domingo, 19 de julio de 2015

19.07.2015... De Proust a Galvin.

Es verdad que hay tardes en las que el calor consigue aplomarte de tal manera que si no te obligas a levantar del sillón, moverte, serías capaz de estar tirado hasta el final del día.

Son esas tardes plomizas, mentalmente absurdas, desganadas, que te vienen sin saber por qué para reafirmarte que en alguna ocasión es saludable perder el tiempo. Pero justo eso es lo que no me gusta: perder el tiempo.

El tiempo es algo que se acaba en cualquier momento, por sorpresa, sin avisar, no sabemos cuánto queda, cuánto tenemos. Aprovecharlo en lo que sea, siempre es un valor seguro.





Así me he obligado, placenteramente, en lecturas suaves y en repasar alguno de mis textos. He vuelto a perderme en las páginas de ese Proust, que voy leyendo de verano en verano, tal vez en días como este. Proust es un valor seguro en una tarde de alta temperatura, te recuerda que la vida, en su provecho, hay que llevarla con esa especie de tranquilidad que solemos olvidar al levantarnos y salir de casa. Proust consigue hacerte oler a campo, ese campo que este fin de semana no he visitado y que suele convertir los tiempos en poemas.

Se pregunta Proust, en su maravilloso 'En busca del tiempo perdido', que "¿Cuál puede ser ese desconocido estado que no trae consigo ninguna prueba lógica, sino la evidencia de su felicidad, y de su realidad junto a la que se desvanecen todas las restantes realidades?". 

Momentos como este.

Y merodeando, perdido, entre libros y blogs, de vez en cuando uno encuentra por ahí algún tesoro. Eso me ha ocurrido hoy con el blog de Virginia Galvin 'Agujeros Negros II (El Regreso)'

La verdad es que he llegado a él mientras leía la reseña de su libro 'La vida en cinco minutos', editado magníficamente en Círculo de Tiza y que parece es fruto de los post de su Blog anterior.



Virginia Galvin es periodista, subdirectora de Vanity Fair, comenzó a escribir su blog en el año 2009 y ahora, esas entradas, se han convertido en libro. Con cierta envidia he leído alguna reseña, que me obliga, practicamente,  a adquirir esta semana. 

Qué sueño siempre convertir en páginas de papel tus altaneras y vivas reflexiones, tus opiniones y emociones.

Desde aquél '¿Por qué no te lees?', parece que no he dedicado tiempo en volver a organizar mis textos, mis poemas, mis escritos que se van amontonando, que merecen mimo y correcciones y sentir esa posible publicación. 

Siempre el tiempo, siempre la vida. Siempre dejando a un lado lo que más nos gusta y motiva, mientras nos entregamos en todo eso absurdo que nos lleva a una velocidad casi siniestra.

La entrada de ayer en Agujeros Negros II, que Virginia Galvin titula 'El vino sabe a bruma', es una verdadera maravilla, un canto literario a esos templos que sólo huelen a tinta y papel, las librerías

Ha merecido la pena caer por aquí y, sinceramente, haber decidido no perder la tarde tirado en el molesto sudor del sillón.

Y así llegamos al fin de otra semana...

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