martes, 30 de agosto de 2016

30.08.2016... ¿Sólo los poetas aman?

Llego a esta tarde de mientras un rayo de sol penetra, traicionero, por la ventana de la oficina hechizando la pantalla del ordenador que, hasta este momento, contemplaba absorto en no sé qué pensamientos. Y así, desde la nada escribo estas líneas siendo consciente de que lo vulnerable produce sed de poesía.

Se dice que solo el poeta es capaz de amar con la máxima intensidad, pero que también, solo son los poetas aquellos menos amados.

Los poetas exaltan la belleza, la sensibilidad, el amor y el desamor. 

Construyen con versos sus miserias, sus penas y alegrías; dan forma con sus palabras a la emoción, al sentir y al amar. Los poetas son esos raros que deambulan como idos por la acera, pero que viven y se apasionan del momento que se les ofrece hasta perderlo del todo.

Leía estos días un fascinante artículo sobre Cesare Pavese. De Pavese disfruté, cuando comenzó mi abrumadora pasión por la literatura diarística, 'El Oficio de vivir', su diario comenzado en 1935.

Pavese se suicidó en Turín, en la habitación de un hotel tras tomar 12 sobres de barbitúricos y anotar en un ejemplar de su libro de poemas 'Diálogos con Leucó'

"A todos pido perdón y a todos perdono".

Comenta el poeta Antonio Lucas, que Pavese nunca había amado a una mujer y nunca había despertado junto a otro cuerpo. Pavese nunca había sido amado. Había sentido alguna pasión por alguna célebre mujer que luego le abandonaba o casaba con otro.

Y es que queremos pensar que el amor es tan fácil como deshojar una flor. Pero el amor es tan difícil que genera locuras y miedos, de ahí que el suicidio esté tan unido con el amor o el desamor.

La máxima que invita al amor es la correspondencia. Un amor no correspondido se apaga hasta quedar deshecho en unas cenizas difíciles de volver a arder.



No sé por qué, escribiendo esto me ha venido al recuerdo la imagen de una fotografía que hace tiempo me impacto. En la fotografía aparece Evelyn McHale, que, dicho sea de paso, se la conoció por ser la protagonista de la trágica imagen.

Evelyn, fue una joven nacida en 1924 cuya muerte es recordada por ser un suceso inusual, y quizás único hasta el momento. McHale se suicidó a sus 23 años, saltando del piso 86 del edificio Empire State, impactando sobre una limusina estacionada, destrozándola totalmente pero sin que el cuerpo de ella refleje daño físico alguno, sino que parecía haberse posado suavemente sobre el vehículo, con una serenidad amorosa en el rostro, sosteniendo su collar y aparentando estar dormida.

El hecho ocurrió el 1 de mayo de 1947. Su prometido declaró entonces que, un día antes, ella se despidió de él muy feliz. A la mañana siguiente, Evelyn compró un boleto para subir al mirador del gran rascacielos, ubicado en la planta 86, para luego, simplemente, saltar.

Al caer impactó con la limusina que estaba estacionada frente al edificio, sin ocupantes, casualmente perteneciente a la Organización de las Naciones Unidas. Nunca se supo los motivos que tuvo para tomar semejante determinación. En la plataforma de observación del edificio, la policía encontró el abrigo gris de la señorita McHale, su cartera con algunos dólares, fotos de la familia, y una nota de suicidio:
“Él está mucho mejor sin mí… yo nunca seré una buena esposa para nadie.”
La altura desde donde McHale saltó era inmensa y se podría esperar ver un cadáver totalmente desmembrado, resultando en una escena muy desagradable. Pero no fue así. Apenas 4 minutos tras el impacto, el fotógrafo Robert Wiles, tomó una fotografía donde curiosamente ella no parece muerta sino dormida plácidamente ya que su cadáver, extrañamente intacto, estaba recostado en una posición casi artística y quienes lo presenciaron no podían creer lo que veían.

La fotografía se publicó días después en la revista Life bajo el título “El Suicidio más Hermoso”.

Es una imagen trágica pero poética; una imagen que irradia amor. Evelyn McHale se suicidó por amor, que nadie lo dude, por exceso de amor. Por eso el amor debe ser tan controlado como medido.

En el amor, lo fundamental es no pensar en cómo queremos que sea la persona a quien amamos, sino dejar que esa persona sea tal como es. Tratar de hacer de los demás lo que nosotros queremos es obligar a un comportamiento falso que más tarde o temprano desaparece.

Tampoco debemos comportarnos nosotros como pensamos que la otra persona nos quiere ver. Eso es vivir en una especie de teatro continuo que podría convertirse en una película ajena a lo real. En el momento que se apagan las luces o que amanece antes de tiempo, todo desaparece.

El amor es poesía siempre y por ello nunca hay que perder la oportunidad de amar, y también dejarse ser amado.

Hace unas semanas escribía, en una de esas Olas de Verano, que

"Sólo un poeta, un escritor que vive lo que siente y siente lo que vive, es capaz de arriesgar o mantener en su vida llamas de amor que le hagan mantenerse vivo, de una u otra manera, y que le permita seguir escribiendo mientras sus párpados continúan vibrando frente al papel."

Y es verdad, ¿sólo los poetas aman?

Cada uno de nosotros estamos obligados a buscar el sentido de nuestra existencia que no deja de ser la dirección de nuestro camino.

domingo, 28 de agosto de 2016

28.08.2016... Olas de Verano XII: la última Ola.

