domingo, 10 de diciembre de 2017

10.12.2017... Ciclogénesis Mental!

Hoy no he hecho deporte. No salí a correr esta mañana y me siento algo enfadado conmigo mismo. Tenía entre cansancio físico y una especie de vaguería climática. Excusas: simplemente no me he obligado.

Entramos en ese periódo del año en el que parece todo se ensombrece, además del clima, y por ello, más que en ninguna otra época, nos medimos con nosotros mismos.

Parece que Ana, así han bautizado al temporal que llega a la Península Ibérica denominado ciclogénesis, no solo altera los procesos atmosféricos con una borrasca profunda, con fuertes vientos y lluvias que provocan situaciones extraordinarias, en las que confluyen todos los factores climáticos extremos, sino que es capaz de alterarnos también a nosotros mismos en nuestro orden natural.




Yo quería, más allá del cuidado que hay que tener estos días ante las condiciones climáticas, poner el punto en lo positivo: este temporal va a limpiar la atmósfera, el ambiente tan enrarecido, seco, que nos acompañaba en los últimos meses.

¿Y por qué no provocarnos ciclogénesis mentales positivas? 

Pasamos por períodos más o menos tranquilos para, en ciertas épocas, caer en picado hacia un abismo del que no sabemos muy bien como salir porque tampoco tenemos claro como haber entrado.

Hay quién me dice, de vez en cuando, que desde un estado de cierta comodidad, al menos aparente, es fácil aconsejar a alguien que no solo vive una situación circunstancial de adversidad atípica, sino que vive sumido en un estado de negatividad mental y emocional continuada. Y en parte es cierto, lleva razón. A veces incluso creo que puede llegar a ser perjudicial aconsejar porque, desde la parte negativa, se entiende como que no tiene importancia, para el que aconseja, lo que le ocurre al otro.

Cuando alguien se niega a salir de donde está, es complicado llevarle hacia la zona iluminada, aunque esté a un paso de ello.

Mi gran amigo Epicteto, uno de mis maestros estoicos, que fue un esclavo romano pero que llegó a ser un gran filósofo, decía que
“Los hombres se ven perturbados no por las cosas, sino por las opiniones sobre las cosas.”
Cierto es que nadie tiene por qué seguir siendo amigo de Epicteto, y menos después de leer las cosas que decía; ni tampoco tiene por qué ser un ferviente seguidor de la filosofía estoica, como es mi caso (la psicología positiva moderna, el coaching, la inteligencia emocional, han aprendido mucho de los principios estoicos). Pero este gran hombre, guste más o menos,  seguía diciendo que
“Si alguien se siente desgraciado, que recuerde que se siente infeliz por él mismo.”
No estoy diciendo, ni mi amigo estoico, que nos debemos culpar a nosotros mismos de lo que nos pasa, sino que nos demos cuenta de que nos pase lo que nos pase no tiene por qué afectarnos. Si nos afecta es porque permitimos que nos afecte.

¿Es esto una ciclogénesis mental? No. La ciclogénesis mental sería una revolución personal que nos provoque cambiar de actitud frente a las cosas.

Nuestra mente puede ser el principal enemigo de nuestra felicidad.

Son nuestros juicios, no lo que ocurre a nuestro alrededor, en todo caso, lo que nos provoca negatividad, ansiedad o estrés mental. Si conseguimos asumir esta responsabilidad que tenemos sobre lo que pensamos o sentimos, conseguiremos también encontrar maneras de salir de ese estado.

Sé que es difícil sacar fuerzas cuando se está bloqueado, cuando se está inmerso en una situación de negatividad, depresión, profunda.

Sé también que es muy fácil aconsejar desde un estado mental equilibrado o una situación vital cómoda. No todos en este mundo viven una vida medianamente acomodada y, por supuesto, no todos los que no lo viven están en una continua infelicidad o negatividad mental. Hay quién con nada, o con menos, son las personas más felices del mundo. Y esos que teniéndolo todo viven en una continua amargura. También los hay que se levantan cada día pensando en lo que tiene que hacer para vivir un poco mejor al día siguiente.

