Diario de un Estoico. Lo que el viento nos deja. Semana 40

 
M/29.L
 
Las resacas electorales son como las resacas de alcohol, unos tienen un importante dolor de cabeza y otros continúan con la euforia de la noche anterior.
La inmensa mayoría comenzamos el lunes como todos los lunes, temprano y con esa obsesión de cumplir con tareas y objetivos a los que uno se encomienda.
 
Falleció ayer Antonio Gala a los 92 años, en Córdoba. Poeta, novelista, dramaturgo y columnista. Leí sus versos y alguna de sus novelas, disfrutando de una escritura fresca, bella, poética: ‘Más allá del jardín’, ‘La pasión turca’ o ‘El manuscrito carmesí’. Bohemio, particularmente peculiar. Otro grande de las letras españolas.
“La literatura no es un medio de vida, sino un medio de vivir.” Antonio Gala
 
Me venía a la cabeza ahora el momento en el que escribí mi primer relato, o cuento. Al menos el que recuerdo.
Andaba yo por sexto de la EGB. El profesor de Lengua, don Abdón, un cura joven, con barba y pelo algo largo, a lo Jesucristo Superstar, nos mandó escribir una historia, de temática libre, de unas tres hojas de aquellos cuadernos de tapas azules, Centauro, y hojas cuadriculadas que todos teníamos exactamente iguales.
Recuerdo que me tiré toda la tarde escribiendo, en mi cuarto, sobre aquella mesa que se convertía al abrir una puerta del armario, entre la cama de mi hermano y la mía, feliz. Rellenando, sin levantar el boli, hojas y hojas con una historia que aunque intento, no consigo armar en mi cabeza. Sí recuerdo que mi objetivo era escribir la historia más larga.
Al día siguiente, orgulloso de mi trabajo, entregué al profesor, como el resto de compañeros, el cuaderno. Don Abdón no era de los profesores más duros. Creo que esa juventud le hacía mantener formas diferentes al resto de los curas.
Estaba seguro tendría una nota excelente, pero tendríamos que esperar hasta la clase siguiente para saber el resultado.
Al otro día el profe se puso a repartir los cuadernos, llamando a cada alumno por su nombre y diciendo en alto la nota que les había puesto. Se quedó con uno encima de la mesa. Era el mío.
Lo pensé, claro que lo pensé: ¿me habría puesto un sobresaliente? Seguro me pondría como ejemplo al resto de compañeros.
Moreno ¿puede subir a la pizarra? –me indicó, en pie, desde su mesa.
Me levanté sonriente, pletórico.
Me dio el cuaderno.
Lea su cuento por favor –me ordenó.
Abrí el cuaderno y, algo nervioso, leí. Todo me sonaba maravilloso, emocionante, lo tenía en mi cabeza.
No llevaba más de dos páginas leídas cuando me arrebató el cuaderno de las manos.
Ahora, querido, voy a leer yo lo que ha escrito y como lo ha redactado –me dijo ya sin esa sonrisa suya.
Comenzó a leer rápido, sin pausa, sin sentido, sin parar, uno de los párrafos de aquella historia mía.
Esto es lo que verdaderamente ha escrito su compañero, Moreno –comentó dirigiéndose a todos mientras yo, callado, permanecía en pie a su lado-. No ha puesto, en dieciséis páginas, ni cuatro comas ni más de cinco puntos.
Me miró fijamente, con media sonrisa, yo notaba cómo comenzaba a sonrojarme. No sabía dónde mirar.
Le voy a poner un insuficiente bajo porque se ha esforzado en la extensión, pero se merece un cero. No ha aprendido nada. Se puede sentar –terminó.
Cogí el cuaderno, me senté mirando a mi mesa. Solo me faltó llorar. Desde entonces lleno mis páginas, no mejor escritas, de comas y puntos por doquier. Leer lo que escribo, desde entonces, se hace lento.
Tiempos aquellos.
 
Escribir me ayuda a sanar pero, sobre todo, a reafirmar e impulsar todo lo nuevo.
 
