miércoles, 27 de enero de 2016

27.01.2016... El inconsciente.

Hay muchas maneras de ser un inconsciente, seguro que todos lo hemos sido en alguna ocasión, pero pocas veces conoces a un inconsciente defendiendo su inconsciencia.

Inconsciente es persona irresponsable o desconsiderada en grado sumo,  que lleva a cabo acciones dañosas o peligrosas sin tener en cuenta las consecuencias ni los riesgos.

Uno podría ser un inconsciente consigo mismo, allá él, pero no con los demás.

Posiblemente muchos, de hecho lo he escuchado o leído, no estarán de acuerdo con mi opinión. A mi me da lo mismo, cada uno que haga con su vida lo que quiera o desee, faltaría más. La cuestión es cuando pones en riesgo a los demás y, sobre todo como en este caso, si es un niño.

Por lo tanto, inconsciente es cualquier padre que haga esto, torear una vaquilla (por pequeña que sea) con su hijo en brazos; inconsciente e irresponsable es, además por ser personaje público, Fran Rivera, del clan de los Rivera, por muy torero que sea, el que lo haga.


No está justificado de ninguna de las maneras, y no se puede decir que el bebé no corriese peligro ninguno, ni que esto lo hacen todos los toreros, ni que a mi me lo hizo mi padre. Las cosas no pasan hasta que pasan.

No soy muy taurino, ni tampoco antitaurino. Creo que a raíz de ver a mi hijo llorar, de pequeño, en la única plaza de toros a la que le llevé, en las fiestas de Minaya, cuando mataban al torillo mientras me preguntaba el por qué de aquella matanza y no supe muy bien qué responder, fue suficiente para ir perdiendo simpatía por esta fiesta artística española. Reconozco que, por compromisos sociales fundamentalmente, he vuelto a entrar en alguna plaza. Reconozco que, como español, defiendo nuestro arte y tradiciones. Reconozco que, también, se podría torear sin tener que terminar matando al animal.

¿Los toreros son valientes? Sí. Los toros lo son todavía más: a sabiendas de que saben van a morir hagan lo que hagan, pero su bravura y caballerosidad son ejemplo de lucha hasta el final, hasta caer rematados tras una liturgia de humillaciones sangrientas.

Estos tipos del famoseo, toreros o no, se creen por encima de todo porque les hemos hecho que se lo crean. Nos tienen acostumbrados a ser poco ejemplares sobre lo que se debe hacer o es la vida. Cada vez son más ejemplo de lo que no se debe hacer, pero parece que eso les da más dinero.

Es verdad que hoy, por el hecho de ser quién es este señor, unos salen en su defensa y otros le martillean con críticas muy merecidas. Si la imagen fuera de un ciudadano cualquiera, estoy seguro que las autoridades rápidamente hubieran tomado cartas en el asunto y ni Carlos Herrera hubiera salido en su defensa. Siendo así, veremos a ver dónde termina el expediente.

En fin. España esto sigue siendo España.

Feliz tarde...

No hay comentarios:

Publicar un comentario