Sólo una persona con un equilibrio mental básico, positivo, puede aconsejar a otro o escribir sobre ciertas situaciones y experiencias para tratar de pellizcar o hacer pensar a los demás. Revolverles.

¿Por qué no buscamos lo positivo en vez de quedarnos siempre en lo negativo de las cosas, en el margen de la vida?

¿Por qué no reinterpretamos los acontecimientos? Aprender a relacionarnos con nuestras emociones, con nuestro pensamientos, con nuestra mente.

Todos, cada día, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, estamos envueltos en problemas. Unos serán más importantes que otros. Los importantes para unos no lo serán para los otros, y viceversa. Es nuestra decisión el cómo nos enfrentamos o el cómo nos sentimos frente a ellos.

Viktor E. Frankl escribió unas memorias sobre los campos de concentración, ya que él estuvo en uno de ellos y sobrevivió, que recomiendo a todo el mundo que no las haya leído, pero sobre todo se las recomiendo a aquellos que ven de su vida un problema del que creen no hay una salida y están inmersos en una especie de fracaso vital, llevan por título ‘El hombre en busca de sentido’. Al hilo de lo que estoy comentando, escribe:
“Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa, la última de las libertades humanas: la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias, la elección de su propio camino.”
Nuestras emociones surgen de lo que pensamos de las cosas, de los hechos. Son nuestras percepciones las que nos provocan un estado u otro. Por lo tanto, y dependiendo de cómo veamos un hecho, la manera en como nos enfrentamos a ello, en cómo lo enjuiciamos, podrá perturbarnos más o menos.

Lo que está mal está mal para todos, pero a cada uno le afecta de una manera porque cada uno controla en mayor o menor medida sus emociones o pensamientos. El cómo interpretamos los acontecimientos.

Los problemas no los crean los acontecimientos, sino cómo interpretamos nosotros dichos acontecimientos.


Una ciclogénesis es el desarrollo o la consolidación de la circulación ciclónica en la atmósfera (un sistema de baja presión). Se trata de un término paraguas para varios procesos diversos, todos los cuales dan lugar al desarrollo de una cierta clase de ciclón. Puede ocurrir en varias escalas, desde la microescala a la escala sinóptica. Los ciclones extratropicales forman ondas a lo largo de los frentes antes de ocluir más adelante en su ciclo vital como ciclones de núcleo frío. Los ciclones tropicales se forman debido al calor latente conducido por actividad de tormenta significativa y son de núcleo cálido. Los mesociclones se forman sobre tierra como ciclones de núcleo cálido y pueden conllevar a la formación de tornados. También formadas a partir de mesociclones son las trombas marinas, aunque a menudo se forman a partir de ambientes de fuerte inestabilidad y cizalladura vertical baja. 
Ciclogénesis es lo opuesto a ciclólisis —la disipación de un ciclón— y tiene un equivalente anticiclónico (sistema de alta presión) que se relaciona con la formación de áreas de alta presión: anticiclogénesis.  (Wikipedia) 

En resumen es el resultado de la convergencia de masas de aire frío con masas de aire cálido inestable. También conocidas como "bombas meteorológica" o "bombogénesis", consisten en la formación a gran velocidad de un nuevo ciclón, es decir, un sistema de baja presión. El fenómeno es extraordinariamente rápido, ya que la presión atmosférica baja en torno a 24 milibares en 24 horas o menos.
Como ya he dicho, un conjunto de factores atmosféricos que se unen, entre lluvia, viento, nieve que, más allá de la incomodidad y algún que otro destrozo que pueda provocar, limpian de repente el aire a lo mejor enrarecido por la estabilidad del tiempo.

Una ciclogénesis mental se la podemos producir nosotros mismos porque llegamos al límite de la explosión. Cuando somos conscientes, debemos cogernos la cabeza entre las dos manos, moverla de un lado a otro, respirar fuerte,  dejar entrar aire y humedad positiva, inspirar y expirar, vaciar nuestros pensamientos y limpiar de impurezas nuestra mente.

