Ayer y hoy creo que han sido de esos días en los que uno ha tratado de transitar por lo suyo. No hago más que garabatear, revolotear sobre varios proyectos y no hay manera de dedicarle el tiempo suficiente como para darles la vuelta necesaria, especificar y decidir el camino. Cuando estoy así, en un estado mental algo catastrófico, en el que ni adelante ni atrás, paro, me poetizo, pienso un poco en mi (que de vez en cuando viene bien), escribo, paseo y a ver si me da el aire y espabila. Ayer, por ejemplo, decidí -o decidieron por mi- darme un pequeño cambio. Hace unos meses, uno de esos pocos buenos amigos que uno tiene y trata de guardar como un tesoro, Toni Ollero , me recomendó -imagino comprobando mi dejadez - una de esas barberías en Madrid, con sabor clásico pero aire moderno, de las que últimamente aparecen y me gusta visitar. Mi barba estaba desastrosa, dejada , convertida en un amasijo de pelos descolocados, descompensados y más bien largos. El d...