martes, 22 de agosto de 2017

Cada uno de nosotros tenemos nuestro lugar en el mundo, como ese verso que se coloca en el poema buscando el ritmo. Debemos encontrarlo, nadie ni nada sobra.

lunes, 21 de agosto de 2017

21.08.2017... Semblanzas de Verano XIII: mi vendimia en Minaya.

Parece que la vendimia se adelanta nuevamente este año. No queremos asumirlo, ni reconocerlo, pero el cambio climático es una realidad que va transformando el hábitat hasta tal punto que nuestros biorritmos se alteran por ese calentamiento global de la tierra. Los efectos sobre los cultivos son evidentes y, en este caso, sobre la uva, más que notable.

Son años de temperaturas extremas, de tormentas de granizo, de lluvias a destiempo, de heladas que provocan que el campo se haga cada vez más difícil, frágil, sacrificado e improbable.

En Castilla-La Mancha, Albacete, se cultivan prácticamente todas las variedades de uva del mundo, algunas de las cuales alcanzan el grado óptimo de maduración para la cosecha, a principios o mediados de agosto.

Mi amigo y paisano LuisMi, me recuerda que en Minaya la vendimia comienza oficialmente hoy. 




Los Bravos suenan en el radio cassette del Seat 127 blanco que sustituyó al Seat 850. En las dos horas y pico del viaje, tendré que alternar, obligatoriamente, con una cinta de Peret y otra de Demis Roussos que es lo que le gusta a mi padre. 

Hemos levantado temprano, la madre tiene todo preparado más que para cargar el coche y salir en dirección a la carretera de Andalucía que, una vez pasado Ocaña, nos pondrá en camino hacia Minaya

He conseguido convencer a mi padre para ir yo delante. Tengo la excusa perfecta: atrás me mareo. En los asientos traseros mi madre y mi hermano miran cada uno a un lado de la ventanilla.

Hace sol; un sol madrugador, de octubre. 

Todo es felicidad, nervios, todo es alegría. 

Una parada rápida en la mitad del camino, Corral de Almaguer:  café, Nesquik y a seguir. Ya queda menos. 

Vamos a vendimiar. Mi padre se ha guardado algún día de vacaciones del trabajo para ayudar a los abuelos en el campo. Pero este es mi primer año. Este año me dejarán, por fin, unas tijeras para mi solo e iré de pareja de espuerta con mi padre.

Para nosotros es algo más que la vendimia. Para nosotros es un motivo de encuentro de todos los primos y  tíos. Son esas fechas del año, pocas, puntuales, en las que la familia se reune para ayudar a recoger el fruto de las tierras que quedan. Creo que junto con la feria y la matanza, es la fecha que más ilusión nos producía.

Pasado El Provencio todo son nervios. Las canciones se convierten en la banda sonora del momento, mientras, los rayos de sol deslumbran sobre la torre de la iglesia que, cada vez más cerca, sirve de indicación a la llegada.

En casa de la abuela Señor no queda nadie más que ella, con ese caminar pausado de un lado a otro, entre negro y gris y el pañuelo siempre a la cabeza. Al amanecer prepararon y ya están todos, tijeras en mano, espuerta a espuerta, vid a vid, en la viña recogiendo las uvas.

Algunos primos habían llegado el día anterior. 

Nerviosos por el acontecimiento. Serían días cansados pero seguro podríamos dar alguna vuelta con los primos al final de la jornada.

Carretera de la estación, no más de dos kilómetros del pueblo, camino a la derecha y, a lo lejos, comienzan a dibujarse unos cuerpos agachados que, poco a poco, se levantan ante la polvareda del coche que produce el coche.

Ya se ven los primos, las tías y los tíos, cada uno con sus ropas de campo, con unas pintas dignas de carnaval, rural style dirían ahora; cada uno en su hilera, recogiendo el fruto de una vida de trabajo. 

El abuelo ya no está. Años antes ese maldito cáncer se lo llevo sin que los pequeños nos diésemos apenas cuenta. 

Todo son alegrías, besos, abrazos y… a trabajar entre ese olor a pampa, mosto y tierra que penetra en nosotros tanto que, todavía ahora, soy capaz de oler.

Hay que trabajar con mimo, con cuidado de no estropear la planta, la vid. Todo requiere un protocolo que vamos aprendiendo de los mayores. Los pequeños nos hacemos los fuertes para demostrar que aportamos algo y ganarnos esos duros de propina que nos ha prometido  la abuela para luego, en la tarde, comprarnos algo donde Michi.