Buenas noches amigos aunque, antes... este tema para terminar el día...


Dice Jaime Gil de Biedma que...

“Ha pasado el tiempo/y la verdad desagradable asoma:/envejecer, morir;/ es el único argumento de la obra”

sábado, 9 de diciembre de 2017

09.12.2017... Fuego de diciembre!

Un hombre mayor, el tiempo en canas, se acerca a la barra del bar y, sin dedicar un saludo, como si lo hubiera hecho antes, se para a hacer comentarios sobre mi abuelo José María a mi padre.

Entonamos el café de medio día, tras la comida, y en una conversación que normalmente siempre es interrumpida, dejamos que el paisano se desahogue en recuerdos:

- Cómo albentaba tu padre, todavía me parece verlo.

Miro a mi padre y siento que los pensamientos se le marchan hacia atrás, buscando en el corazón el recuerdo de aquél hombre que fue el abuelo.

- Tú padre era fuerte como un roble, trabajador, bueno. Jamás una mala palabra a nadie. Trabajé con él, yo más joven, claro.

No sé por qué le vendría al hombre el recuerdo de mi abuelo. Habrá sido al cruzarse con mi padre, aunque físicamente no les encuentro mucho parecido. Pero los pueblos tienen estos momentos agradables, gratos. 

Es fantástico que la gente recuerde a los tuyos, y los recuerde bien, como verdaderamente fueron. Es cierto que las ciudades, deshumanizadas cada vez más, pierden estos momentos que solo en estos lugares, olvidados por muchos, engrandecidos por otros que sentimos que solo aquí eres capaz de encontrarte y recordarte.




Unos días en el pueblo. Pocos, demasiado poco tiempo.

Sensaciones, olores de campo, de tiempo. 

Comprobar cómo el sol tarda en asomar porque una inmensa niebla, a modo de burbuja, rodea todos los campos que bordean Minaya.

Es una época fría. No hemos superado los cero grados hasta que los rayos solares comenzaban a limpiar los hielos de los tejados. Pero es una época hermosa, cargada de esa belleza que simboliza, también, esos sobresaltos climáticos.

Son fechas de constipados y gripes. El cuerpo se ha habituado a las comodidades de la ciudad y olvida que el campo, en estos parajes en los que el viento agita el alma, busca los suspiros del día.

Justo frente a la ventana de mi escritorio, aquí en este rincón, todavía siendo cerca de las 10 h., se distingue una luna que queda elevada, como mirándome de reojo ya en su fase mínima, mientras vigila el sol que parece se retrasa y hoy se ha presentado con toda su gallardía.

Han sido días de frío, de nieblas, como ya he comentado, de fuego y de lumbre.

Me encanta el fuego; sus formas mientras va consumiendo las ramas, los troncos o esas cepas, hasta convertirse en la ceniza de lo que somos.

Ayer prendimos fuego a las ramas que mi padre había cortado del olivo, para darle fuerza y forma. Prendieron rápido y el olor, aceitoso, es inolvidable.

Luego, en ese ademán manchego, volvimos a la cocinilla de la casa, vino en copa, para terminar de quemar los troncos de leña dónde, en las ascuas, dejaríamos que la carne y unas patatas se hicieran.

Me paso el tiempo envuelto en mil pensamientos mientras contemplo el fuego. Cómo se exalta y emerge hacia el cielo para ir, poco a poco, apagándose... como la vida.

El fuego es uno de los Cuatro Elementos, junto con el Agua, el Aire y la Tierra. Elementos iniciáticos, por cierto.

El dominio del fuego es una capacidad que va unida en exclusividad al ser humano. De hecho determina el salto que nos diferenció del resto de los animales.

El fuego representa la sabiduría. El elemento fuego es uno de los regentes presentes en varias culturas. Se le señala el origen del mismo universo y de la humanidad. Presente siempre, también, en varias creencias ancestrales como el esoterismo y la masonería. 

El fuego es un elemento que ha concretado la superación del ser humano en diferentes niveles y ámbitos de su vida, desde el científico e industrial como el espiritual y religioso. 

