miércoles, 7 de diciembre de 2016

Por lo general somos personas insatisfechas en la vida y eso nos genera una inquietud realmente motivadora. Así que, no sentirte satisfecho nunca es un defecto.

martes, 6 de diciembre de 2016

06.12.2016... No me quites el sol.

Esta mañana, aprovechando este día festivo que, parece, la Constitución Española nos da, hemos podido disfrutar (por fin) de un sol inmenso y salir a correr, C y yo, por esos caminos y campos, arropados en un verdor húmedo, único, mientras la falta de entrenamiento nos hacía humillar.

Pero incluso envueltos en el esfuerzo, en el sudor y jadeo, a cada zancada agradecíamos el día, el cielo azul, el sol que nos abrazaba haciéndonos sentir únicos.

Parece que, mientras Diógenes tomaba el sol, se le acercó Alejandro Magno, y le dijo: "Pídeme lo que quieras y te será concedido", a lo que el filósofo, después de meditar un rato acerca del ofrecimiento, respondió: "Hazte a un lado, que me estás tapando el sol". No quería otra cosa. ¿Para qué?

No me quites el sol; si un día las nubes lo tapan, lo dibujamos.



En días así te das cuenta de que tener no es poseer ni dicha ni felicidad. Felicidad es, simplemente, estar sentado en un banco contemplando eso, el sol, dejándote iluminar por su belleza poética; contemplar lo que nos rodea, sin prisa.

Es curioso cómo los momentos en los que sentimos una verdadera felicidad, nuestra felicidad, suelen ser momentos en los que ni pensamos ni nos dejamos llevar por deseos materiales o consumistas.

Esta mañana no necesitábamos nada más que ese baño de naturaleza, de vida, en unas fechas en las que parece que el consumismo comienza a desbordar la mente de muchos.

Pero hoy no quiero reflexionar sobre ese otro mal que nos atrapa y nos lleva: el deseo de tener, por encima de ese gran bien que nos haría el deseo de dar. 

Estaba ahora mismo pensando, por ejemplo, en lo que algunas personas han hecho en el día de hoy: pasear, correr, dibujar el arco iris a través de los chorros de agua de alguna fuente, contemplar la vida, la poesía, leer, escribir. Sin preocuparse de nada más que de sentir esos instantes de poética espiritual para llenar sus corazones de sonrisas, de momentos felices. Dichosos son.

Otros muchos, la gran mayoría, seguro, corriendo por esos centros comerciales consumiendo, atiborrándose de viandas y dejando en los platos más sobras de las habituales, atragantándose de enseres que no sirven más que para ocupar espacio, todo por el mero placer de tener y tener más. Estúpidos son.

Qué gran diferencia.

La sencillez de lo grande; la importancia de la nada.

Este momento me genera tanto placer como el que he tenido esta mañana bajo el sol. Ahora, envuelto en pensamientos, dejando a mis manos sueltas, dejándose llevar sobre el teclado y escribiendo aquello que puede parecer estúpido pero que, al fin y al cabo, no deja de ser parte de mi. Ese es el placer, esa es la verdadera felicidad, escribir lo que pensamos, la propia vida, por el mero placer de leernos a nosotros mismos.

Dice Pierre Bonnard que...

"La clave de tu futuro está escondida en tu vida diaria."

lunes, 5 de diciembre de 2016

Mira el vacío...

Mira el vacío
de repente
ojos que alimentan
de pronto
esclavitud de silencio
que es
adorno en palabra
palabra incógnita
incógnita mirada
mirada que consume
reflejo cansado
al revés profundo
de verde moldeado.
A veces, cuando mejor cree uno que está haciendo las cosas, parece peor le salen. Lo peor siempre es confiarse.

domingo, 4 de diciembre de 2016

04.12.2016... La envidia.

Ayer me dormí escuchando el sonido arrítmico de las gotas de lluvia sobre el tejado. He despertado con el mismo sonido, tanto es así que he tenido que mirar el reloj porque pensaba que no me había quedado dormido y todavía, somnoliento, me encontraba en la noche anterior.

Este otoño tengo la sensación de que la lluvia ha superado los días de sol. Tal vez eso nos mantiene más somnolientos, amodorrados.

