viernes, 31 de marzo de 2017

jueves, 30 de marzo de 2017

30.03.2017 ...de aforismos!

Comienzo a corregir estos días dos futuros libros que espero pronto vean la luz. Camino lento pero enriquecedor.

Podría decir que ambos tienen algo de poéticos aunque uno sea el segundo volumen de mis pensamientos, reflexiones y aforismos y el otro, en verdad, mi segundo poemario.

Queda en preparación, también, recopilando ya material, el que será mi primer libro de motivación y que llevará por título '#liderandoT'.

Desde hace ya unos años, podría decir que desde siempre, he tenido la costumbre de anotar en un cuaderno mis pensamientos y reflexiones. Esas ideas que te vienen en los momentos más íntimos y personales; en el café, en el paseo solitario, entre las lecturas, en tus silencios.



Año a año van amontonándose en cuadernos y libretas, recogiéndose luego (ya van diez años) en ese espacio virtual, rincón de vómitos, suspiros, anotaciones y demás averías y desvaríos poéticos, filosóficos y espirituales que es 'Cuando el Silencio me llama'.

El aforismo es un ejercicio mental y vital.

Por ejemplo, despierto por la mañana e intento, hasta que subo al tren, revolver la mente y tratar de sacar alguna reflexión o pensamiento de esos que luego, una vez leídos, pueden parecer una estupidez o una luz de motivación o reflexión para el que lo pudiera leer.

Pero ahí van quedando, en mis hojas, abiertos al mundo, publicados o escondidos en el día a día de mi vida.

A veces digo mucho con pocas palabras, a veces nada con muchas. Quedará como esa esencia de mi pensamiento y mi estado emocional, esa esencia de mi, de lo que soy y siento.

Un aforismo es, según la RAE, una sentencia breve y doctrinal que se propone como regla en alguna ciencia o arte. Del latín aphorismus, un aforismo es una declaración breve que pretende expresar un principio de una manera concisa, coherente y en apariencia cerrada.

Fue utilizado por primera vez por Hipócrates como una serie de proposiciones relativas a los síntomas y al diagnóstico de enfermedades. El concepto fue aplicado después a la ciencia física y, posteriormente, generalizado a todo tipo de principios.

El aforismo es algo así como un género entre literatura y filosofía. Creo que la velocidad de la vida y, sobre todo, las redes sociales, han producido un espacio en el que el pensamiento en corto, espontáneo, meditativo, poético o reflexivo, está provocando la vuelta de un género literario poco reconocido pero existente desde los tiempos.

Quién no ha leído, o al menos le suena, a Gracián, La Rochefoucauld, Montaigne... o ese fantástico volumen que son las «Meditaciones» de Marco Aurelio

En la actualidad cada vez hay más escritores que practican el aforismo. Cada vez son más los lectores de libros de aforismos o, como bien los denominaba el maestro Nicolás Gómez Dávila, soliloquios.

Porque el aforismo no deja de ser un diálogo con uno mismo. La extrañeza del encuentro vital con el ser.

Es un pensamiento en pocas palabras, fuerte, directo. Un pensamiento conciso que concentra gran intensidad. Pequeño pero puro, poético.

En estos aforismos que uno va escribiendo, va dejando la vida. La vida es tan corta en el tiempo como el aforismo en un papel.

El aforismo hay que leerlo despacio, degustarlo, pensarlo, dejar que te pellizque.

Me interesa mucho el aforismo; invita a contemplar, conocer, comprender la mirada de quién los escribe.

Buscando  encontramos grandes aforistas como François de la Rochefoucauld (1613-1680) -"Todo el mundo se queja de su memoria, pero nadie se queja de su inteligencia"-, Georg Ch. Lichtenberg (1742-1799) -"Es bien sabido que los ratitos son más largos que los ratos"-, Joseph Joubert (1754-1824) -"Las palabras son como el vidrio; oscurecen todo aquello que no ayudan a ver mejor"-, Friedrich Nietzsche (1844-1900) -"Solo se oyen las preguntas a las que se es capaz de contestar"-, Elias Canetti (1905-1994) -"El asombro vive de la casualidad. En la ley se asfixia"-, Ramón Gómez de la Serna (1888-1963) -"El otro lado del río siempre estará triste de no estar de este lado. Esa pena es de lo más insubsanable del mundo y no se arregla ni con un puente" o ese gran Nicolás Gómez Dávila (1913-1994), del que ya he hablado -"Hay opiniones que es justo barrer con respeto, pero empuñando firmemente la escoba".

Entre los actuales destacaría a esos magníficos poetas como Benjamín Prado o Karmelo C. Iribarren y Jorge Wagensberg entre muchos más. 

En el año 2013 apareció el libro '¿Por qué no te lees?'. Este volumen contenía mis notas, reflexiones, aforismos, soliloquios de cuatro años de mi vida, el período que va del año 2009 al 2012. Ahora que repaso, en su lectura, en esas páginas se puede contemplar una etapa, unas circunstancias. Nunca pensé en publicar, pero tuve uno de esos momentos en los que decidí hacerlo, tal vez provocado por el cierre de esa etapa vital.

Hoy creo es el momento de continuar con los cuatro siguientes años. Otra etapa, otras circunstancias y tal vez otra madurez que queda reflejado en la mirada de estos nuevos textos.

Ahora que corrijo, no sólo siento el momento de cuando están escritos, sino que llego a sentir el por qué. Sé que algunos de ellos pueden resultar una verdadera estupidez, otros tratan de buscar la belleza de la poesía en prosa.

Arduo trabajo este de corregir. Espero que pronto sea una realidad entre tantas otras novedades.

Y por cierto que, ahora que releo este post, casi casi va a servir de introducción.



Música Running: The XX - VCR

Dice Ana Frank que...

