martes, 22 de marzo de 2016

22.03.2016... Reflexiones Personales V, desde Londres.

Ya en casa, ya en España, con ese día a día lento que deja el poso del recuerdo de días pasados.

Unos días en Londres, descubriendo todavía más una ciudad que ya había visitado en dos ocasiones, por motivos laborales, y disfrutando de momentos de esos que quedan para siempre y que, sinceramente, renunciar a vivirlos solo puede obedecer a una estupidez.



Londres es elegante, esbelta, cosmopolita. No diré que, de las pocas capitales que conozco, sea la que más me gusta. Bien, está bien. Puedo decir que rezuma una especie de glamour y estilo, robustez, distinción, poco comparable con otras.

Cada día se despertaba con un gris luminoso. Un gris de esos que quiere ser roto por una tenue luz solar, pero que se compacta, tímido, hasta el anochecer.

Tratamos de recorrer el máximo posible de la capital a pie. Es la mejor forma de contemplar y vivir la ciudad. Prácticamente conseguido. Un día para visitar los puntos más emblemáticos,  otro para vivir esos espacios algo más alejados, los mercados, donde se reúnen gentes de todo tipo, mezclados con todos esos guiris de turno que invadimos, ávidos de toquetear su espacio.

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Los viajes unen más que separan. Te complementas, te descubres, te reconoces.

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He perdido la batalla del idioma, pero tampoco me siento culpable de ello, ni mucho menos frustrado. Simplemente son de esos fracasos que uno podía haber evitado, oportunidades tuve, y no aproveché. He sido un negado, o una persona con exceso de dejadez y vaguería con el inglés. 

Provoca cierta ansiedad estar en lugares que no son habitualmente los tuyos; otras costumbres, otras culturas, pero, sobre todo, otro idioma.

Hay personas a las que les encanta viajar, aventurarse en cualquier sitio, descubrir nuevos lugares, arriesgar, aprender de otras culturas. Los hay, en cambio, que a estas alturas preferimos rebuscar la esencia de lo nuestro, que no es poco. Cada uno con sus gustos y yo, como siempre, respetando el de todos.

Para viajar hay que ser viajero.
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Uno siempre se esfuerza por conseguir mantener cierta armonía en su vida, en lo que hace. Es verdad que soy de todos los imperfectos el más imperfecto, pero hasta en lo mínimo trato de buscar y encontrar un hilo de ilusión que ate todo lo que nos envuelve. 

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Pocas personas viven una felicidad plena. Diría que la felicidad plena no existe. Buscar pequeños momentos de felicidad debería ser nuestro objetivo. El resto sería malgastar el tiempo o vivir en una frustración continua.

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Qué pocas veces vivimos el presente. Qué pocas veces somos capaces de abstraernos de todo; de deseos, imágenes, emociones; de pensamientos que nos mediatizan.

Qué pocas veces encontramos verdaderamente nuestro tiempo, ese ajeno a todo, que nos vive y alimenta la existencia en la verdad.
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Cada vez tiendo a vivir mucho más el instante y trato de abstraerme a todo aquello que genere un mal momento.
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Si te detienes un minuto a pensar, quieto, parado, consciente, te darás cuenta de ese tiempo que es capaz de pasarte de largo si no lo vives. Vivir el tiempo es vivir consciente de la vida, de lo que ocurre dentro de ti.

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Descubrir el adolescente que uno fue es descubrir todo aquello que ignoramos y no hacíamos bien. 

Un hijo es nuestro reflejo, en lo bueno y en lo malo. En mi caso, el mío, lleva alguno de mis defectos pero todas las virtudes de su madre; pasará esta racha vital adolescente y confirmará ser el gran hombre que ya es. El resto le toca a él. 

Posiblemente yo también heredé muchos de los defectos de mi padre, pero lo cierto es que aquí estoy, hecho y derecho como ese bambú que se dobla pero nunca se parte.
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Es realmente curioso que celebre el Día Mundial de la Poesía, aquí, en Londres, leyendo un fantástico poema de Pedro Salinas que alguien ha tenido a bien enviarme. Pedro Salinas es uno de mis maestros, un poeta en esencia, un transmisor de sentimientos a través de la palabra. Pedro Salinas fue el gran enamorado.

Tu verdad me asegura que nada fue mentira. Y mientras yo te sienta, tú me serás, dolor, la prueba de otra vida en que no me dolías. 

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