domingo, 31 de enero de 2016

31.01.2016... En Silencio.

Así, como sin quererlo, ha terminado este primer mes del año. Ha pasado como si fuera ese último sorbo del vaso, ese que no quieres tomar aunque sabes que solo vacío podrás volverlo a llenar.

Un fantástico día de luz el que nos ha acompañado hoy, perfecto para salir a correr en ese estado de auténtica felicidad que  provoca el sentirte, zancada a zancada, entre silencios y pensamientos, con una fuerza que mentalmente te capacita, todavía, con los años, a recorrer esos 16 kilómetros sin más aviso que algún que otro hueso que chirría.

La pereza te puede hacer desandar el camino recorrido. Así que, buscando ese encuentro de equilibrio entre mente y espíritu, mientras que el Eterno nos dote de fuerza, seguiremos con esta inmensa terapia saludable que es el running.

Dice Evelyn Underhill que el silencio «no envuelve a sus iniciados en una calma aislada y sobrenatural, ni los aísla del dolor y el esfuerzo de la vida cotidiana», sino que «más bien les otorga una renovada vitalidad, administrando al espíritu humano no -como algunos suponen- un bálsamo sedante, sino el más poderoso de los estimulantes»



Últimamente reflexiono tanto sobre el silencio como trato de encontrarme con él. Los años te van obligando a buscarte, disfrutar de ti por más tiempo. Puedo estar rodeado de gente fantástica, de personas que te quieren, quiero y aprecio, y así intento hacerlo siempre que puedo, pero necesito tener mis espacios de silencio. 

El silencio no es sólo un punto de encuentro con uno mismo, también puede ser una virtud el ser capaz de controlarlo, de evitar la palabra.

Uno escribe, medita, lee, corre en solitario, camina y piensa en silencio. Uno vive, de vez en cuando, en un silencio necesario. En ocasiones, para algunos es difícil de entender. Te pueden llegar a ver como un bicho raro. 

Hay personas que sienten la necesidad de estar continuamente acompañados. No saben estar, ni quieren,  solos. La soledad obligada es un fracaso; la soledad que se busca es una necesidad vital.

La libertad de uno, consigo mismo y con los demás, es saber cuándo puede elegir estos momentos. Para alguien que no escriba, que no lea, que no medite, que no estudie, creerá que no le serán necesarios momentos de silencio, momentos de encuentro consigo mismo. Está equivocado.

Parece que vivimos en un mundo en el que se hace imposible encontrar, en el día a día, minutos, instantes para el silencio. Encontrar el silencio es encontrar minutos para estar con nosotros, con lo mejor de nosotros. 

Hay a quien el silencio le da miedo, en cambio, desde tiempos remotos, en algunas culturas encontraron en el silencio un beneficio vital. Puedo asegurar, por experiencia, que el estar callado te evita muchos problemas además de generarte beneficios más que saludables.

El silencio es paz, el silencio es salud e higiene mental. 

Alejarnos, aunque sea solo un rato, de los ruidos mundanos, de los televisores y las conversaciones absurdas, cuando hemos terminado el día de trabajo, nos permite encontrarnos con nosotros. En coaching es uno de mis consejos y recomendaciones fundamentales: acostumbrarse a estar un tiempo con uno mismo cada día, en silencio. Solos tú y tu mente. Hacerte esas preguntas tan necesarias tras una intensa jornada, como ¿a dónde vas? ¿qué quieres? ¿qué te preocupa? ¿cómo actuar ante determinada circunstancia? Sólo el silencio te puede dar pautas y respuestas.

Quien sabe valorar y estar en silencio, suele ser la persona que más sabe escuchar.

El silencio nos ordena. En el silencio rompemos nuestro desorden diario y, en pocos minutos, ordenamos nuestra cabeza, dispuestos a buscar otra jornada repleta de retos. El silencio nos llena de tranquilidad, de serenidad. Nos impulsa a la paz.

Cuando he tenido que tomar alguna decisión importante, cuando he tenido que meditar sobre alguna cuestión que me altera la vida, busco el silencio. Muchos obstáculos los he vencido parando y sometiéndome a tiempos de silencio, de encuentro conmigo. 

Lo fundamental del silencio es que nos hace crecer a nosotros mismos: de dentro afuera.

"Con la palabra, el hombre supera a los animales, pero con el silencio se supera a sí mismo."  Paul Masson 
Feliz noche y feliz silencio.

Música Running: David Bowie - China Girl (Live)

Dice la Biblia que...

"La senda de los justos es como la luz de la aurora, va en aumento hasta que el día es perfecto"(Proverbios 4: 18)

sábado, 30 de enero de 2016

¿Por qué creo que, mientras unos se dedican con sacrificio y esfuerzo a tratar de sobrevivir en esta absurda sociedad, otros cuantos viven aprovechándose de los demás?

viernes, 29 de enero de 2016

29.01.2016... De conversaciones.

Nos dice Theodore  Zeldin en ese magnífico libro suyo que tengo entre mis manos, 'Los placeres ocultos de la vida', sabiduría en esencia, que 
"tal vez cualquiera que quiera cambiar el mundo deba empezar por escribir libros y así practicar cómo cambiar la realidad, no basándose en programas utópicos sino en la fragilidad de las emociones y lo imprescindible de los acontecimientos."
Siempre escribir. Escribir es una manera más de posar tus pensamientos e ideas, con esa valentía del que sabe todo queda en tinta, todo puede ser criticado o compartido, discutido o asumido. 

