jueves, 31 de marzo de 2016

31.03.2016... Soy un Cateto.

Día intenso y denso. Día de viaje y ya en esa ciudad maravillosa que es Valladolid, capital política por Carlos I y posteriormente, entre 1601 y 1606, capital del Imperio Español.

Venía en el tren y, como siempre, aprovecho mientras veo pasar el paisaje por la ventanilla, para pensar y reflexionar entre lectura y lectura. La distancia no es larga, el tiempo tampoco.

Hay cosas que me joden -perdón por la expresión-enormemente. Lo peor, por otro lado, es que son cosas que me ratifican en la idea de que nos hemos ganado a pulso, los del Partido Popular, esa imagen de estar alejados de las personas normales, del día a día,  de la sociedad de a pie, de la calle, de la gran mayoría de ciudadanos. Sé que no se puede generalizar, que somos muchos más los normales, pero el problema es que los que nos dirigen, los responsables,  tal vez no lo sean tanto.

¿Qué quiero decir con esto? Que solo hay que mirar currículum, perfiles o árboles genealógicos. Los que tenemos la oportunidad y privilegio de conocer y mantener una conversación, de vez en cuando, con ellos, lo captas al instante. Me explico.



Estos días he escuchado, de boca de alguien, algo así: "me marche del bar de la gasolinera porque estaba lleno de catetos." 

¿Catetos? -me pregunté-. Cateto es una persona pueblerina o palurda, torpe o inculta. Quién me lo está diciendo, independientemente del apellido, podría poseer alguna de estas características. Pero bueno...

"En fechas así no bajo a pasear a la playa porque me molesta que me mire tanto turista de fin de semana."

¿Qué te miran? Y por qué van a mirarte a ti. Ni que en bañador pudieras resaltar por encima de los demás.

Y la tercera frase, que la voy a obviar aquí, fue suficiente para ya preguntar a la persona con la que estaba y que, por cierto, me conoce perfectamente desde hace mucho tiempo, que si sabía con quién estaba hablando. 

"¿Por?" 

Porque por lo que dices, contesté, y según tu concepto de 'cateto', lo estas haciendo con un cateto de pura cepa y a honra. 

"¿Por qué dices eso?"

Porque podía haber sido uno de esos del bar de la gasolinera, o uno de esos de la playa de fin de semana, o uno de esos del chato de vino en el bar del pueblo o uno de esos millones, la mayoría, de familias humildes, de pueblo. 

¿Cateto? Oye pues sí, ¿y qué?

A lo mejor ese es el problema que tenemos, y que yo he venido criticando desde hace tiempo: los que nos dirigen no nos representan ni a los afiliados, ni a los militantes; mucho menos a la inmensa mayoría de los ciudadanos.

Claro, catetos no son los del barrio de Salamanca ni Pozuelo -con todos mis respetos-, ni los condes ni marqueses, ni los Rato ni las 'Ratas', ni los Correa ni los Granados ni los Bárcenas. Claro, todos esos son los listos. Catetos, posiblemente para ellos, somos esos de Vallecas, de Getafe o de Parla, de Minaya o cualquier pueblo andaluz o extremeño. Catetos, para ellos, deben ser esos millones de españoles que se levantan a las seis de la mañana para salir a buscar el sustento de su familia, o esos que ni siquiera llegan a fin de mes. O los que han entrado en barrena y son incapaces de conseguir un empleo.

Y en momentos así, sinceramente, yo me siento más cerca de los que estos creen 'catetos' que de ellos.

Es verdad que nací en Madrid, en Carabanchel para ser exactos, vivo en una gran ciudad, Getafe, y me siento del pueblo más hermoso de Albacete; el de mis padres, abuelos y bisabuelos, el de mi infancia y vida, Minaya. Mis abuelos agricultores, de campo puro. Mi padre funcionario no de nivel A, pero de grado platino en la vida; mi madre ingeniera de sus labores, doctorada en cocina por la experiencia y sin necesidad de estrellas porque las tiene todas. Y es verdad, el máximo tesoro de toda la familia son los valores y la educación. Nunca nos faltó de nada. Tampoco calculábamos las horas que mi padre no estaba en casa, siempre trabajando.

Es tremendo como la apariencia confunde a las personas. Como a algunos les repatea el intestino que alguien sin raíz 'noble' pueda tocar o convivir en círculos de cierto 'nivel' (?). A veces he sentido eso de "no sé cómo puedes estar aquí ". Todo es práctica. Lo bueno de las personas como yo, catetos honorables, orgullosos, es que no hacemos distinción entre unos y otros; igual estamos con esos que se creen y no son nadie, que con los que son y no se creen nada.

En fin, no voy a extenderme mucho más porque me cabreo y, realmente, no me apetece. Así nos va. Por cierto que, en este caso, como otros muchos, la comida la pagó el cateto porque, eso sí, tiene bastante más educación y clase. La clase, amigos, no va en el apellido, en la tarjeta, en el dinero que tengas, los estudios u oposiciones, en el traje o el título nobiliario: la clase va en la persona y, o se tiene o no se tiene.

Las personas somos como somos y ninguno somos igual al otro. Podemos parecernos, tener alguna característica común, complementarnos, pero no ser iguales.

El carácter, la forma de ser, las virtudes, los defectos, el olor que desprendemos, los valores, nos hace realmente diferenciarnos los unos de los otros. Eso es extraordinario.

