

Se me hace extraño estos domingos así. Salí esta mañana y ahora termino de correr unos kilómetros mientras he contemplado una bellísima puesta de sol en este Mediterráneo nuestro.

Cogía el avión esta mañana en la T4 de Madrid. Las terminales de los aeropuertos, grandes cajas dónde cientos de viajeros se concentran a la espera de su embarque en ese avión que les trasladará a su destino, son lugares realmente impersonales, vacíos. De un vistazo puedes apreciar la diversidad de seres humanos que habitamos este mundo, cada uno a lo nuestro, cada cuál a lo suyo, ignorando al resto.


La espera en los aeropuertos desespera. La paciencia es la virtud de aquellos que viven el instante.

Yo espero siempre sentado, aunque de vez en cuando me levante, de una especie de vuelta alrededor del mismo lugar, sin separarme mucho del punto de referencia para el embarque, sin sentido alguno más que el del deseo de que la salida no sufra mucho retraso.

No me gustan los aeropuertos. Sabes cuándo llegas pero no cuando vas. El espacio es inmenso, tanto que te sugiere el infinito del cielo que verás desde arriba.

Esta mañana, mientras esperaba, una chica joven, aparentemente universitaria, vestimenta progresista, tal vez 'podemita', me miraba de vez en cuando. En una de las veces, de tanto mirarme y remirarme, me permití algo que no suelo hacer, detuve mi mirada en la suya. Entonces se levantó sonriente y se acercó a mí con un andar del que ha conseguido su objetivo.

- ¿Es usted el escritor? - me pregunta, seria, sin esa primeriza sonrisa.
- ¿Yo, el escritor? - la miro con asombro tonto, pero no dice nada-. Creo te has equivocado, escribo pero no he llegado a tener la categoría de escritor.
- Pues es usted idéntico. Se lo habrán dicho infinidad de veces. Lo siento entonces. Hasta Luego.
- Hasta Luego.
Se marcha con una especie de postura desencantada, de haber perdido el tiempo o la oportunidad.

¿Escritor? ¿Qué escritor?
Me quedaré con la duda de no haberle preguntado a quién pensaba me parezco, según ella. De hecho, luego, en el viaje, no he dejado de repasar mentalmente la imagen de esos escritores que conozco y realmente no me encuentro parecido a ninguno ni de ninguno a mi.

Aparece así, de vez en cuando, esos pensamientos de lo que a uno le hubiera gustado hacer, ser, pero no es. No es, en primer lugar, por no tener cualidades para ello; tampoco es, en segundo lugar, porque eligió otra forma de vida más vulgar, material o superficial. ¿Honrada? Sí. Pero tal vez no la suya.

A lo mejor es que somos todo lo que no queremos ser. Y queremos ser todo aquello que no somos.

Y así, volando sobre el suelo, uno piensa en tanto como en nada.

A diferencia del tren, cuando uno nada con flotadores de hierro entre las nubes, piensa en algo menos terrenal. No sé si celestial, pero sí más místico y espiritual.

Yo mismo escribí ayer, por aquí, que todo está en la mente de cada uno (leer aquí), lo bueno y lo malo, lo positivo y lo negativo. Encontrarte con tu mente es un acto de valentía porque debes enfrentarte a tu peor enemigo, ese que eres tú y tus pensamientos.

Y así, en esta bella ciudad, tras comenzar el día flotando sobre el cielo y terminando pisando la tierra mientras el sol nos despedía, termino este domingo y semana.


Dice Osho que...

"Cuando eres feliz eres ordinario, porque ser feliz es ser natural. Ser infeliz es volverse extraordinario. No hay nada especial en ser feliz: los árboles son felices, las aves son felices, los animales son felices, los niños son felices. ¿Qué tiene de especial? Es lo común de la naturaleza. La existencia está hecha de una sustancia llamada "felicidad". ¡Sólo fíjate! ¿Alcanzas a ver los árboles? ¡Qué felices! ¿Alcanzas a oír el canto de los pájaros? ¡Con qué alegría cantan! La felicidad no tiene nada de especial. La felicidad es algo de lo más ordinario."

sábado, 14 de enero de 2017

14.01.2017... Todo está en la mente.

