La integridad no se pone a prueba cuando el camino correcto es cómodo, seguro y sin consecuencias. Cualquiera puede ser honesto cuando no le cuesta nada. La verdadera medida de una persona aparece en el momento en que hacer lo correcto exige un precio: dinero, una amistad, reputación o la comodidad de quedar bien. Ahí, cuando nadie te está mirando y podrías mirar hacia otro lado sin que nadie te reclame, es cuando se revela quién eres realmente. Porque no es la facilidad la que define el carácter. Es la decisión que tomas cuando la verdad sale cara.