Símbolo de carácter, vida, y deseo. El fuego permite ir más allá de las barreras. Símbolo del éxito y del liderazgo.

Para mi el fuego siempre ha tenido unos recuerdos que tienen que ver con mi infancia, en el pueblo. 

No recuerdo, de pequeño, ninguna casa sin una chimenea con fuego y luego con esas brasas, ascuas, que se utilizaban para meterlas en 'el fraile'.  





El Fraile, también llamado, en otros lugares, tumbilla, era una especie de cajón de madera, grande, abierto por los lados, en el que se introducía una lata llena de brasas. Se iba metiendo en las camas, completamente heladas, para irnos acostando según se calentaban las sábanas, humedecidas por el frío. 

Las habitaciones de las casas del pueblo, entonces, no tenían calefacción. El suelo, las paredes, todo estaba prácticamente a la temperatura exterior. Poco más. De la boca soltábamos vaho del frío que hacía pero… qué frío más añorado ahora, aun con tanta comodidad.

No recuerdo que me constipara más entonces que ahora lo hacen los críos o los mayores con muchas más comodidades.

Nos enfrentamos al diciembre pensando que termina el año, con más o menos destrozos mentales y más o menos objetivos cumplidos, con esas listas que en estas fechas comienzan a crecer con propósitos vitales que cumplir en los próximos.

Feliz noche...


Por qué será que hay veces que uno siente que necesita oxígeno para continuar buscando en mar de pirañas? Parar, respirar, sentir y seguir... es un consejo.

viernes, 8 de diciembre de 2017

Dice Steven Spielberg que...

"Todos nosotros, todos los años, somos una persona diferente. No creo que seamos la misma persona toda la vida" 

jueves, 7 de diciembre de 2017

antes...

antes
en días que me viene
penumbra
absorto crepúsculo
prefería ni abrir
el cuaderno
y desplumar 
pensamientos.

ahora
¿qué mas dará?
lo abro y me siento
frente a él
remangado
introduzco dedos
en la garganta
vomitando disparates
mísero equipaje
sin miedo 
ajeno.
El día tiene las mismas horas para todos. Podemos vivir en la oscuridad de la noche o despertar a la luz y poetizar cada minuto del día. Es una elección que silencia nuestros pasos. ‬Poeticémonos cada día.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

06.12.2017... Entre libros II...!

Ayer por la mañana, salí a la calle y eran poco más de las 7 h. En un instante el frío me envolvió como queriendo buscar el cobijo de mis manos, esas que el tiempo va arrugando.

Caminando hacia la estación, no me quedó más remedio, grato encuentro, que contemplar un cielo pletórico acompañado de una luna inmensa, limpia.

Entendí el instante, el mensaje, el día; por el simple hecho de serlo, ya merecía la pena.

Hoy, festivo, he salido algo más tarde, tampoco mucho más pero lo suficiente para que el cielo ya tuviese un azul limpio e iluminado por el sol. El frío también arrebataba los gestos del cuerpo, pero he pensado exactamente lo mismo que hago cada amanecer, al despertar: el día merece la pena

Los días merecen la pena, cada uno de ellos, aunque haya momentos en los que los hacemos difíciles. Simplemente somos como somos, llenos de mil y una contradicciones, pero nuestras vidas son una extensión de lo que somos y somos lo que  creamos en nuestras mentes.

Pero hoy ni quería, ni quiero, escribir sobre nada que tenga que ver con liderazgo, las emociones, motivación o coaching. No me apetece.

Quiero volver a escribir de libros, de mis libros. No hace mucho, el mes pasado, escribí por aquí un post que titulé 'Entre libros...'. Vuelvo a ello.

Parece que este tiempo invita mucho más a la lectura, a buscar esos rincones en los que dejarte acompañar por los libros.



A veces uno puede tener frío y no tiene por qué ser debido a las bajas temperaturas. El frío nos puede venir por una sensación de desánimo, de baja moral o de esa soledad tal vez no deseada, ni consentida, que uno siente tan de vez en cuando.

