Lo que más me alegra el día es contemplar a alguien que te dice las cosas pensando que eres gilipollas. Y tú que lo sabes, cuando termina te das el gustazo de preguntarle si realmente por un instante lo ha creído. Es cuando ves que se le queda cara de auténtico gilipollas.
Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
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