"No pienso en todas las desgracias, sino en toda la belleza que aún permanece"​

miércoles, 29 de marzo de 2017

Querido hijo...

En la vida, lo complicado te hace fuerte, nunca te debilita.
En tu día a día no presupongas nada, simplemente actúa. El primero que da el paso es el que va por delante del segundo‬.

martes, 28 de marzo de 2017

28.03.2017...

Por mucho que nos dediquemos a aconsejar y motivar a los demás, por mucho que nos hagamos los fuertes o que parezca que nada ni nadie nos afecta, por mucho que pensemos que tras las tormentas llega la calma; por mucho que me diga a mí mismo que debo leerme más que escribirme, yo también tengo momentos en los que necesito el sol con urgencia. 



Son esos instantes en los que te acuestas pensando lo mismo que cuando te levantas, que algo no has hecho bien. 

Son esos instantes en los que asumes eso que te decías tiempo atrás, que a veces es mejor tomar decisiones, que esperar a ver qué pasa porque cuando pasa ya es tarde para decidir. 

Hay que parar y pensar detenidamente para no vernos infectados por pensamientos ajenos que nos confunden.

El trabajo interno; la reflexión, el análisis, enjuiciarnos y meditar sobre lo que hacemos y no hacemos.

Son esos días en los que creo necesitamos reconstruirnos y para ello lo mejor es resetearnos.

Y los días no son como empiezan sino cómo terminan. 

Comenzamos con unas frías nubes y terminamos con un cálido sol digno de esas sonrisas y versos que solo quien siente puede ofrecer. 

Emborrono y corrijo últimamente notas y apuntes para ese libro que quiero publicar cuanto antes y que llevará por título #liderandoT. No serán más que una ristra de consejos que incentiven el liderazgo interior y dedicados, fundamentalmente, a ese líder que sé será en un futuro, si no lo es ya. 

El liderazgo personal se demuestra con el tiempo. 

Es curioso cómo mucho de lo que esta mañana hubiera escrito, en este final de día no llego a sangrar por aquí. Y eso es bueno, quiere decir que somos capaces de cambiar nuestros pensamientos si sabemos rodearnos de momentos poéticos.

Y de poesía es de lo que más me apetece escribir y sentir.

Dice Hugh Prater que...

"Hay un tiempo para dejar que sucedan las cosas y un tiempo para hacer que las cosas sucedan."

domingo, 26 de marzo de 2017

26.03.2017... Entre sueños y Los Planetas!

No sé si los cambios horarios, no sé si el azar de los biorritmos alterados, la edad o este clima tonto que tan pronto nos trae calor como este frío que apelmaza. 

Ando más cansado de lo normal, aunque también ando en más líos o charcos de los habituales. 

El caso es que el michelín que abaraza la cintura aumenta, la cabeza anda alborotada y el cuerpo cansino. Todo tiene su porqué y todo tiene su remedio, tan solo es querer y ese querer se convierte en poder si lo invertimos bien.

Amanecemos nublados, como el cielo, tras una noche envuelta en tres sueños laborales, cada uno con su esencia y significado. Los sueños, cada vez estoy más seguro de ello, siempre los recordamos cuando nuestro dormir no es profundo, es contemplativo. Aparecen como un ficción, como una de esas películas que nos entretienen en fin de semana, pero con unos protagonistas que nos son cercanos.

Cada despertar, como hoy, entre sueño y sueño, me hace pensar en dos cosas: primero en lo que queda para el amanecer y segundo en la frecuencia cardiaca que me daría el pulsómetro si lo llevara puesto. 

Si creyésemos en los sueños negativos no hubiéramos vivido nada. 



El único significado que siempre extraigo de sueños así, es que mi mente está en activo, que rebusca en los rincones tanto laborales como personales; cuando se esconden en lo laboral, me los pierdo. Los sueños poéticos, personales, me cuesta recordar. 

Cuando despierto, la mayoría de los días, incapaz de recordar lo que he soñado, me siento en paz.

Estuve dudando, perezoso. Salí a correr unos kilómetros antes de la comida. Sentí lo esencial, sentí el momento, sentí la necesidad. Olvidé lo negativo.

He estado todo el fin de semana escuchando a Los Planetas. Y sí, he vuelto a ellos tal vez por una de esas interesantes discusiones, en este caso musicales, que mantuve el otro día, en Cáceres, con uno de los ponentes de las jornadas que celebramos en la belleza de esta ciudad.

Y qué hacía yo, discutiendo sobre tendencias musicales, entre conversaciones que más tenían que ver con el derecho administrativo y la transparencia. Pues eso, que todos los lugares son buenos para corregir errores que uno se crea, o cree, fudamentalmente por dárselas, de vez en cuando, de ese listillo que no es o, simplemente, por disfrutar de lo mundano o momentáneo. 

Ivan Ferreiro, mi Iván Ferreiro, nunca fue vocalista de Los Planetas, sí de Los Piratas. Yo me empeñé en lo contrario.

A veces uno se empeña, a conciencia, de algo que no es. Lo rebusca en su mente, le da vueltas, sin ser capaz de ver, ni ser consciente, de su equivocación.

Pero hay ciertas personas, yo una de ellas, que saben reconocer las equivocaciones.

Así que yo lo reconocí, frente a esos eminentes doctorados en el derecho que, casualmente, sabían más o, cómo mínimo, como yo, de movimientos musicales.

Y qué mejor, en estos días, en este fin de semana, no sólo de reconocer equivocaciones sino, en pos de no volver a equivocar, de castigarme en un placer sublime, de deleitar con los últimos discos de este magnífico grupo, pionero de esa música indie, tan de moda ahora para algunos, tan existente antes para otros que rozamos los cincuenta.

