sábado, 31 de octubre de 2015

31.10.2015... "Juro no decir nunca la verdad".

Así sentado, buscando la quietud de este Sabbat, ajeno a todas las circunstancias y con la mirada un poco perdida en este cielo limpio que el Eterno ha decidido regalarnos, pensaba en lo rápido que pasan los días. 

Repasaba los últimos. Tanto o tan poco, pero el mismo tiempo cada día: 24 horas

Retos, ilusiones, tropiezos. Aciertos, fracasos, estupideces, éxitos. Todo puede ocurrir y acumularse alrededor de cinco días. La cultura de la exigencia que uno se impone, la cultura de la inquietud en vena.

Todos tenemos nuestras manías. 

Es como que muchas veces uno se busca y no termina de encontrarse. 
Es como que cada uno se miente mientras reconoce que nunca lo haría. 
Es como que cada uno se reconoce en las páginas de estos libros que habitaría. 

Jamás me he resistido a un reto. Jamás he evitado un charco en el que mancharme hasta las cejas. Envuelvo mi vida en versos. Idealizo cada momento porque así encuentro el sentido de mi existencia.




Aparco penas en palabras y escondo miedos en libros.

Y es que, día a día me asombro descubriendo que mis mejores momentos los paso reposando entre páginas de tinta, entre mis libros y cuadernos.

Desahogo lágrimas en pasos y zancadas, en paseos, mientras descubro la capacidad indomable de un par de versos imparables. Es mi día a día.
La literatura se siente o no se siente, se vive o no se vive. 

Tengo un par de librerías únicas en Madrid. Me motivan mucho por diferentes aspectos. Cada una de ellas complementa a la otra aunque su perfume a papel y tinta sea el mismo: Antonio Machado (a la que ya he dedicado algunas líneas) y Librería Méndez en la calle Mayor. Méndez y Antonio Machado. Con su sabor.

Vive uno sus confusiones vitales como puede y no hay nada mejor que, tras una excelente sobremesa en el Restaurante -Taberna alCompás, en la Plaza de Herradores 7, de camino al tren que lleva de vuelta a casa, dejarte caer en una de ellas. Pilla de paso. 
Dejar pasar tal tentación, a sabiendas del encuentro en mi caminar, sería absurdo, imperdonable. 

Nada más creativo y constructivo, tras una tarde de esas en las que parece priman las mentiras, o los silencios, que ganar un momento a la vida y esconderse entre ese olor a papel.

Por allí aparece Elvira Lindo, de la que no me pierdo sus artículos en El País, con esa cercanía que deja su escritura. Qué oportunidad para enviar un saludo a su pareja, como bien hace X, a Muñoz Molina.

Y se van las manos, lo quiero todo.

Luego me preguntaré si la vida me dará el tiempo suficiente de leer.
Me preguntare también si mi hijo valorará y querrá está biblioteca que no deja de crecer.
Si los miles de libros terminarán donados o mal vendidos. 
Qué se yo.
Es mi ilusión y cada uno vive de las suyas. Las ilusiones son las únicas verdades con las que uno convive.

En estos días he vuelto a sentir la mentira. 

Los tipos de mentira son tan variados como los tipos de personas que mienten. 

Casualmente uno de los libros, de varios, que adopté el otro día, está el último de Javier Marías: 'Juro no decir nunca la verdad'.



De verdad que muchas veces he sentido la enorme necesidad de no decir la verdad. Curiosamente, lo agradezco siempre, me llega antes el arrepentimiento, con el simple pensamiento, y no con el hecho. Entonces pienso ¿y para qué?

Qué necesidad de mentir, de engañar o, simplemente, de malgastar tiempo en producir irrealidades. 

Los hay que viven la mentira como una verdad y los hay que mienten por miedo a la verdad.

Siempre, hasta en las mentiras, ha habido grados de culpabilidad. 

Esos que mienten por no dañar, no tienen que ver nada con los que mienten a sabiendas del daño que ocasionan.

Estos días parece que la mentira me persigue. He llegado a pensar o idealizar que vivimos un mundo de mentira y que lo raro es la verdad. ¿Y entonces? 

Entonces a lo mejor uno es el equivocado.

Tengan ustedes una feliz jornada de descanso.

Dice Thomas Merton que...

"Tiene que haber un momento del día
en que el hombre que hace planes olvide sus planes
y actúe como si no tuviera plan alguno.
Tiene que haber un momento del día
en que el hombre que tiene que hablar guarde silencio,
deje de dar forma a teorías en su mente
y se pregunte a sí mismo: 
¿Acaso tiene algún sentido?"

viernes, 30 de octubre de 2015

Cualquier proyecto que nace, en cualquier ámbito, tiene que caminar en la confianza. Sin confianza no hay posibilidad de éxito. Siempre mirar hacia delante y paciente y prudente en las decisiones.

miércoles, 28 de octubre de 2015

Solo muere el que no se levanta. Si caes y te levantas quiere decir que tienes todavía mucho por hacer.

martes, 27 de octubre de 2015

27.10.2015... El hijoputa!

Termino ahora mismo lo que últimamente denomino mi sesión de meditación o, lo que es lo mismo, mis kilómetros running por los parques y calles de mi ciudad. Son kilómetros de desahogo, de pensamientos, de reflexiones. Son kilómetros de meditación.

Reconozco que en los últimos días estoy haciendo un extraordinario esfuerzo para contener mi furia y e ira. De no dejarme llevar por emociones negativas. Las personas son buenas en general pero todavía siguen pululando por ahí algunos miserables que aprovechan la buena intención, la confianza e incluso la amistad para cometer tropelías de graves consecuencias para otros. 



Muy de vez en cuando, como avisándome de que no todo es bello, me cruzo en mis días con alguno de ellos.

