martes, 30 de abril de 2013

96.4.13

96.4.13. La humildad y la gratitud se encuentra siempre más en aquellos que no tienen que en los que creen tenerlo todo.

domingo, 28 de abril de 2013

95.4.13

95.4.13. Intentemos entendernos a nosotros mismos a ver si así somos capaces de entender la vida y lo que está pasando a nuestro alrededor. Es complicado y difícil pero al menos deberíamos intentarlo.

viernes, 26 de abril de 2013

Dice Winston Churchill que...

"Una mentira recorre el mundo entero antes de que la verdad tenga la oportunidad de ponerse los pantalones."

jueves, 25 de abril de 2013

Mi Madrid y... 140


93.4.13

93.4.13. Cada día me doy más cuenta que la educación democrática en España, nuestro país, está más arraigada en el centro/derecha/liberal español que en la izquierda/progresista/comunista.
La izquierda, una vez pierde las elecciones, principio fundamental de una democracia, busca la inestabilidad social y la algarada callejera para intentar desestabilizar al que no ha conseguido ganar, democráticamente, en las urnas.

miércoles, 24 de abril de 2013

92.4.13

92.4.13. Nuestro mayor problema con el mundo es la forma que tenemos de ver las cosas.

domingo, 21 de abril de 2013

90.4.13

90.4.13. Dominar algo en la vida puede llevar años; dominarte a ti mismo requiere toda una vida.

sábado, 20 de abril de 2013

viernes, 19 de abril de 2013

jueves, 18 de abril de 2013

88.4.13

88.4.13. La pena es eso que te llega en los instantes en los que piensas que todo debería ser alegría.

martes, 16 de abril de 2013

86.4.13

86.4.13. Hay que levantarse por las mañanas y no considerar la jornada como una batalla sino como una oportunidad.

lunes, 15 de abril de 2013

Mi Madrid y... 139.


Dice Anthony De Mello que...

"A un discípulo que siempre estaba quejándose de los demás le dijo el Maestro: 'Si es paz lo que buscas, trata de cambiarte a ti mismo, no a los demás. Es más fácil calzarse unas zapatillas que alfombrar toda la tierra."

domingo, 14 de abril de 2013

85.4.13

85.4.13. Estar en posesión de la razón es tan difícil que cuando creemos tenerla es el momento de pensar que nunca la hemos tenido.

viernes, 12 de abril de 2013

83.4.13

83.4.13. Los símbolos nos pueden decir todo o nada. Si no nos dicen nada no es un problema del símbolo, es nuestro.

miércoles, 10 de abril de 2013

martes, 9 de abril de 2013

Querido hijo...

Si puedes, no dejes de aprender algo nuevo hoy que no sepas. Tal vez eso, te sea útil mañana.