El último disco de Los Planetas es, simplemente, fabuloso. Lleva por título 'Zona Temporalmente Autónoma', rompen siete años de espera desde su álbum anterior, solo rota por el EP Dobles fatigas.

Dice Willian Faulkner que...

"El pasado nunca muere. Ni siquiera es pasado."

sábado, 25 de marzo de 2017

25.03.2017... son etapas!

No sé el tiempo que hacía que no disponía de un día entero así, casero, sin idas ni venidas, sin más movimiento que el de ir a comprar los periódicos y pasar las páginas de los libros que, de uno a otro, me llevan.

Nos han enseñado, o tal vez hayamos sido nosotros los que hemos aprendido, que la vida está formada a base de etapas que hay que ir superando. Es como una de esas carreras en las que debes ir cubriendo distancias, objetivos, hasta ese final en el que sólo tú sabes si llegas con los deberes hechos o has ido pasando como si nada para el resto.



Hoy no me ha quedado más remedio que volver, en pensamiento, la vista atrás y recordarme ya hace unos años -unos cuantos muchos o unos muchos pocos-, cuando llegadas ciertas horas, en un estado entre  nerviosismo y emoción, daba un beso a mis padres y salía disparado de casa a dar una vuelta por ahí con los amigos. Eran los inicios. Eran aquellas primeras salidas. Era una sensación de libertad y un deseo inusitado de que llegase ese instante para salir corriendo ahí afuera. Comenzábamos a descubrir mundo, más allá del barrio donde vivíamos. No me daba cuenta, tampoco me importaba mucho, la intranquilidad con la que quedaban en casa cuando se cerraba la puerta hasta que volvía. Entonces solo pensaba en mi y todo consejo de mi padre lo tomaba como una afrenta, una especie de ataque a mi autonomía personal, a ese espacio ficticio de libertad.

Ahora soy yo el que queda en ese otro lado de la puerta. Ahora comienzo a comprender, aun más, muchas cosas. Comienzo otra etapa.

Y ahora que comienzas otra etapa, con sus miedos, con sus alegrías pero también con sus miserias, es cuando deambulas mentalmente en mucho del tiempo perdido, esos que ya no llegan.

Hablar con los hijos en esa desaforada adolescencia actual, que es parecida a la que vivimos nosotros pero no igual, no es fácil. Como no lo era para nuestros padres hablarnos entonces. Aunque queramos negarlo no son los mismos tiempos los que corren ahí fuera. No lo eran entonces ni lo son ahora. El mundo ha progresado y en mucho para bien; pero también ha progresado en mucho para mal. Mucha más información advierten de los peligros; mucha más información pervierten los valores esenciales.

Son etapas, claro que sí. Hace tiempo pasamos el ecuador. Disfrutemos y vivamos las que llegan.

"Enséñales, al menos, a querer la vidacon fuerza, con justicia, con dignidad,con las palabras duras que a solas tú aprendiste."Manuel Vilas
Solo cuando nos queda poco nos damos cuenta de lo que hemos dejado de vivir. 
¿Por qué hoy, que nos queda mucho, no comenzamos a preocuparnos por vivir?

viernes, 24 de marzo de 2017

24.03.2017... en resumen: poesía.

Llegar al viernes con la mente en equilibrio es algo que en los últimos tiempos se me hace difícil. Sinceramente no es un síntoma problemático, es un síntoma de cansancio mezclado con ciertas dosis de poesía e ilusión. 

El cansancio desequilibra, los momentos poéticos permiten que los días parezcan diferentes. Cierto es que en los últimos tiempos me embarrunto de trabajos y proyectos que, aunque ilusionan, provocan deje de lado esos instantes que son sinceramente, los que me llevo dentro y enriquecen.

Comencé la semana en Cáceres de donde he regresé el martes. ¿Cansado? Sí, pero contento también. Al final, en estos viajes de trabajo uno intenta degustar estos lugares de una manera más sentida. Los viajes por estas tierras de España me iluminan y me invitan a saber cada vez más de la historia de este gran país nuestro que tenemos.

Cáceres es una ciudad extremeña bellísima con un sabor especial en la que vivir su anochecer en el casco histórico es algo más que un privilegio. Una ciudad que rezuma en sus piedras esa vida pasada. Cuando paseas por sus calles llegas a tener la sensación de que tras una esquina cualquiera aparecerá un hombre con capa y espada dispuesto a batirse en duelo contigo.



Disfrutar de la gastronomía, los paisajes y el arte que, cómo no, siempre se convierten en poesía.

Casualmente celebré allí  el Día Mundial de la Poesía y la entrada en la primavera.  Parece que nos hemos acostumbrado a conocer que cada día se celebre algo a nivel mundial, que tan solo los afectados o los sentidos conocen.

El Día Mundial de la Poesía tiene un sentido que va mucho más allá, es un sentido realmente poético.

Creo que podríamos convertir nuestros días en versos.

Podríamos alejar de nosotros esos pensamientos negativos que a veces nos acompañan y provocar los más bellos poemas que vomiten emociones.

Creo que ciertos estados, desequilibrios, picos emocionales, se curarían siempre con versos, con poesía.

La poesía es ese género literario más emocionante y sentimental. En la poesía uno se abre tanto que sin darse cuenta deja vislumbrar sus sentimientos, su estado anímico o emocional. Por eso el poeta a veces decide no leerse. Escribe y guarda los versos para que maduren en silencio y encontrar luego el sentido de los mismos.

Hoy, ahora, mientras guardo el sabor del día junto a esos instantes que sólo el corazón reconoce, busco en mi cuaderno algunos de esos versos escritos en meses anteriores. Unos son fruto de la alegría, del sentir; otros, tal vez, de las vivencias cotidianas. La poesía siempre esconde belleza porque la belleza nunca es ficticia. 

Somos seres creativos que estamos llenos de energía: construyamos vida, construyamos poesía.

