Normalmente, siempre ha sido así, cuando muerdes la mano que te alimenta, terminas por lamer la bota que te patea. ¿Verdad?
Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
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