Comemos tarde, en la viña. Buscando sombras alrededor del remolque donde se vacía la uva para luego llevarla a la cooperativa. Mi madre y mis tías han llevado bocadillos, tortilla con pimientos en las fiambreras, algunos chorizos que todavía quedan de la matanza, agua y, cómo no, sólo para los mayores, el porrón de ese vino denso del pueblo.

Todo sabe a gloria. Cada sabor se degusta con tanto apetito que poco queda para guardar. En el botijo el agua se mantiene fresca aunque con ese sabor a barro y tierra. Al primo mayor le dejan probar un poco de vino del porrón, todos queremos ser como él pero, todavía nos quedan unos años. 

Risas, chascarrillos, cotilleos que quedarán entre los vientos para siempre. Nosotros corremos de un lado a otro saltando entre las lindes incapaces de estar quietos. Las madres atentas: “Nene pro ahí no que te vas a caer!” “¡Será posible el guacho que no se está quieto!”

Este año ha habido suerte, todo se ha llenado de sol y no hay que coger la uva entre lluvia y barro como en otras ocasiones.

Al día siguiente, a nosotros, nos toca ir a la viña del abuelo José María. Una viña preciosa en la Cañá, dirección los Teatinos a la izquierda. Un camino largo que recorrí en el remolque, con la mula, mil veces.

Aquí no hay primos. Yo soy el mayor y el resto fueron llegando después. No era tan divertido pero ahora que lo recuerdo, no olvido a mi abuelo, trabajar como un animal, cargando espuertas repletas de uva y extendiéndolas en el remolque para luego llevar, también, a la cooperativa.

Yo deseando volver con los primos a la casa de la abuela, donde dormíamos todos apretujados, habitación a habitación, incómodos pero envueltos en una felicidad única.

Tendríamos dolores en la espalda durante un mes, las manos doloridas llenas de ampollas, pero aquel momento, aquel encuentro que dejaría de aparecer con los años, era inmensamente especial.

Ya no hay viñas, ya no hay encuentros de aquellos. Nuestros hijos no solo no han podido conocer algo así sino que estoy seguro nos costaría moverlos para ayudar en el campo. El esfuerzo no era tal, lo que valía la pena era el encuentro familiar, esos momentos que se han ido con los años, que hemos dejado perder y que, desgraciadamente, no volverán.

Puedo decir que he vendimiado, no tanto como otros, seguro, y he hecho muchas otras cosas del campo que, con muy poco, degusté y aprendí. Tal vez de aquellos momentos mi amor por lo rural y, sobre todo, mi valoración de todo aquél que continua dedicándose, con esfuerzo y sacrificio, a la agricultura.

Llevo con orgullo que mis abuelos fueran agricultores. No tuvieron estudios, tal vez les costase leer y escribir, pero sí sé que, como muchas y muchos mujeres y hombres de los pueblos como Minaya, dieron a sus hijos unos valores y un sentido de la vida que a nosotros, con más formación y estudios, nos cuesta dar a los nuestros. De su esfuerzo y trabajo vivimos todos. 

Ahora mismo, en este preciso instante, estoy oliendo esas hojas de vid, esos sarmientos finos y alargados; la tierra mezclada con el sabor de la uva en las manos.

Ahora mismo suenan Los Bravos, cada uno suelta su chascarrillo mientras van llenando de uva las espuertas; todos ríen bajo un sol que inunda el verde de la viña mientras los pies se hunden en esa tierra nuestra.

Ahora mismo me quedo allí y no quiero volver.



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Dice C. S. Lewis que...

"No puedes volver atrás y cambiar el comienzo, pero puedes comenzar donde estás ahora y cambiar el final."

domingo, 20 de agosto de 2017

Nuestro destino lo vamos creando cada uno de nosotros, nadie tiene que marcar el destino de nadie. ‬Por eso debemos estar convencidos de lo que queremos y hacia dónde vamos.

sábado, 19 de agosto de 2017

19.08.2017... Semblanzas de Verano XII: Unidad = Fortaleza.

Debería estar escribiendo sobre mil cosas menos sobre esto que escribiré hoy, pero creo que es una obligación hacerlo. 

Quien me conoce sabe que si hay una ciudad que he tenido la oportunidad de conocer en los últimos años, y de la que me he enamorado hasta las trancas, es de Barcelona

Parte de mi trabajo lo desarrollo allí, doy clases allí, he vivido poéticos momentos allí y he hecho grandes amigos que se han convertido en un pilar importante en mi vida aunque, algunos de ellos, y esto no habría que decir pero lo digo, militan en ideas bastante diferentes a las mías. 


