lunes, 16 de junio de 2014

Deborah de Robertis y 'El origen del mundo' en el Museo de Orsay.


Volvemos al debate que ya he planteado por aquí en alguna ocasión: ¿Arte o provocación? ¿Provocar con arte o publicitarnos artísticamente? Gustando del arte y sabiendo algo de marketing y comunicación, diré que sin entrar a valorar la libre expresión artística: provocación con arte.

Y es que la semana pasada, quienes visitaron el Museo de Orsay pudieron contemplar en la sala donde está expuesto El origen del mundo, de Courbet, una performance de la artista luxemburguesa Deborah de Robertis.

A pesar de no contar con el permiso de la pinacoteca, De Robertis se sentó ante la obra del artista realista, abrió las piernas y dejó ver sus genitales a quienes paseaban por aquel momento por el museo.

Con Espejo del origen, el título de su performance, la artista logró alcanzar, cabría decir, el 'realismo perfecto' al simular la escena pintada por Courbet en 1866 que, a su vez, está considerada una pieza fundamental en el curso del naturalismo en la Historia del Arte; la corriente que primó lo verosímil sobre la visión edulcorada de la realidad propia de los románticos.

La obra de De Robertis se suma, por tanto, a las intervenciones de artistas que se han servido de su sexo para reflexionar sobre la situación social de las mujeres y la instrumentalización de sus cuerpos. Coincide también con ellas en poner en escena su manifestación artística a través de la performance, que funciona como una obra de teatro sin guion, en la que la presencia del espectador justifica el sentido de la misma.

1 comentario:

  1. Nos queda mucho por ver. Si alguien hubiese dicho que esto llegaría a ocurrir en tal lugar debido al aumento de inmoralidad en esta Sociedad, pocos le hubiesen creído. El lugar, donde se expone, posee un valor absolutamente inmoral.
    A lo claro: El personaje lo que hace es una guarrada, una cerdada, una porquería, una marranada, una cochinada, etc..
    Menuda actividad practica la perla. ¿Es parte de la degeneración en el arte?. ¡No!, porque el arte es otra cosa.
    Y por último, me dirijo a la intérprete.
    Ilustrísima, noble, elevada y distinguida Señora o más acertadamente Señorita:
    Su representación es una grosería.
    Suya, atenta y segura servidora que estrecha su mano si se la lava,

    Mariquilla tu Roete.

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