Si llegado el viernes, a estas horas, uno encuentra momento y, revuelto entre sus pensamientos, acumulados como en un cajón destartalado en la semana, escribe, quiere decir que dentro de lo que cabe no ha ido tan mal. 

Los días corren. Los días no van ni mal ni bien; van, caminan, son como nosotros queremos ver que son. Si nuestra mirada es positiva, abierta, emocionalmente equilibrada, entonces los obstáculos que otros pueden ver en ese día a día, para nosotros se hacen invisibles aunque estén ahí. 



No he parado ni un solo instante, pero siento que he disfrutado de cada día. Siento haberme enriquecido un poco más en mi interior. Últimamente, y lo digo con sinceridad, cada vez voy buscando más esto: lo que llena mi interior, la esencia de mi espíritu.

Curiosa o casualmente ha sido una semana en la que he percibido, en diferentes personas, de estados, profesiones y situaciones diferentes, ilusión por vivir, ilusión y entusiasmo en sus proyectos, creencia y pasión en lo que hacen. He compartido momentos, conversaciones de variados y diversos temas. Cada uno con sus miradas, con sus puntos de vista, pero todos ellos con algo en común: creencia.

Todo es creer: en uno mismo, en lo que haces. Puede ser una etapa de tu vida o un proyecto empresarial. Creer en ti es lo que te hace despertar cada día con una enorme sonrisa, saltar de la cama y echar a andar.

Hoy, por ejemplo, conocí a una de esas personas que habitan este mundo y que llegan a ti por determinadas circunstancias. En este caso solicitando información por el coaching y los servicios como Coach

La mejor manera de sentir a una persona es escuchándole. Nadie se imagina lo que aporta, te aporta, una persona cuando te habla sabiendo que le estás prestando atención. Tan simple y sencillo.  Es tan fascinante como que el tiempo se te va sin darte cuenta. Con tres o cuatro preguntas, en una hora eres capaz de hacerte una primera idea de cómo es y cómo ha sido la vida de la persona. Siempre quedará mucho en el tintero, pero lo básico surge, sale a la luz con el mero hecho de generar una situación de confianza.

Me encanta vivir momentos así. Me encantan las personas que se muestran, que se abren sin temor. Es fascinante escuchar, saber lo que piensan los demás. Nada hay más enriquecedor. 

Siempre es interesante conocer a personas, las personas pueden sorprendernos más de lo que pensamos. Y qué mejor vida que no dejar de sorprenderte.

De la conversación de hoy me quedo con dos ideas geniales: 
"siento libertad por primera vez en mucho tiempo y no la voy a desaprovechar"
"no quiero ser inteligente, quiero ser sabio"
Es la esencia de la vida: la libertad y la sabiduría. Los sabios son los únicos libres en este mundo. Son las personas más ricas y todos nosotros deberíamos buscar un poco más ese tipo de riqueza, la riqueza interior, la sabiduría.

Feliz noche...

Dice Juan Ramón Jiménez que...

"Lo difícil cansa a los fáciles; lo fácil, a los difíciles."

jueves, 28 de enero de 2016

Soñé el silencio...

Soñé el silencio,
es lo que bebo
últimamente. 

Mientras fraguan, 
ardientes, 
cada uno de tus pasos,
valoraba que sombra
sólo una acompaña
días que te siguen.

Zambullí mi lengua
en la sed de tu boca, 
desnudo saltaba
planeando tu cuerpo,
distanciado de mi
acurrucaba la silueta
que turbada emergía 
raíz de tierra
sin dueño.

Inquieto movimiento
escurrido asombro
despejada luz
que convierte día
en el corazón 
de mi almohada.

Día del recuerdo del Holocausto en Israel.




Yom Hashoah (hebreo: יום השואה yom hash-sho’āh), o Día del recuerdo del Holocausto; sucede en el día 27 de Nisán del Calendario hebreo. Este día es recordado anualmente como día en memoria de las víctimas del Holocausto, siendo feriado nacional en Israel.

Originalmente, el día propuesto para esta conmemoración fue el día 15 de Nisán, aniversario de la revuelta del Gueto de Varsovia (19 de abril de 1943), pero esta propuesta fue rechazada por causa de coincidir con el primer día de Pésaj. El día 27 fue escogido por ser ocho días antes de la conmemoración de Yom Ha'atzmaut, Día de la Independencia de Israel. El Yom HaShoah fue establecido en 1959 como ley en Israel y aprobado por David Ben-Gurión y Yitzhak Ben-Zvi.

A las 10:00 horas del Yom Hashoah, las sirenas aéreas suenan durante dos minutos. Los vehículos de transporte público paran por este período y las personas permanecen en silencio. Durante el Yom Hashoah, establecimientos públicos son cerrados, la televisión y la radio transmiten canciones y documentales sobre el Holocausto y todas las banderas quedan a media asta.
Hoy puede ser un día mágico, pero depende, única y exclusivamente, de cómo veamos las cosas y no de lo que nos viene de fuera. El hecho de despertar ya es un tesoro por descubrir. a partir de ahí cada momento es un regalo si sabemos apreciarlo. Deberíamos aprender a detenernos y contemplar lo que nos rodea, no estar continuamente corriendo sin ser capaces de apreciar nada.

miércoles, 27 de enero de 2016

27.01.2016... El inconsciente.

