martes, 24 de febrero de 2015

24.02.2015... Terremoto Vital...

Llego al final de este día no sé si pensando o reflexionando sobre estupideces varias. Lo cierto es que nunca es malo hacerlo.

Parece que un terremoto es una sacudida brusca o pasajera, que se produce por la liberación rápida de energía acumulada. Los más pequeños liberan una energía similar a la de un relámpago, pero los más poderosos podrían igualar al consumo anual de electricidad en Estados Unidos y superan con mucho a las explosiones atómicas más potentes.

Los expertos dicen que los terremotos se suelen producir por el deslizamiento de la corteza terrestre, la capa más superficial de la parte rocosa de la Tierra, en torno a una falla, que es una especie de cicatriz que se produce en zonas donde esta capa es más frágil. Los temblores aparecen porque, a medida que se van deformando y doblando algunas partes de esta capa superficial (litosfera), se va almacenando energía elástica, al igual que una goma que se estira cada vez más. Pero cuando estas rocas alcanzan su límite de deformación, se fracturan y liberan esa energía acumulada en forma de vibraciones sísmicas.

Así, de forma similar a lo que ocurre cuando se lanza una piedra a un estanque tranquilo y se producen ondas concéntricas, desde el origen se libera energía en todas direcciones. Sea como sea, cuando esas ondas se liberan, pueden llegar hasta la superficie y sacudir los cimientos de los edificios y también viajar horizontalmente por el interior de la Tierra.

Una vez que se produce esa repentina liberación de energía, a veces los materiales necesitan cierto tiempo para acomodarse, y por eso no es extraño que se produzcan las llamadas réplicas, es decir, terremotos más débiles que el principal, incluso varios días después.

Y más allá de que ayer vivimos en España un pequeño terremoto cuyo epicentro se situó en mi querida tierra de Albacete, cualquiera que lea este post nocturno se preguntará que qué coño hago yo escribiendo sobre terremotos. La verdad es que muchas veces ni siquiera yo tengo claro  por qué escribo sobre lo que escribo.



El caso es que la casualidad, la vida, las vivencias que uno tiene en su día a día, me han hecho reflexionar sobre la analogía que puede existir entre este proceso natural y el terremoto personal o vital.

Nuestra vuelnerabilidad y fragilidad pueden quedar al descubierto tras una vibración de nuestro cuerpo con un epicentro focalizado o en el corazón o en el cerebro. Y nos puede cambiar el punto de vista. Desafíos, nuevas maneras de ver o de interpretar las cosas.

Y es que creo que, a veces, igual que el terremoto como efecto natural no es positivo para el hombre ya que en un grado fuerte puede ser debastador, el terremoto personal sí lo es. Lo es porque nos mueve, nos hace vibrar y temblar y nos puede hacer ver las cosas desde otro punto de vista.

Hay personas que tenemos la suerte, o la mala suerte, depende desde el punto de vista que se mire, de tener sacudidas casi continuas. Son sacudidas que nos obligan a movernos primero sobre nosotros mismos y luego sobre nuestro entorno. No nos permiten estarnos quietos.

Por contra, a otras personas, parece que las sacudidas no solo no les afectan sino que les provocan pasividad. A lo mejor o no las tienen o ni las sienten. Son esas personas a las que todo les da igual y son las que aparentemente parece carecen de 'sangre'.

Estos días, por ejemplo, he recibido una de esas sacudidas. Son sacudidas que yo entiendo como positivas. Te mueven, te hacen vibrar y te provocan pensar.

Alguno de estos pensamientos son positivos, otros, por contra, negativos. No todo es bueno. Lo importante es que ese movimiento corporal, que parece descoloca, pero cuando para te das cuenta todo está en su sitio, te mueve las ideas y te invita a reflexionar sobre lo acertado o no en tus decisiones.

Por eso el coaching no deja de ser un terremoto personal, una sacudida en la persona que le obliga a responder a preguntas dándose cuenta que no tiene todo el control sobre las cosas, ni siquiera el dominio sobre sí mismo.

Nuestras decisiones, nuestras acciones, incluso nuestras omisiones, tienen siempre un efecto sobre nosotros y sobre nuestro entorno. A veces creemos que todo está bajo control y hace falta una 'sacudida' para darte cuenta de que no es así. Y este terremoto personal, vital, es positivo.

Terremoto es movimiento. Terremoto vital es movimiento de vida.

Todos somos sensibles, vulnerables, frágiles; todos tenemos sangre que nos recorre, músculos que nos sujetan, fuerza que nos permite avanzar. Debemos encontrar el equilibrio y saber elegir lo bueno, lo que nos hace caminar, desde la sensibilidad.

No podemos dejarnos paralizar por aquellas fuerzas externas que buscan el inmovilismo por naturaleza, porque su sangre no se mueve. No quieren moverse. Prefieren vivir continuamente en el confort.

Los países con mayor riesgo de movimientos sísmicos construyen sus edificios preparados para aguantar estas vibraciones; nosotros debemos construirnos, en el día a día, para recibir los terremotos vitales como algo positivo: un aviso de que algo no está bien colocado y hay que recolocarlo mejor.


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