Parece que para mi ha terminado el verano. Sé que para otros terminó hace tiempo, e incluso que muchos ni siquiera tienen el privilegio de disfrutarlo o sentirlo. Para mi esa sensación de verano concluye este domingo, casi en este preciso instante, aunque ya esta semana que termina la pasé en la oficina, entre papeles, comenzando a programar, a reunir, a proyectar e inquietarme.

Pero termina porque recojo y me recojo.

Con un breve olor a campo, con ese sonido que solo provoca el silencio en La Mancha y que hace olvidar con rapidez los compases de las olas en el mar. 

Con ese sabor de la mismísima raíz que apura el sol al ponerse, en un horizonte dorado, y que consume aquél azul del mar de levante, que me buscó en otros días.



Termina el verano.

Y termina porque en este momento, mientras escribo, pienso metódicamente en lo que, desde mañana mismo, toca y no es poco.

Y termina el verano porque he de volver a organizarme casi de nuevo, aunque en el trabajo de esta semana pasada, más de transito, comenzara a colocar el cerebro apuntando a todos esos deberes profesionales que esperan.

Dejo una semana que me ha dejado sin deporte. Diez días sin un solo kilómetro por ese catarro veraniego que parece, también hoy, termina. Volver a recuperar el ritmo, volver a recuperar la mente, volver a recuperar el equilibrio.

No sé si realmente he descansado.

Pensaba ahora, como pienso casi siempre que tengo una sensación así y volvía a mis reflexiones poético filosóficas sobre la vida misma.

Pensaba que a veces debería dedicarme solo a contemplar el tiempo. No hacer absolutamente nada más que sentir ese tiempo que va pasando y sabemos no volverá. 

Sentir el tiempo, vivirlo. ¿Cuántas veces sentimos el tiempo? Ni siquiera somos capaces de parar un instante y sentirnos a nosotros. ¿Por qué sentir el tiempo? Porque el tiempo lo es todo.

Y no sé si el todo es bueno o malo, ni siquiera sé lo que es bueno o malo y eso que uno va rozando el medio siglo de vida.

Despierto por las mañanas con el agradecimiento profundo de la vida, de la nueva oportunidad de hacer las cosas bien, sin pensar en que la noche anterior, al cerrar los ojos, reflexionaba sobre lo que erraba. ¿Y qué es vivir sin errar? ¿Morir sin vivir?

Escribir, desahogar por aquí y por allí, no exime del cumplimiento que uno tiene con la vida como persona y como ciudadano.

Asumir equivocaciones sin enderezar el rumbo, tampoco es respuesta a la inconsistencia vital de quien entiende su vida como un desorden continuo y continuado.

A veces, tal vez, me arropo en falsas apariencias; otras busco absurdas justificaciones. Todo puede ser literatura; o nada lo es. 

¿Quién lo sabe más que quien lo escribe?

Cada uno puede vivir las vidas que le plazca, pero sólo es uno el que muere y, en ese momento, el recuerdo serán tus palabras escritas, tu perfume o tu hedor.

Como decía, termina el verano y con él estas 'Olas de Verano'.

Unos se han dedicado a cazar pokémon; otros hemos seguido pensando y escribiendo tonterías y estupideces. Creo que ya no puedo entender mi vida sin hacerlo. Si no lo hiciera no viviría y, sinceramente, me apetece seguir viviendo poéticos momentos que, de alguna u otra manera, se van reflejando en cada una de mis arrugas y, también, estas páginas siempre inacabadas.

En la vida se progresa caminando, cayendo y levantando. Nunca parados. Vamos a continuar con el camino.

sábado, 27 de agosto de 2016

Lo que veo...


Dice el Dhammapada que...

"Ni siquiera con una lluvia de monedas es posible satisfacer los deseos sensuales.Los deseos sensuales dan sufrimientos y pocas satisfacciones. El sabio, comprendiendo así, no sedeleita ni siquiera en los placeres celestiales.El discípulo del Buddha se deleita en la destrucción del deseo."

viernes, 26 de agosto de 2016

En la vida parece que lo que unos quieren no es lo que uno quiere, ni lo que uno quiere lo que otros quieren. Y así nos va.

jueves, 25 de agosto de 2016

Olas de Verano XI: corriendo entre libros.

En este verano de agosto que, puedo decir, acaba tan bien como comenzó, he tratado de desenchufar mentalmente de todo aquello que me ocasiona desequilibrios mentales, que lo seguirá haciendo el resto del año, y centrarme un poco más en lo importante, en lo que voy abandonando pero que realmente es lo que más me enriquece y equilibra como, por ejemplo, la belleza de la filosofía, la buena literatura y el arte. 

Todo requiere su tiempo y sus momentos; cada cosa requiere un estado mental y emocional. Es complicado leer un poema con prisas; es difícil escribir un texto, unos versos, si el teléfono no para de sonar. Leer un libro requiere silencio, soledad. Sólo estos días invitan a ese caminar, ese reposo, esa soledad que se busca con el aliento del que encuentra un tesoro.

Y hablando de tesoros, de literatura, el otro día, cuando el constipado no había llamado a la puerta de mi cuerpo, mientras corría por el camino que une Guardamar del Segura con Campomar y la Playa del Moncayo, me topé con uno de esos tesoros que, en forma de iniciativa literaria, dejan por ahí, anónimos bohemios amantes de los libros.



Como si de un oasis se tratara, cercano a un camping y pegado al vallado de un huerto, uno de esos rincones donde los libros son protagonistas.

