Lo mejor de los fines de semana es sentirlos literarios. Y tal vez esta primera semana que acaba hoy, domingo, lo haya sido casi por entero. Parece que el curso profesional ha comenzado intenso, cargado de trabajo y de proyectos, de retos, pero sin perder ese sentido literario y poético que quiero implantar disciplinadamente en mi vida. Con el tiempo me voy dando cuenta que, toda esa acumulación de momentos, me hacen llegar al domingo con otro tipo de perspectiva vital. Tal vez deberíamos poetizar hasta las miserias. De un pequeño instante puede surgir un verso, de un largo momento, un poema. Es la sensación que tengo de estos días, es la sensación que viví ayer, en un precioso y emotivo instante, con mis padres; o la que he vivido hoy mientras corría, nuevamente, por los campos de Getafe a primera hora de la mañana o mientras leía algunos de esos textos, de belleza profunda e intelectualidad, de una de esas personas que, gracias a la magia poética, he tenido el privileg...