miércoles, 26 de octubre de 2016

26.10.2016... Filosofando!!!

Salgo de casa de noche, llego a la oficina de noche, casi amaneciendo, y he terminado la jornada, como todos los días, de noche. Hoy, sinceramente, con unos fantásticos kilómetros running por Getafe y disfrutando de algún momento poético.

Últimamente ando a vueltas con el pensar, no sé si demasiado, el reflexionar, tal vez poco, y la filosofía, en concreto con la filosofía clásica. Entre manos libros de grandes filósofos clásicos como lo son Platón y Aristóteles; textos sobre ética de autores más modernos, como Victoria Camps. Lo curioso es que, tanto a Platón como Aristóteles, a Séneca, Nietzsche o Montaigne, vuelvo de vez en cuando. En todos me recreo en mis reflexiones, sintiendo que sus dichos y escritos cada vez se hacen más actuales.

La filosofía es una reflexión de todo y para todo, sobre la vida cotidiana. La filosofía, ese deseo de saber y conocer, es cada día más actual.

Salgan a la calle, escuchen las noticias, lean los periódicos.

Me resulta cuando menos denunciable que la Filosofía, el humanismo, cada vez esté más desarraigado en las aulas.  Que los jóvenes estudiantes, por culpa de esos mayores insensatos, vean en la filosofía el mayor rollo o 'maría' de sus estudios. Se quita importancia al pensamiento, se elimina lo esencial de nuestra cultura que, en un futuro, es lo que te hace preguntarte, dudar, elegir.


Curiosamente, este fin de semana he podido leer dos buenos artículos en El País: 'Los clásicos nos hacen críticos' de Carlos García Gual, "Las grandes obras nos ayudan a entender aspectos esenciales de la condición humana: su mensaje se reinterpreta con los años, abre nuevos horizontes y moldea a personas más críticas e imaginativas" y 'Las ventajas de tener muchos dioses' de Maurizio Bettini "Las religiones de la antigüedad no creían en un dios verdadero por encima de los demás, una idea muy útil para el presente".

En ambos artículos se ahonda sobre la necesidad de volver a esos clásicos actuales y, sobre todo, al hecho de que la esencia de nuestras ideas provienen de aquellos que dedicaron su vida a la pregunta. Sólo preguntándonos podemos llegar a encontrar la respuesta adecuada.

Por ejemplo, en esos libros clásicos aristotélicos aprendemos lo que ya sabemos o deberíamos saber. Por ejemplo, como indicaba el maestro Aristóteles sobre la felicidad, que primero tenemos que averiguar en qué consiste la felicidad para cada uno. La felicidad no es lo mismo para unos que para otros. Debemos ser conscientes de nuestra felicidad, de lo que significa y es para nosotros, y lanzarnos en esa dirección hasta conseguirlo.

Es cierto que la felicidad es lo que todos los hombres queremos, pero no está allí donde solemos buscarla como imbéciles: el éxito, el dinero, los aplausos. La felicidad, según los clásicos, está en una vida llena de virtud.

El sentido de la felicidad es subjetivo, depende de lo que entiende cada uno.

Cada uno tenemos una idea concreta de lo que está bien o está mal; de lo que nos enriquece o empobrece.

Hoy siento más que nunca que todo es filosofía. El mero hecho de pensar genera filosofía, unos piensan y otros ejecutan. Pero, ¿piensan aquellos que ejecutan?

Paul Valéry decía que "pensadores son aquellos que repiensan, y que piensan que lo que fue pensado nunca se pensó de esa manera."

La apología del cobarde siempre es tapar sus culpas y penas echando mierda en los demás. Esto es filosofía mundana de hoy. Por eso mi filosofía, frente a eso,  siempre ha sido la misma: esperar. Tener paciencia y, en ese momento, qué siempre hay,  que siempre llega, firmar en la utópica tumba de aquél.

Feliz noche...

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