Siempre ocurre lo mismo. Aquellos que se creen más listos pecan de buenos y confiados;  aquellos que aparentan ser tontos, son verdaderos especialistas en delinquir. Porque no es casual que el hijoputa suele ser, normalmente, el que tiene la apariencia de más tonto. El hijoputa suele ser ese que, cuando ha conseguido la suficiente confianza, te ofrece el caramelo envenenado. Es aquél que le importa un bledo la amistad porque sólo se siente a gusto envuelto en su porquería. Es aquél que sobrevive y no vive, que se tambalea pero nunca cae.

¿Y merece la pena? Yo creo que no. No creo que a nadie le merezca la pena ser señalado como un mentiroso, como un estafador o como un miserable apartado de aquellos que le apreciaban. Si eso le merece la pena a alguien, desde luego, entonces, debería estar encerrado y no suelto.

A veces cuesta alejar o vaciar de malos pensamientos nuestra mente. A veces el esfuerzo es tal que me siento inhabilitado mentalmente para hacerlo. Pero lo hago. 

Unos kilómetros por esas calles bastan para que lo positivo, que es mucho, termine por doblegar a lo negativo, que no son más que unos pocos motivos o pensamientos.

Voy a perderme en algún texto ajeno a cualquier negatividad. Mañana será otro día.


Dice Marc Chagall que...

"No trabajas para ganar dinero, sino para justificar la vida" 

lunes, 26 de octubre de 2015

'Secretos judíos para el éxito' por Rav Noaj Weinberg zt"l

La importancia de la autoestima no es debatible. El famoso psicólogo Abraham Maslow sitúa la autoestima dentro de las principales necesidades del hombre, siendo superada sólo por la comida, la vivienda y las relaciones interpersonales.


Cómo desarrollar la autoestima es otro tema.
El enfoque que tiene la sociedad occidental en los logros externos reduce las posibilidades de lograr una autoestima genuina.
El hombre occidental busca logros externos para alcanzar el auto-respeto, viéndose impulsado por la necesidad de lograr lo que otros reconocerán como un símbolo de estatus. Frecuentemente se presenta a otros según su profesión o carrera: "Soy corredor de bolsa, vicepresidente de marketing, graduado de Harvard". Si otros se impresionan, eso nos asegura que somos importantes.
Pero este enfoque en los logros externos implanta un intenso miedo al fracaso. Tenemos miedo de que nadie se sienta impresionado, y si eso ocurre, ¿qué le sucederá a nuestra autoestima? La casa de naipes que hemos construido se derrumbaría.
Cada vez que Jorge estaciona su nuevo automóvil Lexus en el estacionamiento de su casa, siente que lo tiene todo.
Un año más tarde, el modelo de Jorge es anticuado y los vecinos ya no están tan impresionados. Su fachada se derrumba, su autoestima es aplastada. ¿Y ahora qué?

La evolución y la batalla por la autoestima

La evolución enseña que un ser humano no es más que un animal sofisticado, el cual no tiene más ni menos valor intrínseco que otras criaturas, ya sea un gato o un gusano.
El mensaje subyacente es que un ser humano no tiene una fuente inherente para alimentar su autoestima, sino que necesita logros tangibles para sentirse "exitoso". ¡Qué tremenda presión!
Si el "éxito" es nuestro único pasaje hacia el respeto propio, entonces muchos de nosotros nunca llegaremos allí. Y quienes tengan la buena suerte de lograr ese "éxito" siempre vivirán con temor de perderlo por circunstancias que escapan a su control. Podemos tener todo el talento del mundo, pero podemos tropezar en el pavimento y perder la entrevista.
El hombre fue creado con un alma, una chispa divina de Dios. El auto-respeto es un derecho de nacimiento.
El judaísmo comienza con la premisa de que cada ser humano es creado a imagen de Dios. Ahora bien, con un punto de partida tan elevado, el auto-respeto es un derecho de nacimiento de todo ser humano.
Muchas mitzvot en el judaísmo nos guían sobre cómo tratar a otras personas, y se basan en el reconocimiento de que el hombre tiene dignidad y valor inherente independiente de si ha logrado algo de relevancia o no.

Esfuerzo versus resultados

"De acuerdo al esfuerzo es la recompensa" (Pirkei Avot 5:27).
En el judaísmo lo que importa es el esfuerzo y no el logro en sí mismo, ya que el resultado final de todas formas está en manos de Dios.
Por lo tanto podemos considerar que una persona tuvo éxito en una lucha moral incluso si no hay resultados tangibles.
Sin embargo, dado que el esfuerzo es difícil de cuantificar, en este mundo materialista solemos despreciar su valor.
Imagina que ves a dos personas competir en una carrera de 100 metros. Uno consigue un récord mundial de 9.3 segundos y el otro cruza la línea de meta en 30 segundos.
¿Quién es más exitoso? ¡Obviamente el que rompió el record mundial!
Lo que no sabes es que el que demoró 30 segundos tuvo polio cuando era niño, no pudo caminar hasta que cumplió 14 años y tuvo que invertir muchos años de doloroso y agotador esfuerzo hasta que finalmente fue capaz de correr esa distancia.
Nunca podremos medir el valor de alguien basándonos en el éxito externo, ya que nunca podremos saber las dificultades que ha tenido que afrontar.
Nunca midas el valor de alguien basado en el éxito externo, ya que no conoces sus circunstancias.
Cada uno de nosotros nace bajo un conjunto particular de circunstancias que dependen de lo que determina Dios. Sólo tenemos control sobre el esfuerzo que ejercemos. Lo que determina si somos exitosos o no es cómo nos enfrentamos a nuestra situación particular. Dónde nos encontramos en la escalera es menos importante que cuántos escalones hemos subido.
La autoestima proviene de saber que estás haciendo el esfuerzo necesario para crecer. Si estamos haciendo nuestro mejor esfuerzo, entonces podemos vivir con un profundo y permanente sentimiento de satisfacción.

