Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
Hay momentos en la vida en los que uno necesita detenerse. No porque haya llegado al final de ningún camino, sino precisamente porque lleva demasiado tiempo caminando sin mirar dónde pone los pies.
Nuestro futuro no necesita una versión perfecta de nosotros. Necesita una versión que continúe. Tendremos días malos, decisiones equivocadas y momentos en los que perderemos el rumbo. Eso no invalida todo lo anterior.
Una persona que miente y engaña, y no se siente culpable por hacerlo, seguirá siempre mintiendo, engañando y manipulando todo lo que pueda hacer. Nunca demos la espalda a quien traiciona nuestra confianza.