lunes, 18 de agosto de 2014

18.08.2014... Tener un pueblo, Minaya!!!



Hemos venido a pasar unos días en familia a Minaya. Parece que si no pisaba mi casa del pueblo me iba a faltar algo en estos días de verano. Me resulta más satisfactorio y enriquecedor estar aquí, en el campo, que en la playa. Es verdad que tengo ese privilegio de poder encontrarme en los dos espacios aunque, es la verdad, el mayor de los honores, la mayor alegría, me lo da el estar aquí, en mi pueblo.

Tener pueblo es un privilegio en estos tiempos que vivimos. Tener un lugar donde sientes tus raíces, donde te sientes a gusto, recluido entre los tuyos, ajeno a ruidos y prisas, envuelto en olores que recuerdan tu infancia y paseos que sabes anduvieron tus pasados. Es algo que no está al alcance de muchos. Se puede tener mucho dinero, se podrán tener mansiones y yates, suits en hoteles de lujo y playas paradisiacas, pero, a lo mejor, no se tiene un pueblo. 
Un pueblo con sus casas bajas y viejas; un pueblo con sus patios y cocinillas; un pueblo sin sombras donde el sol abrasa en verano y el frío congela los huesos en invierno; un pueblo rodeado de tierras sembradas de cebadales y viñas; un pueblo donde despiertas con el repicar de las campanas y el canto de los pájaros, donde por la noche el silencio se apodera de los sueños y las estrellas brillan más que en ningún lado del planeta.
Tener pueblo es encontrarte con tus recuerdos en cada esquina. Volver a oler la esencia de la vida, lo simple. Un pueblo es palpar la amabilidad, degustar la libertad y rodearte de versos y poesías desde que despiertas hasta que duermes.
Tener un pueblo, mi pueblo, es tener un lugar dónde volver siempre; ese rincón en el que encontrarte con la vida de verdad, con la humildad de lo sencillo.
Tener un pueblo es suficiente como para agradecer a Dios cada día haber nacido en una familia del campo, buena y humilde que dejará en mi esos valores que yo trataré de dejar en mi hijo. 
Y yo tengo mi pueblo, mi pequeño paraíso manchego que, simple o grandiosamente, es Minaya.

1 comentario:

  1. Anónimo19/8/14 9:46

    Bonito cuadro costumbrista el pintado en este artículo, sí Señor, sentirse de pueblo y volver a tus raíces es de las cosas más maravillosas que se puedan hacer, no perder tus orígenes, porque en el fondo...nadie los pierde, de alguna manera siempre volvemos las personas a nuestros inicios, al origen de la fuente.


    Los colores, olores, sueños perdidos y otros encontrados, las caminatas más arriesgadas, la primera chiquillada, el primer beso, la conversación seria primeriza intercalada con los abuelillos del pueblo...la humildad y amabilidad, estas dos cualidades se tienen no se aprenden, aunque sí deberíamos poner empeño en ser más agradecidos en la vida...


    Me ha gustado mucho el artículo, me ha recordado a D. Miguel Delibes.


    Saludos.

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