La convivencia entre unos y otros, nos enriquece. 

Pero todos somos personas y aquellos que buscan desigualdades por razón de sexo, raza, estatus, formación, creencias o cualquier otra distinción, están abocados al fracaso intelectual, personal y político. Así lo siento.

Feliz noche amigos.
Tener la mente abierta es la única manera de parar las caídas.

martes, 29 de marzo de 2016

29.03.2016... De lunes y martes.

Pasado el lunes, uno comienza a preguntarse qué ha sido de la semana. Es curioso que mientras unos llegan a este día, tras el fin de semana, hastiados y cabreados, con cara de pocos amigos, para mi es el mejor. El lunes es ese día en el que tengo todas las ilusiones renovadas. El lunes es ese día en el que parece que todo me sale mejor. Ni me sobra ni me falta nada. Y así, una vez pasado, me encuentro con el martes buscándole la substancia a la semana.




Y pensaba esta mañana, en mi ya tradicional caminata, inicio de martes, que me gustaría que todos los días fueran lunes y martes. Los lunes y martes son más productivos, al menos para mi. Curiosamente, contrario a algunos estudios que existen por ahí, mi peor día suele ser el viernes. ¿Motivo? Suelo estar cansado, harto, desconcentrado, con ganas de enchufarme para cargar las pilas vitales.

Ahora que escribo estas líneas, terminado el martes, me reconforta saber que todo esfuerzo tiene su fruto, tarde o temprano. Hay mucha gente por ahí que llega al lunes con ganas de hacer, de emprender, de ilusionarse y reulusionarse con proyectos, de caer y levantarse. Esa es la gente que verdaderamente merece la pena. Esos 'cara de lunes', que aparecen desfallecidos, sin ilusión, sin ganas, no van a cambiar porque sea martes o miércoles. Es verdad, son los que el viernes encuentran su día de felicidad. ¿Por qué? Porque ya no tienen que poner su 'cara de lunes', ya no tienen que buscar excusas para no hacer nada.

Fíjate que, si alguna vez he pensado que me gustaría jubilarme, no es para estar quieto, es para terminar de leerme todos los libros de mi biblioteca, para escribir todos los versos que me faltan o esas páginas siempre inacabadas. Para respirar sin prisa, para volver a ilusionarme con lo sencillo, que es lo único que me llevaré al dormitorio de lo eterno. ¿Jubilarme? Nunca me jubilare del todo porque siempre tendré, un lunes o un martes, la ilusión de que llegue la luz del día para hacer algo, proyectar algo o crear algo.

A cuento de esto, me ha perecido muy interesante el artículo que publica hoy ABC sobre la longevidad. En este caso pone dos ejemplos de personas que, en apariencia y según nos cuentan, se encuentran en plena forma a los 80 años de edad: Vargas Llosa y Amancio Ortega. Me parece envidiable, un sueño más. La de años que quedan, la de cosas que se puede hacer hasta esa magnífica edad.

Y después de todas estas tontunas que he escrito hoy, lo mejor es cerrar el ordenador y dedicarse unas horas a la literatura. Mucho más productivo.





Mira a todas las personas como un mar abierto repleto de tesoros escondidos por descubrir.

domingo, 27 de marzo de 2016

27.03.2016... Respirar Minaya.

Como que no queriendo, hemos llegado al final de estos días de descanso.  

Terminamos así una semana fantástica, poética y, en lo personal, repleta de momentos de los que merecen la pena. Puedo decir que la comencé en Londres, y la he terminado en Minaya. Puedo decir que, hacía tiempo no disfrutaba tanto del exquisito equilibrio que se encuentra, en ese descubrir nuevos lugares y culturas, con el sentir tus rincones de siempre.

Esta mañana, antes de salir hacia Getafe, volví a mirar por mi ventana; desde ese rincón donde escribo, pienso y leo cuando estoy allí. Contemplar la lejanía del campo, su silencio sorprendido por los trinos y cantos, el baile de la primavera floral a ambos lados del camino, el olor a leña, a tierra... Subes al coche, comienzas la marcha,  sabes que vuelves a todo aquello diferente que marca tu día a día, como un reloj que corre de hora en hora a una velocidad mayor de lo normal. Aquí las horas son especialmente lentas, las vives diferente.



Allí se han quedado los largos paseos, recorriendo todos esos caminos que buscan el sol de la tarde. Se quedan esos momentos y encuentros familiares, con los de uno, que son los tuyos. Aquí se queda, hasta otro momento, la sensación de paz y ese tiempo, que no es otra cosa que el poema que nos vamos haciendo, al compás que queremos marcar los versos.

La verdad que termino la semana con las pilas totalmente cargadas. He disfrutado de cada momento como creo merece disfrutar la vida: como si no hubiera ni otra vida, ni otro momento. Poder disfrutar de los tuyos sin prisas ni quehaceres ajenos, saludar a esos amigos a los que ves prácticamente de año en año; comprar la prensa y charlar sin prisa con quienes te reciben con el cariño que sólo se es capaz de vivir y sentir en lo cercano. No sé si es por hacerme mayor, o por estar un poco harto de lo que rodea la vida que nos hemos hecho en la capital, cada vez añoro más pasar más tiempo en este rincón manchego. Sinceramente creo que no me haría falta mucho más.