He pasado la semana, hasta llegar a este sábado de quietud, a una velocidad inaudita.

Solemos ir corriendo de un lado a otro, deprisa, sin parar, sin detenernos. No sabemos ni lo que hacemos; no sabemos lo que otros no hacen. No miramos, no sentimos el presente. Corremos. Simplemente corremos con las mentes envueltas en mil asuntos, en mil preguntas y respuestas que ni siquiera escuchamos.

Cuando paras, cuando piensas, cuando sientes, cuando contemplas, cuando meditas, cuando reflexionas, cuando escuchas, te das perfecta cuenta de lo que haces y no haces, de lo que es importante y no es; de lo que crees un problema y simplemente es una estupidez más de esa mente tuya incontrolada. Cuando paras, simplemente controlas.

Comencé la semana con vértigo. Vértigo provocado por las listas interminables de cosas que hacer y problemas que resolver. 

Como el que sale a toda velocidad en el inicio de la carrera, sabiendo que a esa velocidad es posible que no llegue a la meta. A mitad de la semana hice algo que me hizo reflexionar y pensar. Paré. Fue algo ni programado ni pensado con antelación. Necesitaba una información, entré, la pedí y, simplemente, con una amabilidad extrema, me invitaron a detenerme, a pensar, a calmarme.



El momento me cambió el resto de la semana. El momento sirvió para reconocer que soy culpable de mis sufrimientos; somos los culpables de nuestros sufrimientos. Corremos porque queremos. Tratamos de controlar lo que no está en nuestra mano controlar. Nos importa lo que piensan los demás de nosotros. Nos exigimos demasiado. Buscamos la felicidad en lo material. Creemos que acaparando tarjetas bancarias, tarjetas de visita con cargos, títulos, conseguiremos esa felicidad que internamente somos incapaces de encontrar.

Todo está en la mente.

Nos preocupamos de mil cosas. Creemos que aquello que nos ocurre a nosotros es único, que parece que vivimos en un constante problema o desastre, que todas las adversidades nos rodean y acompañan. Generamos una ansiedad solo fruto de nuestros pensamientos sin darnos cuenta que sólo son eso, pensamientos.

Nada afuera puede vencernos si somos fuertes por dentro. La debilidad mental nos hace sufrir.

Muchas veces, la mayoría, nuestros sufrimientos son única y exclusivamente fruto de un pensamiento; cuando el pensamiento se diluye, se evapora el sufrimiento. Luego entonces, ¿por qué no somos capaces de controlar nuestros pensamientos? 

Entrenar.

Nos llenamos de aparatos tecnológicos de última generación, creemos saber todo porque accedemos más fácilmente a la información que antiguamente. Pero ¿hay más felicidad en el mundo que en la época de nuestros abuelos? Yo creo que no. Lo material y el conocimiento no nos hace más felices. ¿Por qué? Porque la felicidad y el sufrimiento son estados mentales. Debemos aprender a controlar nuestra mente. Debemos conocernos por dentro. 

Somos esclavos de nuestra mente, de nuestros pensamientos.

Todo depende de nuestra mente. Lo bueno y lo malo. Podemos tener un instante que creemos feliz porque, por ejemplo, estamos disfrutando de una taza de chocolate caliente con churros.  Si en ese momento alguien nos dice que estamos gordos, nuestra felicidad termina exactamente en ese instante. ¿Por qué? Porque no somos felices internamente.

Cuando una persona está feliz internamente, consigo mismo, no le importa lo que piensa el resto, le da igual.

Debemos guardar nuestros momentos. Vivirlos para nosotros porque son nuestros.

