domingo, 23 de abril de 2017

23.04.2017... Remediar lo remediable...!

Tuve ayer un impulso de escribir, en este cuaderno virtual mío, algo de lo que voy recogiendo en el de papel. No lo hice, creo fue un acierto. Todos nos conocemos y uno se conoce a sí mismo como si a sí mismo se hubiese parido. Lo mejor que pude hacer es no vomitar, cuando uno vomita sale de todo sin control.

No es fácil que en momentos no penetre en uno la tristeza. A veces nos llega sin motivo, otras la esperamos, simplemente porque en el entorno los motivos casuales aparecen como deshilachados.
Por mucho que estudiemos la mente, por muy amante del positivismo o el liderazgo emocional, el coaching, a veces caes sin querer en ese estado que te hace cuestionar mucho de lo que te habita. A veces lleno de razones, otras no tanto.



De cómo pasa el tiempo te das cuenta solo cuando te paras a pensarlo. Por eso algunos prefieren no pararse o no pensar.
Si repasamos la vida nos damos cuenta de lo mucho que hemos hecho, pero también de lo tanto que hemos dejado de hacer.
Voy terminando cuadernos y me apena,  sé que cada página de notas que termino no la volveré a escribir.

Cuando estoy así, triste, cansado y reflexivo, me espoleo en exceso sin más razón que ese mero pensamiento de exigencia que siempre me recorre el cerebro. 

Estoy inmerso estos días en el acopio y corrección, para la editorial, de lo que será mi nuevo libro. Es el primero de tres pendientes de publicación. El exceso de trabajo, el desorden y falta de tiempo ha conseguido que haya pasado demasiado desde aquél último, '¿Por qué no te lees?', y ahora se acumule la corrección de nada menos que tres que necesito vitalmente publicar. Éste que corrijo y que, como digo, será el primero de los tres, es el segundo volumen de mis Aforismos/Soliloquios/Diarios. Ando pensando en subtitularlo Diaforismos. Al fin y al cabo, casi todo lo escrito surge en ese primer instante del día en el que fuerzo la mente a un pensamiento, reflexión, diálogo conmigo o consejo motivador. 

Mientras corrijo, he releído algunos de los textos de los cuadernos del año 2008 al 2012 ('¿Por qué no te lees?'). Merece la pena recordarse, recordar pensamientos, textos y reflexiones que, leyéndolas ahora, te hacen sentir, de alguna manera, acertado o confuso. Visto lo que todos ven, leen o escuchan diariamente en las noticias, tal vez lo mejor que podía haber pasado fue lo que pasó; cierto es también, por qué no decir, que lo que fue para bien en algunos ámbitos de la vida, en otros tal vez influyese negativamente.

Terminé el cuaderno del año 2012, el anterior volumen, con este aforismo:
"Lo substancialmente positivo de cada uno de nosotros es que no dejamos de buscar los límites de nuestro camino." JLM/2012
Ahora que vuelvo a leer, me viene que ni al pelo.

Cuesta mucho tiempo y esfuerzo conseguir buenos hábitos que den resultados saludables; en cambio, en muy poco tiempo, nos adaptamos con rapidez a malos hábitos que se instalan en nosotros y destruyen lo bueno conseguido. 

Deshacer los malos hábitos es muy difícil, pero no imposible. Es incómodo romper y volver a encontrar esa disciplina que vaya equilibrando el cuerpo, la mente y la capacidad de recuperar el buen hábito. Somos demasiado cómodos, encontramos siempre las mismas excusas.

Esta mañana salía a correr cansado, apático. Pero he salido a buscar ese magnífico sol con unos kilómetros de running. Mi forma física no es la deseable. Recordaba, conociendo que hoy se celebraba el Maratón de Madrid, que mi último maratón lo corrí en el año 2012. Mi estado físico, en aquél entonces, era fantástico: mis hábitos, orden y disciplina, también. Ahora me cuesta un horror terminar mis 16 kms de algunos domingos, pero es que encuentro mil excusas para no salir a entrenar entre semana. 

Mis hábitos negativos se comieron los positivos. Esta falta de voluntad demuestra, también, por qué no decirlo, una falta de liderazgo con uno mismo. Pero todo lo que debe cambiarse puede cambiarse. Tan solo son decisiones: decisiones con uno mismo. Tal vez sean las más difíciles, sobre todo cuando nos hemos acostumbrado a un desorden cómodo, a un entorno en el que nos escudamos, o a esa vida que nos lleva y que permitimos lo haga. Se puede hacer todo.