Dice Tito Livio que...

"El miedo siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son"

jueves, 23 de marzo de 2017

En la vida podemos conseguir prácticamente lo que queramos, simplemente tenemos que proponérnoslo y creer en ello.

lunes, 20 de marzo de 2017

Me encanta comenzar la semana y el lunes, corriendo y tropezando, normalmente quiere decir que terminaré en pie y tranquilizado.

domingo, 19 de marzo de 2017

19.03.2017... y vuelta!

Llegado de la paz del campo, de mis campos. Llegado y ya aquí, contemplándome, repasando una semana que termina con el mismo ajetreo que comienza otra. Con la mente en equilibrio, dispuestos a afrontar lo que se ponga por delante, a cumplir compromisos, ir cerrando proyectos, comenzando otros y siempre con metas por delante. 

Regreso de un breve fin de semana de encuentro con mi paz particular.

La verdad es que para valorar la respiración hay que dejar de respirar; para valorar el silencio, simplemente hay que callar.

Se valora cuando no se tiene.

Prefiero inundarme de esa paz que es mía y sólo mía, poco reconocida y tal vez, con el tiempo, convertida en metáforas poéticas olvidadas en los cajones de mis recuerdos.



Sentado, en medio del patio de mi casa del pueblo, escuchando el sonido de las abejas que invaden la belleza del cerezo en esa flor de primavera, buscando el azul del cielo sin fin, no sin antes reposar la mirada en ese almendro o en el ciruelo que con mimo va arreglando, año a año, mi padre.

Y todo se convierte en verso.

Gimen las mariposas
aleteo de silencio
pavoneando belleza
sonroja la primavera.

Ahí se ve el pasar de los años de una manera lenta porque todo es lento. Allí el tiempo se alarga porque se vive, porque se es consciente de la inmensidad de vida que nos rodea.

Antes de ayer, el viernes, desperté en Gerona

Bellísima ciudad para mi desconocida hasta entonces. 

Palpé su historia y saboreé su esencia de la manera más poética posible, en ese callejear, en ese inundar de momentos inolvidables los rincones de sus calles medievales.

No dormí mucho. Intentar conciliar el sueño cuando te hospedas a escasos metros de una de esas bellas catedrales que visten España, que todavía acompasan cada hora con sus campanas, es algo imposible.

Buscar, también, el silencio de la noche cuando cientos de gaviotas madrugadoras ‘graznan’ la llegada de otro día, pervierte tu sueño.

No es posible encontrarse envuelto en brazos de la belleza y querer que respondamos entre versos a los compases naturales de la tierra.

Son días en los que el acostar y el despertar, en tierras tan distintas, te hace apreciar cada vez más la esencia y el sentido del caminar.

En Minaya las campanas suenan distinto, se abren al cielo en la llanura, buscan los acordes dependiendo de la dirección de ese viento siempre retorcido entre las viñas y trigales.

Es curioso cómo cada lugar tiene su sonido, sus sombras, sus silencios. Cada uno tiene su lugar, como cada uno tiene sus sueños.

Aquí, en este pueblo mío, la dieta mediterránea se suple por la manchega, algo diferente. Cómo no dejarse llevar por ese pisto con pimientos fritos y conejo. O esa tortilla de patata y huevos de corral, grandiosa. O esos torreznos recién hechos que son la delicia del lugar y que, como todo, cocinados por esa madre que tengo, convierten la mesa en uno de los pecados más deseados.

Campo, nada de televisión, unos buenos libros, el móvil en silencio y lo más alejado posible; un poco de música clásica y a sentir el sosiego por unas horas.

Y así llego al final de esté santo domingo, día de los padres, pensando ya en preparar la bolsa para viajar mañana a Cáceres, tierra extremaña y belleza de España. 

Cuando termine el martes habré recorrido, en seis días, seis comunidades diferentes, cada una inmersa en sus tradiciones, pero todas formando parte de este país nuestro que, con sus más y sus menos, se llena de poesía en cada rincón.

Y para finalizar, una pequeña reflexión de esas que se hacen en días como este. Siempre he querido ser el mejor en todo, pero al final de los años he llegado a conformar con Ser y ser mejor cada día. No soy ejemplo de nada, ni de padre, ni de hijo; pero soy padre e hijo.

Me conformaría, en este caso, con ser algún día para mi hijo lo que mi padre es para mí.



Dice Churchill que...

"En la guerra, determinación; en la derrota, resistencia; y en la victoria magnanimidad."

sábado, 18 de marzo de 2017

Por mucho que pensemos que hemos terminado la carrera por haber llegado a la meta, tras ésta siempre hay otra ‬que nos vuelve a poner en movimiento buscando otras metas y así, día a día, hasta ese siempre porque lo importante es eso, que siempre haya metas donde llegar.

viernes, 17 de marzo de 2017

Esos instantes urbanos...


Dice Jiddu Krishnamurti que...



"¿Puede uno escuchar sin ninguna conclusión, sin ninguna comparación o juicio, simplemente escuchar, como usted escucharía música, o a alguien a quien realmente quiere?
Debemos escuchar sin ningún esfuerzo. Es un problema muy difícil escuchar con la totalidad del propio ser... es decir, cuando la mente no se limita tan solo a oír las palabras, sino que es capaz de trascenderlas. Las simples conclusiones de una mente consciente no son el descubrimiento o la comprensión de la verdad. La mente consciente nunca puede encontrar lo que es real. Todo lo que puede hacer es escoger, juzgar, sopesar y comparar. Pero la comparación, el juicio o la identificación no es el descubrimiento de la verdad.
Por eso es muy importante saber escuchar. Cuando uno lee un libro quizá interprete lo que lee de acuerdo con sus tendencias particulares, sus conocimientos o idiosincrasia; si lo hace, se perderá toda la esencia de lo que el autor quiere expresar; pero para comprender, para descubrir, hay que escuchar sin la resistencia de la mente consciente que quiere debatir, discutir, analizar. El debatir, el discutir, el analizar constituye un estorbo cuando tratamos temas que requieren no una simple definición verbal y una comprensión superficial, sino una comprensión a un nivel mucho más profundo y fundamental. Tal comprensión, la comprensión de la verdad, depende de cómo escuche uno."


jueves, 16 de marzo de 2017

Si focalizamos claramente nuestros objetivos solo tenemos que caminar hacia ellos sin perderlos nunca de vista.

miércoles, 15 de marzo de 2017

15.03.2017... Valorar nuestro Tiempo.