Un cuento talmúdico

Eliézer era el hijo de Hurkanas, un gran rabino de su generación y un hombre muy rico.
Eliézer estaba cultivando en la montaña cuando de repente comenzó a llorar. Su padre le dijo: “¿Por qué lloras? Si hace calor arriba en la montaña, te llevaré a la llanura”. De esta forma, Eliézer comenzó a cultivar en la llanura, pero allí también lloró.
“¿Por qué lloras?”, preguntó Hurkanas.
“Quiero aprender Torá”, dijo Eliézer, quien siguió llorando hasta que llegó el profeta Eliahu y le dijo que fuera a Jerusalem y buscara a Rabí Yojanán Ben Zakai, el mayor sabio de la generación.
Eliézer fue a Jerusalem y, como podrás adivinar, allí también comenzó a llorar: “Quiero aprender Torá”.
Rabí Yojanán Ben Zakai le pregunto: “¿Acaso no te han enseñado ni siquiera a decir el Shemá?”.
“No”.
De esta forma, el gran sabio Rabí Yojanán Ben Zakai le enseñó a Eliézer el ABC del judaísmo. Entonces le dijo: “Muy bien, Eliézer. Tuvimos éxito. Ahora es el momento de que te vayas”.
Eliézer empezó a llorar: “¡Quiero aprender Torá!”.
Entonces Rabí Yojanán Ben Zakai le enseñó a Eliézer los Cinco Libros de Moshé y la Ley Oral. Luego Rabí Yojanán dijo: “Eliézer, es hora de que te vayas”.
Eliézer nuevamente lloró: “¡Quiero aprender Torá!”.
Y así continuó la situación hasta que un día, Eliézer estaba sentado estudiando Torá en la parte trasera de la sala de estudios cuando de pronto, inesperadamente, entró Hurkanas justo en el momento en que Rabí Yojanán Ben Zakai le pidió a Eliézer que se sentara al frente y recitara la Torá en voz alta.
Después de que Eliézer terminó, Hurkanas se puso de pie y le dijo sonriendo con orgullo: “Eliézer, al principio le quería dar mis propiedades a todos mis hijos excepto a ti. ¡Pero ahora te voy a dar todo lo que tengo a ti y sólo a ti!”.
Eliézer respondió: “Padre mío, si yo hubiese querido el oro y la plata, me habría quedado trabajando en la granja. Todo lo que quiero es Torá”.
Y así continuó Rabí Eliézer Ben Hurkanas, hasta que se convirtió en el líder de la generación y en el maestro del gran Rabí Akiva.

Profundizando la lección

Hay muchas dificultades con esta historia.
  1. ¿Cómo es posible que Hurkanas, un gran rabino y un hombre rico, no le haya enseñado Torá a su hijo?
  2. ¿Por qué Hurkanas puso a su hijo a hacer una labor de poca importancia como cultivar? Podría haber contratado a otros trabajadores para realizar el arado y darle a su hijo un puesto de supervisor.
  3. ¿Por qué el profeta Eliahu le dijo a Eliézer que fuera a aprender el judaísmo básico de un sabio tan estimado como lo era Rabí Yojanán Ben Zakai? ¡Cualquier estudiante intermedio de Ieshivá podría haberle enseñado eso!
Sólo hay una respuesta para explicar todas estas dificultades. Eliézer tenía una cabeza extremadamente lenta.
Obviamente Hurkanas contrató profesores para su hijo. ¡Pero incluso el mejor maestro no pudo meter el Shemá en la cabeza dura de Eliézer! Así que, ¿qué es lo que se supone que un padre debe hacer con un hijo así? ¿Lo convierte en un capataz? ¡De ninguna manera! Le da un arado. Por lo menos así será productivo.
Pero Eliézer gritó: “¡Quiero aprender Torá!”. El único que podía lograr enseñarle algo a Eliézer era el líder de la generación, Rabí Yojanán Ben Zakai.
Rabí Yojanán luchó y alcanzó un gran logro: Enseñarle los fundamentos del judaísmo. Y cuando Eliézer lloró por más, Rabí Yojanán se dio cuenta de que si funcionó una vez, tal vez podía enseñarle más. Y así fue, hasta que Eliézer se convirtió en uno de los más grandes estudiosos de su generación.
Tienes que quererlo tanto que llorarías por ello.
Vemos de aquí que incluso los más lentos de los lentos pueden alcanzar la grandeza. ¿Cuál es el secreto? Tienes que quererlo tanto que llorarías por ello. Ese fue el mérito de Rabí Eliézer Ben Hurkanas.

El éxito es un regalo de Dios

"Todo judío debe esforzarse por llegar a ser tan grande como Moshé". (Maimónides, Leyes de Teshuvá 5:2)
Obviamente no todos nacimos con la inteligencia, el carácter y las cualidades de liderazgo de Moshé. ¿Cómo pueden esperar de nosotros que lleguemos a ser tan grandes como Moshé?
"Si haces el esfuerzo, encontrarás resultados" (Talmud, Meguilá 6b).
¿Qué quiere decir con "encontrarás resultados"? ¿Por qué no dice simplemente: "Si lo intentas, obtendrás resultados"?
La respuesta es que el esfuerzo y los resultados no son causa y efecto. Llegar a grandes alturas no depende de nuestras capacidades y talentos naturales. El esfuerzo es nuestra responsabilidad, pero los resultados son algo que simplemente "encontramos", son un regalo de Dios. Y Dios nos dará lo que sea que necesitemos para tener éxito.
El pueblo judío es llamado "los hijos de Dios" (Deuteronomio 14:1, Pirkei Avot 3:18). Tal como un padre quiere dar todo lo bueno a sus hijos, así también Dios quiere que tengamos todo lo que es bueno.
Aquí está el verdadero secreto del éxito: Independientemente de nuestras limitaciones mortales, nuestro potencial de grandeza es ilimitado cuando tenemos el poder de Dios detrás de nosotros.
Todo lo que Dios nos pide es que lo intentemos. No lo decepcionemos.
Nadie dijo que caminar fuera fácil, que no habría obstáculos que superar ni inclinadas cuestas que subir. Por ello, siempre, lo importante es no dejar de caminar y llegar: constancia, perseverancia y paciencia.

domingo, 25 de octubre de 2015

25.10.2015... Buscar el silencio!

