Seremos personas verdaderamente libres cuando consigamos que nuestro bienestar dependa únicamente de nuestra propia valoración. No dependamos de lo que piensen o valoren los demás. Dios es el único que juzga.
Qué mejor día el de hoy, domingo, para tomar conciencia de que el verdadero valor de nuestra existencia jamás estará en el tener o en el hacer, sino en ser cada día mejor persona.
Sepamos que la fe no es huir del mundo, sino aprender a vivirlo sostenido por la esperanza. Porque incluso en la noche más oscura, una sola chispa de fe basta para volver a empezar.