Debemos tomar conciencia de ello. Mirarnos, vernos, contemplar lo que hay alrededor, lo positivo y negativo.

Ser honestos en nuestras reflexiones, tener muy claro lo que deseamos y tener claro, realmente, lo que estamos permitiendo si no nos ponemos a ello.

Es absurdo resignarse o escondernos en la excusa fácil. Ayer, reflexionando sobre otros temas, me daba cuenta de que muchas veces las cosas ocurren porque antes no hemos puesto remedio para que no ocurran. Otras ocurren porque tienen que ocurrir pero  ¿por qué dejar que ocurran aquellas que sabemos hay posibilidades de que ocurran y por dejadez no ponemos el remedio con antelación? Sabemos que el suelo de la ducha resbala, conocemos de personas que tienen accidentes de gravedad una y otra vez, pero no lo remediamos hasta que somos nosotros los que caemos y de milagro podemos contarlo.

En la vida es un poco lo mismo: si caminamos continuamente por suelos resbaladizos, lo normal es que terminemos por caer.

Siempre hay un ángel que nos cuida, pero esos demonios siempre rondan por ahí.
Pensar que no tenemos límites es un error. No es la edad lo que nos limita, es el uso que hacemos de los años.

sábado, 22 de abril de 2017

Dice Séneca que...

"Recuerda cuántas veces has perseverado en un propósito, cuántos días han pasado cómo te habías propuesto, cuándo has sacado provecho de ti mismo, cuántas veces tu rostro ha estado sosegado, y tu ánimo intrépido, qué obras has practicado durante tu larga vida, cuántos te la han saqueado sin que tú advirtieras lo que perdías, cuánto tiempo te han hecho perder inútiles dolores, estúpidas alegrías, ávidos deseos, agradables conversaciones; verás cuán poco te quedó de lo que era tuyo. Entonces comprenderás que es prematura tu muerte. ¿A qué culpar entonces? Vivís como si la vida tuviera que durar siempre; nunca se os ocurre pensar en vuestra caducidad; […]"

viernes, 21 de abril de 2017

Ni para todo hay tiempo ni el tiempo está para todo. Cuando las cosas se pueden hacer se hacen, cuando no se puede pues no se hacen. Forzar la marcha nunca es positivo.

jueves, 20 de abril de 2017

20.04.2017... ruído!

Qué curioso que cuando vuelves a iniciar la actividad, después de unos días de desconexión, practicamente total, es como si mucho de lo que haces lo comenzaras de nuevo. 

Es esa sensación que te lleva a la reflexión de si todo aquello que haces, que emprendes, realmente merece la pena para algo.



Cuando abandonas los silencios del campo y te sumerges, nuevamente, de cabeza, sin freno de mano, en la ruidosa ciudad, tu mente queda pervertida al instante. Son pocos los instantes poéticos que quedan y merece la pena buscarlos, en el brillar de unos ojos o la humedad de una sonrisa.

Vivimos momentos de tormentas mediáticas y eso hace que cada vez añore más el campo y busque esos instantes de serenidad que se me hacen más que necesarios, fundamentales.

No sé si me falta concentración o si me falta vida. Nuestras palabras son vida porque forman parte de la misma. De ahí el tratar siempre de hablar en positivo.

Y hoy, que pensaba todo podía ser más poético, finalmente desemboca en otro accidental contratiempo, importante, sufrido, que va trastocando los momentos y nos indican que los años pasan sin remedio; debemos ir enderezando el caminar porque, entre tanto tiempo que utilizamos para tantas absurdeces, se nos va requiriendo de ese tiempo que, más que un deber, debe ser de agradecimiento a los que tanto han dado por nosotros.

Y así voy a terminar hoy, entre dolor de cabeza, entre revuelo mental y entre nostalgia de días pasados: ese olor a campo, ese caminar por un Retiro poético, esa mente ajena a todo ese mundanal de ruido del que nos terminamos por rodear a la mínima.

Dice Stephen Crane que...

"El que puede cambiar sus pensamientos puede cambiar su destino" 

martes, 18 de abril de 2017

Si sabemos lo que queremos por qué no generamos un plan y pasamos a la acción sin parar hasta conseguirlo?‬ Porque vivimos en un estado de comodidad permanente y nos aterra el cambio. Acción amigos, salgamos de ese estado de comodidad.

lunes, 17 de abril de 2017

Momento Payaso...