A veces llega uno al domingo y percibe nerviosismo, intranquilidad al sentir que se acerca el inicio de la semana. Lo normal es que eso ocurra cuando sabe debe enfrentarse a la atención y resolución de no pocos problemas. Por eso siempre he entendido este día, no tanto como el final de la semana, sino como el día de transición del comienzo. Un día para la relajación y meditación que, como hoy, suelo iniciar al despertar, con esos 16 kms de running por nuestros caminos, adentrándonos en el lugar más místico y espiritual de Madrid, el Cerro de los Ángeles; y terminar, tras preparar la agenda y organizar las tareas prioritarias de la semana, con estas líneas que no son más que un simple desahogo.




Me he dado cuenta que las personas inquietas, esas que no dejan de buscar, de innovar, de emprender, de buscarse, son aquellas que también acaparan más problemas. Los problemas nunca hay que verlos como tal. Los problemas suelen ser esos obstáculos que tratan por todos los medios de hacernos desfallecer y abandonar. En momentos así, en momentos en los que asumo que los obstáculos me rodean, tratando de bajar las ilusiones o llenarme la cabeza de pensamientos negativos, lo mejor es buscar los rincones e instantes de silencio.

El otro día, cuando volvía de Barcelona, me di cuenta que a partir de ahora aconsejaría a mis clientes de Coaching Personal / #coachingDVida un ejercicio muy básico y que a mi, últimamente, parece que por el ajetreo diario, me está resultando eficaz.

Subir a un tren (si es de cercanías que no sea en hora punta). Recostarse en el asiento. Poner buena música tranquila en el ipodCerrar los ojos. 

El tren comienza a moverse. Compás, ritmo amortiguado. Todos los pensamientos nos llegan versificados. No hay momento mejor para reordenarnos y encontrarnos con nosotros. Olvidamos, reconocemos y analizamos. Si algo nos preocupa en exceso, busquemos el instante de enfrentarnos a ello, no lo arrastremos.

A veces tienes que apartarte un rato de la sociedad, de lo que te rodea. Estar contigo y nada más.

El otro día leía una interesante entrevista hecha al pensador y escritor Peter Handke en la que comentaba que "en según qué compañía el yo enmudece, me quedo sin palabras. Es cuando ha llegado el momento de desparecer y buscar un lugar silencioso con algún pretexto, pues allí vuela el habla... tienes que apartarte de la sociedad para volver a ser sociable, para que vuelva el lenguaje."

No llegamos a ser conscientes de lo importantes que son los momentos en los que nos apartamos de lo social. Vivo toda la semana inmerso en horas y compromisos sociales. A veces me da la sensación de que ni siquiera tengo tiempo para vivir como quiero y llego a olvidarme de mi. Es verdad que, de vez en cuando, muy de vez en cuando, conoces a personas que realmente merecen la pena, que te aportan y dan sentido a tus días. Otros, la mayoría, pasan tan sin darte cuenta que cuando llegas al sábado te detienes y respiras cogiendo ese aire que te falta.

El domingo es mi día de silencio. Silencio que encuentro cuando corro por la mañana acariciado por el frescor del viento, charlando con C. El silencio que encuentro en mi casa acompañado de mi familia. El silencio que busco para compartir conmigo mismo y reflexionar sobre mis actos y experiencias, sobre mis pensamientos y reflexiones, sobre mis estudios y análisis, sobre la semana que comienza y a la que me enfrento. Otra más.

Porque despertar mañana lunes, buscando la tensión del día, que me hará olvidar y desear, nuevamente, momentos como este, será un privilegio. Ese es el pensamiento positivo, esa es la realidad.

Creo que por eso, en esos pasos que voy dando últimamente, buscando mi enriquecimiento espiritual, ando pensando en comenzar a hacer meditación. El otro día, esta semana pasada, un amigo del que nunca hubiera imaginado, me comentaba de sus bondades y de cómo él, que había estado sumido en momentos de ansiedad importantes, había encontrado el mejor modo para llenarse de energía y encontrar la paz que necesitaba. La verdad es que me animó bastante.

Hace poco, también, aparecía este artículo en un periódico: 'Actualidad y necesidad de Silencio'. Está escrito por Pablo D'Ors, autor de ese fantástico libro que es 'Biografía del Silencio' (que recomiendo a todo aquél que no haya leído). 

Entre otras afirmaciones, Pablo D'Ors nos dice que "puedo afirmar que el silencio es hoy nuestra necesidad más primordial. Esto significa que no sabemos escucharnos y, en consecuencia, que tampoco sabemos escuchar a los demás, puesto que nadie puede dar lo que no tiene." 

Tenemos necesidad de silencio. Vivimos sumidos en tal grado de ruido material que no somos capaces ni de escucharnos a nosotros mismos. Nos hemos olvidado por completo de nuestro yo.

Busquémonos. Nos encontraremos.

Vamos a afrontar la semana con energía. Feliz noche.

Dice Budha que...

"El hombre que tiene miedo, busca refugio en los montes, en los bosques sagrados y en los templos. Sin embargo tales refugios no sirven, pues ahí a donde vaya, sus pasiones y sus sufrimientos lo acompañarán. La liberación está en la mente".

sábado, 24 de octubre de 2015

24.10.2015... El pequeño Francisco Nicolás, de presunto colaborador del CNI a Cabaretero...!!