A modo de rústico palomar, una caja de madera colocada sobre unos bloques de cemento y un plástico como para hacer de cortina y resguardar del sol y la lluvia esas páginas descarriadas. Una pequeña, minúscula biblioteca, como si de una capilla se tratara, dónde tomar prestado un libro y dejar otro. Una iniciativa literaria popular fantástica, poética que merece la máxima difusión y aplauso.



Correr entre el mar y el campo, si la salud lo permite, es una de esas actividades veraniegas a las que no renuncio. Descubrir un rincón así, sorprendido en el silencio de la noche que avanza, es suficiente como para mirar el cielo y dar gracias a Ese Eterno que no deja de provocarnos instantes de felicidad.

Por cierto, que he hecho mi pequeña aportación con unos volúmenes de mi biblioteca de playa. Menos es nada pero espero que, el año próximo, este rincón ocupe toda la pared.

Pero no ha sido la única iniciativa literaria que he descubierto este verano. En un pueblo de Burgos, Quintanalara, con 33 vecinos censados de los cuales sólo 9 viven todo el año, ha conseguido un reto que se propuso el pasado octubre: construir una gran biblioteca abierta las 24 horas los 365 días del año. Calculaban que en las estanterías del Potro, el local municipal acondicionado para Entrelibros, cabrían unos 10.000 volúmenes. Lo que no esperaban era recibir 6.000 más.

La mayor parte de las donaciones son de particulares, gente que hereda la biblioteca de sus padres y no sabe qué hacer con ella, gente que da seis o siete de su biblioteca particular... 

El boca a boca, sobre todo a través de las redes sociales, ha terminado involucrando en el proyecto a instituciones, públicas y privadas, enamoradas de la iniciativa de este pequeño pueblo de la comarca de Lara.

La idea de Entrelibros no es funcionar como una biblioteca al uso, donde uno toma prestado un libro y, después de leerlo, lo devuelve. Su objetivo es convertirse en lugar de intercambio: me llevo un libro y dejo otro mío. Por eso, se han integrado en la red española de bookcrossing en Internet, donde tienen registrados hasta ahora 325 títulos. 

Aunque Internet sea una herramienta poderosísima para sacar a una pequeña comunidad del anonimato, lo que quieren los vecinos de este pueblo de Burgos es que los lectores acudan, en persona, a conocer su biblioteca. 

En un futuro, su pequeño templo de la literatura busca convertirse, además, en un punto de encuentro cultural, con presentaciones de libros y actividades. 

Entre tanto desorden social y mental; entre tantas prisas y tanto malestar; entre tanto comediante de la vida o cazadores de bichos virtuales; el libro termina por vencer y convencer.

Más iniciativas literarias como estas, sin duda nos haría a todos mucho mejores personas y ciudadanos.

Dice Reshit Jojma que...

"No te lamentes sólo del error, laméntate más que todo por las consecuencias que provocará"

martes, 23 de agosto de 2016

Dice Tolstoi que...

"Es más escribir diez volúmenes de principios filosóficos que poner en práctica uno solo de esos principios."

lunes, 22 de agosto de 2016

22.08.2016... Olas de Verano X: Burkini Sí, Burkini No.

Tener escalofríos, la garganta dolorida y la nariz pelada de tanto sonarte los mocos, en estos días calurosos de agosto, debería estar prohibido por ser medioambientalmente incompatible con lo habitual de la vida en verano.

Pero así ha ocurrido. He pillado uno de esos catarros de aúpa, como no lo  pillaba desde hace años. Los excesos de aire acondicionado y bebidas frías; los excesos de sol y de sudores deportivos; los excesos de vida placentera creyéndonos aguantarlo todo, provocan que caigas en la miseria de la enfermedad, obligándote a parar en tus días vacacionales.

Pero seguimos vivos y agradecidos, eso es lo más importante.

Surgen en verano debates que poco o nada tienen que ver con lo que realmente importa a la gente de a pie. En España, por ejemplo, lo que más nos importa a los ciudadanos, ahora mismo, es que nuestros representantes políticos olviden las pamplinas, los rencores y los odios absurdos, y dejen formar gobierno, de una vez por todas, a quién ha ganado las elecciones.

Pero aún así, los medios tienen que llenar páginas con noticias variadas o variopintas, intentándonos descubrir aquello que ya lleva tiempo descubierto.

A escasos metros de donde me encontraba el otro día sentado, dos señoras se bañaban (las de la fotografía), en esta fantástica playa del Levante alicantino, con lo que parece algo así como entre un chandal de colorines y un tutú hortera. En la cabeza una especie de capucha, como para que las gotas del cálido mar no lleguen a despeinar.

El traje me parece horrible, pero a ellas les debe importar muy poco o, incluso gustar, por ser el último modelo de lo que ya conocemos todos por burkini.

¿Me molesta? Pues la verdad es que no. Me molestaría, en todo caso, que estas señoras estuvieran obligadas a hacer algo que no quisieran hacer. Por lo que yo veo, no es así. Se ríen como los demás, juegan con sus hijos, bromean y están ajenas a las miradas de los curiosos que, como yo, andamos zascandileando dónde no nos llaman.

Si a estas mujeres les importara algo llevar esta vestimenta, que obliga la religión que practican, no vendrían a bañarse a estas aguas entre el resto de los que lucimos, también sin vergüenza, nuestros a veces esperpénticos y grasientos cuerpos.

Fijo la vista buscando lo que rápidamente encuentro. A lo lejos, uno de esos turistas ingleses, de piel tan blanca que se hace transparente, chapoteando en el mar con una camiseta de manga larga para que el sol ni siquiera le roce.

