miércoles, 9 de marzo de 2016

09.03.2016... Lady Vicky Barber y eso de la... ¿Pogonofilia?

Ayer y hoy creo que han sido de esos días en los que uno ha tratado de transitar por lo suyo. No hago más que garabatear, revolotear sobre varios proyectos y no hay manera de dedicarle el tiempo suficiente como para darles la vuelta necesaria, especificar y decidir el camino.

Cuando estoy así, en un estado mental algo catastrófico, en el que ni adelante ni atrás, paro, me poetizo, pienso un poco en mi (que de vez en cuando viene bien), escribo, paseo y a ver si me da el aire y espabila.

Ayer, por ejemplo, decidí -o decidieron por mi- darme un pequeño cambio. 

Hace unos meses, uno de esos pocos buenos amigos que uno tiene y trata de guardar como un tesoro, Toni Ollero, me recomendó -imagino comprobando mi dejadez- una de esas barberías en Madrid, con sabor clásico pero aire moderno, de las que últimamente aparecen y me gusta visitar.

Mi barba estaba desastrosa, dejada, convertida en un amasijo de pelos descolocados, descompensados y más bien largos.



El día ideal. Llamé, hablé con la simpática, agradable, dueña y única empleada y, tras conseguir una difícil cita por la tarde, me presenté en: Lady Vicky Barber Shop.

Lady Vicky Barber Shop se encuentra en ese fantástico barrio madrileño que es Malasaña. En la calle Minas, 14 para ser más exactos.

El local no es muy grande, justo, pero es cálido, coqueto y moderno. La decoración muy adecuada a lo que realmente es: una barbería.



Te atiende Vicky, la propietaria, tan simpática y agradable como profesional: arquitecta de peinados y escultora de barbas.  

El sillón de barbero clásico, ideal; en ese momento ocupado por el cliente que atendía, hasta que llegó mi turno.

Me senté cómodamente, perdí la guardia y ese fue el momento de Vicky


No llegué a abrir la boca más que para dar las gracias y comentar mi amistad con Toni. Esperaba que Vicky me hubiese preguntado lo clásico, "¿qué te quieres hacer?", momento el que que yo hubiera respondido algo así como "arreglarme la barba". Pero no, directamente me espetó:

- Esa melena y esos pelos fuera. Te comen la cara. No te queda bien. Pareces un desarrapado. Déjame, por favor, que te quite eso. Si no te gusta no te preocupes, volverá a crecer.

En ese instante temblé. Son unos cuantos años con mi melena. 

Pero ¿por qué no? Vamos a cambiar.

- Adelante -contesté. 

Cerré los ojos y me dejé llevar. He de decir que el trato, la profesionalidad, la calidez del espacio, la simpatía, todo en su conjunto, provocó que me sintiese cómodo y confiado. Confié plenamente

Una vez que vi mi rostro en el espejo, no me reconocí con el pelo corto. 


Tocó el turno de la barba. Tampoco me preguntó nada, simplemente hizo. Realmente increíble que en tan poco tiempo, por primera vez en la vida, alguien me dejase la barba como realmente me gusta. 

Salí de allí contento. No sé si bien, diferente. Demasiado tiempo acostumbrado a ir de una determinada manera. Creo que marché con esa sensación de cambio que a veces viene bien y es muy necesario. No pasa absolutamente nada por arriesgar y probar, siempre estás a tiempo de volver.

No me gusta recomendar aquellos lugares que me llenan, que comienzan a formar parte de mi, pero me apetece hacerlo aunque ello suponga que las próximas veces que tenga que ir, me cueste mucho más tener cita. 


Lady Vicky Barber Shop es un sitio ideal para aquellos que gustan de arreglarse las barbas. Vicky es una verdadera escultora, una artista.  Sabe ver lo que te va con tu físico y consigue dar la forma adecuada. Y no falla. 

Vicky es una de esas mujeres que te envuelven con un potencial de viveza y seguridad poco habitual. Tiene las cosas muy claras y, en conversación, te deja ese influjo de saber lo que es la vida, a base de subir y bajar, de tropezar y seguir. Tiene muy claro su negocio. Es una emprendedora de esas que andan por ahí ajenas a los cargos en las tarjetas y, sobre todo, es una de esas personas que te transmiten que sienten, se apasionan, viven su profesión por encima de todo.

Madrid se llena de apuestas y de lugares que buscan un tipo de clientes más específicos y exigentes. De todos esos lugares, pocos, muy pocos, se convierten en templos por el simple boca a boca. Esta barbería será un templo, se quedará chica, pero sé,  porque en algo me va el olfato, que Vicky no dejará jamás perder su esencia, su marca.

Conmigo no ha hecho milagros, me ha dejado igual de feo que estaba aunque, eso sí, con algún año menos. Quiero decir que no vayan  a buscar la esencia de la hermosura. Busquen, amantes de la barba, la arquitectura, la escultura y el mimo al vello facial.

Además, te puedes llevar todos esos productos para el cuidado de tu barba que no encuentras habitualmente por ahí.

Barbas del mundo... Lady Vicky Barber Shop. 

Al salir, paseando de vuelta, caí en un artículo de prensa que de primeras me sobresaltó.

Debo reconocer que, aunque trato de estar al día en eso de las modas, en lo que a términos nuevos utilizados voy bastante retrasado.

Y es que he descubierto lo que es la pogonofilia

Cuando leí la palabreja por primera vez, pensé que se trataba de algún tipo de perversión de esas raras y delictivas. Deseché al momento. Pero ayer volví a leer la palabreja en el titular de una revista de moda y, agárrate, me quedé asombrado con su significado: Culto a la barba, tracción desmedida por los hombre con barba (se entiende que una mujer con barba no es nada atractiva).

El concepto de pogonofilia nace específicamente en noviembre de 2014 por el evento que se realiza en más de 20 países durante un mes con el fin de recaudar fondos y concienciar sobre temas de salud masculina como cáncer de próstata. Durante este evento anual se supone que los hombres deben dejar crecer sus barbas para manifestarse por causa cuyo nombre es “Movember”, que viene de las palabras en inglés moustache (bigote) y november (noviembre).

El caso es que, más allá del inicio de este concepto parece que, me he descubierto a mi mismo como un Pogonofilio (¡qué mal suena esto!) ya que, desde hace años, me gusta llevar barba (corta o larga, dependiendo del momento).

Y dicho esto, amigos, con más o menos poesía, os deseo a todos una feliz tarde...

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