miércoles, 21 de junio de 2017

martes, 20 de junio de 2017

20.06.2017... Y los sueños... siempre son!

Creo que en alguna ocasión he escrito que no me he sentido nunca un soñador... como escribía Calderón de la Barca, poniendo en boca de Segismundo ese ya famoso monólogo que, como muchos, pensando en la suerte de la vida decía:
"Sueña el rey que es rey, y vive/ con este engaño mandando,/ disponiendo y gobernando;/ y este aplauso, que recibe/ prestado, en el viento escribe,/ y en cenizas le convierte/ la muerte, ¡desdicha fuerte!//¿Que hay quien intente reinar,/ viendo que ha de despertaren el sueño de la muerte?//
Sueña el rico en su riqueza,/ que más cuidados le ofrece;/ sueña el pobre que padece/ su miseria y su pobreza;/ sueña el que a medrar empieza,/ sueña el que afana y pretende,/ sueña el que agravia y ofende,/ y en el mundo, en conclusión,/ todos sueñan lo que son,/ aunque ninguno lo entiende.//
Yo sueño que estoy aquí/ destas prisiones cargado,/ y soñé que en otro estado/ más lisonjero me vi.¿Qué es la vida? Un frenesí./ ¿Qué es la vida? Una ilusión,/ una sombra, una ficción,/ y el mayor bien es pequeño:/que toda la vida es sueño,/y los sueños, sueños son."
La vida puede convertirse en un eterno sueño si no pasamos a la acción. No creo en el eterno soñador, creo en esos sueños que visualizamos para con la acción ir a por ellos.



No creo que nadie diga que no ha tenido un sueño en su vida. Cada día es posible que nos despertemos con uno diferente. Alguno puede representar una locura, otros pueden ser totalmente estúpidos y unos, a lo mejor, nos pueden resultar irrealizables pero tal vez no. El caso es que soñamos, no dejamos de soñar. Una vida sin sueños es una vida sin esperanzas, un aburrimiento, una rutina.

Cuando en alguna ocasión me he referido a que no se puede estar toda la vida soñando, lo hago en el sentido de que soñar también puede hacernos caer en la rutina del sueño, generarnos esa somnolencia que nos provoca la monotonía del ser, la desilusión o la desgana.

Cuando sueñas te ilusionas, crees en lo que haces y provocas en ti una especie de energía que, de verdad, te genera la fuerza necesaria para pensar que lo que en un momento nos puede parecer imposible, es posible.

Los sueños no son imposibles: o son posibilidades que dejamos en el camino, o acciones que nos acercan a ellos.

Como todo en la vida, debemos apostar. 

Yo soy de esos que no juego a la lotería, por eso tampoco digo nunca eso de que a mi no me toca nunca. Evidentemente, no me toca porque no juego. Para que algo te salga bien lo primero que tienes que hacer es apostar, arriesgar.

Los sueños son emociones e ilusiones. Ambas, tanto la emoción, como la ilusión, forman parte del sueño. La emoción es sentir; las emociones son reacciones psicofisiológicas que representan modos de adaptación a ciertos estímulos del individuo cuando percibe un objeto, persona, lugar, suceso o recuerdo importante.

La ilusión es el deseo de alcanzar algo, es una esperanza, es fuerza, capacidad para conseguir un objetivo. Por eso hay que tener ilusión siempre, no perderla nunca.

No hay sueño sin emoción ni ilusión: no hay corazón sin cabeza.

Los sueños no son fantasías, ni siquiera metas. Los sueños son dar sentido a algo, a una vida. Querer conseguir algo, llegar a ser algo, hacer algo, eso que te apasiona. Y el principio del sueño siempre eres tú.

El sueño nos provoca acción, movimiento, actividad. Cuando visualizamos un sueño debemos generar un plan, un camino, un cómo alcanzarlo.

Los sueños sin movimiento quedan en el olvido. 

El sueño nos predispone, determina nuestras acciones. Por lo tanto, solo tenemos que imaginar lo que nos gustaría sucediera. A partir de ahí todos los pasos, todas nuestras acciones, deben ir dirigidos a conseguir estar como imaginamos.

Los días son retos; los días con ilusiones, con sueños, se viven mucho mejor.

A veces caminamos con el viento de frente, creeremos que nunca lo conseguiremos, nos aparecerán esos diablillos que nos paralizan, pero los vientos cambian y si estamos preparados, podremos hacer la maniobra adecuada para ponernos a su favor.

¿Sabemos lo que queremos? ¿A qué aspiramos en la vida?

Debemos desearlo de verdad, con todas nuestras fuerzas. Si visualizamos nuestro sueño eso genera fuerza para caminar aunque el camino esté lleno de obstáculos.

En la vida, nos comprometemos con muchas cosas y personas. La mayoría de las veces de manera innecesaria. Si nos comprometemos con nosotros mismos, nos llenaremos de esa energía suficiente para intentar conseguir aquello que queremos.

Tú eres el primero que debes creer que es posible, no permitas que nadie te nuble la visión.