Y cuando siento frío, me arropo con mis libros hasta que me vuelvo a calentar. En ellos está todo.

Creo que me sumergiría en un mar de libros hasta dejarme ahogar por esas páginas, que emanan tinta en forma de espuma, sin dejarme ni siquiera respirar.

Si los libros dejaran de acompañarme, como estos cuadernos, sería como uno de esos espantapájaros que se ponen en los huertos y al que todos los pájaros picotean chismorreándose de él.

Los libros, mis libros, son mi vida.

Estoy absorto, no sé si embebido o embelesado, en este inicio de invierno, en ciertos libros literarios que más que serlo son poesía en esencia.

Cuando uno encuentra, a la vez, unos cuantos lugares de esos en los que perderse con ansia de literatura, parece que le falta el tiempo para encontrarse con ellos.

Me castigo porque busco el lugar donde esconderlos para que mi manoseó no los castigue. Y me pregunto por qué. Tal vez porque nunca evito el subrayado o la doblez. Son mis libros. Ni me gusta prestarlos ni me gusta leer un libro prestado. Los mimo, los toco, los araño... simplemente los quiero.

Curiosamente algunos de ellos son dietarios personales, esos que se van escribiendo con el día a día de la vida y en los que algunos nos dejan verdaderas perlas literarias, otros, el resto de los mortales, no vamos anotando más que estupideces o miserias bañadas con algún licor poético.

Los últimos los he cazado como un tesoro. Los he esperado, casi he hecho noche frente a mis librerías de culto, para ser el primero en quitar, en algún caso, el plástico envoltorio y oler esas páginas recién impresas, frescas y, sin duda, deseosas de entregarse, abiertas, a la más lujuriosa posesión.

Hace poco descubrí a Avelino Fierro y su último libro publicado 'La vida a medias'. Reconozco no haber conocido hasta ahora a este autor que, con esta última entrega de sus diarios, tercer volumen, ha conseguido conquistarme. Curiosamente, o casualmente, en esta ocasión el prólogo del libro lleva la firma de uno de mis diaristas preferidos, Andrés Trapiello.


Y qué decir de la casualidad, esta semana fue una de mis adquisiciones, la última entrega de su Salón de Pasos Perdidos, 'Mundo es' (Pre-textos), último volumen de los 'Diarios' de Andrés Trapiello. Corresponde al año 2007. El primer volumen, 'El gato encerrado', aparecido allá por el año 1990, correspondía al año 1987. Veinte años después seguimos leyendo literatura y vida o vida literaria, en las miles de páginas que este hombre, de momento, nos ha entregado. No creo exista nada igual. Sé que en un inicio éramos pocos sus seguidores, incluso difícil encontrar aquellos primeros ejemplares (hoy ya en edición bolsillo); creo que ahora sus seguidores pueden ser cientos los que esperamos cada año la aparición de otro de estos vitales ejemplares.

Adquirí, a la vez, otro volumen de diarios también en una edición bastante buena. Corresponden al primer volumen del diario de Virginia Woolf. Los cuatro volúmenes que aún nos esperan, igualmente editados por Anne Olivier Bell, esposa de su sobrino, Quentin Bell, y que la editorial Tres Hermanas publicará también en España, darán buena cuenta de ello. Una obra maestra, sin duda, por su calidad literaria, y porque es la primera vez que se nos ofrece una versión fidedigna e inequívoca de Virginia Woolf.

En poesía ando perdido entre las páginas de dos poemarios: la Antología de Eloy Sánchez Rosillo, 'Hilo de Oro', que me tiene realmente entusiasmado y feliz de haber descubierto uno de esos poetas, antes desconocido para mi y, por otro lado, un librito bellísimo, completo, de una joven poeta que deslumbra en cada verso, María Sánchez y su 'Cuaderno de Campo'.