'La revolucionaria liberal' por José María Aznar



En 2010 tuve el placer y el honor de poder entregarle a Margaret Thatcher el Premio FAES de la Libertad en su segunda edición. Su designación como merecedora de ese y de cualquier otro premio a la libertad estaba fuera de toda duda: su vida fue un constante impulso a la libertad. Como mujer y líder político, para el avance de la igualdad de géneros; como liberal, para el bolsillo de sus ciudadanos y el impulso de una economía abierta y competitiva; como antiestatalista, en favor de la capacidad de decisión y actuación de los individuos, hombres y mujeres.
Cuando la vi en su residencia de Londres, ya no era, por desgracia, la mujer que yo me había encontrado por primera vez, en septiembre de 1990, en el marco de una reunión de la Unión Demócrata Europea. Su enfermedad había dejado una clara huella en aquella líder que con firmeza, convicción y brillantez se codeaba entonces con el presidente norteamericano Ronald Reagan, presionaba por el cambio democrático en el Este de Europa y dominaba la escena política en el seno de la Unión Europea. 
Con su ascenso al poder en 1979, Margaret Thatcher lograba mucho más que convertirse en la primera mujer Primer Ministro del Reino Unido. Estaba poniendo los cimientos de una revolución conservadora que pasará a la Historia como la revolución de la libertad. Frente a la idea muy extendida en esos momentos sobre un declive inexorable de Gran Bretaña, ella supo ver con claridad aquellos elementos que arrastraban al fondo a su país y, recogiendo una economía arcaica y paralizada, logró remover cuanto obstáculo se oponía a la modernización y colocó a Inglaterra de nuevo en un primer plano económico a nivel mundial. Se enfrentó directamente con los sindicatos de la minería, a los que acabó doblegando tras dos años de huelgas salvajes. Creía que eran rémoras del pasado y logró, con su tesón y firmeza, colocarles en el lugar que debían ocupar. 
Víctima como yo de un atentado terrorista, nunca vaciló a la hora de luchar contra el terror. Incluso en momentos muy difíciles en Irlanda del Norte con las huelgas de hambre de varios presos de la banda terrorista IRA. Su claridad moral le hacía distinguir de forma inequívoca entre el bien y el mal, entre los amigos y los enemigos, con quienes era implacable. Eso sí, dentro del respeto a la legalidad. Algo que yo siempre admiré y apliqué cuando estuve al frente del Gobierno. Su rechazo a las políticas de apaciguamiento y a negociar con terroristas marcó un antes y un después en el conflicto de Irlanda del Norte. 
Thatcher era también heredera del atlantismo de otro de los grandes dirigentes británicos, Sir Winston Churchill. Creía que no era bueno dejar que los Estados Unidos se sintieran solos e hizo todo cuanto pudo para andar codo con codo junto a Ronald Reagan. Estrechar y reforzar el vínculo atlántico era su mejor receta para aumentar la importancia de Europa, a la vez que la mejor alternativa para dotar de estabilidad y paz al mundo en general. Suele tacharse de antieuropea a Margaret Thatcher. No es verdad. Sólo que no comulgaba con una visión socialista y estatalizante del llamado proceso de construcción europea. Ella creía y defendía una Europa abierta al mundo, no proteccionista; una Europa suma de las naciones que la formaban, no una construcción abstracta por encima de ellas; una Europa, en suma, de la libertad para los individuos y las naciones. 

THATCHER, junto con Ronald Reagan y el Papa Juan Pablo II, resulta imprescindible para expli- car cuanto aconteció en Europa y en el mundo desde finales de los años 70 hasta casi nuestros días. El rechazo a aceptar que el comunismo era un sistema que debía existir para siempre en el Este de Europa, su disconformidad con quienes aspiraban a vivir de la generosidad de un Estado en perpetua expansión, su negativa a que las personas no fueran responsables de sus actos, su firme creencia en los valores de la civilización occidental hicieron del thatcherismo una filosofía política del valor, el esfuerzo, el sacrificio, la responsabilidad y la libertad, un ideario universal. Un ideario para el cambio y un mundo mejor. 
Su apuesta por la desregulación, su defensa de la libertad individual, su firmeza frente a los enemigos de Occidente marcaron su paso por la política. Margaret Thatcher fue una auténtica revolucionaria conservadora. Sabía que su responsabilidad era tomar decisiones aunque a veces fueran impopulares. Gobernó desde el pragmatismo pero también desde la convicción. Y por eso resultaba tan arrolladora. 
Cuando la vi por primera vez, aquella ocasión en Helsinki, y tuvimos que salir todos los asistentes a la reunión a una rueda de prensa, fue ella quien se llevó todos los focos y preguntas. Sus palabras no sólo eran elocuentes, sino que destilaban fuerza y sinceridad. Yo siempre la he admirado a pesar de las diferencias. Con su muerte pasa a unirse a esos campeones conservadores de la libertad que con su decisión, voluntad y firmeza, pusieron los cimientos del mundo en que vivimos. Un mundo más libre y mejor. Descanse en paz. Su herencia queda y quedará entre todos nosotros. 

José María Aznar es ex presidente del Gobierno.

81.4.13

81.4.13. Nunca se pierde nada que no se llega a ganar.

domingo, 7 de abril de 2013

80.4.13

80.4.13. La vida es una continua competición con el resto y, casi más importante, con nosotros mismos.

sábado, 6 de abril de 2013

Música Running: Will.I.Am - Scream & Shout ft. Britney Spears

Ha salido el sol...

Dice Albert Camus que...