Aprende a sentarte delante de una página y escribe todo lo que escuchas dentro de ti.
Da igual lo que escribas. Escribe.
Cada línea, cada página que escribas cada día eres tú y tú eres tu obra de arte, tu creación.
Escribir te transformará. Cada cuaderno que rellenes, cada cuaderno que guardes, serás tú en la inmensidad de este universo.
 
 
M/30.M
 
Cuando nos enfrentamos a una crisis, llámese adversidad, debemos tener muy claro, comprender, qué podemos controlar y qué no.
No debemos hacernos pajas mentales. Debemos planificar y reaccionar de manera adecuada.
Confianza, fundamental. No tener miedo al fracaso y sí evitar la arrogancia frente al éxito.
 
El Presidente del gobierno de España convoca elecciones generales, tras la derrota sufrida por su partido en las elecciones autonómicas y municipales el domingo pasado, para el 23 de julio, domingo.
Más allá de otro tipo de consideraciones, que no haré, me parece una estrategia audaz, valiente y digna de un tipo que lidera pensando única y exclusivamente en mantenerse en el poder a costa de lo que sea.
Ha pillado a todos con el pie cambiado. Ha roto el discurso sobre la derrota y moviliza a aquellos que con un ánimo bajo intentarán resarcirse de haber perdido.
Sin olvidar, claro está, que es una fecha de descanso y vacaciones con lo que, dependiendo quién, andará más preocupado en las chancletas y la sombrilla que en votar.
Así que cuidado con las confianzas excesivas.
 
A veces evitamos enfrentarnos a verdades sobre nosotros y sobre nuestras vidas. Si nos resistimos a enfrentarnos a la verdad, estaremos en guerra con nosotros mismos y esto socavará nuestra paz interior.
Mientras mejor entendamos nuestros sentimientos, mejor nos entenderemos a nosotros mismos.
 
La primera vez que comencé a leer  las “Meditaciones” de Marco Aurelio me quedé un poco desilusionado, cierto es que no tendría más de 20 años. Estas meditaciones son una especie de dietario en el que el emperador romano, y filósofo estoico, escribe  sus reflexiones filosóficas. Tal vez pensé, por entonces, encontrar ideas motivadoras o de gestión del poder más brillantes. Encontré reflexiones sencillas y que en ocasiones se repetían.
Volví a leer el texto hace unos diez años. En esta segunda lectura entendí que lo que realmente nos muestra es su lucha interior. El diario es el registro de un alma en una batalla constante. Es verdad que muchas veces la misma idea, pero  es porque necesitaba decírsela una y otra vez hasta poder hacerla carne. Leyendo con detalle se visualizan fracasos y triunfos en esas luchas. 
      Su amor por los libros. Marco Aurelio amaba leer. Sobre todo libros de filosofía. Le fascinaba. Pero él entendía que su deber, como emperador, era el gobierno. En su diario resalta todo el tiempo una tensión entre el placer y el deber.
Cuando comienza el segundo libro, escribe: “¡Deja los libros! No te dejes distraer más; no te está permitido”. Obviamente no era malo leer filosofía, pero seguramente sentía que, al hacerlo, descuidaba lo que consideraba su obligación. Parece que hizo un gran esfuerzo por apartarse de los libros. Comenzó a darse cuenta de que esa “abstinencia bibliográfica” lo ponía de mal humor. Más adelante, escribe: “Aparta tu sed de libros, para no ser toda la vida un gruñón.” Primero intentó apartarse de los libros; después, de su deseo de leer. Quiso matar el deseo ni más ni menos porque ese deseo insatisfecho lo convertía en gruñón. No iba a ceder al deseo –eso ya estaba fuera de discusión–, pero no podía vivir luchando. Tenía que aniquilarlo de una vez para reconquistar la paz. 
      Como todo gran sabio estoico, Marco Aurelio era un experto en el dominio de las emociones. Pero parece que el deseo por los libros pudo más. No logró aniquilarlo.  Solo la paz cuando consiguió integrar los dos aspectos que lo tenían siempre en tensión: la obligación de gobernar y el deseo de leer filosofía. Casi hacia el final de su diario, dice: “No te es posible leer. Pero sí puedes contener tu arrogancia; puedes estar por encima del placer y del dolor; puedes menospreciar la vanagloria; puedes no irritarte con insensatos y desagradecidos, incluso más, puedes preocuparte por ellos”. Describe el ideal del filósofo. Es decir: tal vez no puedas leer filosofía, pero sí puedes vivir como un filósofo. Vivir y gobernar como un filósofo. Esa es la clave: integrar. Al fin y al cabo, entre otras cosas,  para eso leo filosofía. Y mucho más a Marco Aurelio.
 