No es domingo, lo sé. Pero es esta tarde otoñal la que me trae frente a este cuaderno virtual, mientras Lana del Rey y su sensual voz atrapan mis oídos, y sentidos, con su Honeymoon, para dejar unas líneas de vida en este cajón de recuerdos.



"No tengo interés en registrar aquí mi vida cotidiana, mis actividades... Siempre he pensado que estos cuadernos tenían que ser la historia del espíritu absoluto de un individuo cualquiera. Espíritu porque lo que importa existe fuera de la materialidad inmediata, porque así es mi decisión de convertirme en un escritor.", escribe Ricardo Piglia en sus diarios. 

Pasados los años -¿qué años?- uno va desechando sueños. ¿Qué entiende uno por ser escritor? ¿Vivir de la escritura? Si es así, si lo entiendo así, ni lo he sido, ni lo soy, ni llegaré a ser. ¿Todos aquellos que viven de la escritura son escritores? No. Es escritor aquél que escribe, bien o mal. Aquél que es leído, aunque sólo sea por sus cercanos. Aquél que siente la palabra, aunque sus hojas blancas sólo se rellenen por vocabularios primarios. Aquél que se encuentra consigo mismo frente a un papel en blanco (físico o virtual).

He estado leyendo una excelente entrevista que publica Babelia (suplemento literario de El País), al Premio Nobel, Mario Vargas Llosa. En respuesta a una pregunta sobre si los libros, la escritura, le sirven para poner serenidad a ciertos momentos, el escritor contesta que: "Escribir es un refugio extraordinario para encontrar la paz, la calma en momentos de gran desasosiego, de incertidumbre. Sí, escribir, encerrarme en el mundo que estoy tratando de inventar me arranca de la problemática personal y me hace vivir la fantasía. Mientras estoy escribiendo me siento invulnerable..."

Así me siento en días, en momentos como este. Ha sido una semana, rematada hoy, en la que uno vive tanto que a veces le es difícil resumir, recoger, la esencia de cada uno de ellos. Si tuviese que condensar diría que, lo esencial, es que la vida todavía te da y ofrece personas a las que merece la pena conocer: personas buenas, llenas de sensibilidad e inteligencia, de emociones e ilusiones, de vida y sentimientos, de entrega. 

Son muchas las personas así que inundan nuestros alrededores, siempre es una bendición que vayan cruzándose en nuestro camino. Tristemente, en ese caminar diario, de vez en cuando, también aparecen los 'h... de p...'. Esos personajes, de género neutro, que rompen la magia y te vuelven a recordar que están ahí para que no te duermas. Pero a estos tipos hoy, sinceramente, no me apetece dedicarles ni una línea, tendrán un 'exclusivo' Moreno.

Anoche regresé de Barcelona de dos jornadas de trabajo. Cansado pero contento. Ir a Barcelona, ciudad que me encanta y fascina, es impregnarme de buena energía, de momentos más que agradables, incluidos los de trabajo. Reconozco tener suerte, ser un privilegiado. Jamás había viajado tanto a esta maravillosa ciudad. El trabajo me lo requiere y yo, tan contento.

Cataluña en general, y Barcelona en particular, está viviendo un momento político especialmente peculiar. La convivencia que tengo con catalanes, de unas u otras ideas, de uno y otro posicionamiento, me están haciendo comprender las diversas sensibilidades, los errores, los por qués o la confusión de unos y otros.

Siempre pensé, desde mis lejanos inicios y dedicaciones políticas, que lo mejor para tomar decisiones que afectan a un grupo de personas, cuanto ni más una ciudad, región o país, es salir a la calle y conversar con ellos en su entorno. Sin miedo a las críticas, sin miedo a las opiniones. Es la única manera de analizar o formarnos una opinión, más o menos clara, de los por qués de las cosas. No es mi papel, ni toca hoy, pero algo no se ha hecho bien (unos y otros) para estar como estamos.

En este viaje he conocido alguna persona de esas que merece la pena conocer. Personas que, independientemente de las ideas, demuestran inteligencia, personalidad, magia y criterios propios sobre las cosas. Personas que, independientemente de las ideas, priorizan a la persona y te hacen sentir bien. Es curioso cómo a veces siento recibir mejor trato de los otros que de los propios. 

El caso es que he tenido reuniones que, más allá de la situación de cada uno, de los posicionamientos políticos, me han dejado claro que para unos pocos -ojalá fueran muchos- la profesionalidad, la persona, los valores, priman por encima de otras cuestiones más 'primitivas'.

Y entre reunión y reunión, diálogo y diálogo, algún rato para asomarme a ese poético mar barcelonés, que siempre inspira algún verso, conocer algún nuevo barrio y dejarte guiar por aquellos que te aprecian de verdad para conocer algún nuevo rincón dónde cenar.

Esta vez reconozco me sorprendieron muy gratamente: Gatsby Barcelona. Nombre literario, pero que me recuerda a ese mítico local de mis años jóvenes, Gatsby Minaya, lugar de tantos y tantos descubrimientos

Con una agradable compañía, fantástica música y una cena que podríamos definir como entre creativa, de calidad, equilibrada y, esencialmente buena.

Un restaurante-club en Barcelona, elegante que quiere recuperar el glamour de Los años 20 en Nueva York, con una decoración Art Decó.

El local te permite que después de cenar no tengas que moverte a ningún lado y poder tomar un cava o una copa, en la barra, mientras disfrutas de algún número cabaretero y muy buena música.

Y fue ahí, mientras disfrutábamos en la barra del gin tonic nocturno de rigor, cuando, en uno de esos números musicales intermedios, apareció él. 

Mi compañero fue el que se dio cuenta. Entre las bailarinas, un tipo que parecía conocido, al compás de una coreografía algo cursi y preparada, vestido con una camisa y unos pantalones tipo chinos, el pequeño Nicolás se movía como uno más, pero sin la misma gracia que los profesionales.