Hay muchas maneras de ser un inconsciente, seguro que todos lo hemos sido en alguna ocasión, pero pocas veces conoces a un inconsciente defendiendo su inconsciencia.

Inconsciente es persona irresponsable o desconsiderada en grado sumo,  que lleva a cabo acciones dañosas o peligrosas sin tener en cuenta las consecuencias ni los riesgos.

Uno podría ser un inconsciente consigo mismo, allá él, pero no con los demás.

Posiblemente muchos, de hecho lo he escuchado o leído, no estarán de acuerdo con mi opinión. A mi me da lo mismo, cada uno que haga con su vida lo que quiera o desee, faltaría más. La cuestión es cuando pones en riesgo a los demás y, sobre todo como en este caso, si es un niño.

Por lo tanto, inconsciente es cualquier padre que haga esto, torear una vaquilla (por pequeña que sea) con su hijo en brazos; inconsciente e irresponsable es, además por ser personaje público, Fran Rivera, del clan de los Rivera, por muy torero que sea, el que lo haga.


No está justificado de ninguna de las maneras, y no se puede decir que el bebé no corriese peligro ninguno, ni que esto lo hacen todos los toreros, ni que a mi me lo hizo mi padre. Las cosas no pasan hasta que pasan.

No soy muy taurino, ni tampoco antitaurino. Creo que a raíz de ver a mi hijo llorar, de pequeño, en la única plaza de toros a la que le llevé, en las fiestas de Minaya, cuando mataban al torillo mientras me preguntaba el por qué de aquella matanza y no supe muy bien qué responder, fue suficiente para ir perdiendo simpatía por esta fiesta artística española. Reconozco que, por compromisos sociales fundamentalmente, he vuelto a entrar en alguna plaza. Reconozco que, como español, defiendo nuestro arte y tradiciones. Reconozco que, también, se podría torear sin tener que terminar matando al animal.

¿Los toreros son valientes? Sí. Los toros lo son todavía más: a sabiendas de que saben van a morir hagan lo que hagan, pero su bravura y caballerosidad son ejemplo de lucha hasta el final, hasta caer rematados tras una liturgia de humillaciones sangrientas.

Estos tipos del famoseo, toreros o no, se creen por encima de todo porque les hemos hecho que se lo crean. Nos tienen acostumbrados a ser poco ejemplares sobre lo que se debe hacer o es la vida. Cada vez son más ejemplo de lo que no se debe hacer, pero parece que eso les da más dinero.

Es verdad que hoy, por el hecho de ser quién es este señor, unos salen en su defensa y otros le martillean con críticas muy merecidas. Si la imagen fuera de un ciudadano cualquiera, estoy seguro que las autoridades rápidamente hubieran tomado cartas en el asunto y ni Carlos Herrera hubiera salido en su defensa. Siendo así, veremos a ver dónde termina el expediente.

En fin. España esto sigue siendo España.

Feliz tarde...

Dice Thich Nhat Hanh que...

"Creemos que, para ser más felices, debemos reprimir e ignorar el miedo. Negamos el miedo porque nos incomoda pensar en las cosas que nos asustan. Pero, por mas que nos empeñemos en ignorarlo y nos digamos "No quiero pensar en ello" el miedo sigue presente.
El único modo de liberarnos del miedo y ser realmente felices consiste en reconocerlo y ver profundamente en su fuente. Dejemos de querer escapar del miedo, permitamos que aflore en nuestra conciencia y mirémoslo directa y fijamente"

martes, 26 de enero de 2016

Borroso el amanecer...

Borroso el amanecer
escondido en el frío
turbador espacio y deseo
acostumbrado actor
del cotidiano silencio
que rompe, bramido,
máquina del viento
deslizando el andén.
Despierto un compás
arrítmico truhán saludo
la barra que sujeta
cada día
el peso de los años
sin fin de recuerdos
incertidumbres fracasadas.
Llego volviéndome devoto
del reflejo de mi sombra
en las ventanas que viajan
recorriendo vidas
curtiendo sueños.
Nace nueva la jornada
que crece descompuesta
guardándome del tiempo.

Música Running: Andrés Suárez - No saben de Ti

Poesía hecha música...

La incertidumbre sólo provoca una cosa: desconfianza. Y la desconfianza, falta de acción.

lunes, 25 de enero de 2016

25.01.2016... ¿Qué coño haces?

No tengo muy claro, o sí, por qué llega uno a casa, al término de la jornada, y se pone a pensar en cosas en las que tampoco debería. Pero no lo puedo evitar. Parece que, últimamente, uno va buscando el equilibrio y, de tanto buscar, comienza a encontrarlo primero, y tal vez de manera importante, reflexionando consigo mismo.

Siempre que paso algún día en un pueblo, de esos olvidados para muchos, si es el mío mejor, me sirve, entre otras cosas, para revolverme contra mi mismo y reflexionar sobre esas miserias que tenemos los que nos creemos más listos o con más medios que los demás. Esos que sólo pensamos en encontrar la cuenta que nos aporte más beneficios, el cargo más vistoso, la casa mejor -y si tenemos otra en la playa que sea en primera línea-, el traje de firma que nos disimule el michelín o el coche más potente para enseñar a esos otros, que viven pensando en las mismas estupideces que nosotros.