“Basta con saber lo que queremos. Y lo que queremos precisamente es no inclinarnos jamás ante el sable, no dar jamás razón a la fuerza que no se pone al servicio del espíritu. Cierto que es una tarea que no tiene fin. Pero aquí estamos nosotros para continuarla. Creo que los hombres jamás han dejado de avanzar en el conocimiento reflexivo de su propio destino. No hemos superado nuestra condición, y, sin embargo, la conocemos mejor. Nuestra tarea de hombres es encontrar las escasas fórmulas que apacigüen la angustia infinita de las almas libres. Tenemos que remediar lo que está desgarrado, tenemos que hacer la justicia imaginable en un mundo tan evidentemente injusto, hacer la felicidad significativa para pueblos envenenados con la desgracia del siglo. Permanezcamos firmes en el espíritu, incluso si la fuerza toma para seducirnos el rostro de una idea o de la comodidad. Ante la enormidad de la partida trabada, no debe olvidarse en todo caso la fuerza de carácter. Es ella la que, en el invierno del mundo, preparará el fruto.”

viernes, 5 de abril de 2013

'Corrupción' por José Mª Carrascal


Artículo publicado ABC 2 abril 2013

“Acción o efecto de corromper” define el Diccionario de la Real Academia la corrupción. O sea, algo que degrada cosas y personas. Un moralista invocaría los efectos del pecado original, que nos expulsó del paraíso. Un científico, la entropía o pérdida energética que se sufre en cada cambio de estado. ¿Estamos hablando, entonces, de algo inherente a la naturaleza, finita y perecedera, de la que formamos parte?



Pero descendamos al terreno práctico para no perdernos en la teoría. Corrupción es obtener ventajas sobre los demás de forma ilícita. Siendo la igualdad de oportunidades uno de los pilares del Estado de Derecho, estamos ante un delito de lesa democracia, una auténtica estafa social, aparte de un fraude moral. La experiencia nos enseña que el efecto corrosivo de la corrupción socava los cimientos de cualquier sociedad civilizada, que no la admite en ninguna de sus formas. Pues hay dos tipos de ella, fácilmente distinguibles:

—La corrupción individual, protagonizada por aquellos sujetos que, aprovechando las circunstancias y valiéndose de su ingenio, logran apropiarse de bienes que no les pertenecen. Pertenecen a todas las clases sociales y nuestra literatura es pródiga en describir sus andanzas, habiendo creado un género para ellos: la picaresca. Incluso gozan de cierta simpatía entre el gran público, como ocurre al «bandido generoso», lo que advierte de un grave fallo de nuestra conciencia colectiva, pues estafar y robar nunca pueden ser conductas ejemplares. Pero no me adentro en ese tema, para no perder el hilo.

—Existe, al mismo tiempo, una corrupción generalizada, parte del sistema mismo, que la genera y fomenta. Suele darse en las dictaduras de cualquier signo, donde la acumulación del poder en unas solas manos, del dictador o partido, lleva inevitablemente al abuso del mismo, y en las democracias primitivas o erosionadas por el uso.


Al estar en el primer tipo individualizada, es más fácil de eliminar. Se trata, en la inmensa mayoría de los casos, de «listos» que se infiltran en un partido o gobierno, con ánimo de servir su propio bien, no el bien general, corrompiendo a cuantos alrededor se dejan y causando tanto o más daño a la ciudadanía como el propio partido, hasta que se descubre su trama. Si se descubre, pues eso dependerá del nivel democrático que haya alcanzado aquel país. Recuerdo que un vicepresidente norteamericano, Spiro Agnew, fue despedido de la noche a la mañana al saberse que había aceptado dinero de «lobbistas», sin juicios ni «supuesta culpabilidad». La corrupción sistémica, en cambio, es infinitamente más difícil de combatir, al estar instalada en el propio sistema, impidiendo la regeneración del mismo. El caso Agnew sería inconcebible en el México del PRI en su primera etapa (veremos en la segunda), cuando la «mordida» era algo normal, incluso en las altas esferas gubernamentales. Sin ir tan lejos, el caso de los ERE andaluces advierte de una corrupción sistémica en aquella comunidad, sin que las comisiones parlamentarias sirvieran para depurarla, hasta que una juez tomara cartas en el asunto. Del mismo modo, el caso Gürtel, unido al de Bárcenas, nos dirá si se trata de unos pícaros introducidos en la alta política o de corrupción en los partidos de gobierno. En cualquier caso, sólo la Justicia podrá aclarárnoslo, al no tener los partidos ganas ni medios para hacerlo. Con lo que, sin darnos cuenta, nos hemos topado con el origen y cura de mal.

Me refiero al esquema que diseñó Montequieu hace tres siglos, como pauta de la democracia parlamentaria, con tres poderes, ejecutivo, legislativo y judicial, con funciones distintas controlándose entre sí. Un diseño muy simple, pero al que no se le ha encontrado sustituto, aunque un conocido e ingenioso político de la izquierda española lo declaró, como a su diseñador, enterrado al arrancar nuestra democracia. En lo que puede estar la clave de los graves desequilibrios y crecientes dificultades que está teniendo.