Todos tenemos un momento imbécil, un instante payaso. 

Ese ese momento en el que no sabes por qué, o sí, pero te dan ganas de saltar y reírte de ti mismo. 


Debemos reírnos más de nosotros y hacer un poco el payaso de vez en cuando: es saludable.

Para que un proyecto tenga éxito debemos acostumbrarnos a que el camino esté lleno de baches que nos harán caer e intentarán hacernos perder la ilusión. Pero siempre arriba, el mayor éxito es no dejar de creer.

domingo, 16 de abril de 2017

16.04.2017... Del campo a la ciudad!

Ahora que miro el infinito azul, que me doy cuenta que hay momentos que llegan a su fin -que, sin duda, traerán otros- es cuando más siento, o presiento, ese espacio de tránsito que le lleva a uno del campo a la ciudad, del oxígeno vital al desconcierto casi siempre voluntario.

Lo que más nos cuesta comprender es quién somos nosotros. Qué sentido tiene vivir o qué sentido tiene, también, el morir de la forma que vivimos.

Si pensamos siempre que todos son, o deben ser, iguales a nosotros no sólo supone un error de forma y fondo sino un empobrecimiento de nuestra existencia.

La diversidad y la pluralidad enriquece nuestras vidas.

Por eso unos disfrutan del silencio y otros del ruido en la ciudad. Unos prefieren el mar y otros la montaña. Pero todo lo diverso es bello, como bellos son los versos que se componen de diferentes emociones.

Ya lo escribía, el otro día, en esas 'Notas desde aquí'...

La poesía lo engloba todo. Es dolor, amor; es pasión, vértigo; sufrimiento, es injusticia. La poesía es vida como vida es contemplar la caída del sol por allá.




No soy muy viajero, y no sé si algún día, si la vida me acompaña, cambiaré el no ser por el serlo. Casi todos los lugares que he conocido se lo debo, fundamentalmente, a mis actividades profesionales.

¿Cómodo? Tal vez. Encuentro e imagino en los libros aquello que deseo conocer fuera de mi.

Un paseo por el campo, un pueblo, unos tacos de queso y una copa de vino, o, simplemente, un libro y mi cuaderno; suficiente para hacerme sentir instantes felices.

Así he disfrutado de los caminos del pueblo, en estos días, como nunca. He recorrido unos y otros a pie o en bici, solo o con mi hijo, degustando y embriagándome de un paisaje abierto, llano, pero inmensamente bello a los ojos de quien ama y desea ver aquello que a la vista del poeta son sencillas emociones y versos.

La siembra que crece, las lindes, los olivares y viñas que reciben un sol mágico y seductor.

En estos paisajes, recorridos por romanos, musulmanes y cristianos, que nunca fueron atractivos de habitar porque carecían de esas frondosas bellezas que adornan otros rincones de nuestra península pero que, al menos, el agua abundante servía de reclamo para la parada en el paso.

Cada uno es dueño de ver las cosas como le venga en gana. Faltaría más. Algunos acostumbran su vida a ver tormentas donde la paz del sol acompaña; otros, en cambio, buscamos la luz cuando el cielo se llena de nubarrones.

Yo soy capaz, como ahora, de contemplar la belleza de esas piedras que engalanan aquella linde para dividir unas tierras de otras.

Valorar lo que tenemos es imprescindible para no desear lo que no tenemos. Creemos que nos falta siempre algo, porque somos privilegiados en la vida y constantemente nos cansamos y buscamos o envidiamos eso otro que en el momento no está dentro de nuestras posesiones. Poseer. Toda nuestra vida gira en torno del 'tener y poseer', del acumular.

Comienzo a cansarme de esas personas que constantemente se quejan y no disfrutan ni valoran lo que tienen.

La vida es, ya en sí y por sí, un privilegio.

Uno de mis mayores privilegios, por los que doy gracias cada día que despierto, es este campo, este pueblo en este paraje que puede no valer nada o valerlo todo. Depende cómo se mire.

He despertado esta mañana, como todos estos días, con una luz inmensa que atravesaba hasta los muros de la casa. Mientras tomaba algunas notas en mis reflexiones matinales, desde la ventana podía ver la inmensidad del campo, el despertar de la vida con los cantos de los pájaros y ese sonido orquestal del viento en las ramas de los árboles.