En esos pueblos, vemos a esos que viven con lo justo para el día a día, que no se preocupan más que de si llueve o hiela porque eso perjudicará el huerto, que visten el mismo jersey cada año y que con una bicicleta, que esté más o menos engrasada, les sirve para recorrer distancias mayores a tres kilómetros. Y ahí les tienes, con sus botellines diarios a 0,50, con unas almendras, sus partidas de tute a partir del viernes y sus tertulias mundanas en las que, con enorme y sabia filosofía, degüellan a todo aquél que desde la capital les 'roba' parte de sus pequeños ingresos para pasearse en coche oficial.

Para ellos su vida es la mejor, y posiblemente tengan razón.

Decía el filósofo Jenofonte que el dinero no servía de nada si no ayudaba a vivir una vida buena. Jenofonte fue discípulo de Sócrates y comentaba de éste que, siendo albañil y yendo descalzo, era el hombre más rico de Atenas. Decía que Sócrates ni siquiera cobraba por sus enseñanzas y vestía ropas viejas, pero con su oficio de albañil, ganaba lo necesario para vivir modestamente y siempre estaba contento, ya que para él, el hombre rico que poseía cientos de propiedades tenía tantas obligaciones y compromisos, que siempre necesitaba más para asegurarse que todos estuviesen contentos con él.

Jenofonte recordaba que sólo eras rico si sabías emplear tu riqueza y la riqueza no era saber ganar dinero si no saber qué hacer con tu vida.

Sabios todos.



¿Cuántas veces nos sentimos defraudados, luchando solos, o llenando huchas, con la triste imagen o excusa de que forme parte de una ficticia jubilación a la que no sabemos si llegaremos?

Podemos tener mucho de todo, pero a lo mejor nos estamos autoarruinando la vida. Queremos sentirnos de otra manera pero sin renunciar a cómo estamos en esa ficticia zona de confort. Queremos tener de todo, pero sin renunciar a nada. Queremos sentirnos bien con nosotros, disfrutar de esa sensación de felicidad que a lo mejor vemos en otros, pero sin cambiar en nada. Estar más delgados sin dejar de comer y beber, tener dinero sin dejar de consumir y malgastar, tener mejores relaciones sin dedicar tiempo a ellas, vivir tranquilo sin renunciar a nuestro ajetreo diario... ¿Pedimos demasiado sin renunciar a nada?

Nos marcamos propósitos que ni siquiera tenemos la intención de cumplir.

Un nuevo propósito, por pequeño que sea, siempre tiene costes. Debemos saber cuáles son y si estamos dispuestos a afrontarlos. A veces pensamos que los costes en los cambios son económicos. Nos aterra pensar que podemos llegar a ingresar un euro menos al mes. Nos quita el sueño no ahorrar. ¿Y si mañana no despertamos, de qué nos habrá servido tal sacrificio, renunciando a esos momentos de felicidad que por ahí andan huérfanos en nuestras vidas?

Nos interponemos constantemente entre nosotros y la realidad de nuestros pensamientos y deseos.

Leer un verso, charlar con una persona nueva y conocerla, reírte de lo que crees un problema o del instante, pararte un momento en medio de la calle y contemplar a la gente, agradecer tu existencia, decir no a ese pesado, caminar por el campo, disfrutar de una copa de vino entre amigos.

Esta mañana, por ejemplo, he tenido una de esas reuniones que luego me hacen sentir extraño. Conocí al dueño de una empresa importante; uno de esos tipos hechos a sí mismos, realmente sencillos y sin grandes muestras de ostentación ni poder. Mientras charlábamos, ha habido un momento en el que he sentido que me estaba tratando de vender yo mismo y no sabía por qué lo hacía. En todo caso, quien podría necesitar de mi para dar un impulso mayor a su proyecto era él, no yo. ¿Mi necesidad? Depende. ¿La suya de alguien como yo? Mucha. Entonces ¿qué hacía yo dando una imagen de necesidad? Nada, lo de siempre, el hábito. Al terminar la reunión, eso sí, sentirme incómodo conmigo.

Y ahora, que debía estar leyendo los versos de Karmelo C. Iribarren o algún texto de Osho; ahora, que debía estar corrigiendo, tranquilamente, mi nuevo poemario o mi nuevo libro de soliloquios o ese libro que llevará por título 'LiderándoT'; o ahora, que debería estar preparando las clases que sobre Coaching  impartiré a los alumnos de un Máster de Gobierno y Liderázgo; o ahora, que podría estar escuchando mi música mientras pienso en las musarañas; ahora estoy envuelto en todas estas reflexiones que a lo único que me llevan es a pensar algo así como: ¿qué coño haces?

Ya me he quedado a gusto. Feliz noche.

Dice Thomas Edison que...

"El hombre es capaz de recurrir a cualquier estratagema con tal de evitar la tarea de pensar."

domingo, 24 de enero de 2016

24.01.2016... Amanecer.

El final de los domingos, a veces, termina por ser amodorrado. Si además sientes que el fin de semana se te ha ido y te ha sabido a poco, entonces además de amodorrado se convierte en nostálgico. Necesitas más.

Ha sido una semana ágil, dispersa, poética pero poco deportiva. El Hatha Yoga comienza a engancharme aunque el tiempo dirá si consigue producir en mi esos cambios que pretendo: equilibrio interior, limpieza mental, disciplina y salud.

