miércoles, 25 de enero de 2017

25.01.2017... La Barbará del Rey

Anda uno en estos días en una especie de locura. No hay más horas, sí demasiadas cosas que hacer. Todo se acumula y uno va dejando para el final lo que más le importa y enriquece. Escribir, meditar, el deporte, la lectura... quedan en el aparcamiento para momentos más tranquilos.

Pero tengo mi minuto y con el boli bien agarrado, me dejo llevar en estas páginas.

En estos días uno va anotando ideas, reflexiones, de esas que le vienen a la cabeza mientras va de un lado a otro, envuelto en esa especie de locura urbana que nos lleva hacia dentro como corriente marítima que no se ve desde la superficie y sólo se siente cuando uno penetra en el agua.

Leemos estos días algo que todo el mundo intuía pero nadie sabía como cierto. O todo el mundo sabía, pero nadie escribía o decía. Barbara Rey, nuestra Barbara Rey de toda la vida, esa que cuando éramos jovencitos se convertía en musa de pensamientos, tenía un idilio con el entonces Rey de España, a costa de todos los españoles. Quiere esto decir, en pocas palabras,  que mientras la señora reina de España esperaba en casa, atendida por la corte, los plebeyos pagábamos las aventuras borbónicas, amatorias, entre sábana y sábana. 


No es nuevo. Parecía un secreto a voces. Ahora ya espero con impaciencia que en Sálvame de Luxe se realice un programa especial sobre la Real-eza, con todas esas que todavía no han contado sus secretos e intimidades de cama real. ¿No creerán ustedes que Bárbara del Rey sería la única? Ella misma sabe que no era así. Casada con un domador de leones, el fallecido Ángel Cristo, supimos de su elixir domador de hombres. No sé por qué, me da a mi, que son muchos los años desde entonces, y muchas las cortesanas bien instruidas en ese arte amatorio, que hicieron, o hacen, las delicias de nuestro rey a costa de nuestros impuestos.

Por cierto, repito, que me importa muy poco. Por cierto, repito, que mi sentido más republicano que monárquico, mas masón libertario que liberal de pacotilla, no mediatizan mi opinión. Lo que me importa, sencillamente, es que los presupuestos del estado hayan servido para pagar moteles, chalets, silencios, vigilancias, extravagancias, viajecitos, de alguien que se 'calienta' por su condición. No critico el hecho, critico el efecto.

Es curioso como aquí, en este país nuestro, nos rayamos las vestiduras y echamos las manos a la cabeza porque un empresario 'machista' llega a la presidencia del mundo, los Estados Unidos de América, pero mantenemos o miramos para otro lado cuando el Rey, su majestad, elegido por la gracia divina, campea a sus anchas utilizando a la mujer como objeto puramente sexual y matando animales indefensos e inocentes por ahí. 

Parece, leo, que esta señora recibía a don Juan sin bragas. La verdad es que me trae al pairo tal recibimiento, de disfrute único para el protagonista, lo que sí me importa es que aquel que babeaba ante la pieza, puesta para ser 'cazada' sin fallo, fuera el rey de España entonces y ahora emérito Rey ahora.

Me imagino a este Rey, Juancar, saliendo a hurtadillas de palacio, excitado en pensamiento por el encuentro, mientras los súbditos y plebeyos de España pasaban las calamidades de la transición o de la crisis vivida en los últimos tiempos. 

Ya pienso mal (... y acertarás, Moreno) con tiempo. Habrá que esperar los idilios de don Felipe, nuevo monarca, que habremos de pagar también todos; lo que no tengo tan claro es si la nueva reina, plebeya hasta hace poco tiempo, de estilo más estilizado y estirado, aguantara lo que aguantó esa gran señora que es y fue Doña Sofía. 

Y leo también las últimas declaraciones, haciendo divertido repaso a la prensa, que por aquí tenemos ahora a un Aznar (fantástico presidente del gobierno de España hasta que se creyó rey y señor) atusado, con abdominales enjuagados en brillantina marbellí, consejero en varias empresas e ideólogo de esa derecha casposa, que todavía busca referentes en España. Era aquél, el mismo, de los pies en la mesa junto a Bush, que participó en una guerra injusta, porque le apeteció, sin preguntar a nadie de los que formábamos parte de ese proyecto de partido. 

Ahora va por ahí dando clases de no sé qué, sin reconocer que el fue parte de la historia de este país, que es historia, cuando hablaba catalán en las cenas familiares y ranchero tras sus puros con el presidente Bush. 

Pero aquí, desde aquí, en esta España nuestra, falta de valores humanistas, solidaridades y sobrada de envidias, individualismos y prepotencias, seguimos criticando lo de fuera sin mirarnos dentro.

Creo que, ciertamente, verdaderamente, este momento de escritura, ha sido una especie de terapia y desahogo vital en medio de esta rocambolesca semana.

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