El político siempre debe ser una persona abierta a escuchar, nunca cerrada; debe ser una persona que invierta parte de su tiempo en conocer, en saber más, en crecer, nunca una persona apalancada y quieta.
Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
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