¿Cuál es pues el debate? ¿La indumentaria que utilice cada uno para bañar en la playa? ¿La prohibición de aquello que obedece a unas costumbres o tradiciones determinadas que establece una religión? ¿La libertad?

No estoy de acuerdo con prohibir. Estoy de acuerdo en respetar y educar.

Aquí no vale eso de que quien viva entre nosotros tiene que aceptar determinadas formas o costumbres. Aquí hablamos de libertad.

Porque, por ejemplo, ¿por qué tengo que aceptar que por las calles de este municipio playero, deambulen ciertas mujeres y hombres medio desnudos, sin más prenda que el bañador o el bikini, como si estuvieran en el comedor de sus casas? Algunos de ellos, sin ningún tipo de complejos ante sus cuerpos deformados por la barriga peluda y cervecera; otras, luciendo de tal manera palmito, bajo una minúscula braga, que hasta la más conservadora imaginación hace que se dispare.

Y no pasa nada. ¿Por qué no debatimos esos comportamientos que, desde mi punto de vista, me resultan poco educados o poco cívicos?

Mi madre, la mujer, ha estado pocas veces en la playa. Creo que la he visto en contadas ocasiones. En todas ellas no se ha quitado de encima una especie de bata o blusón colorido que tapaba el bañador. ¿Por qué? Por decoro, por guardar las formas y sentirse cómoda con su cuerpo tal vez no tan curvilíneo por los años, los hijos y la edad. ¿Y pasa algo? ¿Molesta a alguien? Pues no.

No es fácil tomar posición en determinados debates.

Mi posición es la libertad a poder decidir. El que una mujer musulmana pueda decidir libremente como quiere ir vestida, por la calle o en la playa. 

Creo que en esta sociedad en la que habitamos, esta sociedad que construimos poco a poco entre todos, tiene problemas y cuestiones mucho más importantes que deberían de preocuparnos mucho más.
Comencemos el día como si no hubiera habido otro antes y pensando en que no tiene por qué haber mañana.

domingo, 21 de agosto de 2016

Dice el Talmud que...

"Si tú no te ocupas de ti, nadie se ocupará de ti; y si sólo te ocupas de ti, no vales nada", Talmud.

sábado, 20 de agosto de 2016

20.08.2016... Olas de Verano IX: las olas de Aivazovski, entre Rusia y Ucrania.

No imaginé que, leyendo en la prensa un artículo sobre el conflicto entre Ucrania y Rusia, descubriría este verano uno de esos pintores que te hacen emocionar: Iván Aivazovski, (1817-1900).

Parece que una exposición de su obra, en Moscú, sirve para abrir la caja de los truenos, nuevamente,  entre Rusia y Ucrania.

En una galería moscovita se exponen unos dibujos de este extraordinario pintor romántico. Parece que Ucrania ha acusado a Rusia de violar acuerdos internacionales por desplazar obras de arte desde 'territorios ocupados', en alusión a Crimea.

Por recordar diremos que tanto Kiev como la ONU no reconocen la legalidad del referéndum que aprobó en marzo de 2014 la reincorporación de Crimea a Rusia, considerando la península oficialmente territorio ucraniano.

Moscú, en cambio, defiende que Crimea es parte de Rusia argumentando el derecho de autodeterminación.

Las relaciones entre los dos países están muy deterioradas, por el caso de Crimea pero también por el apoyo del Kremlin a los separatistas profusos del este de Ucrania, que han proclamado allí las 'repúblicas populares' de Donetsk y Lugansk.

Ante este ambiente bélico aparece la polémica de este artista, creador de una inmensa belleza poética, con la exhibición de sus famosas (ahora para mí) marinas, esas olas que le enamoraron desde pequeño, como estás 'olas de verano' mías, a Aivazovski.


El miedo es que las obras no sean devueltas ya que los grandes museos, según algún especialista ucraniano en arte, aprovechan cualquier oportunidad para tratar de quedarse con obras de colecciones pequeñas.

Hovhannes Aivazián se enamoró del mar desde pequeño. El arquitecto alemán Jakob Koch descubrió su talento y le dio las primeras clases de dibujo. Después tuvo como maestro a otro germano, Johann Gross, antes de estudiar en San Petersburgo, donde se convertiría en Iván Aivazovski, rusificando su nombre y apellido.

Según me ha comentado alguien, parece que siempre pintaba los motivos marítimos de su imaginación y nunca mirando al mar.

Estos días he pululado en internet y degustando parte de su obra. Unas pinturas impresionantes. Muchas de ellas nos muestran esa bravura poética del mar que, como ese toro en la plaza, que se revuelve sin más defensa que sus astas de blancura espumada, contra el torero que le invade hasta matar.

La verdad es que sigue uno con atención, en los últimos tiempos, el conflicto ruso-ucraniano. Lo hago porque no hay nada como conocer a alguien para que se encienda esa inquietud por saber de lo que no sabes; quiere esto decir que también trato de leer, fundamentalmente, por desconocimiento. Pero ese desconocimiento, que creo no es aislado, resulta incomprensible. 

Estamos ante uno de esos conflictos que nos pillan aquí al lado, de los que apenas aparecen noticias en la prensa, pero que basta introducirte un poco como para comprobar que, en nuestro continente, hay vecinos, ciudadanos, que viven en vilo, entre bombas y balas de ametralladora, mientras otros lloran sus muertos en algo que, en pleno siglo XXI debería ser irreal.

En días pasados, fallecían ciudadanos durante una nueva ofensiva de grupos separatistas a las posiciones ucranianas en Donetsk.