En este lugar está todo lo que soy y siento. Es verdad, cuando vengo (y puede resultar que soy un pesado), posiblemente sean los únicos momentos en los que me hago esas preguntas a las que todos deberíamos responder alguna vez en nuestra vida, cuanto antes mejor: ¿qué queremos hacer el resto de nuestros días? ¿quién queremos ser?

Los que estamos enganchados a ese ritmo intenso, al que nos sometemos de lunes a viernes, con nuestros quehaceres, obligaciones, responsabilidades, o esas mochilas que nos hemos echado a cuestas, nos cuesta desconectar. Parecemos adictos a ese mundo que sabemos absurdo. No hacemos más que satisfacer nuestro ego en vez de alimentarnos internamente: mente y cuerpo.


Contemplar los brotes de los árboles, la flor que surge de sus ramas en primavera, el verdor de la tierra que nace como cada año. Respirar, simplemente ser consciente de la respiración. 

He aprovechado todos estos días para salir a caminar (tengo las rodillas algo doloridas y he descansado al running), para encontrarme con la puesta de sol, con esos cielos coloridos de fuego que sólo encuentras en Minaya

He parado en medio del campo a escuchar el silencio. He cerrado los ojos. He tratado de olvidarme de todo. Me he centrado en la respiración mientras exhalaba el aire lentamente. Desde que practico yoga, y trato de adentrarme en la meditación, me he dado cuenta que la respiración nos ayuda a encontrar el equilibrio entre el cuerpo y la mente que perdemos con nuestra absurda actividad. Hace poco tuve un momento, sensación, de ansiedad y estrés, generado, seguro, por un cúmulo de esos proyectos o actividades a las que me someto; paré, paré en medio de la calle. Me senté, medio cerré los ojos y respiré lentamente durante unos minutos. Conseguí la calma necesaria para continuar.

Aquí, en Minaya, ha sido una experiencia extraordinaria. Tras unos kilómetros en un paseo consciente, disfrutando de la belleza del sol y del campo, de la tierra, de la vida. Parar en esa soledad buscada, sentarte en una posición adecuada, dar gracias y comenzar a inspirar y espirar estableciendo un vínculo con mi yo interior, sintiéndome parte de todo lo que me rodea. Vivir el ahora.

Cada uno siente su gilipollez de un modo u otro. Mi momento de gilipollez, de sentirme absorto, de olvidarme de casi todo, de dejar que se me salten las lágrimas de emoción, de sentirme más grande y vivo que nadie, es cada vez que contemplo la puesta de sol en Minaya. Y es mi momento, es el instante en el que de verdad creo que lo Eterno existe por encima de las gilipolleces que nos acompañan en el día a día. Pocos conocen Minaya y, de los pocos, pocos valoramos lo que es. A lo mejor no es más que un pueblucho manchego, de esos tantos; el caso es que aquí se respira el mejor oxígeno del mundo, se descubre cada noche una estrella o el sol consigue que cada atardecer pinte versos en el cielo de un color diferente. Puede ser. Que cada uno lo descubra y valore a su manera.

Somos nosotros mismos los que a veces, de forma intencionada, consciente o inconsciente, los que huimos o tapamos los ojos a aquello que es sin duda lo que nos aporta felicidad.

Todo es por no pensar o no querer, por buscar excusas absurdas ante la levedad del momento presente. Lo que vale, la esencia de nuestras vidas, es lo que vivimos en el ahora.


Mañana será otro día, otra semana tal vez. Vivamos el Ahora. Feliz noche.


Sentirte pobre cada día, te hace agradecer la vida en cada instante.

sábado, 26 de marzo de 2016

Soñé el silencio...

Soñé el silencio,
es lo que bebo
últimamente. 

Mientras fraguan, 
ardientes, 
cada uno de tus pasos,
valoraba que sombra
sólo una acompaña
días que te siguen.

Zambullí mi lengua
en la sed de tu boca, 
desnudo saltaba
planeando tu cuerpo,
distanciado de mi
acurrucaba la silueta
que turbada emergía 
raíz de tierra
sin dueño.

Inquieto movimiento
escurrido asombro
despejada luz
que convierte día
en el corazón 
de mi almohada.


Mis Momentos... Londres.


Dice Silvio Pellico que...

"Toda meta arduamente conquistada no debe ser sino un trampolín para otra cosa nueva, más alta."

viernes, 25 de marzo de 2016

Leer mucho puede llegar a producir angustia, una angustia literaria porque siempre quieres más pero tu tiempo es el que es, mínimo.

martes, 22 de marzo de 2016

22.03.2016... Reflexiones Personales V, desde Londres.

Ya en casa, ya en España, con ese día a día lento que deja el poso del recuerdo de días pasados.

Unos días en Londres, descubriendo todavía más una ciudad que ya había visitado en dos ocasiones, por motivos laborales, y disfrutando de momentos de esos que quedan para siempre y que, sinceramente, renunciar a vivirlos solo puede obedecer a una estupidez.



Londres es elegante, esbelta, cosmopolita. No diré que, de las pocas capitales que conozco, sea la que más me gusta. Bien, está bien. Puedo decir que rezuma una especie de glamour y estilo, robustez, distinción, poco comparable con otras.

Cada día se despertaba con un gris luminoso. Un gris de esos que quiere ser roto por una tenue luz solar, pero que se compacta, tímido, hasta el anochecer.

