miércoles, 18 de noviembre de 2015

18.11.2015... Conversaciones!

Creo que hoy ha sido un buen momento para hacer un paréntesis en lo cotidiano, en todo esto que nos envuelve últimamente, llenándonos la cabeza de no buenos pensamientos, e intentar buscar la ansiada paz, el silencio y la reflexión.

Últimamente encuentro estos instantes en el trayecto que me lleva de la estación de tren, Atocha, al despacho, Velázquez esquina Juan Bravo. Son cuarenta minutos andando, cruzando El Retiro mientras amanece, respirando ese aire que nos llega con el frescor de la mañana, y sumido en mis pensamientos.

Hoy recordaba una conversación que tuve días atrás. De lo más enriquecedor. 

Uno trata de entablar conversaciones con toda aquella persona de la que entiende va a encontrar algo más interesante que sí mismo. 



Alguien, como yo, al que le gusta más escuchar que hablar, enemigo de las largas conversaciones telefónicas, que huye de los diálogos absurdos o comprometidos, que prefiere escribir a hablar -aunque lleve toda la vida discurseando, sermoneando y discutiendo-, de vez en cuando sucumbo a la esencia de la vida por medio de la conversación aparentemente intrascendente pero que espera encontrar un tesoro. Uno, como yo, alguna vez se topa con lo esencial: la vida.

Hablé el otro día, en uno de esos momentos ajenos a lo real, con una persona que, del todo, también aparentaba ser ajena a una realidad mundana aunque, posiblemente, más cuerda que el resto. El caso es que fue una de esas veces en las que uno se las da, o intenta dárselas, de algo bohemio e intelectual, de ese filósofo de vida sin vida. 

Tras un rato de conversación en compañía de algún vino, tal vez de más, se me ocurrió preguntarle que qué leía habitualmente: Tolstói, Dostoyevski, Gurdjieff... Jung.

- ¿Y tú? - me respondió.

- De todo. Muy de vez en cuando, pero muy de vez en cuando, me adentro o intento adentrarme en la literatura rusa. Nunca he pasado más allá de Dostoyevski y Tolstói. 

- Pues entonces no tienes ni idea de literatura. En los rusos está la esencia.

Y me quedé clavado. Tal vez tenía, o tiene, toda la razón. Traté de ahondar más. Posiblemente buscando desequilibrar el momento.

- Oye, y ¿qué has estudiado? - pregunté.

- Nada.

- ¿Nada?

- ¿Y esa cultura tuya? Esas opiniones sobre escritores que pocos conocen.

- Me las ha dado la vida.

- ¿La vida? Vaya. Interesante. Pero la vida no habla de Tolstoi ni mucho menos de Jung.

- ¿Y tú? ¿Qué has estudiado?

- Pues esto y lo otro... Administración de empresas, Recursos Humanos...

- Pues es posible que de la vida no tengas ni idea.

- Pues sabes qué te digo: llevas razón.

Y acabó mi conversación... y acabó mi día.

Me he dado cuenta que, por ahí, la vida enseña más de lo que sabemos o, sinceramente, sabemos menos que la vida...

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