Parece un conflicto olvidado pero son ya más de dos años los que lleva encendido.

Y mientras en Europa ¿qué hacemos?

¿A qué tiene miedo Europa? ¿A Rusia? ¿Qué intereses se esconden para girar la cabeza tan descaradamente a lo que sin duda es una guerra?

Rusia ha agredido Ucrania y eso es una agresión a Europa. Tal vez Europa debería apoyar mucho más, y no sólo financieramente, a Ucrania para que se convierta en esa nueva Ucrania ejemplo y espejo para muchos ciudadanos rusos. Porque tal vez eso es lo que no quiera Putin.

Lo cierto es que Putin está reavivando las llamas de la guerra contra Ucrania. Ucrania debe actuar con precaución ya que lo que esperan los rusos es tener una mera 'carta' que justifique una provocación.

Europa, e esta cuestión fundamental, debe estar unida y tener una sola voz que le haga llegar a Rusia que este tipo de acciones no son aceptables.

La grandeza de Europa está también, sin duda alguna, en la defensa de lo suyo frente a aquellos que se creen con el derecho a todo.

Tal vez no nos pertenezcan las miradas de los demás, ni siquiera el horizonte  al que miran; pero deberíamos, en ciertas ocasiones, no dejar pasar la emoción con las que otros miran su futuro.

Mirar y oler el mar. Encontrar en el arte y la literatura ese punto de encuentro universal que nos haga más personas y menos salvajes. Porque las guerras son salvajes y el arte es tan sólo humano.

Que nos unan las letras, que nos una la pintura de estos cuadros inmensos. No solo pensemos en nosotros; pensemos a que aquí al lado, a tiro de piedra, las gentes mueren por no sé sabe muy bien el qué.

Son unas reflexiones desde la sinceridad y humildad de un profundo desconocimiento.
Un pesimista se rinde, un optimista va a por todas.

jueves, 18 de agosto de 2016

Lo que en estos momentos nos perturba, si nos paramos y pensamos detenidamente, a la larga nos podría beneficiar. ¿Quién lo sabe?

miércoles, 17 de agosto de 2016

17.08.2016... Olas de Verano VIII: las discusiones.

Continuando estos días con las lecturas de algunos textos de Fiódor M. Dostoievski y su 'Diario de un escritor', encuentro la siguiente reflexión:

"Y dos ves ay de quien pretenda aprender y comprender; y nadie más desdichado que quien lo confiese sinceramente; y si además declara que ha comprendido algunas cosas y desea expresar su pensamiento, todos se apresuran a volverle la espalda."

Algo así es lo que siento muchas veces cuando, en mi forma habitual, opino sobre ciertas cuestiones que, en su mayoría y por otro lado, ni me van ni me vienen.

Opinar, para unos, puede ser tomar posición con otros.

Es espantoso cómo nos gusta retozar entre problemas. Siempre he dicho que normalmente, cuando no tenemos problemas, los buscamos. Parece que deseamos eso: ocupar nuestro tiempo en resolver desaguisados o enredarlos más. Debe ser la naturaleza humana. 


Escribo esto mientras un bañista playero extiende su toalla tan cerca de mi que me tapa el pie, y al levantar la vista del suelo encuentro sobre mi cabeza la sombrilla de otro.

No sé si ponerme en pie y dar dos voces o quedarme quieto aguantando tal despropósito de mala educación y civismo.

¿Es que no tienen sitio? ¿Es que les gusta estar oliendo los pies de los demás? De verdad que no lo entiendo.

Pero continuo a lo mío: en mis meditaciones, en mis pensamientos y reflexiones. A falta de libreta, escribo en la app de notas del móvil.  Siempre me saca de apuros. 

Por no dar el brazo a torcer a veces nos metemos en callejones sin salida que no van a ninguna parte. Ni todos tenemos razón, ni todos no la tenemos.

Siempre hay un punto medio, un equilibrio, una cesión por parte de cada uno. Es bueno escuchar a las partes, tratar de entender sus razonamientos sus por qué. Dejarnos llevar de una sola parte nos puede llevar al fracaso o la equivocación.

No pienso meterme en discusiones que no me corresponden porque, normalmente, cuando uno entra donde no le han llamado, suele salir perjudicado. Es lo que normalmente siento cuando ya me he metido.

La vida de cada uno es de cada uno. Si no queremos que nos juzguen, no juzguemos. 

Podemos aconsejar, decir lo que pensamos, pero no criticar las decisiones que tome uno en su vida,  cada uno es dueño de la suya y somos mayorcitos de elegir aquello que creemos mejor para nosotros. Todos tenemos un por qué a la hora de hacer o tomar decisiones.

Me puede gustar más, menos o nada el bañador que lleva puesto este de aquí al lado. Como no le conozco, me da exactamente lo mismo. Pero lo mismo me pasa con el que lleva mi primo o hermano, si a él le gusta y con él se siente guapo y feliz es su problema, nunca el mío. A lo mejor el que debería mirarme en el espejo soy yo.

El problema de las discusiones es que las dos partes quieran discutir. Si es así, la solución, normalmente, suele ser difícil.

Siempre hago el mismo planteamiento: para opinar escucha a todos. A veces las cosas no son como parecen y otras veces las hacemos parecer como a nosotros nos interesa que parezcan aunque no lo sean.

Dice la Sabiduría Judía que...

"La persona recta cae siete veces y se levanta”
Rey Salomón

martes, 16 de agosto de 2016

Nos pueden quitar absolutamente todo, pero no la libertad de elegir una forma de pensar o una manera de actuar.

lunes, 15 de agosto de 2016

15.08.2016... Olas de Verano VII: mirar alrededor.