Tratamos de recorrer el máximo posible de la capital a pie. Es la mejor forma de contemplar y vivir la ciudad. Prácticamente conseguido. Un día para visitar los puntos más emblemáticos,  otro para vivir esos espacios algo más alejados, los mercados, donde se reúnen gentes de todo tipo, mezclados con todos esos guiris de turno que invadimos, ávidos de toquetear su espacio.

...

Los viajes unen más que separan. Te complementas, te descubres, te reconoces.

...

He perdido la batalla del idioma, pero tampoco me siento culpable de ello, ni mucho menos frustrado. Simplemente son de esos fracasos que uno podía haber evitado, oportunidades tuve, y no aproveché. He sido un negado, o una persona con exceso de dejadez y vaguería con el inglés. 

Provoca cierta ansiedad estar en lugares que no son habitualmente los tuyos; otras costumbres, otras culturas, pero, sobre todo, otro idioma.

Hay personas a las que les encanta viajar, aventurarse en cualquier sitio, descubrir nuevos lugares, arriesgar, aprender de otras culturas. Los hay, en cambio, que a estas alturas preferimos rebuscar la esencia de lo nuestro, que no es poco. Cada uno con sus gustos y yo, como siempre, respetando el de todos.

Para viajar hay que ser viajero.
...

Uno siempre se esfuerza por conseguir mantener cierta armonía en su vida, en lo que hace. Es verdad que soy de todos los imperfectos el más imperfecto, pero hasta en lo mínimo trato de buscar y encontrar un hilo de ilusión que ate todo lo que nos envuelve. 

...

Pocas personas viven una felicidad plena. Diría que la felicidad plena no existe. Buscar pequeños momentos de felicidad debería ser nuestro objetivo. El resto sería malgastar el tiempo o vivir en una frustración continua.

...

Qué pocas veces vivimos el presente. Qué pocas veces somos capaces de abstraernos de todo; de deseos, imágenes, emociones; de pensamientos que nos mediatizan.

Qué pocas veces encontramos verdaderamente nuestro tiempo, ese ajeno a todo, que nos vive y alimenta la existencia en la verdad.
...

Cada vez tiendo a vivir mucho más el instante y trato de abstraerme a todo aquello que genere un mal momento.
...

Si te detienes un minuto a pensar, quieto, parado, consciente, te darás cuenta de ese tiempo que es capaz de pasarte de largo si no lo vives. Vivir el tiempo es vivir consciente de la vida, de lo que ocurre dentro de ti.

...

Descubrir el adolescente que uno fue es descubrir todo aquello que ignoramos y no hacíamos bien. 

Un hijo es nuestro reflejo, en lo bueno y en lo malo. En mi caso, el mío, lleva alguno de mis defectos pero todas las virtudes de su madre; pasará esta racha vital adolescente y confirmará ser el gran hombre que ya es. El resto le toca a él. 

Posiblemente yo también heredé muchos de los defectos de mi padre, pero lo cierto es que aquí estoy, hecho y derecho como ese bambú que se dobla pero nunca se parte.
... 

Es realmente curioso que celebre el Día Mundial de la Poesía, aquí, en Londres, leyendo un fantástico poema de Pedro Salinas que alguien ha tenido a bien enviarme. Pedro Salinas es uno de mis maestros, un poeta en esencia, un transmisor de sentimientos a través de la palabra. Pedro Salinas fue el gran enamorado.

Tu verdad me asegura que nada fue mentira. Y mientras yo te sienta, tú me serás, dolor, la prueba de otra vida en que no me dolías. 

Consejos para ser Feliz - Guen Kelsang Chokga

Dice Epicuro que...

"La muerte no está presente nunca. Cuando yo estoy aquí, ella no está; cuando la muerte llega aquí, yo ya no soy."

sábado, 19 de marzo de 2016

Reconozcamos que cometemos equivocaciones, no es malo, pero reconozcámoslo todos. No siempre se equivoca el mismo.

viernes, 18 de marzo de 2016

18.03.2016... De tolerancias.

Me preguntaba hoy, a mi mismo, si realmente soy una persona tolerante. 

Nos damos muchas veces puñetazos en el pecho, señalándonos como los más tolerantes del universo pero: ¿realmente lo somos?

Es fácil ser tolerante con nuestros iguales; con tu familia amigos o compañeros. Lo realmente difícil es ser tolerante con aquellos que no son como tú; ni en ideas, ni en raza, ni en creencias ni, en condición sexual.

La tolerancia es el respeto a las ideas, a las creencias, o prácticas cuando son diferentes o contrarias a las propias y/o a las reglas morales.

La tolerancia es uno de los valores más importantes ya que supone la aceptación de lo que entendemos no es como nosotros. Desde la tolerancia se evitan los conflictos.

Ya he escrito en alguna ocasión sobre la Tolerancia (leer aquí).

Hoy he vuelto a hacerme la misma pregunta: ¿soy tolerante? 

Me he hecho la pregunta tras una discusión política, algo acalorada, con alguien que no opinaba como yo. He escuchado atentamente sus razonamientos, sus reflexiones pero, cuando yo he expuesto mis ideas, además de cortarme continuamente, prácticamente me ha dicho que me callase porque sólo decía tonterías.