La sesión larga de running con C ha vuelto a caer. De momento me provoca una especie de desazón que va mermando a lo largo de la mañana aunque, como hoy, haya decidido antes de la comida, calzarme las zapatillas y salir a hacer unos kilómetros por las calles mojadas del pueblo. No mucho, pero lo justo para soltar mis venenos en cada zancada.



La semana ha estado impregnada de momentos de esos que podemos sentir como poéticos, pero es cierto que otros se convierten en verdaderas pruebas de paciencia, de análisis y reflexión.

Hay mucho escrito sobre la envidia. Yo mismo, creo, he escrito varias veces por aquí sobre ese sentimiento, o estado, que provoca en la persona que lo padece dolor o desdicha por no poseer uno mismo lo que tiene el otro, sea en bienes, cualidades superiores u otra clase de cosas tangibles e intangibles. La RAE ha definido la envidia como tristeza o pesar del bien ajeno, o como deseo de algo que no se posee.

La envidia es uno de los grandes defectos de este país. Para mi siempre ha habido dos tipos de envidia: la sana y la maligna. La envidia sana es esa que utilizamos cuando nos alegramos de los éxitos de los demás, de su mejor ser o vivir, de su progreso. Es esa 'envidia' que te genera un sentimiento de motivación por el bien del resto. Es más un dicho, una manera de expresar la alegría.

Pero decía mi gran amigo Aristóteles que "La envidia es el dolor que causa la prosperidad de los otros." 

La envidia maligna, esa más generalizada en nuestra sociedad, es la dañina, esa del 'quiero y no puedo', esa que culpa de todos los males o situaciones a los demás. La envidia maligna es peligrosísima porque a veces pone en juego la confianza del resto. La envidia maligna hace un daño brutal sobre aquél que la siente pero, en ocasiones, también sobre los que le rodean.

Estas personas que sienten constante envidia, de todo y de todos, suelen estar amargadas o frustradas porque no disfrutan de lo que tienen, de la vida, de lo que les rodea.

La envidia maligna desemboca en sentimientos negativos que provocan estados emocionales como el rencor, la avaricia, el odio o la frustración. 

Hoy, mientras corría por esos paseos, tapados por las hojas caídas de los árboles, convertidos en verdaderas postales otoñales, disfrutando de esos kilómetros meditativos, repasando situaciones, analizando, como siempre, el porqué de ciertos comportamientos, llego a la conclusión que yo mismo no soy capaz de responder a ciertas situaciones.

Hay personas que, por su propia naturaleza, son liantes, les gusta enredar. Son esas personas que ni han hecho ni van a hacer nada más en la vida que dedicarse a hablar de unos y otros, criticar y enjuiciar, porque su mundo se reduce a eso. Detrás de esto se pueden esconder muchas patologías, pero la más coincidente y peligrosa es la envidia. En vez de disfrutar de su vida, o preguntarse el porqué de su vida, se hacen la pregunta contraria y negativa para ellos: ¿por qué unos u otros son o tienen más que yo? Para avanzar en su vida, lo primero que deberían preguntarse, por contra, es ¿por qué yo no soy o no tengo?

Otro de mis amigos, Arthur Schopenhauer, decía que "la envidia en los hombres muestra cuán desdichados se sienten, y su constante atención a lo que hacen o dejan de hacer los demás, muestra cuánto se aburren".

No existe la suerte ni la casualidad. 

Las cosas se ganan con esfuerzo, con sacrificio y renunciando a mucho. No se puede tener todo. No se puede trabajar poco y querer vivir como el que trabaja mucho. No se corre un maratón sin entrenar, ni se termina una carrera sin estudiar. 

Todo aquello que viene sin esfuerzo o sin merecer, se va de la misma forma.

No soy yo quién, ni nadie lo es, para juzgar si una persona merece o no algo: ganar más, mejores cargos, vivir mejor. Si sé que muchos merecen mucho más que otros y la vida, aún sin dejar de intentar, todavía no ha tratado bien; tal vez, otros muchos, no merecerían lo que tienen. Mi problema, en todo caso, no es estar pendiente ni preocupado por los que tienen sin, según mi juicio, merecer. Por eso juzgar a otros suele ser una pérdida de tiempo.