Ayer y hoy bajé al campo, a mi campo. Un viaje de necesidad saludable: oler, respirar, sentir limpieza mental y pulmonar. Un viaje rápido del que no he disfrutado como deseaba. Creo que los cambios de temperatura o algo que no me sentó muy bien han conseguido dejarme todo el fin de semana  revuelto e incómodo, tanto que no me apeteció perderme por esos caminos, ni dedicar mucho tiempo a la lectura. Pero aún así, sinceramente, ha sido fantástico desconectar por unas horas de este delirante y estresante Madrid.



Esta mañana, por ejemplo, he despertado en silencio sin ni siquiera concentrarme en lo que estaba soñando. Sé que soñaba, pero parece que preferí apagar el canal y levantarme. Sabía que la luz todavía no alumbraba el día. No he podido ni querido evitarlo. Me he subido a mi rincón y, desde el escritorio, entre libros, cuadernos y lápices, he contemplado el pausado amanecer manchego, rojizo, azulado, sobre esos campos de Minaya. Han sido unos minutos perfectos. Escuchar los pájaros darse los buenos días, sintiendo sorprendidos mi mirada desde la ventana. Y es así como uno se encuentra de vez en cuando con la sencillez poética de la nada. Porque realmente no me ha costado nada sentir estos minutos de felicidad, en un silencio majestuoso en el que tan solo la gratitud del despertar nos convierte en seres diferentes. Minutos así te revuelven y te alejan de todo ese mundo material en el que andamos envueltos diariamente.

Cuando ha terminado de salir el sol, cuando la luz ha vencido la noche por completo, es cuando he pensado si realmente despertaba de un sueño o seguía dormido. Allí estaba yo, en un día como hoy, buscando ese ahora y sintiendo cada instante como hipnotizado.

Debo estos días, en una de esas múltiples actividades mías, escribir unos versos, un poema, en el que incorpore un sueño. Reflexionando sobre esto me he dado cuenta que muchos de mis versos son ilusiones o sueños, pero todavía, a esta edad mía, no he soñado en verso. Parece que ese 'yo' poeta es mucho más real que otros de mis 'yo'. Tal vez debería aprovechar esa realidad. 

Creo que no ando muy cabal en este final de domingo, lo mejor es terminar con unas palabras de Luigi Malerba que dice algo así como que
"Todos los sueños son siempre un poco misteriosos y en esto consiste su belleza; pero algunos son muy misteriosos, es decir, uno no entiende nada; son como acertijos. No obstante, mientras los acertijos tienen soluciones, los sueños no la tienen. Puedes darles cien significados diferentes, y uno es tan bueno como otro”.

Atrevámonos a vivir, porque en el vivir, también, está el soñar. Feliz noche.

Muéstrate a los demás como su apoyo, nunca como una amenaza.

miércoles, 20 de enero de 2016

20.01.2016... Y tú ¿a qué esperas?.

No sé por qué, pensaba hoy lo que me decía un amigo, Jesús, antes de abandonarnos para siempre: "por las noches sueño y vivo hasta que me despierto. Ese instante siempre es terrible: me muestra mi realidad. Vive todo lo que puedas, José Luis, despierto."

Llevaba toda la razón. Nosotros, los que nos creemos vivos, en cambio, aparentando que el tiempo nos sobra, dejamos pasar los días sin vida mientras soñamos con la muerte.

Creo que es suficiente con mirar a nuestro alrededor, para observar que nos vamos transformando en esclavos de nuestros hábitos y así, como sin darnos cuenta, vamos muriendo muy despacio.

Caemos una y otra vez en los mismos errores. Evitamos los cambios como quién evita cambiar de marca de pantalones, aunque sea consciente que los que lleva ya no le quedan bien. Acomodados, vamos dejando pasar el tiempo como quien sabe todo ha terminado, por miedo a iniciar nuevos caminos.

Vivir es un grato esfuerzo, constante, lleno de sorpresas. Sólo hay que querer enfrentarse a los miedos y querer cambiar el paso que es tanto como cambiarnos a nosotros. ¿Qué es el miedo? El miedo es lo que nosotros creemos que es. ¿Qué es una vida sin miedos? Aburrida.

Tal vez nos hayamos acostumbrado a vivir sólo a medias. Imaginamos, soñamos, pensamos una vida plena pero ¿cómo sería?

¿Por qué no tratamos de descubrirlo por nosotros? ¿Qué nos detiene? ¿Por qué no probamos?

¿Por qué no buscamos metas que nos emocionen? Nos pasamos demasiado tiempo quejándonos por todo, hasta por nosotros mismos. Escribamos en un papel lo que queremos, lo que nos gustaría, y vayamos a por ello.

Despertar con una ilusión, un nuevo proyecto, con una meta que conseguir: eso es vivir. 

Dejarte llevar, sorprenderte, resbalar, caer y levantarte: eso es vivir.



Hace tiempo leí un artículo maravilloso, que me hizo pensar mucho. Es uno de esos artículos que recomiendo leer a alguno de los clientes que contratan mis sesiones como Coach DVida. Lo escribió Bronnie Ware, que era una enfermera que trabajó durante muchos años en cuidados paliativos con pacientes que volvían a sus casas para morir. Ella solía estar con ellos las últimas semanas de sus vidas.

Según Bronnie, cada uno de sus pacientes experimentaba una variedad increíble de emociones en sus últimos días y, curiosamente, cuando alguien les preguntaba por algún arrepentimiento que tenían, o por algo que harían de manera diferente, en todos aparecían los mismos temas. 