Bien, en ese momento ha surgido el carácter Moreno y, evidentemente, le he dicho que si no era capaz de escuchar y respetar la opinión de los demás, por mi parte la conversación terminaba ahí. En ese momento, como si lo que buscase es un desahogo, además de dedicarme algún improperio, señalando con el dedo, me dice el 'animal': "No pienso tolerarle que me hable así, seguís siendo unos niñatos de derechas"

Me he quedado estupefacto. 

En ese instante me he levantado, he despertado del letargo educado y le he dicho algo parecido a lo que he escrito antes: "es absurdo tratar de mantener una conversación civilizada con un asno." Seguidamente, me he dado la vuelta, y sin despedirme de nadie  me he marchado.

El caso es que, esta persona en concreto, es profesor universitario en Madrid, de Derecho para ser exactos. Me ha alterado. Me he sentido alterado y, si no es por los años suyos, también los míos, y por esa especie de equilibrio vital que me acompaña últimamente, lo normal es haberle soltado una bofetada y haberla liado del todo.

Pero no. He he marchado dando un paseo y pensando que, realmente no tolero a personas así. No quiero estar con ellas, ni hablar, ni escucharles.

Es muy difícil ser tolerante con aquél que sabemos no es tolerante contigo.

Ese sí es un auténtico ejercicio de tolerancia. 
¿Dónde se pone el límite de nuestras pacientes virtudes?

Me gusta conocer y conversar con personas que no piensan como yo. Es un ejercicio vital, sobre todo cuando sientes que con el que hablas no piensa jamás admitir tus ideas. Siempre desde el respeto. Cuando el que está enfrente no te respeta, ni escucha, ni admite que aportes opiniones distintas, él no es tolerante contigo por lo que a lo mejor a mi tampoco me apetece ser tolerante con él.

Y, dicho esto, voy a tratar de dedicar este fin de semana a lo poético, a lo literario y, sobre todo, a lo más importante que tengo en mi vida.

Feliz noche.

Dice Rav Nóaj Weinberg que...

"Si no eres feliz con lo que tienes, entonces no serás féliz con nada de lo que obtengas."

miércoles, 16 de marzo de 2016

Desprecio en vida...

Desprecio en vida
un solo pensamiento
que evoca, silencioso,
postrimería.
Esa nada fecunda
esa parálisis latente
que busca el instante
como último latido,
última despedida.
Revuélveme siempre,
obligado a sentir
a no dejar de vivir
instantes, minutos,
silencios, barullos
miserias, algarabías
antojos, momentos
momentos que sudan,
sudan amores
amores que buscan,
buscan clamores
clamores de días,
días que viven
viven  pensamientos
alejando ese punto
que deja como final;
para un poema
inacabado.

Solo permanece
el verso,
poema
perfume entre hojas
mezcla de tinta
convertido aroma
de silencios.

Adormezco la mente
cuando siento no estar;
no haber sentido
ni amado, ni gritado
ni tal vez derramado
sudor o lágrima.
Irme sin descubrir;
voltea el cielo mi nombre
enganchado esconde
huyendo de fuegos,
reclaman aullidos.
Despierto,
levanto y pienso
que me siento;
miro finalmente
parpadear constante
cana brillante,
frente el espejo.
Y entiendo:
mientras quede
un momento,
abrazaré viento
suspiraré luz
y viviré…
verso.


Dice A. J. Heschel que...

"La meta más alta de la vida espiritual no es acumular una riqueza de información, sino guarecer momentos sacros. En una experiencia religiosa, por ejemplo, no es un objeto lo que se impone al hombre sino una presencia espiritual. Lo que el alma retiene es el momento del vislumbre interior, más que el lugar donde el acto se produce” 

martes, 15 de marzo de 2016

15.03.2016... El Desconocido.

He llegado al martes cansado del lunes. Los días que se alargan demasiado, que no terminan a su hora, me van convirtiendo en una especie de trapo andante. Cada vez sientan peor los excesos, aunque en la mayoría de las ocasiones sean comprometidos. Los años hacen mella y va costando más recuperar.

Y así, con este espacio mental, he asistido hoy a mi clase de Yoga que, contra viento y marea, trato de no perder. Y así, como tal trapo, he conseguido recomponerme, no sin antes darme cuenta que lo esencial en esta práctica es la respiración, la concentración y los sentidos equilibrados algo que, vuelvo a repetir, tras una noche de cena y licores varios, me es más complicado de retener.

Pero lo conseguí y, he de decir, que tras la hora forzada, mi mente, mis pensamientos, han conseguido ordenarse y capacitarse para la crítica personal. Creo que últimamente me critico en exceso.


No soy muy de cine, prefiero los libros, menos de cine español. Últimamente he tratado de ver alguna de esas películas españolas que con tanto ímpetu recomiendan los entendidos. Hace unas semanas vi 'A cambio de nada', dirigida por Daniel Guzman y me encantó, por su temática e interpretación de los actores.

Creo que hemos superado esa especie de afección al cine, o la literatura, guerracivilista. Hemos saltado, por fin, a un cine más comercial y merecido para España. Un cine que comienza a tratar esas cuestiones, problemas, situaciones,  más allegados a nuestro entorno.

Por ello, para continuar arriesgando, el domingo estuve viendo otra de las nuestras: El Desconocido. Acerté nuevamente.