"Asígnate estos nombres; bueno, moderado, honesto, prudente, condescendiente, magnánimo. Procura no cambiar nunca de nombre, y si lo perdieras, emprende su búsqueda a toda prisa". Marco Aurelio
 
 
M/31.X
 
En Atocha. Viajo a Barcelona en breves minutos.
La ansiedad me ha vencido esta mañana. No sé si por esos sueños que me hacen perderme en la noche hasta no saber qué es lo real o lo irreal, o simplemente que me están venciendo las circunstancias y eso sería preocupante porque estaría afectando a mi equilibrio emocional y salud mental.
No me lo puedo permitir, no lo debo permitir.
 
“Los hombres no tienen miedo de las cosas, sino de cómo las ven.” Epicteto
Este amigo mío, entre otros, Epicteto, lo tenía claro. Dependiendo de cómo veamos, así nos sentiremos. Veo las cosas, éstas, desde un punto de vista de perdedor cuando, en realidad, no debería ser así. Puede ser que la edad me esté influyendo a la hora de cómo ver las cosas. No es momento de experimentos ni de riesgos.
Lo cierto es que he superado los dos primeros escalones. Me falta el tercero.
Escribir me calma.
 
Las calles de Barcelona hierven, un bullicio que no para. Gentes variopintas, en gran mayoría turistas, que van y vienen por todos lados. Caminar por las zonas cercanas a la Rambla, la Plaza de Cataluña, el Paseo de Gracia, se convierte en una auténtica yincana.
Almuerzo con el amigo J. Me genera tranquilidad. Juego mis cartas. He aprendido bastante, empatía y paciencia. No exponer preocupación o miedo, sí mucha tranquilidad y dar poca importancia a los hechos.
Jamás había hecho tanto uso de la templanza. Me hago mayor o más sabio.
 

 
J/1.J
 
Ya ha amanecido. Estoy sentado junto a una mesa baja donde puedo escribir unas líneas.
Desde aquí contemplo asombrado, estoy en la décima planta del hotel donde me alojo, una Plaza de Cataluña que va despertando con algunas palomas y gaviotas que tímidamente van acercándose a buscar esas migajas que pudieran quedar de la tarde de ayer.
La imagen, desde este lugar, es espectacular. Todo desde arriba se ve diferente.
 
No dejarse llevar por impulsos y no abrir batallas que luego pueden ser difíciles de ganar. Los personalismos no son buenos, ni de los unos ni de los otros.
Para todo ha de existir una estrategia, y las estrategias se hacen, no se improvisan.
 
Estar atento. Buscar momentos en armonía con la naturaleza. Confiar siempre en tu criterio, aunque te equivoques. Escuchar a los demás sin juzgar. Prestarse más atención a uno mismo. Trabajar menos. Ser más autónomo que no solitario.
 
Todos los que escribimos algo, lo hacemos de lo que nos conmueve.
La cercanía la creamos nosotros. Cercano es quien para nosotros es cercano. También puede ser un objeto, un libro. Lo cercano no nos es indiferente. La vida es tan complicada que se nos hace difícil, las relaciones humanas nos ayudan a vivir mejor.
 
Creer que tu existencia tiene sentido genera que tus hormonas de estrés estén bajas. El significado de tu vida.
Ese propósito que nos motiva.
 
“La paz que quieres ya está en ti, simplemente no puedes sentirla porque la mente hace demasiado ruido.” Eckhart Tolle
 
 
J/2.V
 
He bajado por las Ramblas, temprano. A estas horas se pueden caminar sin tener que ir parando y esquivando los cientos de personas que la transitan. Desde el monumento a Colon camino por el puerto y subo por la vía Laietana con parada de café y tostada. Totalmente activado para enfrentar otro de esos días en los que la incertidumbre e inestabilidad de las personas nos sorprende.
 
