Realmente soy un privilegiado, y lo valoro. Él ha estado siempre a mi lado, aunque en momentos me haya despistado, no me ha dejado caer. Gracias a Dios.
Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
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