La persona inflexible no es buena compañía, pues tiende a no escuchar, no es objetivo en sus análisis y se niega a considerar otros puntos de vista. La persona inflexible busca imponer por la fuerza lo que es incapaz de argumentar con la razón.
Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
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