Haber potenciado los principales partidos no parecía mala idea, teniendo en cuenta la tendencia a la dispersión que tenemos los españoles. Pero haberles dado todo el poder era suicida, democráticamente hablando, ya que si el poder corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente. Algo que en nuestro caso se agrava con el diseño territorial, las autonomías, miniestados que copian al central, con más corrupción incluso, debido al clientelismo, favoritismo, nepotismo y otras prácticas delictivas típicas de los espacios reducidos, que se extienden como una mancha de aceite por ayuntamientos y comunidades autónomas, sin que a nadie extrañe ni siquiera alarme, que puede ser lo más grave de todo. Echen una ojeada a Cataluña, Valencia, Baleares, Galicia, etc., etc., y verán la amplitud del mal.



¿Tiene remedio? Sí, aunque no fácil, pues si el pescado empieza a pudrirse por la cabeza, la corrupción sistémica empieza por los políticos. En modo alguno quiero decir que todos sean corruptos. Es más, pienso que la inmensa mayoría son honrados. Pero si el corrupto es el sistema, de poco sirve, y ¿cómo pedir a los partidos que renuncien al sistema que les garantiza la impunidad en caso de haber incurrido en delito voluntaria o involuntariamente? ¿Cómo devolver la Justicia a quienes sólo quieres ser jueces? Pues sigo oyendo hablar de jueces «conservadores» y «progresistas», como si no hubiera jueces a secas en España. Que los hay y están realizando una gran labor en los casos de corrupción hoy en el candelero. Pero hasta que no los vea en los puestos clave de la judicatura, no veo forma de independizarla.

 Pienso, sin embargo, que la crítica situación que atravesamos viene en nuestra ayuda. Hay que enfrentar a la clase política con las consecuencias de la corrupción, como siente ya en sus carnes. Si las mentiras tienen patas muy cortas, la corrupción las tiene muy largas, hasta el punto de terminar destruyendo a quienes la practican y a quienes tienen alrededor. Quiero decir que, por su propio interés, les conviene renunciar a sus privilegios. Si «la revolución devora a sus hijos», la corrupción los ciega y, a poca democracia que haya, termina llevando a unos a la cárcel, a otros al desprestigio, como ya está ocurriendo.

 Otra cosa es si en España tenemos una verdadera democracia. Pero esa es otra historia, en la que no vamos a entrar para no liarnos aún más. Aunque el hecho de que estemos hablando y escribiendo sobre la corrupción indica que algo de democracia sí que debemos de tener. Lo que nos falta es aplicarla, que es donde solemos fallar los españoles, a quienes suele írsenos todo el empuje por la boca. ¡Pero esa sí que es otra historia! ¿O es la misma?

José María Carrascal, periodista.

79.4.13

79.4.13. Las cosas no cambian sólo a base de ilusión. Si queremos cambiar algo debemos remangarnos y ponernos manos a la obra.

jueves, 4 de abril de 2013

miércoles, 3 de abril de 2013

78.4.13

78.4.13. Siempre hay momentos en los que uno se cansa de ser respetuoso con aquellos que no lo son con los demás.

martes, 2 de abril de 2013

Whang Od: la tatuadora kalinga.

Impresionante vídeo para aquellos que gusten del mundo del tatoo. Esto es tatuar, esto es aguantar el dolor...

77.4.13

77.4.13. Cada vez tengo más claro que no sé nada, pero también creo que el resto no tiene ni idea de nada. Deberíamos dedicarnos un poquito a aprender.