'El Desconocido' es un thirller que protagoniza Luis Tosar. La película viene a denunciar el grado de desesperación al que llegan las familias, las personas, cuando han perdido sus ahorros por haber invertido en productos financieros tóxicos, recomendados por el director bancario de turno. Creo que a todos nos viene a la cabeza lo ocurrido, por ejemplo, con las acciones de Bankia y lo que supuso, ha supuesto, para muchos ahorradores. Parece que la crisis española se ha transmitido ya incluso a la intriga criminal a la americana. Los desmanes de ciertos bancos, las preferentes y sus dramas colaterales como motivo comercial. Muy acertado.

La película está dirigida por Dani de la Torre y además de la interpretación de Luis Tosar, actor que me gusta bastante, yo destacaría la de la niña, en el papel de hija del protagonista.

Si continuamos haciendo cine así, a lo mejor recuperan a muchos de los que decidimos, hace tiempo, voluntariamente, no ser cómplices de los Almodovar de turno.

No soy dado a recomendaciones cinéfilas, pero en este caso lo merece. 

Ahora pienso volver a mis libros que, sin lugar a dudas, es el tiempo mejor aprovechado del día.

Feliz noche amigos.

Música Running: Los Amantes - Sidecars con Iván Ferreiro

Muy buena...

Hay que reconocer que, a veces, lo que creemos que es no lo es, y aquello que no somos capaces de ver es lo que es. 

Dice Katherine Mansfield que...

"Sólo deseo ser todo aquello de lo que soy capaz."

lunes, 14 de marzo de 2016

Dice Osho que...

"Lo básico no es preguntar qué hacer para que no se cree sufrimiento. Lo básico es saber que tú eres el creador de tu sufrimiento...
Si otros son la causa, entonces no se le puede poner fin, porque no puedes cambiar el mundo entero. Sólo si tú eres la causa se le puede poner fin."

domingo, 13 de marzo de 2016

13.03.2016... Soñando... España Trágica.

Sé cómo terminé ayer la semana, preveía y preveo la que ha comenzado.

Uno de esos domingos envueltos en papeles y escritos; informes, temas pendientes y proyectos varios y variables.

Parece que vienen días entretenidos, intensos y espero fructíferos. Todo es lento, tan lento que se eterniza. Tampoco las prisas son buenas. Si los pasos, aunque despacio, son sólidos, si no hay grandes tropiezos, todo se irá acoplando y fructificando. 

Hoy mi sesión de running, bajo un maravilloso sol, ha sido solitaria. Echo de menos la compañía, la conversación rítmica en los kilómetros. Correr en solitario te absorbe en pensamientos y reflexiones mucho más internos. Hay veces que llego mentalmente más liado de lo que salgo.

No sé si hago bien. Tanta inquietud. Creo que va siendo hora de parar pero no soy capaz. Me encantan los retos, los proyectos, las metas. A veces invierto más tiempo del que recupero en beneficio pero, la gran mayoría, sólo el hacerlo ya es un premio y un éxito. ¿Ilusión? Debemos levantarnos cada día con ella. ¿Proyectos y metas? Todos, mientras el Eterno nos de salud.

Según corría, me preguntaba hoy también, trotando por esos caminos getafenses, a veces en un diálogo solitario, mientras la luz me significa la vida, "¿por qué soñamos lo que soñamos?" Eterna pregunta sin respuesta. 

Me lo he preguntado al despertar y no se me ha ido de la cabeza. 

He estado toda la noche envuelto en sueños. He descansado. He dormido feliz, sin grandes preocupaciones. Al levantar esta mañana recordaba perfectamente las imágenes de uno de los sueños. Tanto como que parecía extraordinariamente real. 

Volvía a una calle que recorrí mil veces en mi niñez: la calle de Villaamil de Madrid. Hasta los 14 años, subí y bajé esa calle, cuatro veces al día: de la primera casa de mis padres, en Sánchez Preciados, al Colegio de los Salesianos de Estrecho. 


Hoy la vi en sueños como si fuera ayer mismo. Iba con personas ajenas a esa época, personas con las que tengo relación ahora, visitando anticuarios. En el último en el que hemos entrado, buscando muebles antiguos, recuerdo perfectamente que en aquél entonces había una floristería inmensa. 

La señora dependienta del anticuario, en el sueño, ha comenzado a sacarnos muebles viejos, de esos polvorientos para restaurar. Mi acompañante buscaba este tipo de objetos. En un momento dado, la dependienta me ha mirado y me ha dicho: 

- "Tengo algo para usted también." 

De otro cuarto ha sacado un libro en la mano. 

- ¡Miré qué maravilla! Se lo dejo a buen precio.

He distinguido un pequeño libro, tipo Colección Austral de Espasa Calpe. Se veía viejo. De lejos tan sólo podía leer el autor, Benito Pérez Galdós, y debajo Episodios Nacionales con el número 42.

En ese momento, la otra persona lo ha cogido, lo ha revisado.

- ¿Qué precio tiene?
- El mejor, no lo dude -ha contestado la dependienta.
- Este es mi regalo para ti por acompañarme...

He despertado en ese instante. 

La curiosidad me ha invadido y en cuanto he podido he buscado en Internet a qué episodio correspondía el 42.

Me he quedado algo sorprendido,  pensativo: España Trágica.

El libro 42 de la serie de Episodios Nacionales corresponde a la novela 'España Trágica'.