No podemos controlar lo externo. ¿Por qué preocuparnos entonces? ¿Por qué sufrir si hay cosas que nos pongamos como nos pongamos no podemos cambiar?

Algunas de las cuestiones a las que me enfrentaba esta semana ya no tenían solución. Simplemente había que tomar decisiones y caminar hacia delante sin mirar atrás. Mucho de mi sufrimiento ha sido por algo que ya no podía arreglar. Por darle vueltas y más vueltas hasta extremos innecesarios. Es un sufrimiento inútil.

Creo que pensar en esto, meditarlo y tratar de ponerlo en práctica, es el mejor camino para encontrar ese equilibrio que todos anhelamos.

Escribo estas líneas mientras, reconozco, me dejo llevar por pensamientos poéticos, por esas sonrisas que me generan alegría y me han provocado momentos llenos de poesía. Escucho, también, ese extraordinario disco que acaba de publicar The XX, 'I see you'. Un disco simplemente impresionante y recomendable. Melodías y ritmos entrelazándose con una eficacia sensual que levanta los ánimos y te hace sentir en paz.


Dice Walpola Rahula que...

"La meditación tiene la intención de purificar la mente. Limpia el proceso de pensamiento de lo que puede llamarse irritantes psíquicos, cosas como la codicia, el odio y los celos, las cuales te mantienen enmarañado en la esclavitud emocional. La meditación trae a la mente a un estado de tranquilidad y conciencia, un estado de concentración y visiòn interna clara."

viernes, 13 de enero de 2017

Todo lo que llega sin esfuerzo lo normal es que se vaya de la misma manera. Por eso el sacrificio, el esfuerzo y la perseverancia son tan importantes para conseguir nuestros objetivos: se quedan.

jueves, 12 de enero de 2017

12.01.2017... noches!

Cuando uno no duerme bien, por los motivos que sean, en mi fue por una lesión en el pie y por la cabezonería de no tomar un anti inflamatorio antes de acostarme, llegas al despertar temprano con ese mismo ansia que te produce el sueño antes de acostar. Deseas ponerte en pie, levantarte cuanto antes. ¿Para qué permanecer despierto tumbado, perdiendo vida? En noches así, de imsomnio, entre sueños cortos y extraños, piensas en el silencio. Al levantar te das cuenta que muchos de esos pensamientos se han diluido en tu mente como muchos de esos sueños cortos.




Hoy fue distinto. Dormí tan bien que no quería despertar. Tampoco quería recordar sueños que, de seguro, habían entretenido mi mente en ese equilibrio de paz que provoca el descanso.

Es lo diferente de un día a otro. Pensaba en ello mientras meditaba. Tratar de controlar lo incontrolable se nos hace imposible. A veces nos provoca frustración, nos enfada. ¿Para qué?

Voy recuperando el equilibrio en estos días de sol y luna llena. Parece que el orden genera los efectos deseables y ahora tan solo queda ir encontrando esa paz para que todo fluya de mejor manera.

Los proyectos vuelven a ir tomando ritmo, despacio, pero con buen paso.

Descubro que nada te genera más felicidad que hacer aquello que verdaderamente te apasiona.

Quisiera leer todo lo que no leo. Uno de los objetivos que me había propuesto este año es, además de ordenarme mental y físicamente, ordenar mi tiempo, poner en orden mis lecturas. 

Ir de un libro a otro, beber con ansia de diferentes autores sin tiempo de abrazarlos o degustarlos con el placer de la calma. No es apropiado porque van quedando textos en el camino que, cuando uno vuelve, han desaparecido.

Las lecturas complementan mi vida tanto que ya no sabría existir sin los libros.

Cada vez tengo más claro que la mente siempre trata de apoderarse de nosotros. Debemos asumir que somos nosotros los que mandamos, que la mente simplemente nos aporta equilibrio.

Dice Zygmunt Bauman que...