Los años, los días nos llenan de desilusiones, de miedos, reproches, pero también sueños, momentos de tranquilidad y serenidad. Siempre amanece. Lo digo yo que llevo mil batallas, con sus correspondientes heridas. Después del lunes siempre viene el martes y cuando llegamos al jueves cada vez es más como el viernes. Paciencia y serenidad. Tras un tormentón sale el sol y nos llena de vida, de paz.
 
No sé por qué ocurren las cosas, pero como ocurren pasan y si supiéramos cómo iban a ocurrir decidiríamos de una manera u otra. Pero no lo sabemos con antelación. El caso es que me he visto envuelto en una situación, llamémosle percance callejero, de manera casual e involuntaria, que te podría haber provocado, en este caso a mí, daños físicos poco deseados.
Atendía la jornada que organizamos en Barcelona sobre la Ley de Protección del denunciante, en un lugar habitual, el Espacio Francesca Bonnemaison que está ubicado en la calle Sant Pere Més Baix casi esquina con la Vía Laietana. Son callejuelas estrechas, algo degradadas, pero con una especie de sabor a lo antiguo, a escasos metros de la Catedral, en una de las zonas más transitadas, sobre todo por el turismo.
He salido a realizar unas llamadas de trabajo, que no podían  esperar, y mientras caminaba de arriba abajo, metros arriba, metros abajo, de la calle Sant Pere Més Baix, sin separarme mucho de la entrada del espacio donde nos encontrábamos, de repente, a escasos metros de mí, unos gritos de una chica pidiendo auxilio, seguidos de otras gentes, me han asustado tanto que he girado la cabeza y he visto como un montón de personas gritando y otras abalanzadas en el suelo sobre alguien, como si de un partido de rugby se tratara.
En mi mano derecha el móvil con el que hablaba, en la izquierda mi iPad en su funda y frente a mí, de repente, un joven de origen árabe, corriendo a toda velocidad esquivando a otros, mientras detrás era perseguido a gritos por varias personas. Era un robo o intento de robo.
No sé por qué, ha sido inconsciente, he decidido, con mis manos ocupadas, ponerme en medio de su recorrido para intentar frenarle y detenerle.
Su envergadura era como la de mi hijo, su juventud y la velocidad que llevaba, me ha dado tal golpe que me ha lanzado sobre la entrada de una tienda que, por suerte, tenía la puerta abierta. El iPad y el móvil por los aires y mi cuerpo, mi cansado cuerpo, ha concluido en el suelo de tal manera que más parecía un portero tratando de parar un balón que un torpe currante trajeado.
Gritos y más gritos.
Una de mis amadas pulseras budistas tan desarmada como yo.
Una señora, poco más joven que mi madre, entre el alboroto, se ha acercado y me ha recogido el móvil intacto.
Metros más allá, otros ciudadanos, diría incluso, al menos de lejos, del mismo origen, retenían contra el suelo al presunto delincuente a gritos de “iros a robar a vuestro país, dejadnos trabajar”.
Estas personas, valientes, encima de cada uno de ellos, eran dos, los han retenido hasta que ha aparecido la Policía Nacional y, tras ser esposados, instintivamente todos los que estábamos por allí hemos aplaudido la colaboración ciudadana y, también, la asistencia de los cuerpos de seguridad del estado.
He vuelto a entrar en la sala y he comenzado a notar un intenso dolor en el muslo izquierdo así como en el codo derecho. El tipo me ha clavado la rodilla en la pierna y con la velocidad de la carrera no ha tenido que hacer mucho más para apartarme.
Comportamiento ciudadano ejemplar. Pero ¿y si en vez de simples delincuentes te enfrentas a otro tipo de personas? Ser consciente, inconsciente. Ser responsable. ¿Y si en del golpe, de la caída, te abres la cabeza?
En fin. Son reflexiones que, normalmente, se hacen después de actuar por mero instinto.
El instinto.
 
“Si nunca estás solo, no puedes conocerte a ti mismo” Paulo Coelho
 
 
J/3.S
 
Anoche llegué, me senté un rato en el sillón y me acosté.
 