Comenzaba la semana pensando que nuestro día a día, lo vamos haciendo cada uno de nosotros a través de los momentos que amasamos en nuestro Ser, en nuestro camino. Momentos gratos e ingratos, pero todos construyen. 

Soy de los que piensan que de todo hay que sacar una lección y algo en positivo, hasta de lo más negativo; cada uno somos como somos y nadie es más que el otro; cada uno utilizamos el instante como creemos debemos hacer, con equivocaciones y aciertos.

Todos somos especiales y por eso, en nuestro caminar, vamos dejando una huella no sólo en el camino que pisamos, sino en todos los que nos rodean de una u otra manera. Por eso, también, lo que hacemos va teniendo sus consecuencias. No vivimos en una burbuja que nos separa o defiende del resto, vivimos globalizados y rodeados, a más o menos distancia, pero siempre la suficiente como para que los demás se den cuenta,  aprecien o no, quienes somos.



Conseguir caminar sin que nos importe lo que piensan los demás de nosotros o de nuestros actos no es algo fácil, pero debemos de intentarlo en nuestro día a día. Por eso es tan importante crecer hacia dentro, individualmente, creando esa fortaleza en nosotros que nos permita superar cualquier barrera u obstáculo que se ponga a nuestro paso pero entendiendo que el resto está ahí sintiéndonos.

Somos valiosos, nuestro Ser lo es y nuestro tiempo también. Si en algo pensamos, o sentimos, estar equivocados, tenemos tiempo de reconducir el camino. Todo se va construyendo poco a poco siendo conscientes de cada instante.

Por eso me obsesiona tanto el tiempo, ser capaces de manejar el tiempo.

Creo que, a lo mejor, mi obsesión es por uno de estos motivos: porque el tiempo es inmanejable o porque el inmanejable soy yo mismo.

Tengo necesidad de tiempo. Últimamente vivo en una extraña sensación, una ansiedad de falta de tiempo. Es como si quisiera hacer más en esas horas de las que disponemos en el día a día. Es una auténtica locura, una alarma constante y sólo la organización y la calma consiguen que cada paso sea el correcto.

Para conseguir lo que queremos debemos ser productivos y para ser productivos debemos organizar nuestro tiempo.

Madrugar: aprovechar el máximo del día.
No trasnochar: tratar de no dormir despues de las 12h.
Dedicar tiempo a los tuyos.
Trabajar.
Escribir.
Hacer ejercicio.
Meditar.
Leer y estudiar.
Pensar.

La capacidad que tengamos de manejar nuestros tiempos, influirá en el resultado de nuestras acciones, no sólo profesionales sino también personales.

¿Cómo?

Disfrutando del presente y asumiendo que cada día que amanece es una oportunidad para aprovechar cada uno de sus minutos.

Dice Gandhi que...

"Casi todo lo que hagas en tu vida, será insignificante, pero es muy importante que lo hagas. Porque nadie más lo hará."

martes, 14 de marzo de 2017

lunes, 13 de marzo de 2017

La creencia y la fe en lo que queremos no nos hará conseguirlo, pero sí nos permitirá levantar todos los días con la ilusión, fuerza y pasión como para no desistir en el intento de cumplir cada uno de nuestros objetivos.

domingo, 12 de marzo de 2017

12.03.2017... el valor de las cosas.

He despertado esta mañana con la intención de comenzar a preparar, repasar, reflexionar y escribir una ponencia, que ofreceré próximamente, sobre liderazgo. 

El liderazgo, algo sobre lo que no dejo de estudiar y escribir, comienza por uno mismo y, más allá, se extiende a cada uno de los ámbitos de nuestra vida ya sea personal como profesional. No es fácil liderar, no es fácil ser un líder, aunque defiendo que todos lo somos, incluso sin saberlo, por ello lo esencial, lo primario, es ser capaces de liderarnos nosotros mismos.

Pero como decía, desperté con una intención que ha ido cambiando a lo largo de la mañana y, tal vez fruto, de mis pensamientos de fin de semana.

Disfrutando, temprano, de esos kilómetros de ejercicio bajo un sol extraordinariamente poético, sin más que pensar ni que desear que el que las fuerzas nos permitiesen alargar los kilómetros y el tiempo, nos ha dado por charlar del verdadero valor de los momentos, de las cosas. De lo poco que vale lo que verdaderamente importa, de lo poco que valoramos lo que tenemos.

Es posible que los años vayan ajustando tus preferencias, tus deseos. También es posible que, en el camino, se vayan cruzando personas que te hacen respirar de otra manera, que consiguen abrirte los ojos, equilibrarte y hacerte ver que todo no es ser o tener.

¿Qué valor damos a las cosas una vez que las tenemos? Ninguno.

Dedicamos nuestras vidas a acumular cosas que deseamos, normalmente materiales, que al poco tiempo ni siquiera hacemos caso porque queremos tener otras diferentes o mejores.



Así vamos construyendo una vida sobre una constante acumulación de deseos que no sirven para nada, que no nos aportan nada y que nos hacen olvidar aquello que es lo verdaderamente importante y que, por cierto, no tiene valor económico: la construcción de uno mismo desde dentro.