“Nos hallamos en una situación en la que, de modo constante, se nos incentiva y predispone a actuar de manera egocéntrica y materialista.”

miércoles, 11 de enero de 2017

Volver a la normalidad no quiere decir volver a lo habitual. Cambiar lo que sobra no es un error, es el principio‬ del éxito.

martes, 10 de enero de 2017

Motivación: Mario Alonso Puig - La Belleza del Ser

Dice ANTHONY ROBBINS que...

"Debemos intentar aprender de nuestros errores en lugar de angustiarnos por haberlos cometido; si no, estamos condenados a repetirlos. Si en un momento dado te «embarrancas», recuerda que en la vida no hay fracasos. Sólo resultados. Piensa una cosa: ¡El éxito es el resultado de las decisiones acertadas, las decisiones acertadas son el resultado de la experiencia y la experiencia suele ser resultado de las decisiones equivocadas!"

lunes, 9 de enero de 2017

He descubierto que para no caer lo mejor es no estar siempre mirando al suelo. Hay que mirar al frente sin despistarse.

domingo, 8 de enero de 2017

08.01.2017... A por la semana.

No quería uno cargarse mucho hoy porque acontece una semana larga. Pero es curiosos que cuando la mente nos indica que hay que ponerse en estado de alerta, no hace falta que nadie nos diga nada, somos nosotros mismos los que buscamos como sonámbulos, esos papeles, los informes para leer y comenzar a organizar lo que, desde siempre, ha comenzado hoy: la semana.

Nos acompañó un sol extraordinario, de esos que obligan a salir a correr unos kilómetros por las calles de Getafe. Creo que ha sido de los momentos más relajados, de paz, de quietud, de meditación. No tengo una buena forma física, la iré recuperando poco a poco, pero sí reconozco el bien que me hace mental y físicamente el correr al aire libre. Es necesidad.




He comenzado el año como alterado. Me lo noto yo mismo. Sé que es así porque mis pulsaciones están por encima de lo normal y no sólo mientras hago deporte. Terminé así el año y comienzo así, que se le va a hacer. También sé es cuestión de días que todo vaya cogiendo forma y se vuelva a encarrilar como debía haber sido siempre.

La fundación, los proyectos empresariales personales que van acumulándose uno tras otro y requieren de una máxima atención. 

He terminado el año con un ejemplo claro de lo que nunca se debe hacer: dejar tus cosas en manos de irresponsables. Pero no es la primera ni será la última que me ocurre.

Cada persona es la imagen de la empresa que representa. El compromiso viene dado por la confianza. Si no hay confianza no suele haber compromiso, pero sin compromiso es difícil que haya confianza.

Recuperar una imagen dañada no es fácil, pero tampoco imposible. Hay que redoblar el esfuerzo y anteponer la marca al beneficio.

Eso trataré de hacer en estas semanas con uno de los proyectos al que más cariño y esfuerzo he puesto. Por poco cae, pero ese poco que le ha faltado es suficiente para coger impulso, carrerilla y saltar más alto.

Ilusión y pasión siempre. Esfuerzo, paciencia, templanza, perseverancia y sacrificio como única fórmula para conseguir los objetivos que tenemos en mente. Y siempre, siempre, una sonrisa, aunque a veces nos sea difícil.

Me gustaría terminar el día hablando de poesía, de literatura, de filosofía, pero me he empantanado en lo material, eso que me quita vida sin darme cuenta, y ha pasado el tiempo como volando. Tal vez sea una buena reflexión para terminar el día, esa que siempre me acompaña: el tiempo. ¿De qué sirve todo este tiempo que dedicamos a dar vueltas y vueltas sobre esa noria de exigencias e insatisfacciones?

Qué diferente, poéticamente hablando, estar sumido en las lecturas de esos grandes literatos, poetas o filósofos, a estar buceando entre informes, balances y organización de cursos y seminarios.

Lo decía ayer, lo hablaba hoy con una de esas personas que me importan y lo vuelvo a escribir ahora: más organización y más meditación. 

Vamos por la semana.