Cada acto de compasión, cada gesto de empatía, cada mano tendida en el camino es, en último término, un pequeño reflejo del amor con el que Dios sostiene el mundo. Y es lo que pienso hoy.
Una persona que miente y engaña, y no se siente culpable por hacerlo, seguirá siempre mintiendo, engañando y manipulando todo lo que pueda hacer. Nunca demos la espalda a quien traiciona nuestra confianza.
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