'Esto es España' nos dijimos. 

No hay duda, esto sólo ocurre en España. El tipo aprendiz de agente secreto del CNI, el tipo que a base de películas hizo vivir momentos de ridículo a todo un país, ese que dice que ahora se presenta a candidato al Senado, se dedica a hacer bolos de cabaretero.

Y ahí lo tienes, sin ningún tipo de pudor ni vergüenza, imagino con su representante y caché, recorriéndose la España nuestra, que le contrata y ríe sus gracias, que, de seguro, paga por verle en plena actuación orgásmica; ese que luego protesta y se queja de 'cómo va el país'. Todo muy respetable, faltaría más. Consiguió hacerme reír todavía más.

En fin, quede la anécdota como nota de humor a este final de semana que, sinceramente, digamos, dejará más momentos positivos que negativos.
Un proyecto que nace con obstáculos siempre es un reto; se vence con ilusión, paciencia, esfuerzo y trabajo.

viernes, 23 de octubre de 2015

Dice Federico II que...

"Conocimientos puede tenerlos cualquier, pero el arte de pensar es el regalo más escaso de la naturaleza."

jueves, 22 de octubre de 2015

Mi Madrid y... 178 : volando voy!!!


El vivir es como las montañas rusas: subes y bajas a gran velocidad sin darte cuenta más que del vértigo que produce. Si te subes no puedes parar porque entonces caes. Y eso es lo que creo, cuando subes a un proyecto, no bajas hasta que termine.

miércoles, 21 de octubre de 2015

martes, 20 de octubre de 2015

20.10.2015... calles de otoño!




Las calles se han llenado de hojas, comienzan las lluvias y parece que las nubes irrumpen en nuestra mente revolviendo nuestros pensamientos para convertirlos en grises.

A partir de ese momento nuestras emociones se apoderan de nosotros. Si nos dejamos llevar por el grisáceo del día, siempre habremos perdido una oportunidad.

Si al contrario, elegimos un pensamiento positivo, por ejemplo pararnos a respirar en la calle, en el inicio de la mañana, mirar a nuestro alrededor, respirar y aspirar, buscar en el cielo los resquicios de luz que se esconden tras las nubes. Está ahí. La luz está ahí.

Pensar que cualquier obstáculo que se nos presente hoy podemos superarlo, porque somos capaces de ello. 

Que depende de cómo miremos las cosas, y de cómo reaccionemos frente a lo que nos pueda ocurrir, para ser capaces de superar con éxito cada obstáculo.  

Es como  esas hojas que hoy caen de los árboles, apagadas, buscando el reposo sobre el césped o en la acera, pronto volverán a surgir de esas ramas retorcidas, que siempre miran al cielo, y generarán el frondoso verdor que volverá en primavera.

Están siendo estos días extraños. Entre poéticos y distantes. Otoñales.

Son momentos de retos, de dar pasos firmes, de afrontar con valentía cada problema que va surgiendo. Es muy importante tener la mente abierta, olvidar lo negativo y adoptar una actitud constructiva.

Es momento de pensar mucho, de ordenar y reordenar. De no tomar decisiones a lo loco. De vivir cada momento con la misma ilusión con el que afrontamos cada reto. 

Tal vez sean demasiados y variados proyectos. Tal vez no sea ninguno. El hecho de pensarlos, de dedicarles tiempo para la reflexión, ya es un paso.

Todo puede ser una oportunidad.

Feliz noche.



Javier Cercas. Decálogo apócrifo del escritor de éxito.

Javier Cercas Mena (1962) escribió su primera obra narrativa, El móvil, en 1987. Fue publicada como una colección de cinco relatos, pero en 2003, y tras una revisión, se editó de nuevo aunque sólo con una novela corta “El móvil” que daba título a la edición original; en opinión de su autor, el resto de cuentos no daban la talla. Es una obrita compleja estructuralmente ―novela dentro de la novela― que ofrece un argumento policíaco y meta literario a la vez. Después vino su salto a la fama con la publicación de “Soldado de Salamina” (Tusquets 2011), novela que recrea el fallido fusilamiento del falangista Rafael Sánchez Mazas, mediante una técnica narrativa renovada que mereció incluso el elogio de Vargas Llosa. Más adelante, escribió “Anatomía de un instante” (Mondadori, 2009), ensayo histórico narrado al estilo de una novela, en el que describe las razones y motivaciones que propiciaron el fracasado Golpe de Estado en España de 1981. En “El impostor” (Random House, 2014) cuenta la historia del sindicalista español Enric Marco Batlle, que había falsificado información para hacerse pasar como superviviente de los campos de concentración nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Se trata de un libro de investigación que descubre cómo y por qué el protagonista se hizo pasar por un antifranquista y antifascista a lo largo de varias décadas. 



La narrativa de Cercas se caracteriza por hacer uso de la novela testimonio, en que se entremezclan hechos verídicos y ficticios, sin quedar claros los límites de los unos y los otros. Todas sus novelas comienzan con una pregunta cuya respuesta el libro desvela. El escritor afirma que, en el momento de comenzar una nueva novela, solo tiene una vaga idea sobre ella, y esta se va definiendo a medida que se va desarrollando. Ha dicho que su ideal son las «novelas fáciles de leer y difíciles de entender», como es el caso de Don Quijote de la Mancha, su novela favorita. 

Como ya hicieron antes otros escritores, Javier Cercas ha querido también aportar su experiencia como escritor con este decálogo apócrifo, publicado por el diario “La Vanguardia” el 20 de julio de 2006, en el que advierte “Ni se te ocurra escribir para los críticos”. 

