domingo, 16 de octubre de 2016

16.10.2016... De más premios!

Después de unas semanas peculiares y circunstancialmente particulares, hemos vuelto, gracias al GADU, a la normalidad. Normalidad lenta, normalidad vigilada, pero al menos fuera de esos lugares en los que el estar ya produce, por el mero hecho, malestar. Lo importante, lo más importante, es que dentro de una evolución lenta, todo va correctamente.

Y hemos vuelto, como decía, a iniciar el domingo y terminar la semana con esos kilómetros por los caminos getafenses, bajo el misticismo del Cerro de los Ángeles, que más que deseados se habían convertido en una necesidad no sólo para la mente, no sólo para el cuerpo sino también, diré, para el alma.

Nuestros casi 16 kilómetros de hoy han servido para ponernos al día pero, sobre todo, para conversar sobre la fragilidad del Ser, sobre la vulnerabilidad de las personas, sobre esos momentos de la vida en los que comienzan a fallar los motores. 

Correr a un ritmo lento, conversando, inspirando un aire más o menos puro, sintiendo la carga de los músculos pero siendo capaces de respirar vida en cada zancada, es una de esas sensaciones de las que no quisiera apartarme nunca. De nosotros depende, del cómo nos cuidemos, llegar a los años con posibilidades de hacerlo.



Tras la concesión del Premio Nobel de Literatura, en días pasados, y sobre el que escribí por aquí una opinión humilde, no compartida por todos pero sí desde un punto de vista de amante de la literatura y la música (por cierto que invito a leer hoy el artículo que publica mi admirado Sánchez Dragó en El Mundo y que titula 'Escupitajo a la literatura': "Los carcamales de la Academia sueca han incurrido en un grave insulto a la literatura y en una no menos grave falta de respeto hacia quienes de verdad, con mejor o peor fortuna, la ejercen. No es la primera vez que el jurado del Nobel hace lo que aquí denuncio, pero nunca habían llegado tan lejos." Tan mal encaminado no voy) ayer noche se concedió el Premio Planeta

El Premio Planeta es el premio literario más prestigioso en España, y de los más prestigiosos del mundo, entre otras cosas por la cuantía económica. Como no puede ser de otro modo, un premio que se fundamenta en lo económico, ha de ser comercial y así, en la mayoría de las veces, casualmente, se otorga o concede a un escritor de renombre comercial que, sin lugar a dudas, provocará ventas importantes de la obra. En este caso se ha concedido a la escritora, fántástica por cierto, comercial sin duda, Dolores Redondo por la novela 'Todo esto te daré'

La autora de la 'Trilogía del Baztán' consigue el galardón literario con una novela que está ambientada en Galicia: un supuesto accidente de tráfico lleva a un celebrado escritor a descubrir por casualidad la doble vida de Álvaro Muñiz de Dávila. Y con la pesquisa, que comparte con un guardia civil retirado y un cura amigo del fallecido, afloran los más oscuros secretos de una familia de rancio abolengo.

Ya sabemos que, sin duda alguna, venderá muchos libros como lo ha hecho de sus obras anteriores (novelas realmente buenas, y no soy dado a recomendar novelas) y así hará recuperar a la empresa, Planeta, el premio otorgado. Por eso yo, normalmente, me suelo fijar más en el Finalista que, en este caso, ha recaído en el autor madrileño Marcos Chicot  con la novela 'El asesinato de Sócrates', presentada a concurso, junto a otros 550 originales y el manuscrito ganador de Redondo, como El nacimiento, firmada por un tal Óscar García (seudónimo).

Hace cuatro octubres, Marcos Chicot quedaba entre los diez finalistas del premio Planeta con «El asesinato de Pitágoras»; no conseguiría el galardón, pero él mismo sabía que su novela tenía tan fuerte potencial que sus esfuerzos por divulgarla, aunque en «e-book», obtuvieron pocos meses después un resultado fabuloso. Este madrileño nacido en 1971 conseguiría ser el autor en español más vendido del mundo durante 2013-2016. La obra, con la que el lector podía viajar a la antigua Grecia para conocer cómo en el entorno del filósofo y matemático sucedían una serie de crímenes que un par de investigadores debían afrontar peligrosamente, tenía además una historia familiar detrás realmente emocionante.

Hay que mencionar la vida privada de Chicot, un licenciado en Psicología Clínica, Psicología Laboral y Económicas que está casado y tiene dos hijos. Un detalle este último que aquí tiene una trascendencia absoluta: su hija Lucía (2009) tiene síndrome de Down. Para protegerla de cara al futuro, cuando él ya no estuviera, lo dejó todo para consagrarse a la literatura, convencido de que no sólo debía escribir la mejor novela posible, sino que ello sería «un proyecto de vida», según sus propias palabras. Y a fe que lo logró, pues tuvo tal éxito en internet que le lloverían las ofertas para que apareciera en formato tradicional.

Qué quereis que os diga, me quedo más con esta historia de motivación y superación personal, de un padre que se lanza a escribir, a publicarse y llegar, con fe a conseguir su objetivo final: que le lea el mayor número de personas y poder dedicar su vida a la escritura.

Así termino la tarde, el día, hasta su anochecer. En este ambiente literario. Escribiendo estas líneas, estudiando, leyendo filosofía en la terraza mientras el cielo entre nubes despide la semana. Pocos placeres tenemos en nuestra mano que, sin coste alguno, nos aporten un estado tal de bienestar. Las fechas no nos darán muchos momentos más así.

En una tarde como esta, seguro que otros encuentran el suyo, su momento, y otros discutirán el mío, cómo no; la diferencia está en que yo no discuto el del resto, simplemente deseo que me dejen en la paz del mío.

Disfruten su noche.

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