Siento Barcelona como España y siento que antes de ayer atentaron en uno de los apéndices de este país nuestro. 

Parece que llevaba tocando desde los últimos años, parece que gracias a esos Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, que velan por nuestra seguridad, habíamos conseguido que hasta ahora no ocurriera aunque parece, internamente, era un grito a voces que ocurriría más tarde que pronto. 

España tiene una triste experiencia terrorista, no solo hablamos de ETA, hablamos que el mayor atentado yihadista cometido en Europa fue en España, en Madrid.

Es posible que esto nos haya hecho más fuertes, no lo sé, pero lo que sí sé es que la fortaleza se construye desde la unión.

Estos asesinos, estos terroristas o soldados del terror, atacan dónde puede existir más repercusión y debilidad.

Cataluña es fuerte cuando no piensa en proyectos de exclusión sobre el resto de España. Cataluña, ahora mismo, es débil mientras que mantenga un discurso de independencia del Estado español. Si Cataluña es débil, lo somos el resto de los españoles y eso lo sabe hasta el último imán del mundo. 

Pero más allá de esto, que no es más que una humilde opinión de alguien tremendamente cabreado con lo sucesos, el caso es que estamos en una guerra que muchos no quieren ver o asumir. 

El 15 de noviembre del 2015 escribí por aquí un post que titulé '¿Tercera Guerra Mundial?' (leer aquí). Pero el 11 de enero de ese mismo año publiqué otro titulado '¿Islamismo, Terrorismo... Tercera Guerra Mundial?' (aquí).

No es porque lo escriba yo, no soy el único que lo escribe aunque son muchos más los que lo piensan sin escribirlo, podemos llamar, denominar, de diferentes maneras el que unos maten a otros por cuestiones ideológicas o religiosas. Eso, cuando pasa fronteras y se convierte en bandera de unos frente a otros,  siempre se ha llamado guerra y la diferencia es que, en este caso, los que mueren pueden ser atacados en cualquier lugar y siempre indefensos y por sorpresa. 

Lo de Barcelona es una más, desgraciadamente no va a ser la última. Estamos frente a un ataque global y un ataque global sólo puede tener una respuesta global, con la búsqueda de soluciones globales ante un verdadero problema que va más allá de fronteras. Es una guerra contra los valores fundamentales de occidente desde una lectura radicalizada de una religión concreta: si no estás conmigo eres un infiel y debes morir.

Lo de Barcelona supone un golpe a una España dividida y la división política crea indefensión en los ciudadanos que son, al fin y al cabo, los más vulnerables ante esta guerra global que nos tiene amenazados a todos en cualquier rincón del mundo.


Creo que el amor que todos tenemos por Cataluña, por Barcelona, que se ha visto representado en este triste momento, debería hacer pensar a algunos que la unidad siempre nos hará más fuertes y la fractura nos debilita.

Dice Hariki Murakami que...

"Soy de ese tipo de personas que no acaba de comprender las cosas hasta que las pone por escrito" 

viernes, 18 de agosto de 2017

jueves, 17 de agosto de 2017

Dice Ismael Cala que...

"Vivimos en una era de banalidades, donde lo superfluo determina el valor y el estatus de muchas personas por encima de otras."

miércoles, 16 de agosto de 2017

16.08.2017... Semblanzas de Verano XI: Trabaja por y para ti.

La verdad que a veces uno se pone frente al ordenador, sabiendo que quiere escribir pero que no sabe cómo hacerlo; sé que tengo que escribir, esa obligación que uno se impone, pero dando vueltas y vueltas, no sabe uno elegir bien el qué o el cómo.

Son estos días veraniegos aptos, ideales para la reflexión. Tanto, que a veces uno reflexiona en demasía lo que debería quedarse como meros pensamientos o divagaciones mentales.

Escudriñas en tu interior y te vienen imágenes, pensamientos sobre el cómo hemos llegado dónde hemos llegado y para qué.

Sin duda los compases de la vida son aquellos que van marcando nuestro destino. El ritmo lo ponemos nosotros: más rápido o más lento, con mayor o menos frecuencia. El destino también.

Llegar a asumir que prácticamente todo en la vida es una equivocación, es lo más difícil con lo que te puedes encontrar cuando crees haber llegado a ese destino. Pero peor sería no llegar a darte nunca cuenta de ello.

No creo en la perfección, tal vez porque sea el más imperfecto de los seres que pisan la tierra; tampoco creo en aquellos que la están buscando constantemente en los demás, sin mirarse a sí mismos nunca.