Debes visualizarlo, tenerlo muy claro. No te conformes. Sueña grande.

Compártelo, escríbelo, cuéntalo. No te lo quedes dentro.

Redacta tu plan de ruta para lograr ese sueño. Lo más real posible.

Trabaja muy duro por conseguirlo. No pierdas el tiempo, no pierdas la energía. Da pequeños pasos pero firmes cada día. Se constante.

Disfruta mucho y vive cada momento.

Que lo imposible sea tu próximo reto.

Mi amigo, siempre, Confucio, me dice: 
“todas las cosas son imposibles hasta que dejan de serlo”
No lo olvides...

'La Vida Nuestra' con Peter Dinklage y Arévalo Cervantes. Estrella Damm 2017

Dice Sigmund Freud que...

"Las emociones inexpresadas nunca mueren. Son enterradas vivas y salen más tarde de peores formas."

lunes, 19 de junio de 2017

La excelencia sólo se consigue a base de perseverancia y esfuerzo; la estupidez a algunos se la regala la vida.

domingo, 18 de junio de 2017

18.06.2017... Reflexiones en el pueblo!

No sé cuántos grados de temperatura tenemos a estas horas, sí sé que el calor que está haciendo estos días se aprovecha de nuestros cuerpos y mentes, los apelmaza, los trata de derrumbar en el hastío. Yo lucho, me peleo sin dejar, para no caer en ese peligroso lado oscuro que supone el dejarte llevar por la dejadez.

Abro el cuaderno y me quedo mirándolo hasta que aparecen dos o tres palabras, sin sentido, mientras miro el cielo que se retuerce en un fuego de consuelo.

Podemos llenar nuestra vida de cosas, de todo lo que imaginemos o podamos; de casas, coches, smartphones de última generación, cargos y puestos bien remunerados con tarjetas de visita vistosas, pero, si no somos capaces de vivir y valorar cada momento ¿de qué coño sirve?

Curiosamente, o casualmente, en menos de dos o tres semanas, la última vez el viernes, tres personas, alguna de ellas importante para mi, me han echado en cara, han criticado o, diría mejor, se han reído por esa defensa mía de lo rural, del pueblo. Todo esto ha ocurrido tras haber publicado por aquí y en Wall Street International, el artículo 'Ser de Pueblo'.

Hoy, posiblemente más que nunca, la mayoría de las personas habitan en un lugar en el que no han nacido. Muchos de ellos abandonaron el campo, los pueblos, para vivir en las ciudades. Somos urbanos. Las ciudades se van agrandando a pasos de gigante y van convirtiéndose en hervideros de gentes, apelotonados, que habitan en viviendas cada vez más pequeñas porque los pequeños sueldos no dan para más.

Las personas abandonan los pueblos, se marchan, y van a las ciudades en esa búsqueda de oportunidades, de una vida mejor. Ha sido así desde mediados del siglo pasado y continuará así, si nadie lo remedia, hasta que desaparezcan del mapa esos pequeños pueblos, paraísos, de los que muchos, también, nos sentimos orgullosos.



Preservar los pueblos españoles sería preservar, salvaguardar, nuestras raíces, nuestra historia

Escribo estas líneas, que ahora traslado por aquí, en mi cuaderno, sentado en el porche de mi casa en el pueblo.

Creo que la vida de cada uno ha de llenarse de satisfacciones, pequeñas o grandes; esos momentos que nos hagan sentirnos pletóricos, felices.

La gran libertad de una persona está en ser feliz con lo que tiene, no desear nada, no querer engrosar su cuenta corriente más de lo justo y necesario para llevar una vida digna. Simplemente vivir con aquello que le cubra el camino vital: familia, amigos, dinero, coche, casa... lo justo para estar.

Es ese el sentir, desde estos lugares, en los que mientras las nubes bailan, me vienen a la cabeza muchas de mis reflexiones vitales. 

Vivir coherentemente, como se piensa. Ese estoicismo moderno que muchos buscamos, además, en la filosofía oriental pero que ya estaba por aquí, entre muchas de esas piedras que adornan el camino, siglos atrás.

Si pensamos de una manera y vivimos de otra, tendemos al fracaso.

Es verdad que yo vivo en un pueblo/ciudad, trabajo en la capital de España, pero realmente soy feliz en el campo, en este rincón mío del pueblo. Creo, además, que sería capaz de ganarme la vida desde aquí.

El campo te permite pensar, está lleno de silencio y puedes ser consciente de tu yo sin tener que buscar o ir más allá de nada.

Naturaleza, viento, vida.

No hay que abandonar el pasado, ni renegarlo. Hay que construir futuro, recoger las piedras caídas y ser capaces de encontrar las esencias, las raíces que vuelvan a sostenerlas.

Aquí, en el pueblo, es todo tan diferente que cuando vuelvo a la ciudad a veces me entra vértigo.

El fin de semana ha sido realmente ideal. Siempre puede ser mejor, pero nunca más ideal. 

Mis padres están fantásticos. Mi madre con el chasis algo más fastidiado, pero ese motor, que es la cabeza, en perfecto estado de revista. 

