lunes, 22 de agosto de 2016

22.08.2016... Olas de Verano X: Burkini Sí, Burkini No.

Tener escalofríos, la garganta dolorida y la nariz pelada de tanto sonarte los mocos, en estos días calurosos de agosto, debería estar prohibido por ser medioambientalmente incompatible con lo habitual de la vida en verano.

Pero así ha ocurrido. He pillado uno de esos catarros de aúpa, como no lo  pillaba desde hace años. Los excesos de aire acondicionado y bebidas frías; los excesos de sol y de sudores deportivos; los excesos de vida placentera creyéndonos aguantarlo todo, provocan que caigas en la miseria de la enfermedad, obligándote a parar en tus días vacacionales.

Pero seguimos vivos y agradecidos, eso es lo más importante.

Surgen en verano debates que poco o nada tienen que ver con lo que realmente importa a la gente de a pie. En España, por ejemplo, lo que más nos importa a los ciudadanos, ahora mismo, es que nuestros representantes políticos olviden las pamplinas, los rencores y los odios absurdos, y dejen formar gobierno, de una vez por todas, a quién ha ganado las elecciones.

Pero aún así, los medios tienen que llenar páginas con noticias variadas o variopintas, intentándonos descubrir aquello que ya lleva tiempo descubierto.

A escasos metros de donde me encontraba el otro día sentado, dos señoras se bañaban (las de la fotografía), en esta fantástica playa del Levante alicantino, con lo que parece algo así como entre un chandal de colorines y un tutú hortera. En la cabeza una especie de capucha, como para que las gotas del cálido mar no lleguen a despeinar.

El traje me parece horrible, pero a ellas les debe importar muy poco o, incluso gustar, por ser el último modelo de lo que ya conocemos todos por burkini.

¿Me molesta? Pues la verdad es que no. Me molestaría, en todo caso, que estas señoras estuvieran obligadas a hacer algo que no quisieran hacer. Por lo que yo veo, no es así. Se ríen como los demás, juegan con sus hijos, bromean y están ajenas a las miradas de los curiosos que, como yo, andamos zascandileando dónde no nos llaman.

Si a estas mujeres les importara algo llevar esta vestimenta, que obliga la religión que practican, no vendrían a bañarse a estas aguas entre el resto de los que lucimos, también sin vergüenza, nuestros a veces esperpénticos y grasientos cuerpos.

Fijo la vista buscando lo que rápidamente encuentro. A lo lejos, uno de esos turistas ingleses, de piel tan blanca que se hace transparente, chapoteando en el mar con una camiseta de manga larga para que el sol ni siquiera le roce.

¿Cuál es pues el debate? ¿La indumentaria que utilice cada uno para bañar en la playa? ¿La prohibición de aquello que obedece a unas costumbres o tradiciones determinadas que establece una religión? ¿La libertad?

No estoy de acuerdo con prohibir. Estoy de acuerdo en respetar y educar.

Aquí no vale eso de que quien viva entre nosotros tiene que aceptar determinadas formas o costumbres. Aquí hablamos de libertad.

Porque, por ejemplo, ¿por qué tengo que aceptar que por las calles de este municipio playero, deambulen ciertas mujeres y hombres medio desnudos, sin más prenda que el bañador o el bikini, como si estuvieran en el comedor de sus casas? Algunos de ellos, sin ningún tipo de complejos ante sus cuerpos deformados por la barriga peluda y cervecera; otras, luciendo de tal manera palmito, bajo una minúscula braga, que hasta la más conservadora imaginación hace que se dispare.

Y no pasa nada. ¿Por qué no debatimos esos comportamientos que, desde mi punto de vista, me resultan poco educados o poco cívicos?

Mi madre, la mujer, ha estado pocas veces en la playa. Creo que la he visto en contadas ocasiones. En todas ellas no se ha quitado de encima una especie de bata o blusón colorido que tapaba el bañador. ¿Por qué? Por decoro, por guardar las formas y sentirse cómoda con su cuerpo tal vez no tan curvilíneo por los años, los hijos y la edad. ¿Y pasa algo? ¿Molesta a alguien? Pues no.

No es fácil tomar posición en determinados debates.

Mi posición es la libertad a poder decidir. El que una mujer musulmana pueda decidir libremente como quiere ir vestida, por la calle o en la playa. 

Creo que en esta sociedad en la que habitamos, esta sociedad que construimos poco a poco entre todos, tiene problemas y cuestiones mucho más importantes que deberían de preocuparnos mucho más.

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