¿Por qué queremos ser alguien en la vida si posiblemente lo mejor sea no ser nadie?

Mi gran amigo Krishnamurti decía que “todos queremos ser famosos, pero en el momento en el que queremos ser algo ya no somos libres.”

Vivimos en un mundo en el que parece estamos obligados a ser alguien. Incluso nosotros obligamos a los demás a que sean ‘alguien', a ser reconocidos, a que destaquen.

Queremos ser y queremos tener. Si llegamos a ser, seremos reconocidos; si tenemos más que el otro aparentaremos ser más que el otro.

No pensamos nunca que en cualquier momento dejamos de ser y dejamos de tener. Porque nada se tiene por completo ni nadie es por siempre.



Tal vez la felicidad consista, única y exclusivamente, en llegar a ser quién tú quieres ser.

Tu mejor proyecto
siempre serás tú mismo.
Saberte encontrado
por ti.
Haberte vivido
a ti.
Sentirte desde dentro
contigo.
Aprender a amarte
a ti.
No buscar fuera
sin haberte buscado
dentro.
Tu proyecto
simplemente tú.
Con tus idas y venidas
con tus cosas
con tus carencias
con tus defectos
con alguna virtud.
Egoístamente tú.

¿Quién no ha pensado alguna vez que va por la vida equivocado? 

Que su trabajo no le gusta. Que no está a gusto con su pareja. Que debería comer menos, adelgazar, dejar de fumar o beber, hacer más deporte.

¿Quién no ha pensado que, a cierta edad, no ha hecho del todo bien los deberes?

Estamos inmersos en una comodidad aparente, porque realmente no estamos a gusto como estamos. Es como estar sentado en un sillón sin muelles o tumbados en una cama sin colchón.

No queremos dar el paso de cambiar, aunque nos sepamos equivocados, porque siempre hay más peros que… esos posibles resultados.

“Y ahora, a mis años, ¿para qué?” Nos decimos constantemente dejándonos llevar.

Y yo digo: “¿Por qué no?”

Una persona de 45/50 años de edad, lo normal es que viva, por estadística, como mínimo otros 35 años más.

Por qué no decidir vivir para ti, sin necesidad de olvidar al resto, esos 20, 30 o 40 años que te queden de la única vida que vivirás. ¿Por qué no vivir hoy como si no hubiera mañana? ¿Qué te lo impide?

Por qué no colocarte ese paracaídas de ilusión y lanzarte a ese vacío que no lo es porque la vida está llena de apasionantes momentos, de esa belleza inmensa y poética que si no quieres ver lo vas a perder.

¿Qué te impide vivir?

¿Tú trabajo? ¿Tu pareja? ¿Tus hijos?

¿Qué podré vivir más si no lo estropeo antes? ¿30 años? Posiblemente, nadie lo sabe.

30 años puede ser menos de lo que uno lleva vivido, pero suficiente como para demostrar que lo hemos hecho bien y dejar ese poso con peso como para que se note que has pasado por este camino que es la vida.

¿Qué me inspira?
¿Qué tengo y a dónde voy?
¿Cómo voy?
¿Para qué?
¿Qué necesito?
¿Qué vivo y me hace vivir?
¿Cómo siento?
¿cómo siento?
¿Qué me hace sentir?
¿a dónde vas?
¿Qué precio pagamos por hacer lo que hacemos?

Atrevamos a contestarnos a estas cuestiones.

Trabaja para ti. Trabaja por conseguir el equilibrio, la paz, tu espiritualidad, tu vida.
Nada ni nadie te lo puede impedir.

¿Sabemos alguno de nostros si nuestra vida puede acabar en este preciso instante? Pues no. No sabemos si estas serán mis últimas líneas escritas, si será tu última copa de vino, tu última sonrisa o tus últimos pasos. ¿Por qué no disfrutas cada momento que la vida te regale de más?

Paremos un instante, meditemos y reflexionemos sobre nosotros, sobre nuestras vidas.

La experiencia nos hace llegar mensajes y señales que en la mayoría de los casos no escuchamos.

Vamos tan deprisa que no nos paramos a atender lo urgente y lo importante, lo que nos puede estar indicando si caminamos o no correctamente.

Solo cuando la señal se convierte en una sirena de alarma, entonces es cuando nos preguntamos por qué no hicimos caso antes.

En fin, al final es lo que ocurre cuando uno se pone a escribir y no sabe muy bien de qué hacerlo. Termina por indagar en ese más allá de nuestros pensamientos y se da cuenta que, a lo mejor, de vez en cuando, al igual que algunos hablan demasiado, otros escribimos demasiado.

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