Es verdad. No estoy en plena montaña pirenaica, ni en una idílica playa del Caribe; he decidido, nuevamente, no pasear por las calles de París ni visitar las cúspides del arte griego. He querido buscar la tranquilidad, el sabor de lo auténtico, el perfume de mis raíces que en estos días me acompañan y me recuerdan de dónde vengo y por dónde debo ir. Es el campo. Este campo.

Cada vez necesito llenarme más de positivismo. Siento  que pensar en negativo hace perder el tiempo porque tiempo es lo que no tenemos y debemos llenarlo de todo lo positivo que tengamos. Todo es positivo si lo queremos ver. 

Es en estos días en los que uno se siente resucitado, lleno de nueva energía y con la capacidad, pasión e ilusión necesaria para enfrentarse , nuevamente, a esos proyectos que uno tiene entre las manos y que de una u otra forma, aunque descolocan, también llenan la vida.

Es verdad que cuando uno escribe también va enfrentándose, casi sin darse cuenta, consigo mismo. Es cuando más cuenta se da uno de lo que le sobra o más de lo que le falta.

He leído estos días a Salvador Pániker, la última entrega de sus fantásticos diarios, 'Adiós a casi todo'. La casualidad de la vida hizo que Pániker falleciese días antes de ver el libro publicado. 

"Se debe escribir siempre desde la vida, o, al menos, desde lo que queda de vida. Para ser más exactos: no es que se deba escribir desde la vida, es que sólo se puede escribir desde la vida."

También me acompaña ese librito de Miguel Ángel Martí, 'La Serenidad. Uno actitud ante el mundo' que tanto me lleva, sin querer, a Séneca; y 'El Idiota', inmensa novela de Dostoyevski.

Una parte de mi se queda en mis libros, como una parte de ellos queda siempre en mi. Una parte de mi se queda en estos caminos, como parte de estos caminos se vienen conmigo.

Toca volver a la normalidad, o eso que nosotros creemos que es la normalidad de nuestras vidas, pero que no es más que un sin vivir constante. 

Y así vamos llenando cuadernos, así van llenándose las páginas de líneas que posiblemente carezcan de sentido en innumerables ocasiones, pero que son los pasos, como esos que voy dejando en el camino.

Pocos entienden esto, a veces ni siquiera yo lo entiendo. Tampoco entiendo a los que entienden lo que yo entiendo, como no comparto tampoco con los que no entienden lo que sí entiendo. Han conseguido terminar con la España rural, esa España que fue un valor, nuestro valor; que en el resto de Europa supone la raíz, el encuentro: el pueblo. Se denostó ese pequeño espacio como tal, al pueblerino y se apostó por las capitales, por el señoritismo casposo.

Ahora echamos de menos los pueblos, los buscamos, pagamos porque nuestros hijos sepan lo que es pisar esa tierra de la que comemos, o se den un porrazo mientras corren por un camino lleno de piedras.

Otros lo tenemos y ni lo disfrutamos ni lo valoramos como deberíamos. Tal vez será tarde cuando miremos atrás, suponiendo que podamos mirar.

Así terminan estos días de la Santa Semana. Mi encuentro o progreso espiritual no pasa por la celebración de estas festividades. Ni siquiera sé si en vez de encontrarme, lo que estoy haciendo es perderme mas todavía en esa búsqueda del Ser, de mi ser. Pero aquí, en estas calles, desde el máximo respeto, me recreo con las tradiciones que son las nuestras, las de ese Minaya entre católico y agnóstico, como casi todos los pueblos de esta España que, tras aquella intelectual y vanguardista república del '31, quedo abocada a una extrema educación católica.

Aquí, así, van terminando ya estos días poco deportivos, muy envueltos en la gastronomía manchega y, eso sí, recogidos en el olor de las tierras y el verde que ahora inunda los campos mientras ese sol termina por ponerse, otro día.

Del campo a la ciudad...

Dice Maimónides que...

"Acepta la verdad de donde sea que venga". 

sábado, 15 de abril de 2017

Si la vida te ofrece un desafío es que estas de suerte, así que plántale cara y a por ello.

viernes, 14 de abril de 2017

Si somos conscientes de estar haciendo algo mal y seguimos adelante, somos culpables de las consecuencias. ‬Pongamos remedio antes de arrepentirnos.