Y sí, sin duda viene que ni al pelo con la situación de nuestra España en estos momentos. Vivimos una especie de tragicomedia política. Unos y otros, otros y unos, están convirtiendo nuestro país en un espectáculo del que realmente no sabremos las consecuencias hasta más adelante.

¿Lo he relacionado? Sí, lo he relacionado. También es cierto que la persona a la que acompañaba, en el sueño, era significativa como para relacionarlo inmediatamente.

¿Por qué soñamos lo que soñamos?

¿Pueden tener algún significado? 

A veces pienso que sí, pienso que los sueños nos quieren decir algo desde dentro de nuestras mentes. Todo ha sido tan real que parecía lo hubiese vivido ayer.

De los 46 libros que conforman los Episodios Nacionales, aparece en el sueño el 42: España Trágica.

Feliz noche y semana amigos... ¡vivamos!

Si queremos cambiar algo, el primer paso es comenzar por nosotros mismos. De nada sirve exigir a los demás que cambien sin antes hacerlo nosotros.

sábado, 12 de marzo de 2016

12.03.2016... Reflexiones Personales IV.

De vez en cuando, y no sé por qué, a uno le vienen pensamientos sobre ese instante final que es la muerte. Tal vez demasiados nombres, conocidos, van recordando lo que queremos esconder de la naturaleza: nacemos para morir. Nos vamos oxidando con el paso del tiempo. Uno piensa que ese instante puede ser tan lejano como cercano. Que lo mejor sería la sorpresa y nunca la espera. La espera de la muerte tiene que ser, en consciencia, lo más terrible de la vida.

Por eso, qué mejor homenaje a la muerte que vivir la inmensidad de la vida. Cada momento, cada instante como ese que pudiera ser el último, pero buscando el siguiente para no perderlo.



Posiblemente el único día que vivo sin prisa sea el sábado. Por eso es posible que sea el día de la semana que más reflexiono, siento y medito.
Escribir en estas páginas, sin prisa, es una forma de meditar.
Meditar es no pensar, esconderse en el silencio sin propósito.
Meditar te envuelve en el ahora, en la nada. Meditar te desapega, te olvida.

Estamos siempre a tiempo de empezar. Tengamos las edad que tengamos, sean cuarenta u ochenta. Podemos empezar un libro, conocer a alguien, ir a la universidad, aprender a pintar, comenzar a correr. Nadie ni nada tiene por qué impedirlo.

No deberíamos tener miedo a empezar. Saltar y dejar que el viento nos lleve. Volar. Vivir la vida. Dejarnos llevar por ella, que nada nos interrumpa ni nos detenga. Tropezar, caer, levantarnos mil veces. Sólo hay una caída, amigo, de la que no podemos levantarnos. Es la caída, el último suspiro.

Somos una maravilla, somos increíbles, maravillosos, pero debemos darnos cuenta, ser conscientes de ello, de lo que somos. De la vida hay que enamorarse a cada instante: gritar, bailar, correr, saltar, buscar la plenitud en cada paso que damos.

Somos seres imperfectos. ¿Y qué? ¿Para qué la perfección? Disfrutemos de nuestras bellas imperfecciones. Disfrutemos de nuestras maravillas imperfectas. Disfrutemos de la vida: los versos, el viento, la música, el amor, el sol, la noche. Disfrutemonos nosotros mismos.

Es lo que tiene la quietud y paz del sábado. Pensamientos que vienen y van. Picos altos y bajos. Subir y bajar. ¿No es eso vivir? Claro que sí.

Feliz noche.

Dice el Dalai Lama que...

"La felicidad y el sufrimiento se pueden dividir en dos categorías principales: La mental y la física. De las dos, es la mente la que ejerce la mayor influencia sobre nosotros. Siempre y cuando no estemos enfermos o que carezcamos de las necesidades básicas, prácticamente ignoramos a nuestro cuerpo. La mente, sin embargo, registra todo lo que nos pasa, no importa cuán pequeño sea. Por lo tanto, debemos centrar nuestros esfuerzos en lograr la paz mental"

jueves, 10 de marzo de 2016

Dice Thich Nhat Hanh que...

"La vida se hace más fácil cuando te das cuenta de que no tienes que tratar con más de un momento a la vez."

miércoles, 9 de marzo de 2016

09.03.2016... Lady Vicky Barber y eso de la... ¿Pogonofilia?

Ayer y hoy creo que han sido de esos días en los que uno ha tratado de transitar por lo suyo. No hago más que garabatear, revolotear sobre varios proyectos y no hay manera de dedicarle el tiempo suficiente como para darles la vuelta necesaria, especificar y decidir el camino.

Cuando estoy así, en un estado mental algo catastrófico, en el que ni adelante ni atrás, paro, me poetizo, pienso un poco en mi (que de vez en cuando viene bien), escribo, paseo y a ver si me da el aire y espabila.

Ayer, por ejemplo, decidí -o decidieron por mi- darme un pequeño cambio. 

Hace unos meses, uno de esos pocos buenos amigos que uno tiene y trata de guardar como un tesoro, Toni Ollero, me recomendó -imagino comprobando mi dejadez- una de esas barberías en Madrid, con sabor clásico pero aire moderno, de las que últimamente aparecen y me gusta visitar.

Mi barba estaba desastrosa, dejada, convertida en un amasijo de pelos descolocados, descompensados y más bien largos.



