No soy elegante en el vestir, o sí, pero lo que sí soy elegante es en el agradecer. Dar las gracias me parece el mejor símbolo de educación y, también, de elegancia.
Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
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