La felicidad es ese edificio personal que vamos construyendo día a día y en el que somos nosotros mismos los arquitectos que redactamos el proyecto y hasta los albañiles que vamos poniendo ladrillo a ladrillo.
Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
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