El día ideal. Llamé, hablé con la simpática, agradable, dueña y única empleada y, tras conseguir una difícil cita por la tarde, me presenté en: Lady Vicky Barber Shop.

Lady Vicky Barber Shop se encuentra en ese fantástico barrio madrileño que es Malasaña. En la calle Minas, 14 para ser más exactos.

El local no es muy grande, justo, pero es cálido, coqueto y moderno. La decoración muy adecuada a lo que realmente es: una barbería.



Te atiende Vicky, la propietaria, tan simpática y agradable como profesional: arquitecta de peinados y escultora de barbas.  

El sillón de barbero clásico, ideal; en ese momento ocupado por el cliente que atendía, hasta que llegó mi turno.

Me senté cómodamente, perdí la guardia y ese fue el momento de Vicky


No llegué a abrir la boca más que para dar las gracias y comentar mi amistad con Toni. Esperaba que Vicky me hubiese preguntado lo clásico, "¿qué te quieres hacer?", momento el que que yo hubiera respondido algo así como "arreglarme la barba". Pero no, directamente me espetó:

- Esa melena y esos pelos fuera. Te comen la cara. No te queda bien. Pareces un desarrapado. Déjame, por favor, que te quite eso. Si no te gusta no te preocupes, volverá a crecer.

En ese instante temblé. Son unos cuantos años con mi melena. 

Pero ¿por qué no? Vamos a cambiar.

- Adelante -contesté. 

Cerré los ojos y me dejé llevar. He de decir que el trato, la profesionalidad, la calidez del espacio, la simpatía, todo en su conjunto, provocó que me sintiese cómodo y confiado. Confié plenamente

Una vez que vi mi rostro en el espejo, no me reconocí con el pelo corto. 


Tocó el turno de la barba. Tampoco me preguntó nada, simplemente hizo. Realmente increíble que en tan poco tiempo, por primera vez en la vida, alguien me dejase la barba como realmente me gusta. 

Salí de allí contento. No sé si bien, diferente. Demasiado tiempo acostumbrado a ir de una determinada manera. Creo que marché con esa sensación de cambio que a veces viene bien y es muy necesario. No pasa absolutamente nada por arriesgar y probar, siempre estás a tiempo de volver.

No me gusta recomendar aquellos lugares que me llenan, que comienzan a formar parte de mi, pero me apetece hacerlo aunque ello suponga que las próximas veces que tenga que ir, me cueste mucho más tener cita. 


Lady Vicky Barber Shop es un sitio ideal para aquellos que gustan de arreglarse las barbas. Vicky es una verdadera escultora, una artista.  Sabe ver lo que te va con tu físico y consigue dar la forma adecuada. Y no falla. 

Vicky es una de esas mujeres que te envuelven con un potencial de viveza y seguridad poco habitual. Tiene las cosas muy claras y, en conversación, te deja ese influjo de saber lo que es la vida, a base de subir y bajar, de tropezar y seguir. Tiene muy claro su negocio. Es una emprendedora de esas que andan por ahí ajenas a los cargos en las tarjetas y, sobre todo, es una de esas personas que te transmiten que sienten, se apasionan, viven su profesión por encima de todo.

Madrid se llena de apuestas y de lugares que buscan un tipo de clientes más específicos y exigentes. De todos esos lugares, pocos, muy pocos, se convierten en templos por el simple boca a boca. Esta barbería será un templo, se quedará chica, pero sé,  porque en algo me va el olfato, que Vicky no dejará jamás perder su esencia, su marca.

Conmigo no ha hecho milagros, me ha dejado igual de feo que estaba aunque, eso sí, con algún año menos. Quiero decir que no vayan  a buscar la esencia de la hermosura. Busquen, amantes de la barba, la arquitectura, la escultura y el mimo al vello facial.

Además, te puedes llevar todos esos productos para el cuidado de tu barba que no encuentras habitualmente por ahí.

Barbas del mundo... Lady Vicky Barber Shop. 

Al salir, paseando de vuelta, caí en un artículo de prensa que de primeras me sobresaltó.

Debo reconocer que, aunque trato de estar al día en eso de las modas, en lo que a términos nuevos utilizados voy bastante retrasado.

Y es que he descubierto lo que es la pogonofilia

Cuando leí la palabreja por primera vez, pensé que se trataba de algún tipo de perversión de esas raras y delictivas. Deseché al momento. Pero ayer volví a leer la palabreja en el titular de una revista de moda y, agárrate, me quedé asombrado con su significado: Culto a la barba, tracción desmedida por los hombre con barba (se entiende que una mujer con barba no es nada atractiva).

El concepto de pogonofilia nace específicamente en noviembre de 2014 por el evento que se realiza en más de 20 países durante un mes con el fin de recaudar fondos y concienciar sobre temas de salud masculina como cáncer de próstata. Durante este evento anual se supone que los hombres deben dejar crecer sus barbas para manifestarse por causa cuyo nombre es “Movember”, que viene de las palabras en inglés moustache (bigote) y november (noviembre).

El caso es que, más allá del inicio de este concepto parece que, me he descubierto a mi mismo como un Pogonofilio (¡qué mal suena esto!) ya que, desde hace años, me gusta llevar barba (corta o larga, dependiendo del momento).

Y dicho esto, amigos, con más o menos poesía, os deseo a todos una feliz tarde...