Entre esos temas comunes, Bronnie Ware destacó cinco, que eran:

1. Ojalá hubiera tenido el coraje de vivir una vida fiel a mí mismo, no la vida que otros esperaban de mí. Este fue el lamento más común de todos. Cuando las personas se dan cuenta de que su vida está a punto de terminar y miran hacia atrás con claridad, es fácil ver cuántos sueños no se han cumplido. 

2. Desearía no haber trabajado tan duro. Esto vino de todos los pacientes masculinos que asistí. Se perdieron la infancia de sus niños y la compañía de sus parejas.
3. Ojalá hubiera tenido el coraje para expresar mis sentimientos. Muchas personas suprimieron sus sentimientos con el fin de mantener la paz con los demás. Como resultado, se conformaron con una existencia mediocre y nunca llegaron a ser lo que eran realmente capaces de llegar a ser.
4. Me hubiera gustado haber estado en contacto con mis amigos. A menudo no se dan cuenta realmente de los beneficios de los viejos amigos hasta después de semanas de convalecencia, y no siempre fue posible localizarlos. Muchos de ellos habían llegado a estar tan atrapados en sus propias vidas que habían dejado que amistades de oro se desvanecieran por el paso de los años. 
5. Me hubiese gustado permitirme a mí mismo ser más feliz. Esta es una sorprendentemente común. Muchos no se dieron cuenta hasta el final de que la felicidad es una elección. Se habían quedado atrapados en patrones y hábitos antiguos. El llamado “confort” de la familiaridad desbordado en sus emociones, así como su vida física. El miedo al cambio les había hecho vivir fingiendo a los demás, y para su yo, que estaban contenidos. Cuando muy adentro, anhelaban reír de verdad y tener esa estupidez en su vida de nuevo.

Impresionante ¿verdad? Cuántos de nosotros no nos hemos hecho, en alguna ocasión, muchas de estas reflexiones. La gran diferencia es el momento, que aún teniendo tiempo para cambiar, nos negamos a hacerlo.

Tratar de vivir alguno de nuestros sueños antes de que sea tarde. No importa lo que sea, incluso no importa lo que se fracase o los errores que se cometan en el intento. Lo peor es llegar al final quedándonos con la duda,  "qué hubiera ocurrido si lo hubiésemos intentado".

El tiempo pasa y nos damos cuenta que nos envolvemos en nuestras actividades, en nuestras ocupaciones y trabajos y, en cambio, a aquello que es verdaderamente importante no le dedicamos la suficiente atención: nuestra familia. 

Comenzamos el año diciéndonos que se acabó, que a partir de ahora simplificaremos nuestras labores profesionales, priorizaremos tareas y estaremos más con los nuestros, con nuestros hijos, con nuestra pareja, con nuestros padres y hermanos. A los pocos días hemos vuelto a enredarnos en esa tela de araña, que nos lleva sin darnos cuenta de que lo que perdemos no lo volveremos a recuperar.

Cuántas veces no nos hemos arrepentido de dar ese primer paso para conocer a alguien, de dejar escapar el momento. O de haberle dicho a esa persona, que de verdad nos importa, lo mucho que le queremos. O de habernos ido a la cama sin solucionar una discusión con un familiar o un amigo. O, por otro lado, por qué no nos hemos quitado de encima a ese pelma o antipático que lo único que nos genera es malestar. O haber dicho que NO más veces.

O cuántos de nosotros, envueltos en esa vida familiar y laboral, hemos dejado de lado a los amigos. Es verdad que los amigos no son la familia, es cierto, pero en algunos momentos y casos, algún amigo ha demostrado ser más que alguno de tu familia. Es verdad que a veces, los amigos, son esos que te enredan, o son la excusa perfecta para dejarte llevar, echar unas risas y llegar tarde a casa. Pero es verdad, también, que aquellos que tenemos el privilegio de tener unos cuantos Amigos, de los de verdad, hemos comprobado como, en ocasiones, en esos momentos no tan divertidos, pueden estar al nivel de la propia familia. Con los años uno tiene que ir filtrando las amistades, como la mochila de la vida, por eso, con los años, uno sabe el que verdaderamente es amigo o interesado. Es esencial tener Amigos.

Cuántos, cada día, no cambiamos nuestras vidas por no arriesgar, por no salir de esa aparente zona de confort. Luego puede ser tarde, luego llega el momento de los arrepentimientos, de los "podía haber hecho... pero no hice".

Ahora, en este momento, no es tarde todavía. Realmente, ¿a qué esperas?

La vida se nos va desde el momento en el que nacemos. 

Este, ahora, es tu momento. Vívelo como quieras. Nadie puede obligarte a vivir como no quieres. Nada tiene por qué quedarse en un pensamiento o en un sueño. Desde luego que hay dos formas de morir: una es habiendo vivido y otra es habiendo muerto en vida.

Feliz tarde.
Tenemos necesidad de liderazgos excluyentes de cinismos y egocentrismos. Parece ser que es la tipología que últimamente impera  en algunas organizaciones.

lunes, 18 de enero de 2016

Las visiones positivas convencen. Si nos quedamos anclados en el pesimismo, con pesadillas en vez de sueños, nuestras posibilidades de éxito en un futuro son realmente nulas.

domingo, 17 de enero de 2016

17.01.2016... El Ahora.