Nos alejamos de la verdad. Nos alejamos de nosotros, nos alejamos de la verdadera riqueza que es la riqueza del espíritu.

Parece que vivimos como en un plan preestablecido, en el que todo radica en acumular más y más posesiones, en ser cada vez más y más sin dar valor a nada porque realmente nada nos llega a satisfacer.

Tenemos miedo a la impermanencia. Tenemos miedo a perderlo todo y por eso nos dedicamos a acumularlo sin disfrutar ni vivir. Nos marcharemos y todo quedará, porque esa es la única realidad y verdad. Pero en vez de habernos dedicado a prepararnos en la felicidad de nuestros momentos, nos hemos dedicado a perder el tiempo en la acumulación de aquello que simplemente nos llena el espacio del deseo, pero nunca el interior.

Lo esencial es valorar las cosas y, para ello, si nos damos cuenta, tampoco nos es necesario tanto para encontrar ese efecto que embriaga nuestro alma de felicidad.

Una sonrisa, una mirada, una caricia, un verso, un pequeño cuadro, el aleteo de una mariposa, correr bajo el sol de la mañana, disfrutar del amanecer mientras caminas por El Retiro.

Estamos de paso por aquí. ¿Por qué perder tanto el tiempo en cosas absurdas? Creemos que todo nos pertenece pero es mentira: sólo el instante presente, el ahora, nos pertenece de verdad.

Somos impermanentes. Hoy estamos, mañana no.

Tendemos a inventarnos problemas cuando no los tenemos. Tendemos a buscar culpables de nuestra infelicidad, a discutirlo todo con el otro por el mero hecho de demostrarnos a nosotros mismos una seguridad ficticia. Nada es seguro. 

Debemos ser capaces de reconocer el valor de nuestra vida, una maravilla que tenemos a nuestro alcance y cada uno tiene que ser capaz de aprender a vivirla de una manera esencialmente virtuosa.

Sé que no es fácil. Ni siquiera lo es para éste que escribe por aquí pero, al menos, reflexiono conmigo mismo, me desahogo en mi cuaderno y consigo ir recomponiendo mis pasos.

Cada vez deseo más la quietud, el silencio, la reflexión. Cada vez valoro más los pequeños momentos, las sonrisas, las personas que verdaderamente me enriquecen en mi día a día. Es curioso, pero uno que ha conocido de todo, uno que ha estado en lo alto y en lo bajo, entre algodones o rozando el suelo, siempre he sentido lo mejor entre aquellos que no teniendo nada lo tenían todo, que entre esos que teniéndolo todo les faltaba lo esencial que es la verdad del alma.

...

Estoy disfrutando muchísimo estos días con mis lecturas pero, particularmente, con la lectura de un libro que lleva por título "La casa de los veinte mil libros" de Sasha Abramsky (Traducción de Ángeles de los Santos. Periférica, 2016. 364 páginas.) Está claro que siento mío ese particular amor por los libros. 

En un tiempo en el que parece el papel pierde protagonismo, frente a esos aparatos electrónicos capaces de acumular una gran biblioteca en la palma de la mano, yo sigo apostando por el olor a tinta impresa, por tocar y acariciar, abrir y desnudar las páginas, subrayar y guardar en cada rincón esos pensamientos que quedarán siempre.

El autor narra la historia biográfica familiar, la de su propio abuelo Chimen Abramsky y su esposa Miriam, y el mundo cultural y bibliófilo impresionante que crearon a partir de 1944, en una casa de una pequeña urbanización londinense justo al lado del parque de Hampstead ­Heath conocido como Holly Lodge Estate. 

Una maravillosa historia, muy recomendada para todos aquellos que, como yo, aman los libros y no pueden evitar ir llenando rincones con esos volúmenes que recorren nuestra historia y de los que nunca sabremos cuál será su final; de momento, hoy, simple pero eficazmente, nos llenan la vida.

Dice Pío Baroja que...

"En España siempre ha pasado lo mismo: el reaccionario lo ha sido de verdad, el liberal ha sido muchas veces de pacotilla."

viernes, 10 de marzo de 2017

Dice el Dalai Lama que...

"La arrogancia es como un muro de piedra. Cuando nos sentimos superiores a los demás, ya no escuchamos. Las amistades genuinas se desmoronan. Nos amurallamos y nos volvemos egoístas. Nuestra preocupación por el bienestar de los demás se desinfla y se evapora. Así, nuestro corazón se contrae y se establece la soledad. Una vez que hemos abrazado plenamente el orgullo, es difícil labrar nuestro camino. Por ello, es vital reconocer cuanto antes estas tendencias hacia la arrogancia. Podemos recordamos a nosotros mismos lo dañino que es en realidad, cómo se alejan los buenos amigos, y cómo se contrae nuestro corazón. Estaremos, entonces, en el camino de cultivar una sana confianza en uno mismo, donde no sofocamos a nadie, ni a los demás, ni a nosotros mismos”.

jueves, 9 de marzo de 2017

09.03.2017 Sobre el Creer.

No soy futbolero, es más, si algo soy en la vida es todo menos futbolero. No me gusta el fútbol más que como excusa, a veces, para coincidir con algunos amigos y tomar unos botellines, en ese momento de encuentro fraternal, de los que sí disfrutan contemplando a esos veintidós hombres, medio desnudos, corriendo de un lado a otro de un campo cerrado tras una pelota. Respeto muchísimo a esos que pasan horas o incluso generan como esencia vital, el fútbol.



Pero que no me guste, no quiere decir que no reconozca el trasfondo de una gesta de equipo, de grupo, luchando hasta el final por un objetivo en el que creen.

