lunes, 27 de enero de 2014

De hombres desleales...

Desperté en este lunes con una de esas noticias que ya esperaba, que veía venir desde hacía algún tiempo. El señor Vidal Quadras, miembro destacado del Partido Popular, mi partido, eurodiputado elegido por los ciudadanos españoles en las listas del Partido Popular y Vicepresidente del Parlamento Europeo, abandona el partido en el que milita desde hace 30 años. 
Hasta aquí una decisión que aunque triste, es tomada voluntaria y personalmente, se podrá compartir o no, se podrá sentir más o menos, pero nunca criticar. Pero el siguiente paso en su anuncio, algo que ya se rumoreaba por no decir se sabía, es que pasa a formar parte de esa nueva organización política denominada VOX y con pretensión de ser candidato a las Elecciones Europeas.
Cuando una persona toma una decisión así, dando la espalda y huyendo de la organización que le acogió, que le encumbró y le ha dado de comer durante muchos años, solo lo hace por una razón particularmente egoísta:  no le dan lo que el cree merecer. Y es que algunos piensan que son o deben ser siempre los gurús, los imprescindibles, los totems de las organizaciones políticas. Algunos piensan que la esencia de un partido, la sangre, el gasoil, son ellos y su circunstancia. Entonces, cuando pasado el tiempo les dicen, como a muchos otros, "oye, en las próximas listas no vas", entonces, rotos por perder ese halo de poder que luego critican, deciden traicionar sus ideales, mostrar esa deslealtad que escondían y marchar a otra organización con el ánimo de perpetuarse en el escaño y hacer el máximo daño posible.
El último caso que conocía fue el de Rosa Diez. Esta señora quiso ser candidata del PSOE en el País Vasco y cuando su partido le dijo que no, entonces ella formó otro partido para seguir en el sistema político  que luego ella misma no deja de criticar.


El señor Vidal Quadras es un hombre inteligentísimo, le he admirado siempre, pero no por ser más inteligente se es más leal. La lealtad es una de esas virtudes que sólo se ganan con el tiempo. La lealtad es el valor del caballero, del hombre en mayúsculas, del idealista romántico. Todos, en innumerables ocasiones, nos hemos visto dolidos con las decisiones que se toman en nuestras organizaciones políticas, en nuestras asociaciones, empresas o, incluso, en nuestras familias. Muchas veces discutimos con amigos, con compañeros, con familiares, porque no todos pensamos igual. Pero la gran mayoría mostramos un comportamiento leal y digno  para con aquellos que queremos y para con aquella organización y proyecto al que pertenecemos. Y es que la lealtad es honor pero también gratitud.
Hace tiempo dediqué un post en mi blog, de esos que te salen a borbotones, a un amigo. Un amigo que representa lo que es ser 'amigo' junto a ese otro puñado de amigos que uno, a estas alturas de la vida, lleva consigo. Lo titulé 'Carta sobre la Lealtad a un Amigo Leal'. Curiosamente ese post es uno de los más leídos del blog, entendiendo que es debido al tema tratado: la lealtad. La lealtad interesa tanto porque no es un valor fácil de conseguir. Lealtad es una palabra casi mística, con enorme y profundos significados y, desgraciadamente, casi en desuso en el mundo de hoy. Porque la lealtad no es sólo una palabra más en el diccionario, es un valor que se gana, un valor que honra. Leal se es o no se es. Y para ser leal hay que tener muchos más valores, entre otros, la valentía. 
¿Quedan leales? Yo creo que sí, muchos. ¿Hay desleales? No tantos, pero sí unos pocos. Ejemplo de deslealtad, desgraciadamente, lo estamos viviendo en mi partido con personajes como del que hablo, Alejo Vidal Quadras y el excompañero Santiago Abascal. Ambos han vivido del PP hasta anteayer, ambos han estado generando un clima crítico dentro del Partido Popular con afirmaciones inciertas, populistas y oportunistas. Su único objetivo es hacer lo que han hecho: tratar de justificar su deslealtad. No les vale los razonamientos políticos o de gobierno, que son muchos, lo saben y los han vivido en su dilatada trayectoria con responsabilidades públicas y como miembros de la estructura de partido. No les vale porque lo único que pretenden es que a base de falsedades y mentiras se justifique su discurso que, por otro lado, para la gran mayoría de los militantes, para mi mismo, es rancio y casposo. En fin, mucha suerte a ambos en ese proyecto suyo.

Y termino el día con un ejemplo de todo lo contrario, el ejemplo de un señor, de un caballero: Jaime Mayor Oreja. Jaime Mayor ha renunciado a ser candidato por el Partido Popular a las elecciones europeas. No comparte ciertas posturas con el gobierno, con la dirección actual y prefiere no encabezar la lista electoral. Continua de militante del partido, continuará en los órganos que se estime oportuno, opinando y reflexionando sobre las cuestiones que crea, libremente y como ha hecho siempre.  Una vez más, demuestra su lealtad a una organización política para la que ha trabajado tanto y para la que siempre será un verdadero referente.
Qué gran diferencia entre una postura y otra. Qué gran diferencia entre un hombre y otro. Qué fácil abandonar, criticar y tratar de sacar rédito incluso mintiendo, a costa de aquellos que han trabajado, en muchas ocasiones, para que algunos cobraran cuantiosos sueldos hasta ayer. Qué diferencia entre la lealtad y la deslealtad. Qué diferencia entre el honor y el deshonor.

Pero el día ha tenido más noticias que en breve comentare, como la dimisión del Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid. Para mi, más allá de una jornada de trabajo bastante fructífera, me ha llegado la alegría con un trote de cerca de 6 km, despacio, y sin apenas molestias en el pie. Quiere decir que comienza a mejorar.
Mañana será otro día amigos.

1 comentario:

  1. Estoy de acuerdo contigo en todo cuanto dices hoy. Sé, que estando dentro del ajo —como se suele decir—, interpretas con acierto el por qué del cambio de plan de ciertos personajes. Es una pena que del nido tengan que salir pajaritos para dedicarse a buscar un mayor alimento por sí mismos, expuestos a aventurar su destino ambicioso e impropio de miembros que llegaron a crecer gracias a la política de la que hoy se separan para llegar por su cuenta al destino que no se les regala por quienes sí fueron leales con ellos.
    La democracia, como bien publicabas en otra ocasión, ha de engendrarse desde las bases, donde, muy posiblemente, no se les daría paso a tales personas. Utilizando esta fórmula, serviría como filtro oportuno para impedir se lleven a efecto comportamientos inadecuados e interesados, evitando así los que ya, de forma extendida, están apareciendo.
    Para qué continuar, en tu exposición sobre el particular lo dices muy claro. Llevas mucha razón.
    Un abrazo,

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