Es muy triste contemplar como unas pocas manos pueden derrumbar lo que con el esfuerzo de muchas y muchos años se había construido. Es la teoría de siempre, la del más tonto, no hago nada pero tampoco quiero lo que hacen los demás.
Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
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