Mi problema, es y será, apostar, ayudar en lo que pueda y animar a aquellos que no se rinden nunca, pase lo que pase, que tienen proyectos y metas por los que se sacrifican, que no tiran nunca la toalla porque no dejan de creer en ellos. Estoy seguro que, tarde o temprano, les llegará su momento, triunfarán y tendrán éxito. Mi aplauso lo van a tener siempre, mientras lo están intentando y cuando lo consigan.

El problema del envidioso es que siempre piensa que lo que tienen los demás es porque se lo han quitado a él; o que si el resto tuviera menos ellos tendrían más. No se paran a pensar, si piensan, que los que tienen lo hacen a costa de un sacrificio y esfuerzo muchas veces impagable.

No merece el éxito aquel que lo espera de brazos cruzados.

De todos los proyectos que uno lleva en marcha, que uno emprende, unos van y otros no, unos siguen y otros van cayendo por el camino, eso sí, me levanto todos los días con una inmensa ilusión y pasión porque todo avance y salga lo mejor posible y, si puede ser, que a todos aquellos que me importan y me rodean, les vaya muy bien las cosas. 

Y dicho esto, por no decir más y porque siempre he pensado lo que comentaba al inicio: uno de nuestros mayores males es la envidia que sentimos hacia el otro, el de enfrente, el vecino, el compañero, el 'amigo'. 

A los envidiosos así les va.

Música Running: LA CASA AZUL - Yo También

Grandes...

Dice T. S. Eliot que...

Tanto el tiempo del presente como el tiempo del pasadoquizá estén presentes en el tiempo del futuroy el tiempo del futuro dentro del tiempo del pasado.

sábado, 3 de diciembre de 2016

viernes, 2 de diciembre de 2016

jueves, 1 de diciembre de 2016

01.12.2016... Entramos en diciembre...

Es curioso cómo planeo cada mañana, calle arriba, mientras el fresco ruido del amanecer me despierta, en versos. 

Es el primer día de diciembre, último mes del año. Llegados aquí paramos porque sentimos lo rápido que pasan los días, los meses, los años.


El sabor a  navidad ha comenzado a inundar las calles y la música navideña ya suena en todos los establecimientos anunciando esos días en los que la alegría inunda la vida de los niños y muchos mayores, mientras otros entran en una especie de fase ciertamente melancólica y algo nostálgica. 

No he sido nunca muy navideño. Son días de compromisos que, en muchos casos, nos creamos como una obligación impuesta por la tradición. Realmente lo único que me interesa es que todas aquellas personas a las que quiero y aprecio se encuentren bien. Esa es la verdadera navidad. Como lo sería también si cada uno de nosotros aportásemos nuestro granito de arena para que a nuestro alrededor, en el mundo, nadie pasara calamidades. 

Pero no nos acordamos ni paramos a pensar. 

Pensar y actuar. A lo mejor pasamos demasiado tiempo pensando y demasiado poco actuando. ¿Dónde está el equilibrio? 

El equilibrio entre pensar y actuar es hacer.

Está siendo esta semana algo revoltosa. Los días avanzan entre prisas y reuniones, acumulando ideas, ganando calorías y, a veces, perdiendo pasos.

Las semanas así se me hacen difíciles y busco con urgencia esos momentos poéticos que me permitan deshacerme de las chinas que se van clavando en los zapatos.

Equilibrio y Fuerza.
Los esfuerzos presentes siempre pueden traer éxitos futuros. Tener miedo al esfuerzo es no tener futuro.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Música Running: Sultans of swing- flamenco version - Tommy Emmanuel, John Jorgenson, Pedro Javier González

Fantástico....

Dice Séneca que...

"No hemos de preocuparnos de vivir largos años, sino de vivirlos satisfactoriamente; porque vivir largo tiempo depende del destino, vivir satisfactoriamente de tu alma. La vida es larga si es plena; y se hace plena cuando el alma ha recuperado la posesión de su bien propio y ha transferido a sí el dominio de sí misma."