Resulta curioso pensar cómo van pasando los días, como llegamos a los lugares, nos apoderamos de ellos y marchamos dejando esa presencia nuestra en sus rincones.

Llegamos al ecuador del mes de agosto, en este lunes festivo, y nos viene esa sensación mental que nos impulsa a la actividad. De repente es como si volviésemos a enchufarnos y la corriente nos recorriese el cerebro encendiendo las luces que han permanecido apagadas.

No sé por qué, o tal vez sí, pensaba hoy en que el mundo está lleno de buena gente, sólo tenemos que ser capaces de confiar un poco más y dejarnos tocar por los demás sin miedo.

Los individualismos no triunfan, no son positivos; los individualismos destruyen y se destruyen.

Las personas tienen necesidad de relacionarse, necesitan de conocer a otros, de querer, de amar. Es una necesidad que va más allá de nosotros mismos. Es una necesidad vital. Quien quiere y ama, quien siente, necesita ser amado y querido, necesita ser sentido. Quien odia, sólo merece ser odiado.

A muchos de nosotros nos interesan bien poco los demás, sus problemas, sus sufrimientos, sus penas o desgracias.

Parece que la opresión de las minorías, las guerras que todavía aniquilan y alteran vidas en el mundo, el hambre o la pobreza extrema nos es algo lejano.

Es verdad que si somos incapaces de preocuparnos por los cercanos, difícilmente lo haremos por los que sentimos lejanos.

Todo es parte de nuestro universo, de nuestras vidas.

Nos acostumbramos a evitar conectar con los demás. Somos egoístas, egocéntricos y narcisistas.

Curiosamente, lo que más ha enriquecido mi vida es conocer personas; escuchar, saber de sus vidas, ponerme en su lugar para analizar y reflexionar sobre el por qué de sus pensamientos o acciones.

Jamás desechó la oportunidad de conocer a alguien, de dejarme tocar. No siempre ha sido positivo pero, por lo general, mi experiencia me dice que vence siempre el peso de lo humano.

¿Por qué no somos más amables y más compasivos? ¿Por qué no hacemos más que pensar en nosotros cerrando los ojos a lo que ocurre alrededor?

Ser amables con los demás, ser compasivo, nos hace mejores personas.
Desear lo mejor, el bien, a todos los que nos rodean y tratar de ayudar a construir un mundo mejor nos hace vivir en un mundo mejor.

No somos seres aislados, el bien de los demás repercute en el nuestro.

La vida está ahí afuera, aquí. No necesitamos buscarla en novelas ni inventar nada.

Aconsejaba el gran Dostoievski: "No invente nunca ni la fábula ni las intrigas. Tome lo que la vida misma le ofrece. ¡La vida es infinitamente más rica que nuestras invenciones!"

Casi todos los escritores, sobre todo los novelistas, inventan retorcidas historias. Creo que las verdaderas historias están ahí, en la vida. Sólo hay que estar atentos, escuchar, sentir. Sólo debemos preocuparnos un poco más por los demás y descubriremos la riqueza de este mundo nuestro, con sus penas y alegrías, con sus miserias, pero siempre rodeado de una inmensidad poética.  

Cambiar nuestra forma de ver las cosas.

Dice Sigmund Freud que..

"Si dos individuos están siempre de acuerdo en todo, puedo asegurar que uno de los dos piensa por ambos".

sábado, 13 de agosto de 2016

Dice Kant que...

"El derecho es el conjunto de condiciones que permite acomodar la libertad de cada uno a la libertad de todos."

viernes, 12 de agosto de 2016

12.08.2016... Olas de Verano VI: recordando.

Descubrí el otro día, en la prensa, una fotografía, en blanco y negro, en la que una familia disfrutaba de un picinic en la Casa de Campo de Madrid, allá por el año 1965, junto a un Fiat 600.

La recorté y la guardé en mi cuaderno. Los veranos, la tranquilidad, te permiten parar y recordar. He guardado la fotografía porque rápidamente me han venido unos maravillosos recuerdos.



No era el año 1965, pero no sería más del 1974. No era un 600, pero era un Seat 850 blanco, de dos puertas. La imagen en mi miente, exactamente igual a la del periódico. Unas veces en la Casa de Campo, otras en los Montes de El Pardo de Madrid.

Lo recuerdo perfectamente. Las primeras veces con mantas en el suelo, luego nos fuimos modernizando y mis padres adquirieron una mesa plegable verde con cuatro sillas de tijera.

Mi madre, que siempre ha cocinado -y no digo esto por amor de hijo, que también, sino porque es reconocido por todos aquellos que tienen la suerte de degustar sus guisos- extraordinariamente bien, preparaba una deliciosa tortilla de patata, un pisto con pimientos fritos y, a veces, un poco de pollo o conejo al ajillo. Todo eso, en aquellos sábados o domingos, sabía tan gloria que nos dejaban marcado nuestro momento de felicidad.

Un balón o un parchís. Nada más. Unas piedras que lanzar a un bote. Cuatro carreras entre los arbustos y un par de caídas que dejaban nuestras rodillas con esa costra sangrienta que no desaparecía ya en todo el verano.

Tras la comida, el momento más esperado: "¡Al rico helado!", gritaba ese señor que, portando una de esas neveras, de playa o campo, repleta de polos, recorría todo el monte vendiendo a todas las familias que por allí disfrutaban, como nosotros, del día de campo.

