domingo, 30 de abril de 2017

30.04.2017... Brebajes de domingo.

Levantarte finalizando abril y encontrarte con días llenos de nubes y lluviosos, tras haber dejado jornadas de intensidad estropajosa y caótica, no es lo que más apetece o necesita uno.

Pero claro, a lo mejor queremos siempre aquello que ni siquiera sabemos si podemos tener o, más sencillo, ni siquiera apreciamos.

El sol se puede imaginar, construir mentalmente en una meditación de trascendencia vital. Lo que nunca imaginamos son las tormentas.


En días así uno trata de hacer habitables sus días. Va de un libro a otro, revisa sus horas como el que registra su vida.

Me mueve una ansiedad incierta. 

Analizó la adolescencia y el carácter de A y trato de hacerlo desde una comprensión del que parece no hace tiempo pasó por ella pero no, no es así; treinta y tres años me separan de aquellos dieciséis. Treinta y tres años son tantos como que el progreso nos ha llevado a ese castigo que a todos nos termina por llegar: la pérdida de valores, del respeto, de la ilusión y el esfuerzo por conseguir algo. Pero ¿qué es lo que entendemos por conseguir? ¿Tener?

He aterrizado en Minaya, en el campo de este paraje manchego.

Me gustaría que los días durasen mucho más; que el tiempo no se detuviera pero que pudiésemos estirarlo o encogerlo a nuestro antojo.

El único objetivo del hombre debería ser el de ser bueno, aprender a amarse, a gustarse y reconocerse a sí mismo como primer paso para amar y sentirse a los demás.

No sé muy bien cómo conseguir que el equilibrio existente entre unos y otros sea el adecuado. Convivir sin proyectos comunes suele ser algo imposible en la vida o en la empresa. En cualquier grupo los objetivos deben compartirse y ser comunes. Es muy difícil caminar si cada uno va tirando hacia un lado.

Cuesta entender muchas cosas, como que uno salga a caminar mientras el viento tumba la siembra y frene cada paso y el sonido atronador y afilado despeine las piedras de las lindes. 

Cuesta mucho más pensar en tal privilegio y no valorar porque en este caso se tiene. 

Cuesta a algunos ni siquiera entender la felicidad de quién siente así; y  cuesta más comprender que quien tiene no sienta mientras que muchos desean poder caminar y acariciar una sola vez estos campos compuestos de versos.

Asumo que mi cabeza, cada día, es una olla a presión de emociones, sentimientos, proyectos, desencantos y tristezas.Todo mezclado y aderezado con algo de sal y un poco de azúcar provoca un brebaje realmente insípido. A veces pienso que con un poquito más de picante podría estallar. 

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