Primero. Recuerda que la única forma posible de éxito consiste en escribir el mejor libro que puedes escribir, ese libro que antes de terminar de escribir ni siquiera imaginabas que podías llegar a escribir. No busques ninguna otra forma de éxito: que sea ella la que te busque a ti. Si te pilla, no tengas miedo y haz como si no pasara nada. 

Segundo. No escribas para tu madre. Ni para tu padre. Ni para tu novia. No escribas para tus amigos. No escribas para tus enemigos (sobre todo, no los odies: el odio, lo dijo Michael Corleone, no te permite juzgarlos). Ni se te ocurra escribir para los críticos. Ni para los editores ni para los agentes ni por supuesto para esa abstracción llamada lector, que, como su propio nombre indica, no existe. Ni siquiera escribas para ti mismo. Escribe para un Dios impecablemente omnisciente, que sabe incluso cuándo estás tratando de engañarlo. Y entonces se ríe con una carcajada horripilante. 

Tercero. No olvides que escribir una frase consiste en resolver un problema que la siguiente frase vuelve a plantear. Ni que escribir un libro consiste en lo mismo. Desconfía de la facilidad. No intentes ser inteligente ni sabio ni profundo ni gracioso ni divertido (por Dios santo, no intentes ser gracioso ni divertido): que lo sea el libro. Que el libro sea mucho mejor que tú, que no eres más que un pobre hombre, como todo el mundo. Dedícate a otra cosa en cuando notes que escribes tratando de quedar bien. No olvides que escribir consiste en reescribir; es decir: en averiguar qué es lo que estaba dentro de ti sin que tú lo supieras. 

Cuarto. Huye como de la peste de las frases bonitas, de las palabras bonitas, de quienes escriben con mayúscula la palabra arte, la palabra artista, la palabra obra, la palabra belleza, sobre todo la palabra belleza. Huye de todo lo que suene remotamente a literatura; la literatura es lo que nunca, ni siquiera remotamente, suena a literatura: suena sólo a verdad. 

Quinto. Resérvate el miedo que tengas (y ya sé que tienes un miedo espantoso) para la vida, y destiérralo como sea en cuanto te sientes a escribir, para que aparezca entero y verdadero en tus libros, que son lo que de verdad eres. Recuerda que este oficio no es para cobardes, pero recuerda también que el valiente no es el que no tiene miedo, sino el que tiene miedo y se aguanta y luego embiste y va a por todas. 

Sexto. Escribe como si estuvieras muerto y recordaras o inventaras (da lo mismo) cuanto te ocurrió a ti o a otros, igual que si quisieras materializar un espejismo, igual que si contra toda evidencia te hubieras convencido de que, en el momento en que consigas materializarlo, lo que te ocurrió a ti o a otros se volverá más real que lo real, que a fin de cuentas no es nada. Recuerda, por cierto, que no hay nada más importante que la literatura, excepto la vida. 

Séptimo. Cultiva tus obsesiones, tus vicios, tu locura y, con moderación, tu cordura; cultiva tus perplejidades, tus pasiones (las altas y las bajas, sobre todo las bajas), tu gusto intransferible (el bueno y el malo, sobre todo el malo), y no olvides reírte con alegre fiereza de ti mismo. Recuerda que tus defectos son también tus virtudes. Ni harto de vino rechaces un elogio, porque ─esto no lo dijo Michael Corleone, sino La Rochefocauld, pero para el caso es lo mismo─ quien rechaza un elogio es porque quiere dos. Y, sobre todo, sobre todo, por nada del mundo te resignes a sentir envidia de un colega o a hablar mal de él: es una confesión de inferioridad. 

Octavo. Léelo todo, relee sólo lo más íntimo (pero relee mucho), escribe lo que te salga de las entrañas –por decirlo con una palabra distinguida-, y publica sólo lo que no puedas no publicar. A menos que hayas decidido suicidarte o te hayas perdido por completo el respeto a ti mismo o los acreedores te amenacen con la cárcel o el potro de tortura, no tengas prisa por publicar. 

Noveno. Si escribes con ordenador, hazme caso y presiona de vez en cuando el icono Guardar, y no escatimes en copias de seguridad: más que nada para ahorrarte hacer el mamarracho ante ti mismo con la imaginación masoquista y vilmente halagadora de que acabas de perder para siempre la frase o el párrafo o la página que te iba a justificar; si escribes a mano, tienes una posibilidad menos de hacer el mamarracho, así que es preferible que escribas a mano. Este mandamiento es el penúltimo, pero debería ser el segundo. 

Décimo. Recuerda (este mandamiento es el último, pero debería ser el primero) no hacer caso jamás de ningún decálogo. Empezando por éste y acabando por el que tú mismo escribas el día en que alguien decida que eres un escritor de éxito y te pida escribir un decálogo del escritor de éxito. 

El primer paso para llegar es moverte.

lunes, 19 de octubre de 2015

Dice Osho que...

"Es curioso; si eres infeliz, nadie dice nada. Encajas perfectamente dentro de una sociedad infeliz. Pero cuando alguien empieza a bailar en un sitio donde todo el mundo es infeliz, deja de estar en sintonía con el resto...

Es posible que, como mucho, al principio piensen que estás un poco loco, y cuando lo acepten, no tendrás nada que temer. ¿Qué tiene de malo que te llamen loco? En el mundo ha habido locos maravillosos; de hecho, las personas más notables siempre han estado un poco locas, locas a los ojos de la gente.

Su locura se manifestaba en que no estaban tristes, no sufrían, no temían a la muerte, no les preocupaban las insignificancias. Vivían cada momento con totalidad e intensidad, y gracias a eso, su vida se convirtió en una bella flor; estaban llenos de perfume, de amor, de vida, de risa.
Pero, evidentemente, a mucha gente que tienes alrededor esto le duele. No pueden aceptar que lo has conseguido y ellos se lo han perdido. Intentarán hacer que seas infeliz de todas las formas posibles. Sus reproches sólo son un intento de hacerte infeliz, de acabar con tu baile, de quitarte la alegría para que vuelvas al rebaño".

domingo, 18 de octubre de 2015

18.10.2015... De ejercicios poéticos.