El fútbol es como la vida: todo puede ser, nada se pierde o se gana hasta que todo ha terminado.

Quiero decir con esto que en la vida nada está perdido ni nada ganado, simplemente hay que creer.

Creer.

La palabra Creer, con toda su esencia, siempre ha significado mucho para mi. Uno de los lemas que abrazan y envuelven mis proyectos es: Creer, Caminar, Ser.

Cuántas veces he reflexionado y escrito sobre el 'creer'.

Lo que uno cree es lo que le mueve para vivir, para caminar, para hacer, para buscar, para sentir... incluso, también, para morir.

La creencia es la máxima motivación para accionarnos, la palanca que nos mueve en la vida. Si no creemos, nos paralizamos y podemos incluso dejar de latir.

O se Cree o no se Cree y esto es imprescindible en cualquier ámbito de la vida y, sobre todo, antes de echar a andar. Creer en alguien, en algo, en ti. Fundamental.

Anoche, ese equipo que es el Barcelona FC, tenía que hacer lo que era imposible para muchos, no para ellos, para clasificarse en ese campeonato que jugaban. Debían meter, en inicio, cuatro goles a cero al contrario y, al recibir uno -como ocurrió-, seis. Imposible, pensaban hasta los más optimistas. Ellos no. Ellos no dieron la clasificación por perdida hasta el final. Y por eso ocurrió. Ocurrió que en el último minuto se metió el sexto gol. ¿Milagro? No existen los milagros. Esfuerzo, pasión, fe, creencia hasta el final.

Estamos acostumbrados, en este país de envidias, a no valorar el esfuerzo, a que cuando alguien consigue algo se le menosprecie diciendo que ha sido cuestión de suerte, milagros u otras cuestiones más despectivas.

Creer es tan difícil como no creer; pero es tan fácil como no hacerlo. Creemos en mil estupideces y nos cuesta creer en nosotros, que somos la esencia de nuestra vida. 

A veces pensamos que hemos perdido el tiempo, que los años han pasado y no hemos sido capaces de conseguir aquello que creemos nos merecemos. Es absurdo. No hemos perdido el tiempo. 

Sin todo lo vivido no seríamos lo que somos. Hemos superado adversidades, hemos conocido a gentes, hemos llegado hasta aquí por nosotros. Nuestro valor es estar aquí, saber que mañana es otro día que seguiremos adelante e incluso podremos cambiar aquello que creamos no nos convence. Es nuestro gran valor: Ser y Estar

Es esencial creer en nosotros, comenzar a amarnos a nosotros mismos. Tú eres la única persona que puede darte aquello que crees te falta

Comparte con los demás y no desees recibir. La vida va fluyendo y te va aportando lo que necesitas si crees en ti.

Esfuerzo, Pasión y no perder jamás la esperanza en aquello que crees. 
Creo que jamás he buscado el éxito en la vida, no sé si porque la ambición no ha sido buena compañera,‬ he preferido buscar el valor de lo que hago, el valor de lo que siento, el valor de los momentos.

martes, 7 de marzo de 2017

07.03.2017... Reflexiones de martes!

No sé si a ustedes les pasa, a mi me ocurre de vez en cuando y se convierte en una especie de rayo de sol entre tanta nube oscura: tropiezo al levantarme.

Despierto en la semana, con algo de desconcierto, se me hacen cortos los fines de semana o, tal vez, los hago cortos por no diferenciar unos días de otros.

Levanto deprisa. Para mi el lunes, ayer, es un día importante, alegre, de inicio de esa ficticia carrera que convierte los objetivos en metas al final de la semana. Y tengo un tropezón.

Tropiezo sobre mi mismo, tropiezo por no pisar a mi perra que surge de no se sabe dónde a saludar con una alegría inusitada en la mañana; tropiezo hasta con el calcetín, que me he quitado el día anterior y olvidé dejar en el cesto de la ropa sucia. El caso es que tropiezo y al hacerlo, sonrío. ¿Por qué? Porque mentalmente he generado una sensación en mi que me dice que es mejor tropezar al inicio del día que durante el día.

Somos capaces de transformar nuestra realidad a través de nuestras emociones y nuestros pensamientos.

Esta mañana, mientras atravesaba El Retiro de Madrid, agradeciendo a cada paso ese privilegio que tengo, de poder caminar mientras amanece por esa fantástica capital nuestra, pensaba en lo diferente que es valorar como positivo un tropezón a pensar que ahí termina todo o generar sensaciones negativas.

Nuestros días los construimos nosotros desde que despertamos.



De seguro todos estamos expuestos durante el día a momentos poco o nada positivos: llamémoslo por su nombre, negativos. Nos encontramos con discusiones que no esperábamos, problemas que aparecen, momentos en los que perdemos los nervios o nos aceleramos sin saber por qué o sí; recorremos un tramo de nuestra vida que seguro está lleno de despropósitos u obstáculos. En esos momentos perdemos mucha energía, nos desgastamos y, sobre todo, nuestra mente se debilita.

A veces, muchos de esos momentos los somatizamos de tal manera que nos convertimos en esclavos de ellos.

Por eso cuando tropiezo a primera hora de la mañana me alegro enormemente. Los tropezones te ayudan a levantarte y ver el resto del día de forma diferente.

Hay quién ve la vida en un gris constante y quiere que los demás la vean igual que él. Son esas personas que denominamos como tóxicas o esos diablillos que a veces aparecen en forma de pensamiento. 

Hay quienes pensamos que en cada tropezón hay una oportunidad y que la vida está para eso: para caer y levantar.

Hay quienes sonríen con su mirada y provocan en los demás ese equilibrio que a veces son incapaces de provocarse ellos mismos.