No es fácil abstraernos de lo que pasa a nuestro alrededor. Por eso, en parte, es la Resilencia, desarrollar un estado mental que es inmune al impacto de lo que sucede alrededor nuestro.
Los acontecimientos no es lo que nos hace perder el equilibrio, es cómo respondemos a lo que ocurre.
 
La independencia es un gran valor.
Desde bien pequeños, mis padres, nos educaron, enseñaron, aconsejaron, a ser independientes en lo económico; ganarnos la vida honradamente, casi cuanto antes, no para tener más sino para vivir tranquilos. Bien o mal, así lo hemos hecho. Ellos habían vivido otras penurias aunque, gracias a los abuelos, de comer jamás les faltó.
A mi hijo he tratado, trato, además, de inculcarle otros tipos de independencia: la de pensamiento y la emocional.
Pensar independientemente de lo que piensen los demás nos hace tomar nuestras propias decisiones aunque, en ocasiones, sean contrarias a las de la mayoría. Pensamiento crítico. No ser uno más de la manada.
Independencia emocional. No depender de estar validado constantemente por otro, ni depender de su afecto hasta el punto de sacrificar nuestra individualidad o bienestar. Aprender a valorarnos nosotros y por nosotros; aprender de nuestra soledad sin renunciar a la compañía y el afecto de los demás, pero sin depender de él.
En estos tiempos más que el Tener importa el Ser y la pobreza emocional genera problemas de salud mental que pueden resultar catastróficos para la vida de una persona.
 
“Lo que dejamos atrás y lo que tenemos por delante son asuntos diminutos comparados con lo que tenemos en nuestro interior.” Ralph Waldo Emerson
 
Los acontecimientos de tu vida son tuyos y solo tuyos. Pertenécete a ti.
 
Escribir sobre los recuerdos es como descarga del disco duro del pasado.
 
 
J/4.D
 
Uno se da por perdido cuando se queda sin razones, es cuando debe dar comienzo la retirada.
 
“Tu capacidad de incluir sobre la conducta de los demás es mínima. Sin embargo sí que tienes mucha más capacidad de influir sobre tu propia conducta. ¿Por qué no te centras en eso, y dejas de intentar de hacer que los demás se comporten de otra manera?” Marco Aurelio
 
Nuestra serenidad refleja nuestra conciencia. Si estamos serenos estamos en paz.
Mi serenidad me viene en el silencio, en la lectura de textos filosóficos o religiosos, en la reflexión, en la escritura personal.
Es mi palanca para seguir adelante. Pero interiorizo lo que me rodea, lo que me sucede. Disfruto del momento. Lo consigo así, como en este momento que escribo en la cafetería, ajeno al tiempo.
El privilegio de poder mirar el campo, los cielos encapotados, en esta pequeña ciudad que me acoge cuando no estoy en Minaya.
 
Uno tiene estrategia si primero tiene la visión del lugar a dónde quiere llegar.
Un líder es aquel que hace de mediador entre donde estamos y donde queremos estar.
 
La disciplina siempre será mejor que la motivación. No siempre estarás motivado pero si hay disciplina, estarás.
Como decía el amigo emperador estoico Marco Aurelio “El impedimento a la acción avanza la acción. Lo que se interpone en el camino se convierte en el camino."
 
Uno de los mayores defectos que tengo, reconocido, es que tiendo a analizar a las personas, llegando así a presuponer, saber, de sus virtudes, defectos y/o comportamientos. Muchos de los que me conocen lo saben. No es un don, es un defecto.
Me he formado en Psicología, en Coaching, en Inteligencia Emocional no porque me haya interesado, que también, sino porque era un complemento más a algo que desde muy joven me ha interesado: la mente y los comportamientos humanos.
Me he equivocado muy pocas veces con una persona. He sabido dónde estaban las grandes personas y dónde, bajo una falsa apariencia, los hijos de puta. Muy pocos, pero sí alguno, me han engañado. Y el que me ha engañado no ha sido porque no le haya dado una oportunidad de confianza, ha sido, simplemente, porque era más hijoputa de lo que pensaba. Daños colaterales.
Y digo esto porque a día de hoy, con los años, reconozco que todavía puedo sufrir algún desengaño más, pero si es así, que será, voy minimizando los daños: confío mucho menos.
 
 

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