Leo un poco de filosofía motivacional, como parte de mis trabajos sobre liderazgo en 'Érase una vez... Una historia alternativa de la felicidad' de Derren Brown, libro que diré me está encantando ya que ratifica mis afirmaciones de que todo lo dijeron antes nuestros clásicos romanos y griegos, en su filosofía, no hace falta buscar en otros lugares la sabiduría ni siquiera la espiritualidad.

Y no pude evitar, el otro día, tras leer un par de maravillosas entrevistas, hacerme con 'Páginas escogidas' de Rafael Sánchez Ferlioso con el fin de adentrarme en el pensamiento de este maestro que cumplió, esta semana, nada menos que 90 años.

Creo que para este invierno, que dará comienzo en breve, no me falta de nada, literariamente hablando, para encontrar el calor que arrope los fríos que, de uno u otro modo, la vida y el día a día nos viene dando.

Feliz noche amigos.

Dice Thich Nhat Hanh que...

"A veces es difícil dejar nuestro doloroso pasado atrás para vivir libremente y a gusto entre las maravillas de la vida presente. La luna y las estrellas brillan espléndidas, las montañas y los ríos son deliciosos, las cuatro estaciones se nos revelan por turnos; pero algunas veces no podemos estar en contacto con todo esto. Nos sentimos más cómodos en el sótano de los recuerdos dolorosos.
La liberación significa, ante todo, romper con la prisión de nuestro pasado. Hemos de reunir el valor necesario para alejarnos de la rutina de nuestras viejas y conocidas costumbres y comodidades. Esas cosas no nos aportan verdadera felicidad, pero nos hemos acostumbrado a ellas hasta tal punto que pensamos que somos incapaces de abandonarlas. ¿Por qué siempre hemos de volver a nadar en el mismo viejo estanque, aunque esté embarrado, simplemente porque es “nuestro”? ¿Por qué privarnos del lago cristalino, del refrescante mar azul con una playa que se extiende hacia un nuevo horizonte? Las alegrías de la vida no son menos “nuestras”! Hemos de practicar la atención plena para no dejarnos arrastrar hacia el pasado, atrapados en el limoso y viejo estanque de dolor, la nostalgia y el arrepentimiento."

domingo, 3 de diciembre de 2017

03.12.2017... Reflexionando en frío...!

Esta mañana, mientras hacía una sesión running, de las pocas a las que me lleva el desorden vital que me acompaña, pensaba y charlaba sobre lo rápido que se pierden los buenos hábitos y luego lo mucho que cuesta volver a recuperar. Lo bueno se pierde en tan poco tiempo que a veces nos hace pensar que nunca habíamos pasado por allí.

Hace frío. Como sin darnos cuenta ya en diciembre, ese mes que parece lo acaba todo o comienza nada. El frío ha llegado sin titubeos. Hoy amanecíamos, por aquí, con dos grados por debajo del cero. 

Al ir a por los periódicos, temprano, la sensación en la cara es agradable, como si la piel se estirase en un instante y desapareciesen rápido esos surcos que los años nos van recorriendo, de lado a lado, en forma de arrugas. Siempre recuerdo la piel de mi abuelo JM, curtida en las altas y bajas temperaturas del campo. Una piel perfecta y ajena a toda esa cantidad de listas de productos cosméticos que ahora nos venden. Una piel que llevó siempre, con un color sano, sin prácticamente arrugas en sus más de noventa años, sonrojada, tersa, viva hasta que dejó de latir por la edad. Ahora nos arrugamos antes y más. Vivimos bajo los techos, como escondidos; nos arrugan las perturbaciones y emociones. Por eso, cuando salimos a la calle, al campo, nuestra piel se abre a la vida, se curte en los silenciosos abrazos del viento.



Cuando corría, bajo un sol agradable, fresco, además de disfrutando del momento, iba pensando en todo esto, en lo tanto que nos quejamos ahora que prácticamente tenemos todos, o casi todos, mucho más de lo que disfrutaban nuestros antepasados, en el caso de los míos, que trabajaban de sol a sol, cuando lo había, en medio del campo, sin resguardo de nada y sin esas prendas que ahora nos ponemos y que son capaces de mantenernos calientes a dos grados bajo cero. Era como si nadie, entonces, se quejara de nada. Simplemente vivían cada día, como podían, pero vivían. No recuerdo a mis abuelos quejarse ni del frío ni del calor, ni del madrugar ni del trasnochar trabajando en el campo, con la dureza que aquello implicaba. Pero ahora nos quejamos y, normalmente, nos quejamos los que no tendríamos por qué hacerlo.

