martes, 20 de junio de 2017

20.06.2017... Y los sueños... siempre son!

Creo que en alguna ocasión he escrito que no me he sentido nunca un soñador... como escribía Calderón de la Barca, poniendo en boca de Segismundo ese ya famoso monólogo que, como muchos, pensando en la suerte de la vida decía:
"Sueña el rey que es rey, y vive/ con este engaño mandando,/ disponiendo y gobernando;/ y este aplauso, que recibe/ prestado, en el viento escribe,/ y en cenizas le convierte/ la muerte, ¡desdicha fuerte!//¿Que hay quien intente reinar,/ viendo que ha de despertaren el sueño de la muerte?//
Sueña el rico en su riqueza,/ que más cuidados le ofrece;/ sueña el pobre que padece/ su miseria y su pobreza;/ sueña el que a medrar empieza,/ sueña el que afana y pretende,/ sueña el que agravia y ofende,/ y en el mundo, en conclusión,/ todos sueñan lo que son,/ aunque ninguno lo entiende.//
Yo sueño que estoy aquí/ destas prisiones cargado,/ y soñé que en otro estado/ más lisonjero me vi.¿Qué es la vida? Un frenesí./ ¿Qué es la vida? Una ilusión,/ una sombra, una ficción,/ y el mayor bien es pequeño:/que toda la vida es sueño,/y los sueños, sueños son."
La vida puede convertirse en un eterno sueño si no pasamos a la acción. No creo en el eterno soñador, creo en esos sueños que visualizamos para con la acción ir a por ellos.



No creo que nadie diga que no ha tenido un sueño en su vida. Cada día es posible que nos despertemos con uno diferente. Alguno puede representar una locura, otros pueden ser totalmente estúpidos y unos, a lo mejor, nos pueden resultar irrealizables pero tal vez no. El caso es que soñamos, no dejamos de soñar. Una vida sin sueños es una vida sin esperanzas, un aburrimiento, una rutina.

Cuando en alguna ocasión me he referido a que no se puede estar toda la vida soñando, lo hago en el sentido de que soñar también puede hacernos caer en la rutina del sueño, generarnos esa somnolencia que nos provoca la monotonía del ser, la desilusión o la desgana.

Cuando sueñas te ilusionas, crees en lo que haces y provocas en ti una especie de energía que, de verdad, te genera la fuerza necesaria para pensar que lo que en un momento nos puede parecer imposible, es posible.

Los sueños no son imposibles: o son posibilidades que dejamos en el camino, o acciones que nos acercan a ellos.

Como todo en la vida, debemos apostar. 

Yo soy de esos que no juego a la lotería, por eso tampoco digo nunca eso de que a mi no me toca nunca. Evidentemente, no me toca porque no juego. Para que algo te salga bien lo primero que tienes que hacer es apostar, arriesgar.

Los sueños son emociones e ilusiones. Ambas, tanto la emoción, como la ilusión, forman parte del sueño. La emoción es sentir; las emociones son reacciones psicofisiológicas que representan modos de adaptación a ciertos estímulos del individuo cuando percibe un objeto, persona, lugar, suceso o recuerdo importante.

La ilusión es el deseo de alcanzar algo, es una esperanza, es fuerza, capacidad para conseguir un objetivo. Por eso hay que tener ilusión siempre, no perderla nunca.

No hay sueño sin emoción ni ilusión: no hay corazón sin cabeza.

Los sueños no son fantasías, ni siquiera metas. Los sueños son dar sentido a algo, a una vida. Querer conseguir algo, llegar a ser algo, hacer algo, eso que te apasiona. Y el principio del sueño siempre eres tú.

El sueño nos provoca acción, movimiento, actividad. Cuando visualizamos un sueño debemos generar un plan, un camino, un cómo alcanzarlo.

Los sueños sin movimiento quedan en el olvido. 

El sueño nos predispone, determina nuestras acciones. Por lo tanto, solo tenemos que imaginar lo que nos gustaría sucediera. A partir de ahí todos los pasos, todas nuestras acciones, deben ir dirigidos a conseguir estar como imaginamos.

Los días son retos; los días con ilusiones, con sueños, se viven mucho mejor.

A veces caminamos con el viento de frente, creeremos que nunca lo conseguiremos, nos aparecerán esos diablillos que nos paralizan, pero los vientos cambian y si estamos preparados, podremos hacer la maniobra adecuada para ponernos a su favor.

¿Sabemos lo que queremos? ¿A qué aspiramos en la vida?

Debemos desearlo de verdad, con todas nuestras fuerzas. Si visualizamos nuestro sueño eso genera fuerza para caminar aunque el camino esté lleno de obstáculos.

En la vida, nos comprometemos con muchas cosas y personas. La mayoría de las veces de manera innecesaria. Si nos comprometemos con nosotros mismos, nos llenaremos de esa energía suficiente para intentar conseguir aquello que queremos.

Tú eres el primero que debes creer que es posible, no permitas que nadie te nuble la visión.

Debes visualizarlo, tenerlo muy claro. No te conformes. Sueña grande.

Compártelo, escríbelo, cuéntalo. No te lo quedes dentro.

Redacta tu plan de ruta para lograr ese sueño. Lo más real posible.

Trabaja muy duro por conseguirlo. No pierdas el tiempo, no pierdas la energía. Da pequeños pasos pero firmes cada día. Se constante.

Disfruta mucho y vive cada momento.

Que lo imposible sea tu próximo reto.

Mi amigo, siempre, Confucio, me dice: 
“todas las cosas son imposibles hasta que dejan de serlo”
No lo olvides...

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