Hay quién esculpe poesía en cada silencio y es capaz de rimar con solo aletear sus alas de mariposa. Yo creo en las personas así, por mucho que, en momentos, ellos dejen de sentir ese valor que tienen. Pero ese valor está ahí, sólo tienen que reconocerlo, sólo tienen que creer en ellos.

Creer. Creer en ti es el primer paso para conseguir todo lo que nos propongamos.

Encontré estos días, entre algunos papeles guardados en una carpeta, el dibujo que os muestro por aquí. 

Es una caricatura, un dibujo, que me hizo mi hijo hará diez u once años. Él tendría cinco añitos más o menos. Lo cierto es que al verlo, además de sentir cierta emoción, me he reconocido. Así me veía él entonces. Tal vez así era yo para él y así soy yo. ¿He cambiado? Hoy tendría que utilizar tonos grises en la barba pero, realmente, sigo siendo aquél.

Entonces creía; ahora creo.

Dice Silvio Rodríguez que...

"Yo he preferido hablar de cosas imposibles
porque de lo posible se sabe demasiado."

domingo, 5 de marzo de 2017

05.03.2017... Busca dentro de ti.

No sé por qué, pero tengo la sensación de que vuelvo a sentir que me faltan las horas, que me falta el tiempo para hacer lo que debo o para iniciar todo aquello que me bulle en la cabeza.

Lo llevo pensando todo el fin de semana y lo he vuelto a pensar ahora, cuando paseaba por aquí y me daba cuenta de los pocos momentos que he compartido en estos días.

Nuestra vida, particularmente la mía, se ha acostumbrado a llenarse cada vez más de proyectos, de iniciativas, de ideas varias que me ocupan infinidad de tiempo, que me generan ilusiones, emociones y vértigos, pero que, en definidas cuentas, muchas veces no sé por qué me meto o ocupo de ellas: me acaparan, me provocan también problemas y, por qué no decirlo, a veces tampoco se muy bien si hago lo correcto.

El caso es que cada vez ando más disperso, con menos tiempo para lo importante que es, entre otras, la poesía, que es, y por qué no decirlo, yo, mi yo y mi mundo personal, y me voy metiendo de cabeza en cada charco que aparece delante de mi. A veces me da la sensación de que hago las cosas sin pensar, como una costumbre que se ha generado en mi a no renunciar a nada, a no decir que no a nada y tirarme de cabeza a todo aquello que se me pone delante como proyecto nuevo que me hace llenar la mochila de más carga pero que al final, como todo en la vida, de tanto se queda en nada.

No todos vivimos el tiempo a la misma velocidad. Algunos corren despacio y otros caminan deprisa. Unos esperan tranquilos, otros impacientes.

Cada uno debe recorrer su propio camino. Ni podemos usurpar el de otros ni dejarnos correr el nuestro por otros. Es importante encontrar el camino.

Tal vez por eso, también, en los últimos tiempos trato de perderme unos minutos en la meditación y en la filosofía budista: en la búsqueda del yo, del instante aunque sea mínimo.

No me siento culpable de lo que hago, pero sí sé que soy responsable de no controlar todo lo que voy generando en mi vida.

Eres tu enemigo. Soy mi enemigo.



En ocasiones creo que necesito todo eso, que necesito levantar con todos esos proyectos, obligaciones y responsabilidades; otras más bien creo todo lo contrario, que todo es llenar de nada la vida porque lo verdaderamente importante no está ahí fuera, está dentro de nosotros.

Leí hace poco un cuento, de esos que son como una fábula, creo de un autor desconocido, que tiene mucho que ver con lo que escribo hoy. Como me gustó mucho, lo voy a dejar por aquí. Se titula "¿Dónde escondieron la felicidad?" y dice así:

"En cierta ocasión se reunieron todos los dioses y decidieron crear al hombre y la mujer; planearon hacerlo a su imagen y semejanza, entonces uno de ellos dijo:
- Esperen, si los vamos a hacer a nuestra imagen y semejanza, van a tener un cuerpo igual al nuestro, fuerza e inteligencia igual a la nuestra, debemos pensar en algo que los diferencie de nosotros, de no ser así, estaremos creando nuevos dioses.
Debemos quitarles algo, pero, ¿qué les quitamos?
Después de mucho pensar uno de ellos dijo:
- ¡Ya sé!, vamos a quitarles la felicidad, pero el problema va a ser en donde esconderla para que no la encuentren jamás.
Propuso el primero:
- Vamos a esconderla en la cima del monte mas alto del mundo; a lo que inmediatamente repuso otro: no, recuerda que les dimos fuerza, alguna vez alguien puede subir y encontrarla, y si la encuentra uno, ya todos sabrán donde esta.
Luego propuso otro:
- Entonces vamos a esconderla en el fondo del mar - y otro contesto:
- No, recuerda que les dimos inteligencia, alguna vez alguien va construir una máquina por la que pueda entrar y bajar y entonces la encontrara. 
Uno mas dijo:
- Escondámosla en un planeta lejano a la Tierra.
Y le dijeron:
- No, recuerda que les dimos inteligencia, y un día alguien va construir una nave en la que pueda viajar a otros planetas y la va a descubrir, y entonces todos tendrán felicidad y serán iguales a nosotros.
- El último de ellos, era un Dios que había permanecido en silencio escuchando atentamente cada una de las propuestas de los demás dioses, analizó en silencio cada una de ellas y entonces rompió el silencio y dijo: 
- Creo saber en donde ponerla para que realmente nunca la encuentren.
Todos voltearon asombrados y preguntaron al unísono: ¿En donde? 
- La esconderemos dentro de ellos mismos, estarán tan ocupados buscándola fuera, que no la encontraran.
Todos estuvieron de acuerdo, y desde entonces ha sido así, el hombre se pasa la vida buscando la felicidad sin saber que la lleva dentro de sí mismo."

Busquémonos dentro y vayamos descargando la mochila.