viernes, 18 de marzo de 2016

18.03.2016... De tolerancias.

Me preguntaba hoy, a mi mismo, si realmente soy una persona tolerante. 

Nos damos muchas veces puñetazos en el pecho, señalándonos como los más tolerantes del universo pero: ¿realmente lo somos?

Es fácil ser tolerante con nuestros iguales; con tu familia amigos o compañeros. Lo realmente difícil es ser tolerante con aquellos que no son como tú; ni en ideas, ni en raza, ni en creencias ni, en condición sexual.

La tolerancia es el respeto a las ideas, a las creencias, o prácticas cuando son diferentes o contrarias a las propias y/o a las reglas morales.

La tolerancia es uno de los valores más importantes ya que supone la aceptación de lo que entendemos no es como nosotros. Desde la tolerancia se evitan los conflictos.

Ya he escrito en alguna ocasión sobre la Tolerancia (leer aquí).

Hoy he vuelto a hacerme la misma pregunta: ¿soy tolerante? 

Me he hecho la pregunta tras una discusión política, algo acalorada, con alguien que no opinaba como yo. He escuchado atentamente sus razonamientos, sus reflexiones pero, cuando yo he expuesto mis ideas, además de cortarme continuamente, prácticamente me ha dicho que me callase porque sólo decía tonterías.



Bien, en ese momento ha surgido el carácter Moreno y, evidentemente, le he dicho que si no era capaz de escuchar y respetar la opinión de los demás, por mi parte la conversación terminaba ahí. En ese momento, como si lo que buscase es un desahogo, además de dedicarme algún improperio, señalando con el dedo, me dice el 'animal': "No pienso tolerarle que me hable así, seguís siendo unos niñatos de derechas"

Me he quedado estupefacto. 

En ese instante me he levantado, he despertado del letargo educado y le he dicho algo parecido a lo que he escrito antes: "es absurdo tratar de mantener una conversación civilizada con un asno." Seguidamente, me he dado la vuelta, y sin despedirme de nadie  me he marchado.

El caso es que, esta persona en concreto, es profesor universitario en Madrid, de Derecho para ser exactos. Me ha alterado. Me he sentido alterado y, si no es por los años suyos, también los míos, y por esa especie de equilibrio vital que me acompaña últimamente, lo normal es haberle soltado una bofetada y haberla liado del todo.

Pero no. He he marchado dando un paseo y pensando que, realmente no tolero a personas así. No quiero estar con ellas, ni hablar, ni escucharles.

Es muy difícil ser tolerante con aquél que sabemos no es tolerante contigo.

Ese sí es un auténtico ejercicio de tolerancia. 
¿Dónde se pone el límite de nuestras pacientes virtudes?

Me gusta conocer y conversar con personas que no piensan como yo. Es un ejercicio vital, sobre todo cuando sientes que con el que hablas no piensa jamás admitir tus ideas. Siempre desde el respeto. Cuando el que está enfrente no te respeta, ni escucha, ni admite que aportes opiniones distintas, él no es tolerante contigo por lo que a lo mejor a mi tampoco me apetece ser tolerante con él.

Y, dicho esto, voy a tratar de dedicar este fin de semana a lo poético, a lo literario y, sobre todo, a lo más importante que tengo en mi vida.

Feliz noche.

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