Volvíamos a casa tarde. Cansados, apenados de que el día terminase, felices y pensando ya en cuándo papá volvería a 'librar' en su trabajo para poder disfrutar de otro día más así.

Aquel 850 nos parecía inmenso a mi hermano y a mí. Era el que nos llevaba de viaje de Madrid al pueblo, a Minaya, en esas horas interminables, llenas de canciones y juegos, de algún que otro mareo, pero siempre, siempre, con esa felicidad que envolvía el destino. No necesitábamos más.

Ahora veo, en la Casa de Campo, en el Cerro de los Ángeles, en muchos parques, cómo esas familias de inmigrantes se reúnen con sus allegados, familiares o paisanos, con los suyos, buscando momentos de encuentro, de paz, de cariño, de nostalgia, de felicidad. Hay quién lo critica. Suelen ser los mismos de siempre, esos que no recuerdan lo que fuimos o hemos sido. La vida no es más que un ciclo.

No sé por qué escribo y voy dejando estas cosas por aquí. A menudo me hago esta pregunta. Tal vez por ese ansia de dejar en el cajón cuanto más escrito mejor. Tal vez, simplemente, porque me apetece o da la gana.

Nunca sabemos cuál será la última línea que escribamos ni la última palabra que digamos. Lo sabrán otros, como otros conocerán nuestros renglones,  unos derechos otros torcidos.

Progresamos porque caminamos, avanzamos porque nos movemos. Erramos porque hacemos. No vivimos si estamos quietos.

jueves, 11 de agosto de 2016

miércoles, 10 de agosto de 2016

10.08.2016... Olas de Verano V: consejos vacacionales.

Comienzo mis días, ahora en este periodo estival, contemplando el sol en su inicio imponente hacia el cielo, temprano.

Termino mis días, saboreando cómo ese mismo sol, se esconde en el infinito humillado por la belleza femenina de la luna.

Obtengo así un regalo que la vida nos ofrece a todos, pero que unos pocos somos capaces de recoger, con un privilegio al que sólo puede responder la gratitud y sentido poético de la vida.

Sólo en momentos así me siento realmente desconectado.



Comentaba ayer, con alguien que siente y piensa mucho como yo, el sentido que tienen las vacaciones y cómo cada uno se va adaptando a ellas rompiendo con ese ajetreo diario en el que vive el resto del año.

Las vacaciones pueden resultar un lujo o un calvario, depende para quien, pero son una necesidad. Evidentemente que aquél que anda ocioso todo el año, absurdo sería reivindicara su permiso estival como el que pasa el año en mil acciones o proyectos, éxitos o fracasos.

Las vacaciones sirven para resetearnos; resetear nuestra vida y desconectar de lo habitual. Descansar la mente, descansar el cuerpo; limpiar nuestro alma de toxinas varias y variadas.

Por experiencia sé que no es fácil conseguirlo.

Cuando tengo la suerte de coger vacaciones, tardo unos días en asumirlo y comenzar la desconexión y, cuando me doy cuenta, ya estoy organizando la vuelta a las tareas.

La sensación más positiva de que tus vacaciones están siendo realmente provechosas, es ese instante en el que puedes llegar a aburrirte. En ese momento puedes estar seguro que estás preparado para volver.

Parece, según dicen por ahí, que si no se descansa al menos diez días seguidos, no sirve para refrescar el cerebro y disminuir el estrés acumulado durante todo el año. Creo es el mínimo necesario, aunque no todo el mundo puede permitirse tantos días o, por el contrario, la intensidad del año te genera una necesidad de días mayor.

De todas formas yo, de difícil adaptación, tengo mis consejos para sentir que realmente estoy degustando y aprovechando eficazmente mis vacaciones.

En primer lugar trato de dormir un poco más de lo habitual. Lo justo y necesario para sentirme descansado. Esa hora más que me permite tener la sensación de tranquilidad frente a la prisa habitual diaria.

En segundo lugar trato de no estar muy pendiente, o de estar menos pendiente, del iPad y el móvil. No es algo fácil cuando uno tiene todas las cuentas de correo de las empresas configuradas en todos los aparatos, pero al menos se intenta.

En tercer lugar, hacer ejercicio diariamente. Salir a caminar o correr todos los días, además de llenar mi tiempo, me permite despejar la mente y eliminar todas esas toxinas que el año va acumulando en el cuerpo sin compasión.

En cuarto lugar intento resetearme. Intentó generar una sensación de haber finalizado un curso, con los aprobados o suspensos, y pensar que a partir de la vuelta se comienza otro, con nuevos objetivos y metas que cumplir. Esto, por otro lado, me sirve de motivación personal para volver mucho más ilusionado.

Y en quinto lugar siempre trato de tener el cerebro activo, leyendo y escribiendo. No es una obligación, es una pasión. Y reconozco escribo menos de lo que pienso en escribir, eso hace, también, que en muchas ocasiones olvide aquello que debería haber escrito y, en cambio, escriba tonterías como las de hoy.

Y dicho esto, a todos los que tengan el privilegio de disfrutar de unos días de descanso, aprovéchenlo y disfruten de cada uno de los momentos como si fuera el último de sus vidas.
Ser Libre es un arte como lo es el valor de la libertad. Qué difícil es Ser, qué poco valor le otorgamos los que creemos serlo.

martes, 9 de agosto de 2016

lunes, 8 de agosto de 2016

domingo, 7 de agosto de 2016

07.08.2016... Olas de Verano IV: amoríos.

El verano provoca sensaciones de todo tipo y, además, provoca que rompamos con nuestros hábitos habituales.

