martes, 17 de junio de 2014

10 consejos para escribir un poema.

Es frecuente considerar que, para escribir un poema, basta con saber capturar un sentimiento que se ha experimentado. Sin duda, esa puede ser la base de un buen poema, pero, si no se hace bien, esa recreación de un sentimiento puede ser solo comprensible para el poeta. Y es que el objetivo debe ser comunicarse con un lector —basándose en las convenciones establecidas de un género literario, convenciones que serán familiares para el lector con experiencia— y generar una respuesta emocional en él.

Los consejos que ofrecemos a continuación buscan hacer realidad una transición entre los poemas que solo logran hablar a su autor y aquellos que apelan a los sentimientos y emociones de cualquier lector.



1. Tener clara la meta
Si no sabemos a dónde vamos, ¿cómo podremos llegar? El primer paso para escribir un buen poema es tener claro qué queremos transmitir con él. Por tanto, antes de comenzar a escribir, preguntémonos qué perseguimos con nuestro poema: ¿describir un acontecimiento de nuestra vida, protestar contra una injusticia social, o describir la belleza de la naturaleza? Una vez que tenemos claro el objetivo de nuestro poema, podremos conformar su escritura tomando cada elemento principal y poniéndolo al servicio del sentido último del poema.

2. Evitar clichés
En poesía un cliché suele ser una metáfora o un símil que se ha vuelto tan familiar por el uso excesivo que ya no aporta ningún significado para el lector. No proporciona la viveza de una metáfora fresca, pero es que tampoco tiene la fuerza de una palabra sencilla.

Los clichés vuelven insípido el significado. Porque resultan tan familiar que el lector puede completar las frases sin tener que leerlas. Y si no leen lo que escribimos, tampoco reflexionar sobre ello; y si no reflexionan jamás descubrirán aquellos significados profundos que marcan la obra de un poeta.

3. Evitar el sentimentalismo
Algunos poemas se basan en una apelación contundente a las emociones. Sin embargo, los lectores pueden rebelarse ante los intentos demasiado evidentes de invocar una respuesta emocional en ellos, produciéndose entonces justo el efecto contrario al deseado. Las emociones deben fluir en un buen poema, pero nunca forzarlas.

4. Usar imágenes
Se trata de pintar con palabras, de manera que la lectura del poema estimule tanto la emoción y la imaginación como los cinco sentidos. Hay que buscar imágenes frescas e impactantes, como si en vez de escribir filmásemos, para que le lector sienta que está dentro del poema.

5. Usar metáforas y símiles
El lenguaje metafórico es un poderoso instrumento expresivo. La comparación, la inferencia y la sugerencia son elementos indisociables de la poesía, y símiles y metáforas son herramientas que nos ayudan a crearlos.

La metáfora consiste en la identificación entre dos términos, de tal manera que para referirse a uno de ellos se nombra al otro. Como en este ejemplo de Federico García Lorca: Con el aire se batían/ las espadas de los lirios.

El símil consiste en destacar o establecer semejanzas entre dos o más elementos (objetos, personas, animales, situaciones, hechos). Como en este ejemplo de Juan Ramón Jiménez: [...] y me ofreció sus mejillas/ como quien pierde un tesoro.

6. Concreto mejor que abstracto
Las palabras concretas describen cosas que la gente experimenta con sus sentidos (naranja, gato, calor). Al usarlas, logramos que el lector obtenga una “fotografía” de aquello sobre lo que el poema está hablando y, en consecuencia, le resulta más sencillo entender su significado. Mientras, las palabras abstractas se refieren a conceptos o sentimientos (libertad, felicidad, amor) intangibles y que pueden despertar ideas diferentes en diferentes lectores. Además, por su carácter inasible, los conceptos que representan pueden pasar por la mente del lector sin desencadenar una respuesta sensorial.

7. Posicionarse
Como hemos visto, un buen poema tiene un tema reconocible. Pues bien, el poeta debe posicionarse respecto al mismo. El poema debe ser una afirmación de nuestra forma propia y personal de entender el acontecimiento, momento o sentimiento que hemos poetizado.

8. Altera lo ordinario
La fuerza de los poetas reside en su capacidad para ver lo cotidiano con una mirada nueva y diferente. Para escribir un buen poema solo hace falta tomar un lugar, persona, idea u objeto ordinario y alcanzar una nueva percepción del mismo.

9. Usar la rima con precaución
La rima y la métrica pueden estropear un poema si se utilizan de manera incorrecta. Si elegimos un esquema rítmico inapropiado, redundará en detrimento de la calidad de su poema. Aquí te explicamos algunas ideas importantes sobre la rima.

10. Revisar
El primer borrador de un poema es sólo el comienzo. Lo normal es elaborar varios borradores antes de tener el poema “definitivo”.

Lo ideal es dejarlo reposar unos días para después volver a leerlo. Al reencontrarnos con él resulta más sencillo considerarlo desde una perspectiva ajena que nos permita identificar fallos. Tampoco dudes en darlo a leer a otras personas y aceptar sus críticas y sugerencias sobre aquellas cosas concretas que es posible mejorar.

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