jueves, 30 de octubre de 2014

30.10.2014... Días de barbas...




Hay semanas en las que uno despierta, comienza a andar pero es incapaz de dar crédito a lo que escucha o ve que está ocurriendo.
Hay días en los que se derrumban muchos planteamientos o principios que sostenían parte de tus ideas y te hace repensar mucho de aquello que durante tiempo habías reconocido como tuyo.
Hay días que te repiensas varias veces y vuelves a repensarte y no sabes muy bien si sueñas o vives.

Podremos negar la realidad, podremos decir que no conocemos o a no sé quién o cuál, pero lo cierto es lo que la mayoría ve y no bien. 
No pienso decir, no es el momento: ni de valientes ni de cobardes. Posiblemente aquél o aquella que piensa o pretende quedar como valiente, demuestre su vil cobardía; o aquella o aquél que deje entrever su cobardía, demuestre más tarde valentía.
Lo único cierto es que los ciudadanos, en general, exigen transparencia y respuestas. La transparencia y la respuesta no sólo debe ser política, debe ser judicial y ejecutiva. 

No es de las mejores semanas. Termino el jueves, casi llegando al viernes, arrastrado por los picos de presión, trabajo y  exceso de conversaciones poco edificantes.

Si tengo que poner en valor algún momento diré que han sido pocos. Hoy, por ejemplo, hace un rato, ha sido uno de ellos: disfrutando de un vino con esas personas que consiguen hacerte olvidar las tensiones diarias, en mi pueblo, Getafe, conversando y sintiendo la esencia del pensamiento de aquellos ajenos a eso que creemos nuestra realidad.


También ayer viví una de esas experiencias, al final del día, ayer, que te recuerdan que en el mundo existe otra vida. Decidí, por primera vez en mi vida, acudir a una barbería
Busqué las cercanas a la oficina y encontré Lucas36, en la calle Monte Esquinza, 36 de Madrid
Mi barba crecía sin dirección, buscando su camino y creí debía corregir y, al menos, dar un poco de forma acorde con mi estilo. Llamé, conseguí cita y llegué dispuesto a mi experiencia.
Nada más llegar el local me encantó. Cálido, decorado en un ambiente auténticamente barbero y, sobre todo, envuelto en una atención dificilmente comparable a cualquier negocio parecido. Muy profesional. Encantado.

No tuve que esperar mucho tiempo. Me ofrecieron tomar un refresco o una cerveza y... manos a la obra. 

Sentado en ese sillón, con el respaldo bajo, los ojos cubiertos para no recibir ningún pelillo puntiagudo... cerca de una hora recortando, arreglando, mimando una de esas barbas realmente desatendidas: la mía.
¿Contento? Feliz. ¿Recomendable? Sin duda.

La vida no es más que eso: medio momento, media barba... y a crecer!!!

1 comentario:

  1. Está bien Señor Moreno que ponga Usted en orden su barba, no vaya a ser que se le suba a la propia barba como suele decirse, manténgala a raya, a veces se convierten en desobedientes.


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