Normalmente es para bien aunque, en ocasiones, también para mal. El exceso de tranquilidad, los calores, el sueño, terminan por conseguir que me cueste más parar a escribir en el ordenador, esas líneas de pensamientos que van acompañándome todos los días.

Escribir cuando nace el día es la mayor expresión de gratitud que uno puede tener. Sacar el cuaderno en la terraza del bar donde tomas café, mirar el cielo infinito que se funde con ese mar, que absorbe el sol que va imponiéndose, escribir unas páginas como el que ejercita el silencio místico y simbólico, tratando de plasmar el pensamiento. Y ahí quedan, en esas hojas, como en un baúl de recuerdos, guardadas para que sólo el tiempo destruya.
Me gusta mucho leer, cotillear, adentrarme en la vida de los escritores. Normalmente viven la literatura, la poesía, en toda su esencia y envueltos en esas historias que, de una manera u otra, van dejando reflejo en sus libros. Siempre me han fascinado sus relaciones personales, sus convivencias, sus historias de amor. Siempre he pensado que sólo ellos, esos literatos emocionales y sensibles, pueden vivir historias de amor que rozan lo épico e imposible. 

Sólo un poeta, un escritor que vive lo que siente y siente lo que vive, es capaz de arriesgar o mantener en su vida llamas de amor que le hagan mantenerse vivo, de una u otra manera, y que le permita seguir escribiendo mientras sus párpados continúan vibrando frente al papel.

Leía hoy, por ejemplo, en el suplemento semanal literario de El País, mi siempre esperado Babelia, la historia de la poetisa (o poeta) Elizabeth Bishop.

Poco después de cumplir los 40 años, en una escala en Río de Janeiro, durante un viaje, sufrió, tras probar unos alimentos de la zona, una reacción alérgica que casi le provoca la asfixia.

En ese momento la acompañaba Carlota de Macedo Soares, una rica heredera que había conocido en Nueva York. 

Carlota cuidó de Elizabeth Bishop en ático que poseía en el barrio de Leme. Se enamoraron. Se enamoraron y estuvieron juntas los siguientes 15 años en los que, como puede entenderse, la poeta ya no se movió de Brasil.

Una historia de amor no falta de rupturas, peleas, infidelidades, erotismo, poesía, reconciliaciones y drama. Tras su ruptura final, tiempo después, tuvieron un breve encuentro en Nueva York en 1967: no se sabe si deliberada o involuntariamente, Macedo Soares se administró una dosis mortal de somníferos en el piso que su antigua amante ocupaba en Manhattan el mismo día en que se reencontraban y murió en sus brazos.

Elizabeth Bishop nació en 1911 y obtuvo el Premio Pulitzer de Poesía en 1956. Una edad temprana para obtener este tipo de reconocimientos. Bishop vivió algunos años en Francia, España, Marruecos y Estados Unidos. Era una de esas viajeras que ansiaban conocer y vivir hasta que el destino la hizo asentarse en en ese Brasil que hoy albergan los Juegos Olímpicos.

Leyendo esta historia, como otras muchas de otros escritores, mujeres y hombres, hombres y mujeres, que no renuncian al amor allá y como aparezca, que prefieren vivir y arriesgar a morir sin haberlo intentado o sentido, me viene a la cabeza la idea de ir escribiendo de esas otras historias anónimas de la vida, que he conocido y conozco, de esas otras personas de a pie, del día a día, que encuentran en la emoción de una mirada, en el sabor de un beso, en el calor de un abrazo, en el riesgo furtivo de un cuerpo, el sentido a sus vidas.

Todos necesitamos relacionarnos, todos necesitamos amor en sus diferentes tipos y facetas. Muchas veces renunciar al amor es renunciar a vivir y vivir sin amor es como dejar de sentir la vida de la manera más poética que podamos encontrar.

Es lo que tiene escribir a primera hora del día, frente al mar, donde parece que en el infinito se diluyen los versos para convertirse en ese primer poema de la mañana.

Dice Cicerón que...

"Estemos siempre a punto para contradecir sin obstinación y dejarnos contradecir sin irritación."

sábado, 6 de agosto de 2016

viernes, 5 de agosto de 2016

05.08.2016... Olas de Verano III.

Vamos llevando el verano de la manera más plácida y agradable que sabemos o podemos.

Contemplamos atónitos, los que gustamos y nos cuesta perder el hilo de la política, el mayor culebrón habido en nuestro país en los últimos tiempos: ¿se formará gobierno, o no? ¿Iremos a terceras elecciones, o no?

Leo la prensa todos los días y compruebo, desalentado, la falta de responsabilidad de algunos para superar ciertos rencores y desatascar una situación que, a vista de la gran mayoría de los ciudadanos, se hace cada vez más necesario en un país como el nuestro.

Parece que aquí, lo más importante para algunos, es demostrar quién es más macho y se envalentona más a la hora de lanzar soflamas repudiosas contra quién ha ganado las elecciones en España: Rajoy.

Y mientras los machitos se dedican a depilarse el pecho para lucir gorilla en la playa, España continúa paralizada, expectante de que alguno se despierte por la mañana con un alo de cordura y decida primar los intereses de su país por encima de los suyos propios.

En situaciones así los hombres demuestran su liderazgo. En situaciones así los hombres se descubren tal y como son.

Hay a quien todavía le interesa remover ese discurso, obsoleto y caduco, de las dos Españas, de las izquierdas y las derechas. 

España y los españoles necesitamos gobierno y lo necesitamos ya.

No quería escribir nada político estos días pero, parece ser, ha sido inevitable, visto lo visto.