domingo, 10 de noviembre de 2013

Las preguntas que debes hacerte para dar sentido a tu vida.-





¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos? Estas son tres de las preguntas que se hacían Siniestro Total en su célebre canción homónima, y cuya respuesta está vedada al ser humano, por mucho que este haya intentado responderlas desde el momento en que adquirió conciencia de su propia existencia.

El astrofísico Carl Sagan aseguró en una ocasión que “damos sentido a nuestro mundo por la valentía de las preguntas que nos hacemos y la profundidad de nuestras respuestas” y, por eso, aunque no podamos dar contestación a las grandes cuestiones de la vida (¿quién podría?) sí nos podemos plantear a nosotros mismos cuestiones que nos ayuden a ser más felices y a sentirnos más realizados en nuestro día a día.

Multitud de psicólogos, terapeutas y sociólogos han elaborado listas sobre las preguntas que pueden hacernos descubrir cosas de nosotros mismos que no conocíamos previamente. Aquí presentamos algunas, pero como suele ocurrir, las mejores cuestiones son aquellas que se nos ocurren a nosotros mismos.

¿Qué es lo más importante de tu vida?

Si hay algo finito e irrecuperable en la existencia humana, eso es el tiempo. Por ello, debemos averiguar cuáles son nuestras prioridades si no queremos que el torbellino de la vida contemporánea nos arrastre. Realizarnos esta pregunta, en apariencia obvia, nos ayuda a recordar todo aquello que quizá en demasiadas ocasiones dejamos de lado: la familia, la pareja, los hijos, los amigos…

¿De qué puedes prescindir y hacer que tu vida siga siendo igual?

La vida moderna está marcada por la acumulación, por las agendas repletas y el consumo inútil. Por eso, sentarnos un momento y pensar todo aquello de lo que podemos prescindir (compras banales, actividades que no nos reportan ninguna felicidad, suscripciones absurdas) puede hacer que eliminemos todo aquello que no hace más que quitarnos tiempo y vaciar nuestro bolsillo.

¿Qué tienes que hacer y por qué no lo haces?

La procrastinación, o dejar para mañana lo que puedes hacer hoy, es uno de los grandes males de la sociedad contemporánea. Sin embargo, esta suele referirse a compromisos más prácticos que a los que se refiere esta pregunta. Hay multitud de cosas que deberíamos hacer (de visitar a un familiar al que hace tiempo que no vemos a reparar algo en casa) que vamos dejando hasta que es demasiado tarde y ya, total, para qué lo vamos a hacer. Cumplir con las tareas vitales es una manera de sentirse pleno que no requiere mucho esfuerzo.

¿Qué desconoces (pero te gustaría saber)?

Cuanto más sabemos, más conscientes somos de nuestra ignorancia y de que difícilmente podremos alcanzar la sabiduría absoluta. Pero, aun así, hay prioridades, y si cada día dedicamos parte de nuestro tiempo a llenar esas lagunas, terminaremos desenvolviéndonos mucho mejor en nuestra vida. Saber lo que no se sabe es un buen paso, pero hay otra pregunta incluso más importante que nos podemos plantear: ¿qué es lo que no sabemos que desconocemos?

¿Qué he aprendido hoy?

No te acostarás sin saber una cosa más… ¿O no? Una buena estrategia vital es, cuando nos metemos en la cama y cerramos los ojos, antes de caer en los brazos de Morfeo, preguntarnos qué hemos aprendido durante el día. Si la respuesta es “nada”, es que algo estaremos haciendo mal. Un día sin aprender nada es un día perdido.

¿Qué es lo más importante que voy a hacer esta semana?

De igual manera que revisar nuestro pasado puede ser útil a la hora de modificar nuestras actitudes para aprovechar mejor nuestro día a día, tener algo en el horizonte nos ayuda a aumentar nuestra motivación y a hacer que, cuando nos levantemos cada día, tengamos una razón que ponga nuestro motor en marcha. En ocasiones, este hecho puede ser algo placentero (unas vacaciones, una cita, un evento) o un desafío: tanto mejor, en cuanto que nos permitirá anticipar las dificultades que quizá tengamos que afrontar.

¿A quién has ayudado hoy?

Numerosos estudios nos recuerdan que la filantropía y la ayuda a los demás aumentan nuestra propia felicidad. No debemos pensar únicamente en nuestras metas vitales, sino también en las de los demás, y contribuir a que las alcancen: no hay nada más satisfactorio que ver a un amigo cumplir sus sueños si nosotros mismos hemos sido los promotores de dicha victoria personal.

¿Qué quieres que piensen de ti?

Nos gusta pensar que somos talentosos, simpáticos, desprendidos, bellos, hábiles y románticos. Pero ¿somos capaces de hacérselo llegar a los que nos rodean, o por el contrario, sospechan que somos inútiles, bordes, ratas, feos, manazas y siesos? Piensa cómo quieres que te recuerden y actúa en consecuencia.

¿Cuál es el sueño de la infancia que no has cumplido?

De pequeños, unos querían ser astronautas, otros deportistas y otros, estrellas del rock. No es tarde: quizá ya no sea posible alcanzar tales metas (en realidad, nunca lo fue), pero no debemos renunciar a los amores de adolescencia. Leer libros sobre el tema, matricularnos en una universidad a distancia o apuntarnos a un club deportivo pueden constituir una buena vía alternativa para despertar las aspiraciones de ese niño que todos seguimos llevando dentro.

Si supieses que vas a morir dentro de tres meses, ¿qué dejarías de hacer?

Se trata de una pregunta un poco trampa, puesto que tal noticia evidentemente cambia nuestras perspectivas vitales (¿para qué ahorrar?), pero que también puede ayudarnos a distinguir entre lo esencial y lo accesorio. Películas como Ahora o nunca (The Bucket List, Rob Reiner, 2007), protagonizada por Jack Nicholson y Morgan Freeman, ilustran cómo cambia la vida de una persona cuando se enfrenta a sus últimos días, y no tiene por qué ser necesariamente a peor.

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