lunes, 1 de abril de 2013

'Lincoln para nosotros' por Valenti Puig




Habrá quien vea el Lincoln de Spielberg en la pantalla creyendo que es un personaje de ficción. Son consecuencias de la confusión entre mundo real y mundo virtual, y, sobre todo, lo son de un sistema educativo en el que se puede llegar a estadios posuniversitarios sin saber quién es Pericles o Lincoln, ni tener conocimiento de la gobernación en la Ínsula Barataria. De aquí que un primer Lincoln para nosotros sea el autodidacta. Aunque su padre le maltratase y solo con unos meses en las aulas, Lincoln aprendió a escribir por su cuenta, buscó los pocos libros a su alcance, leyó los clásicos y aprendió los ritmos de la oratoria clásica. Llegaría a escribir piezas memorables de la lengua inglesa. Su discurso de Gettysburg es, simplemente, perfecto. El empeño del autodidacta representa una fuerza de voluntad que, por contraste con el rasero igualitario de la escuela actual, tiene un valor ejemplar. El autodidacta estudió Derecho a su aire y aprobó el examen del colegio de abogados de Illinois. No se trata de ser todos autodidactas ni de que los alumnos tengan que caminar veinte kilómetros sobre la nieve o cruzar selvas para ir a la escuela, pero sí de emular el potente esfuerzo por el conocimiento que llevaba a Lincoln a no poder dormir si no había entendido una idea que le era nueva. Esa intensidad le permitió luego ser un político de claridad convincente, sensata y raras veces ambigua. Supo relatar, escuchaba a la gente, cedía en lo accidental para preservar la sustancia. 

 El honrado Abe podía adentrarse en las zonas más oscuras de la política para obtener el mayor bien común que fuese posible. Fue como logró la laboriosa aprobación de la enmienda que abolía definitivamente la esclavitud. Esa ha sido siempre la gran política que se hace a partir de la realidad. Sus astucias fueron lo nobles que podían ser. Es otra lección decisiva de Lincoln, siempre de actualidad. No de otro modo consiguió preservar la Unión y emancipar a unos cinco millones de esclavos negros. Lo logró fortaleciendo la libertad y no debilitándola. Es algo que alecciona en estos tiempos de nuevos autoritarismos y de descrédito de la vida democrática. Ideal y realidad pueden ser vasos comunicantes y, si no lo son, o aparecen las utopías nocivas o la política se convierte en un chapoteo de intereses parciales. Como dijo en uno de sus discursos más célebres, una casa dividida contra sí misma no puede sostenerse. Azorín escribió que con su Lincoln los Estados Unidos habían burlado los cálculos de la política. Tan elocuente desde su escaño o como cronista político, Don Emilio Castelar escribió: “El nombre de Lincoln resplandece a mis ojos cual el de todas aquellas personas históricas a quienes convertimos en ideal vivo, a virtud y por obra de un fervoroso culto”. “Sin maldad hacia nadie; con caridad hacia todos; con firmeza en el bien”, proclamó en un discurso.  

De modo esquemático, los antiesclavistas como Lincoln creían en la igualdad de todos los seres humanos, pero ese ideal debía seguir la vía de la Constitución y fortalecer la Unión, mientras que los abolicionistas ponían el maximalismo de su fin por encima de la ley y de la Unión. Lincoln optó por integrar lo mejor de cada posibilidad pero no pudo evitar la guerra civil y sí garantizar la permanencia de la Unión. Es un hecho que el proceso de la secesión era previo a la llegada de Lincoln a la Casa Blanca. Sabía que abolir la esclavitud era impracticable sin la existencia de la Unión. El pragmatismo y la integridad nunca han sido incompatibles por definición. Sobre todas las cosas, para Lincoln contaba la Constitución. 

 La magnanimidad es otra de las lecciones de Lincoln para nosotros. Magnanimidad en la victoria, compasión y deseo de reconciliar la Unión. De no haber muerto Lincoln, el expolio del Sur después de la guerra civil seguramente no hubiese tenido lugar. Ejerció en abundancia el perdón. Ignoró el despecho. Magnanimidad también en el liderato: integró en el gabinete a sus enemigos internos del partido republicano y se ganó su honorable lealtad. Al finalizar la guerra civil propugnó amplias amnistías, incluso a la contra de las voces más drásticas de su partido. Sirve hoy tanto como entonces lo proclamado en su segundo discurso inaugural: “Sin maldad hacia nadie; con caridad hacia todos; con firmeza en el bien”. En sus propias palabras, se proponía vendar las heridas de la nación, cuidar a aquel que hubiese soportado el peso del combate, y a su viuda y a su huérfano. Quiso evitar todo revanchismo del Norte. Esas palabras incitaban más el odio del apuesto actor que, al frente de la conspiración para derrocar el gobierno, mató a Lincoln de un disparo en la nuca. Los Estados Unidos iban a refundarse. Es otra lección para nosotros que Lincoln dedujese de las crisis la mayor parte de su grandeza.

Dice Chesterton que...

"Fama es que te conozcan todos. Prestigio, sólo los que importan."