Tres grados bajo cero, era la temperatura que nos acompañó esta mañana cuando C y yo comenzamos a correr hacia el Cerro de los Ángeles. Siempre, en días climatológicamente serios, nos decimos lo mismo: "si nos obligasen a hacerlo protestaríamos o no lo haríamos". Pero es cierto que, siempre también, cuando concluimos esos 16 kms de domingo, con las piernas pesadas, exhaustos y sudados, repetimos lo mismo: "que feliz me he quedado y siento". Voluntad.

Y es que cada uno encuentra sus momentos de felicidad dónde le apetece, gusta o quiere. Unos, en domingos fríos como el de hoy, quedan en la cama hasta las tantas; otros, ajenos a inclemencias del tiempo, recogen de esas horas tempranas de vida, zancadas y sudor que sirven, entre otras muchas cosas, para dejar sobre el camino los excesos, los problemas y todo aquello negativo que te ha acompañado durante la semana.

Cada vez medito más sobre esto: vivir el ahora. No pensar en mañana y tratar de olvidar el pasado. El pasado pasado es, el futuro, mañana, no sabemos si estará. Lo único real es el hoy.

Parece que siempre estamos viviendo un paso por delante de la realidad, pensando continuamente en el mañana y nos olvidamos del hoy.

Debemos vivir el Ahora y mañana, si llega, su Ahora.

Esta semana que terminó ayer  ha resultado bastante interesante y fructífera. Parece que algunos proyectos van tomando, aunque con algo de lentitud, forma; otros, esos que todavía pululan en fase de ideas vertidas en los cuadernos, se acercan perezosos a la parrilla de salida.

Creo estar cumpliendo algún que otro propósito de inicio de año, por ejemplo el del orden y eso, en mi caso, ya es un pequeño éxito. El orden vital, el organizar bien el tiempo y tratar de aprovecharlo, es un gran paso a la hora de cumplir con los objetivos marcados.



Terminé la semana, también, con mi tercera sesión de prueba de Yoga. He pasado por tres estilos: el Hatha Yoga, el Iyengar Yoga y el Ashtanga Vinyasa. Hoy, mientras corría, todavía sufría algunas de las tardías agujetas de mi última y fantástica clase. Me ha gustado mucho la experiencia, me encanta esa ciencia que hay detrás, el ahora, la disciplina para llegar a Ser. A partir de la próxima semana comenzaré a asistir habitualmente en el estilo elegido, el primero que probé: Hatha Yoga.

El Yoga es algo así como sentir el cuerpo y la mente, armonizarlos y ponerlos al servicio del Espíritu.

El Hatha Yoga es posiblemente el estilo más practicado, el más indicado en el inicio.

La traducción literal del término Hatha Yoga es “el yoga de la fuerza”Yoga quiere decir unión; la sílaba Ha hace referencia a la energía femenina de la luna y la sílaba Tha hace referencia a la energía masculina del Sol. Significa la unión de estos dos aspectos. La intuición, vinculada con la capacidad de recibir, de imaginar y el hemisferio cerebral derecho. La razón, para construir, evaluar y el hemisferio cerebral izquierdo.

Para equilibrar estos dos aspectos, el Hatha Yoga propone técnicas como ásanas (posturas físicas) y pranayamas (la ciencia de la respiración ) que van purificando nuestro cuerpo, devolviéndole equilibrio a nuestros sistemas (nervioso, digestivo, endocrino) propiciando así el bienestar a nivel físico.

Creo que es algo que me va a favorecer físicamente pero también, y posiblemente más importante, mentalmente. Iré contando mis experiencias por aquí. Es un camino largo, difícil, complicado pero... también un reto físico y espiritual. 

Todo es querer y vivir el ahora.

Y como todavía me queda algún tema que leer y no me apetece mucho más escribir, aquí termino.

Música Running: Silvia Pérez Cruz i Cástor Pérez - Veinte Años

Poesía...

Dice la Biblia que...

"Quien se rinde ante un problema, no demuestra fuerza ni carácter" Prov. 24:10

sábado, 16 de enero de 2016

La noche es...

La noche es 
para los poetas olvidados
para esos clandestinos
que perviven
bajo una luz baja
buscando entre oquedades
restos de algún pensamiento
que convertir en verso.

Dice John Whitmore que...

"Los que se proponen ganar ganan mucho. Los que temen perder, pierden mucho."

viernes, 15 de enero de 2016

Suelo agradecer más aquello que me dicen los que sé de sobra no quieren regalarme los oídos, que eso que me dicen algunos por tratar de hacerme sentir bien.

jueves, 14 de enero de 2016

14.01.2016... Sin pantalones al Congreso.


De verdad que cada vez recomiendo más, a unos y otros, caminar al inicio de la jornada. Sobre todo en días fríos como estos, te despeja, te hace pensar, reflexionar y llegas a la oficina con las ideas bastante claras.




Hoy, en mi trayecto (los 4 kms que separan Atocha de mi lugar de trabajo), haciendo un repaso mental a las noticias que me llegan de la jornada de arranque de la nueva legislatura, XI Legislatura, con la constitución del Congreso y Senado, llegaba a la siguiente conclusión: el hombre (lo escribo en neutro, y lo digo por aquellas y aquellos que están al quite, dime y direte, del machismo y feminismo revolucionario), en particular el hombre español, es el único animal que es capaz de destruir a voluntad el entorno en el que habita. Somos así de "inteligentes".

