No perdamos ni el tiempo ni nuestra energía alimentando pensamientos pesimistas, que nos desgastan y nos quitan la alegría. No dejemos que el desánimo se imponga a nuestra actitud positiva, o que la desesperanza prevalezca sobre esas ilusiones. No dejemos que pase un sólo día sin vivir lo mejor de la vida.
Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
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