Comer en casa, en el pueblo, envuelto en los olores de esa tortilla de patatas recién hecha, el pisto con pimientos y conejo, es como volver  a la vida, por no decir resucitar de la muerte. Si permites que algo quede en el plato es defraudar el sentido de lo divino.

Y sí, mi casa. La misma mesa de toda la vida y ellos que cada día hacen que veas todo con un poco más de sentido. Sí, tener tus padres cerca es un privilegio que no solemos valorar como merece. Yo, que conozco personas que la vida obliga a estar lejos de los suyos, a construirse como persona desde la lejanía, no entiendo cómo muchas veces nosotros, los que tenemos todo al lado, dejamos pasar tiempo. Cierto es que lo que se tiene no se valora.

Las tomateras que sembró mi padre ya han agarrado en el pequeño huerto. Kika, cada vez disfruta más corriendo por el patio, de un lado a otro, buscando una lagartija a la que perseguir. Y yo siento satisfacción de verla, mucho más libre.  Ayer, cuando llegamos, la eché de menos durante un tiempo. Normalmente, cuando no está al lado es porque está haciendo una de las suyas. La llamé y no venía. Me levanté, no sin antes refunfuñar y fui a buscarla. Estaba en un rincón del otro lado, con la mirada fija en el suelo y moviendo el rabo. Me acerqué corriendo al ver que algo se movía delante de ella. Era un polluelo de gorrión que había caído de algún nido. El pobrecito estaba muerto de miedo, paralizado. Ella no le hacía nada, simplemente olisqueaba y miraba fijamente. La retiré y el pajarillo comenzó a corretear e intentar levantar el vuelo. Lo cogí entre las manos, tratando de no hacerle daño, y busqué el tejado más cercano para lanzarlo con suavidad. De seguro su mamá estaría cerca. En esta época muchos caen de los tejados, de sus nidos, en ese intento por volar. Creo que este ha tenido otra oportunidad.

Ayer, en la tarde, el calor en Minaya era tan bochornoso como en toda la península, ni más ni menos, pero La Mancha juega con esa fama de áspera y seca. Como de repente, cuatro nubes se vistieron de negro, dejaron sonar tres truenos de esos que recuerdan el verano; como de repente, la lluvia sobre las tomateras, el cielo confundido por las nubes, la alegría en el canto de los gorriones y el deambular de las moscas hipnotizadas por la espesa temperatura.

Una sorpresa momentánea que congregó un baile de golondrinas en el atardecer.

El olor a tierra mojada que me empapaba de pensamientos, tanto como comprobar que prefiero ese tintinear de la lluvia en los tejados que el rugir del tráfico despiadado.

Tras un buen chaparrón el día me dejó tiempo de un paseo por mis caminos, dejando que el poco aire que corría despeinase algunos trigales. Dejar que ese olor penetre en uno para llevarlo en el recuerdo, junto con esas imágenes que no puedo evitar fijar en la retina y convertir en los paisajes de mi vida.

Esta mañana, al despertar con esa luz del día que dejo que entre en la habitación para no perder ni un minuto, pensaba que en el campo, en el pueblo, se sueña diferente. Los sueños son tan distintos como lo somos nosotros en estos lugares que muchos convierten en ajenos pero otros sabemos que son nuestros.

Parece que uno termina así la semana renovado, reseteado. Son estas fechas más que ajetreados. Son tiempos en los que queremos llegar más allá de lo que tal vez podemos y eso, sin quererlo, nos confunde el vivir.

Venir por aquí es recomponer la mente y recordar, siempre recordar para no olvidar, dónde está tu verdadero silencio. 

Y para seguir con la tradición del domingo, dejo una de esas canciones que me motivan...

Dice la Madre Teresa que...

"Podemos sentir que lo que hacemos es sólo una gota en el océano. Pero el océano sería menos debido a esa gota perdida."

sábado, 17 de junio de 2017

Es posible que los retos más difíciles sean los que te impulsen y motiven más que aquellos que creemos fáciles. ‬La vida es un eterno desafío.

viernes, 16 de junio de 2017

16.06.2018... Por Zamora

He viajado estos días a Zamora. Un viaje caluroso, espeso y a lo mejor algo desigual.

Zamora es una ciudad románica, con una historia extraordinaria, en un bello enclave atravesado por un elegante río Duero que con poética grandeza baña estas tierras de Castilla. No conocía Zamora, debe ser de las pocas capitales españolas que me quedan por conocer. Uno va recorriendo España en estos años y se va llenando de grandeza.

Han sido días en los que queremos llegar a todo y todos y vamos dando saltos de un lugar a otro y de un extremo a otro de nuestras emociones. Pero como campeones de la vida vamos superando cada obstáculo, con menos miedo a caer del que teníamos antes, tal vez porque el miedo, con el tiempo, también se va perdiendo.

Dice Steve Jobs que...

"Todos los puntos en la vida se terminan conectando de alguna manera y tienes que dedicarte a lo que más te apasione."