Es verdad, puede ser, no estoy en mis mejores momentos físicos y me van pesando ya los años, pero esta mañana hemos hecho una sesión running por nuestros caminos de Getafe, bajo ese Cerro de los Ángeles que nos cuida, de cerca de 16 kms a un ritmo de 5.50 min/km, sin parar de 'cascar' -como se dice en nuestro pueblo- y nos ha sentado de maravilla.

No hemos terminado tan frescos, no. Hemos terminado cansados, pero con la enorme alegría de haber compartido durante una hora y media nuestros temas varios, variados y variopintos, zancada a zancada.

El otoño nos ha traído las primeras lluvias y ha sido uno de esos fines de semana caseros que echaba en falta. La semana ha sido dura, bastante dura. Creo que ando envuelto en demasiados líos, demasiados proyectos y, por ende, demasiados problemas que llegan juntos de un lado y otro.

No he conocido nunca que los inicios sean fáciles en nada. Uno comienza con ilusión y parace que, cuando echa a andar, aparecen en el camino piedras y pedruscos en forma de obstáculos que aparentan ser insalvables. A veces no caer en el desánimo se hace difícil. No suelo ser de esos. Tengo claro que el obstáculo se vence con más trabajo y esfuerzo. Nada es fácil.

Necesitaba parar en el fin de semana. Necesitaba parar y aparcar por estos dos días esos temas que me atraviesan de lunes a viernes. No sabe uno si acierta. Cuando corro lo tengo muy claro. Si veo que me canso en exceso y peligra llegar a la meta, paro un momento, respiro profundamente, dejo que el corazón descanse y recupere, cojo oxígeno y adelante hasta llegar al final del recorrido.

Es lo que he hecho. He parado. Me he envuelto en páginas de buena literatura. En esos buenos textos de Ricardo Piglia, 'Los diarios de Emilio Renzi', en los versos de Marwan y su poemario 'Todos mis futuros son contigo', que me tiene realmente enganchado y asombrado de tanta belleza.



La literatura, el arte, la cultura en general poetiza mi vida tanto que cuando no tengo tiempo para dedicarle, me falta algo.

Y como tengo poco, he decidido comenzar un nuevo curso de escritura. Llevaba dando muchas vueltas a esto, no me decidía. Me gusta mucho escribir, me desahoga, lo recomiendo como terapia anti estrés. Me gusta la literatura, la poesía, el arte, los libros pero, realmente, es a lo que menos tiempo he dedicado como formación.

Merodeando por ahí encontré un curso que me interesó: Curso de Especialista en Creación Literaria. El curso lo imparte Función Lenguaje-Centro de Literatura Aplicada de Madrid. Tiene buenos profesores. Es un centro de prestigio que colabora con la Universidad Camilo José Cela y el Instituto Cervantes. 

El trimestre consta de dos asignaturas: Escritura Narrativa 1 y Poesía 1. Así que, también, con gran placer, he dedicado el finde a la reflexión y estudio de los primeros temas y a dar respuesta a los primeros ejercicios.

El ejercicio de Narrativa no ha sido difícil: narrar una escena en la que el personaje se viste a oscuras. Me ha ocurrido varias veces.

El ejercicio de Poesía 1 ha sido particularmente interesante. La emoción de la página en blanco. Me ha hecho pensar y, todavía así, no sé muy bien lo que ha brotado de éstos y que dejo por aquí como ejemplo. 

El profesor nos ha pedido un ejercicio poético de comparaciones. Construyendo cada verso apoyándose del anterior con la siguiente fórmula: 

Verbo + sustantivo "a" + como + sustantivo "b". El sustantivo "a" es inventado, no tiene nada qué ver con el verbo ("tremolar un río", por ejemplo), el verbo sin embargo es coherente con el sustantivo "b", el que va detrás del "como" ("bandera", sí puede tremolar una bandera). Al pasar al verso siguiente el sustantivo "b" ocupará el lugar de "a", el primero, y se inventará un verbo que no tenga nada qué ver con él ("Desplumar una bandera"), y, después del "como", en el lugar "b", colocaremos otro sustantivo que sí sea coherente con su verbo ("gallo", si se puede "desplumar un gallo").

O sea: cada sustantivo segundo (“b”) va pasando a ser el primero (“a”) en el verso siguiente, y los verbos han de ser coherentes con el segundo (“b”), no con el primero (“a”).
Ha quedado algo así...


Tras la ventana miraba la lluvia
en esta tarde cansada de pensamientos
pensar cajones como vientos
alimentar vientos como enjambres
sudar enjambres como tu cuello
aplaudir tu cuello como esa canción
navegar una canción como tu cuerpo
enlosar tu cuerpo como esa catedral
respirar la catedral como tu aliento
anudar ese aliento como cordel
conversar el cordel como desconocido
tragar un desconocido como saliva
congelar tu saliva como un granizo
labrar granizo como ese campo
morder el campo como tu pecho
columpiar tu pecho como una sonrisa
criar una sonrisa como mi mirada
amputar miradas como corazones
amamantar un corazón como sentimiento
amarrar sentimientos como veleros
enarbolar veleros como tu amor
rugir el amor como una ola
sujetar la ola como un pez
pintar un pez como lunas
destilar lunas como vino
escandalizar vino como amadas
sacudir amadas como gotas
brillar gotas sobre ese cristal
en el que se pierden agotadas
esta tarde de lluvia de pensamientos.


Uff. Nada fácil pero, sinceramente, me ha dado para desahogar y olvidarme de los unos, los otros, los problemas, los éxitos, los fracasos.

Feliz noche.