Es verdad que siempre lo más difícil de transmitir en un texto o un discurso son las emociones. Las emociones van y vienen, pero siempre salen de dentro. Agarrarlas, expresarlas y versarlas es una labor espiritual y poético.
Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
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