sábado, 4 de junio de 2016

04.06.2016... De excesos!

Si aparezco un sábado escribiendo por aquí, desahogando o concentrando el pensamiento, es porque he llegado derrotado de los días.

Y es que hasta ayer mismo, mi vivir y existir ha sido de una intensidad sin fin que ha provocado, por uno u otro motivo, que hoy me encuentre revuelto.

Me siento mal. Estoy entre empachado, mareado y cansado. La noche ha sido dura, con dolores estomacales. Sólo deseaba que se hiciera la luz. Una acumulación de excesos en el mes, con un incremento en la última semana, han provocado el enfado de un cuerpo que ya va llevando unos cuantos años a cuestas.

Cuando uno no se encuentra bien, lo que ocurre es que le cuesta pensar. No estoy, gracias al Eterno, acostumbrado a pasar por trances de salud. A veces, por ello, nos da la sensación de ser una especie de superhombre, nos confiamos y zas... somos tan mortales como el resto.

Llevo un mes a base de trabajos intensos y estresantes, de comidas y cenas comprometidas y de excesos calóricos y alcohólicos que envuelven las tertulias posteriores. Y claro, no hay quién resista un ritmo así si no se pone algo de orden. Conferencia arriba conferencia abajo, proyecto arriba proyecto abajo, viaje para allá viaje para acá, algo de deporte pero menos del habitual.




Comenzamos la semana con algunos cambios a nivel profesional que, espero, sean para bien siempre de la institución. Concluimos, también, los últimos retoques en la Empresa de Rehabilitación y Reformas rHabilitec con la intención de lanzarla al mercado, en la búsqueda de oportunidades de trabajo, ya. Hasta que no esté en marcha, rodando, me mantiene pendiente y quitándome el poco tiempo que me permite el resto de ocupaciones. Esta semana he tenido, también, que comenzar a preparar el material sobre coaching para las clases que impartiré en julio. Mis artículos varios y variados.

Por otro lado, el miércoles, viajé a Jaén. Celebrábamos una Jornada sobre las Reformas en las Leyes de la Administración Pública que inauguré junto al Presidente de la Diputación Francisco Reyes. Viajé en coche. Lo preferí por comodidad y porque me apetecía conducir en soledad, pensando y reflexionando sobre mis cosas.

Paré a conocer Úbeda y Baeza, dos pueblos Patrimonio Cultural de la Unesco desde el año 2003 y de una belleza esplendorosa. Belleza de país tenemos, lo poco que lo conocemos y lo poco valorado que está por algunos.

Úbeda está como en una loma, desde donde se contempla un valle repleto de olivares bajo la atenta mirada de la Sierra Mágina.

Extraordinario cada rincón; cada esquina de sus calles esconde una sorpresa. Respiré sabor de historia, de literatura, de tanta vida.

En Jaén me precipité a salir a hacer un poco de running. No contaba con que Jaén es una ciudad que mira de arriba a abajo. Que si te pones a correr, cómodamente, por sus calles bajando hacia lo más llano, luego tienes que subir en cuesta la misma distancia. Terminé tan muerto, con un cansancio de piernas que prácticamente no me moví del entorno del hotel.

Es curioso pero, después de tanto viaje, cuando despiertas en un lugar ajeno al tuyo, lo haces en un estado de confusión. No sabes muy bien dónde te encuentras hasta no abrir los ojos del todo.

La verdad es que la vida, cuando se vive tranquila, es extraordinariamente agradable. Vivir con prisas nos consume. Creemos que hacemos más, que llegamos a más, pero no es cierto. Lo hacemos todo peor, no lo disfrutamos. Así que hoy no queda más que pagar las consecuencias, en plan reposo a ver si el estómago se va colocando.

Feliz tarde...

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