Pero claro, a lo mejor esa queja, tras mucho reflexionar sobre ello, se debe a que no estamos a gusto con nosotros mismos, con lo que somos, con el dónde hemos llegado o lo que hemos llegado a ser. Por eso nos comparamos constantemente con el uno y con el otro, con lo que son o tienen. No nos comparamos nunca con el que no es o nada tiene. Desear continuamente lo que tienen los demás supone un problema vital de gran trascendencia en nuestra calidad de vida, tanto a nivel físico como mental.

Estas quejas, estas comparaciones, te generan dudas vitales sobre si realmente te has equivocado en la dirección que tomaste.

¿Estás contento con tu vida? Una pregunta que suelo hacer en conferencias o sesiones de liderazgo o coaching. ¿Tienes la vida que quieres? Son preguntas que obligo a responder y preguntas que yo mismo me hago de vez en cuando.

Hay personas que se conforman con muy poco y así disfrutan de sus días. Otros que cuentan con el privilegio del ‘Todo’, viven en una frustración absoluta. Los hay que mereciendo ‘todo’ se tienen que conformar con el ‘nada’ y los hay que teniendo de todo deberían pasar por la experiencia de ‘nada’ para que valorasen realmente lo que tienen.

¿Por qué no conformarnos con ser como somos o tener lo que tenemos… pero vivirlo?

Estamos constantemente enfrentados a nosotros mismos porque queremos ser o vivir diferente a como somos.

No nos aceptamos.

Confía en ti. Acéptate tal y como eres.

Nuestras cabezas nos tienen atrapados en pensamientos realmente confundidos. Nos perturban. Shakespeare en su 'Hamlet' escribió algo así “No existe nada bueno ni malo, es el pensamiento humano el que lo hace parecer así.” ¿No crees?

Tener más de lo que necesitamos no nos hace más felices. Cada vez lo tengo más claro. Y es verdad, tal vez hablo desde el privilegio de no haber pasado nunca calamidades. Pero sí las pasaron mis abuelos y no les sentí nunca infelices como lo entendemos ahora. Ahora la infelicidad nos viene, en la mayoría de las veces, por estar deseando constantemente aquello que no tenemos.

Queremos ser lo que no somos para que otros nos admiren o envidien. Y nosotros envidiamos a los que tienen lo que no tenemos. Y así constantemente viviendo en una frustración infinita.

Lo que deseamos alimenta más nuestro deseo de más y más. No nos satisface nada.

Todo aquello que parece nos entra por los ojos como para hacernos los más felices del mundo, luego es lo que jamás nos hará feliz porque los deseos innecesarios no tienen fin.

Curiosamente, y está más que comprobado, esas personas que viven una vida sencilla, sin mucho más que lo necesario, son más felices que aquellos que más tienen y no dejan de desear más y más.

Nos hace falta ser capaces de vivir la vida sin más. Conformarnos, sin exigir y sin quejarnos. Vivir el ahora sin pensar tanto en el futuro, ese futuro que siempre es incierto incluso para el vivir.

Lo que más importa está dentro de nosotros y no ahí fuera. Curiosamente nos tiramos la mayor parte del tiempo que vivimos buscando fuera en vez de encontrar dentro.

Sobrevivimos. ¿Qué es lo realmente importante para ti? ¿Por qué en vez de ir dando tumbos, sobreviviendo, vives el ahora?

Realmente todo esto es lo que pensaba esta mañana mientras el frío me acariciaba. 

Resulta curioso como me quejo muchas veces de lo que hago y poco de lo que no hago.

Buenas noches amigos... y, sí... vamos a terminar con uno de esos temas que nos hacen mover...