Y escribo esto, desde el respeto, observando, contemplando, leyendo, las imágenes y crónicas del importante, para la democracia y el futuro de España, día que fue ayer.

Ayer se sentaban en el Congreso de los Diputados, las personas que hemos elegido en las últimas elecciones celebradas en España: nuestros representantes.

Las Cortes Generales son un órgano constitucional de nuestro país, el Reino de EspañaRepresentan al pueblo español, ejercen los aspectos esenciales de la soberanía nacional: poseen la potestad legislativa, aprueban los Presupuestos Generales del Estado, controlan la acción del Gobierno y desempeñan el resto de funciones que les atribuye la Constitución.

Uno de los poderes más importantes que tienen las Cortes Generales es el legislativo: La Constitución confiere todo el poder legislativo a las Cortes Generales; este poder comprende las facultades de elaborar y aprobar las leyes y de modificarlas o derogarlas por medio de otras leyes.

Quiero imaginar, quiero pensar, no sé si me excedo en imaginación y pensamiento, que en este país nuestro, cuando votamos lo hacemos siendo conscientes de la importancia y seriedad que tiene el hacerlo porque, visto lo visto, me cuesta mucho asumir que lo que queremos, como país, como Estado,  como imagen de futuro, de progreso y de regeneración democrática, es lo que vimos ayer, estamos viendo, y, mucho me temo, veremos.

Por cierto, y lo escribo por segunda vez, va por delante mi respeto y mi aplauso democrático. Estoy seguro que, desde fuera de España, también nos están aplaudiendo.

Ayer tomaron posesión de su escaño, en el Congreso de los Diputados, 350+1 diputados

350 diputados elegidos democráticamente por todos los españoles y además, el guapo, famoso y feliz Dieguito; ajeno a lo que allí ocurría y a la utilización mediática que fue sometido por su madre, Carolina Bescansa, diputada por Podemos.

La opinión que me merece este gesto, hablo del de llevar al bebé al Congreso, creo que queda recogida, más o menos, en el post que hoy escribe mi admirada Virginia Galvín, que les recomiendo y que titula '10 razones para denostar a Carolina Bescansa, la que no descansa y amamanta'
"Una mujer no es mejor madre porque enarbole a su hijo y combata la batalla de la conciliacióntirando bombas ocultas en pañales llenos de pis (¿Qué pasará en las sesiones del debate sobre el estado de la nación, que duran horas, si el pequeño ser se hace caca?" 
Volviendo a los 350 diputados del Congreso, éstos tendrán, entre otras, la facultad de elaborar y aprobar las leyes que nosotros, el resto de los millones de españoles, tendremos que acatar y cumplir.

Más allá de la estética y del respeto y valor que cada uno de ellos otorgue a la institución que representa, me cuesta mucho asumir que lo que el espectáculo que se vio y vivió ayer en el Congreso de los Diputados es la fiel imagen del pueblo español.

Tal vez, se me ocurre, para que la representación hubiera sido unánime, faltaban como representantes del pueblo español algunos personajes como Belén Esteban, Kiko Rivera, el pequeño Nicolás (ahora Fran), Ylenia o, se me ocurre, Chabelita Pantoja y, como portavoz del grupo, Jorge Javier Vázquez. Así sí que hubiéramos estado todos de verdad. Una especie de auténtico Gran Hermano, con sus charangas, selfies, sus lágrimas emocionadas, sus edredoning y algún momento de lactancia pública.

Puede parecer una broma pero, visto lo visto, ¿ustedes no creen que en este país nuestro, en cualquier momento, podría ser?

Es que antes de ayer, un señor se erigió como Presidente de la República Independiente de Cataluña, como si esta región, española, fuera su casa en un anuncio de IKEA. Y aquí no pasa nada.

Está claro, o medianamente claro, que cualquier persona un poco inteligente  pude hacerse pasar por tonto, pero es muy difícil que un tonto se haga pasar por inteligente. Lo bueno de los tontos es que se creen listos, pero lo triste es que estos listos nos están haciendo tontos a todos los que nos creíamos algo inteligentes.

Me entero que estos días de atrás se ha celebrado el Día sin Pantalones en el Metro. Soy asiduo y defensor del transporte público y, si no me queda más remedio, porque el clima me impide ir andando, soy activo usuario. Cuando viajo en metro o tren de cercanías, voy ensimismado en mis lecturas con lo que no me doy cuenta, ni me importa, como van vestidos los demás. Imagino que, seguro, si me hubiese cruzado con alguna persona sin pantalones, me habría dado cuenta.

Merodeando por Internet, parece que sí, que unos cuantos valientes celebraron este día mundial viajando sin esta prenda en el metro. Muy friki y divertido para ellos y para, de seguro, aquellos otros viajeros que contemplaron el momento.

No les extrañe, tampoco, a ustedes que, cualquier día, alguno de los nuevos grupos con representación parlamentaria, algunos o algunas de sus señorías, aparezcan en el salón plenario en bragas y calzoncillos reivindicando, por ejemplo, la obligatoriedad a toda la ciudadanía de celebración de este grandioso día mundial.

Es sólo una opinión que, permítanme, visto lo visto, es tan respetable como las del resto.

Dice Aristóteles que...

“Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, entonces, no es un acto. Es un hábito.”